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En el siglo XVIII Inglaterra
constituía, junto con Holanda, una isla dentro de la Europa absolutista. La
revolución del siglo XVII había dado lugar a
una monarquía de poder limitado. En
primer lugar, con el reconocimiento del Habeas Corpus de 1679, fundamentó el
principio de la libertad individual, que garantizaba que nadie podría ser
detenido e inculpado sin ser puesto a disposición de un juez a las 74 horas de
su detención, quien debería notificarle la causa de la misma y poner a su
disposición un abogado. Se ponía freno así a la arbitrariedad del poder y se
institucionalizaba una justicia independiente, que garantizaba la libertad de
los ciudadanos.
En el año 1689, tras acabar con la
monarquía absoluta de los Estuardo, el Parlamento inglés obligó al nuevo
monarca, Guillermo de Orange, a jurar la Declaración de Derechos (The Bill of
Rights), en la cual se limitaba los poderes del monarca y se sometía algunas de
sus decisiones al Parlamento.
Toda una serie de medidas, a lo
largo del siglo XVIII, fueron precisando los poderes del Parlamento frente al
monarca, aunque éste conservó muchas atribuciones: designaba ministros, podía
gobernar sin el apoyo del Parlamento y, hasta finales de siglo, el gobierno no
fue plenamente responsable ante el Parlamento.
Por tanto, no se puede hablar de
régimen parlamentario, es decir, de un sistema en el que el gobierno no puede
ejercer sus poderes sin el apoyo de la mayoría del Parlamento, compuesto por
diputados elegidos.
Pero a pesar de ello Inglaterra
fue el primer país en el que no existió monarquía absoluta: el soberano debía
tener en cuenta la voluntad nacional que se expresaba en el Parlamento y los
poderes ejecutivo y legislativo se habían separado.
Asimismo, un tercer poder,
la justicia, era independiente a los ciudadanos tenían garantizada la defensa
de su libertad individual. Además, poco a poco una serie de reformas fueron
ampliando los poderes del Parlamento y sometiendo al gobierno a su control.
Sin embargo, el régimen inglés no
era en absoluto una democracia: sólo una minoría (grandes propietarios,
burgueses, rentistas) tenía derecho de voto (15% de la población), los
habitantes de las colonias no estaban representados y la esclavitud continuaba
siendo aceptada.
A pesar de ello, el control del poder absoluto del monarca y la
división de poderes inglesa constituyeron un ejemplo y una inspiración para los
filósofos franceses.
Fuente Consultada: Historia del Mundo Contemporáneo M.Garcia/C.Gatell
Primer Curso Bachillerato
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