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Los orígenes de los
otomanos: Los orígenes del Imperio Otomano se sitúan en la Anatolia
Occidental. Durante el siglo XIV, el pequeño estado que rodeaba el Sogut
empezó a aprovechar la decandencia de los turcos selyúcidas para ampliar
su territorio. El derrumbe de los selyúcidas desencadenó una lucha por el poder
en la región, en la que los musulmanes otomanos participaron movidos por su
deseo de convertir nuevas tierras al islam.
El imperio otomano, fundado a finales del siglo XIII por Osmán
(1300-1306), también conocido como Utmán I, y
que con el gran sultán Solimán el
Magnífico (1495-1566) alcanzó su máximo esplendor cultural. La gloria del
Imperio otomano, que se inició con la trascendental toma de Constantinopla por Mehmet II en 1452, culminó con Solimán el Magnífico cuando éste logró apoderarse
de Hungría en 1526 tras su magnífica victoria sobre Luis II.
Asimismo, este
poderoso sultán llevó a los otomanos a las puertas de Viena en 1529, impulsó su
poderío naval y afianzó su presencia en el Mediterráneo. En el año 1522 había
conquistado la isla de Rodas y en el 1518, el corsario conocido por los
cristianos como Barbarroja, puso la ciudad de Argel, de la que era dueño, bajo
su protección.
Solimán
II, el Magnífico Sultán que llevó el Imperio Otomano a su apogeo (?, h. 1495 -
Szigetvar, Hungría, 1566). A los 18 años fue nombrado gobernador de Manisa y,
ahí, comenzó su acción de gobernante y, más tarde, a la muerte de su padre, tuvo
un reinado notablemente largo, desde los 46 a los 72 años de edad , durante los
cuales acumuló tantos títulos como triunfos guerreros.
Solimán desplegó una
importante actividad legisladora principalmente sobre la organización del
ejército, el feudalismo militar, la prosperidad territorial y el sistema
tributario.
Sucedió en el Trono a su padre, Selim I, en 1520. Desde entonces emprendió una
serie de guerras que, bajo su dirección personal, expandieron el dominio de los
turcos en tres direcciones principales: hacia el corazón de la Europa cristiana,
en las fronteras del Imperio de los Habsburgo; hacia el imperio persa chiíta en
el este; y por el Mediterráneo. Aprovechando que la atención del emperador
Carlos V estaba concentrada en el enfrentamiento con Francisco I de Francia,
Solimán terció en el conflicto sucesorio de Hungría, apoyando al voivoda de
Transilvania Juan Zapolya contra Fernando de Habsburgo: conquistó Belgrado
(1521), venció en la batalla de Mohács (1526), tomó Budapest (1529), puso sitio
a Viena (1529), se anexionó la mayor parte del territorio húngaro (1547) y
sometió al Imperio alemán al pago de un tributo.
Su padre era Selím, llamado el
Terrible, un incansable guerrero que había consolidado un gran imperio, pero un
día del año 1520, un correo trajo a Manisa, la noticia de su muerte. Entonces,
empezó la carrera de un rey que, seguramente, en recuerdo del rey Salomón, su
pueblo lo llamaba Kanuni, el Legislador y, también, la Sombra de Dios, el
Protector de los Santuarios de la Meca y Medina; pero Occidente, que lo temía y
respetaba, lo llamó Solimán, el Magnífico.
Sus
ataques contra los «herejes» chiíes de Persia le llevaron a conquistar Tabriz,
Bagdad y la mayor parte de Mesopotamia (1534), extendiendo luego sus dominios
por las costas de Arabia. En cuanto a la expansión mediterránea, comenzó con la
conquista de Rodas (1522), que le proporcionó el control de las rutas
comerciales venecianas y genovesas; continuó sometiendo al vasallaje otomano a
Argel (1529) y Trípoli (1551), mientras corsarios turcos imponían su ley en el
mar.

En el periodo
del sultanato de Solimán el Magnífico, el imperio se extendió lo máximo y se
acercó a la extensión del imperio bizantino en la época brillante del emperador
Justiniano. La época otomana es de una gran
riqueza en arquitectura. Su máximo representante será el prolífico y genial
arquitecto Sinán, que realizará sus fabulosas construcciones durante la edad de
oro del arte otomano.
Solamente
tuvo oportunidad de construir una mezquita en su nombre a los 30 años de su
subida al trono, aunque fuera tarde, mandó construir una de las mezquitas más
espectaculares de Estambul.
Estos
avances hacia Occidente (tanto en el Mediterráneo como en Europa central)
continuaron hasta la muerte de Solimán, que le sorprendió durante una nueva
campaña en Hungría; el temor con que fue visto en los reinos cristianos este
renacimiento del expansionismo musulmán explica la contraofensiva lanzada por el
Papado, Venecia y la Monarquía Hispana, que condujo a la batalla de Lepanto
(1571). Los turcos recuerdan a Solimán como un gran legislador (autor del código
general conocido como Kanuname), poeta y constructor de edificios y obras
públicas (convirtió Estambul en la ciudad más grande y monumental de Europa en
el siglo XVI).
Solimán, fue un guerrero que llevó
a sus pueblos los beneficios de la paz - la llamada Pax Ottomanica -, que
construyó puentes y caminos por los que circulaban las caravanas, desarrolló
oficios y extendió el comercio; por último, implantó algunos servicios sociales,
lo que permite decir que fue el primer Estado Benefactor. Además, pese al
aumento de las poblaciones, hizo posible que judíos, musulmanes y cristianos,
vivieran en paz.
Fuentes:Protagonista de la
Historia de Espasa-Calpe - Wikipedia - Artehistoria
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