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Paracelso nació en Einsiedeln, Suiza, en 1493 6 1494. Personaje fascinante,
dotado de un temible espíritu critico y de un carácter apasionado y enigmáticos hasta el
extremo, viajero impenitente, aquel médico visionado y genial tuvo una carrera
de lo más agitada. Su padre, médico también, fue uno de sus múltiples maestros. Paracelso no descansó nunca, moviéndose continuamente en busca de un saber
universal.
Desde la edad de 14 años, fue de un sitio a otro. Hizo sus estudios en Viena, en
Ferrara y en Estrasburgo. En 1522 era cirujano militar al servicio de la
república de Venecia. Ninguna universidad europea encontró favor ante sus ojos
de inconformista. Médico itinerante, no consiguió seguir una caliera
universitaria, ni establecerse como galeno. En Estrasburgo, en Basilea,
consiguió curar casos muy difíciles. Y así, en 1527, fue nombrado médico
municipal de esta última ciudad.
La
tradición puesta en tela de juicio
Pronto entró en violento conflicto con los representantes de la medicina
académica, y comenzó también a enseñan Después de haber insultado a un juez, lo
que hizo pesar sobre él una amenaza de encarcelamiento, Paracelso abandonó et
cantón de Basilea para emprender nuevos viajes a través de Europa, en el
transcurso de los cuales meditó, escribió y se dedicó a la enseñanza De manera
particular frecuentó las ciudades balnearias, donde estudió los poderes
terapéuticos ocultos que en ellas se manifestaban. Tan pronto rico, colmado de
regalos por sus admiradores y amigos, como pobre, acosado por la justicia, los
médicos titulares y los sabios a los que fulminaba con sus anatemas, Paracelso
no llegó a establecerse jamás.
Cuando escribió su gran obra teosófica, la Phiosophia sagax, lo hizo
respondiendo a una invitación del arzobispo de Salzburgo. En dicha ciudad murió
el 24 de septiembre de 1541, después de haber legado sus bienes a los pobres.
Paracelso fue un personaje de intenso colorido, muy aficionado a las
francachelas. Místico más bien que creyente, no respetó ni a los católicos ni a
los protestantes, y menos aún a las autoridades científicas oficiales. Su obra
es considerable, y en ella trata tanto de alquimia, de astrología y de magia,
como de cirugía, de medicina o de química. Por ello puede decirse que Paracelso
fue el símbolo vivo de la medicina del Renacimiento, concebida no como un
humanismo, sino como un campo de curiosidades ilimitada.
Una medicina hermética
Dicha medicina no era racionalista, a pesar de que tuviera en cuenta los datos
de la experiencia. Su gran empeño era integrar lo intangible en el tratamiento
y diagnóstico de las enfermedades, no separar nunca al hombre del universo,
teniendo siempre presentes las influencias ocultas que padece. Tal medicina no
se reducía a ser, pues, una ciencia analítica, sino que exigía también de su
practicante multitud de conocimientos esotéricos y cierto dominio de las
ciencias herméticas. Las leyes divinas parecían a Paracelso mucho más esenciales
que la medida de las cantidades. Ciencia, magia y religión estaban tan
imbricadas en su pensamiento y en el de sus discípulos, que se ha podido hablar
de «magos» más que de médicos del Renacimiento, sin dejar de reconocerse por
ello que la medicina moderna debe algunos de sus descubrimientos a aquella
medicina filosófica.
¿Qué debemos a la medicina del s. XVI?
En primer lugar, hay que citar los trabajos de Van Helmont (1577-1644), que
suministraron una base química a la biología y a la terapéutica, y los de
Harvey (1578-1657) sobre
la circulación de la sangre. El primero nunca negó su deuda respecto a Paracelso.
La homeopatía perfeccionada por Samuel Hahnemann (1755-1843), y considerada por
algunos como una medicina de vanguardia, fue heredera en parte de la filosofía
médica del Renacimiento. Algunos llegan a considerar a Paracelso como fundador
de la bioquímica.
¿Qué lugar ocupó la alquimia en ella?
La alquimia no fue solamente una búsqueda de la transmutación de los metales,
sino también una investigación científica en la que los conocimientos químicos y
biológicos desempeñaban un papel esencial. Paracelso debió mucho al principio
alquímico de la separación, que distinguía entre el mundo «visible» y el
«invisible». El invisible estaba poblado de fuerzas a las que los antiguos
llamaban «demonios».
¿Consiguió curaciones Paracelso?
Paracelso no se contentó con ser un teórico, sino que persiguió y obtuvo
curaciones espectaculares, calificadas a veces de milagrosas. Sus discípulos se
jactaron de haber curado a impotentes, sifilíticos, epilépticos y sordos, pero
los adversarios de su ciencia médica alegaron que en realidad no se trataba más
que de mejorías pasajeras.
¿Es bien conocida su obra?
Su abundante obra fue, en su parte esencial, publicada después de su muerte.
Paracelso resulta difícil de leer. Sus descubrimientos propiamente científicos
aparecen mezclados con desarrollos filosóficos y con la exposición de teorías
sociales. Para conocer a fondo y comprender la medicina de su época, que todavía
no ha desvelado todos sus secretos, habría que ser a la vez científico, médico y
un erudito perfectamente informado de las ciencias herméticas, Y es que el
médico, en su opinión, no debía contentarse con ser un técnico del cuerpo, sino
que también debía ser un filósofo.
¿Quién fue Andrés Vesalio?
Nacido en Bruselas, estudió medicina en Paris y en Montpellier. Profesor
itinerante, anatomista célebre, impartió cursos en toda Europa y. como Paracelso,
criticó a los antiguos. A las teorías de Galeno, que no había diseccionado más
que monos, opuso su método experimental y sus trabajos de disección humana.
Nombrado en 1554 médico de Carlos y, acabó por caer en las garras de la
inquisición. Condenado a morir por haber diseccionado a un hombre todavía vivo,
fue indultado por Felipe II.
¿Y Miguel Servet?
Teólogo, astrólogo y médico español nacido en 1511, Convertido al
protestantismo, ejerció la medicina en Francia. Sus disecciones e ideas pensaba
que el alma reside en la sangre y que se vitaliza al inspirar aire, le llevaron
a descubrir el paso de la sangre del corazón izquierdo al derecho, a través de
los pulmones. Su teología, ni católica ni protestante, y su enemistad personal
con Calvino le acarrearon que fuese quemado, tras denuncia del reformador, en
Ginebra en 1553.
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