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Musters: El Marco Polo de
la Patagonia
Luego de leer el libro de Carlos Darwin en
el que narra sus experiencias en la Patagonia, George Chaworth Musters,
marino de 27 años al servicio de la Armada real inglesa, siente el
"fuerte deseo de penetrar, si era posible, en el poco conocido
interior...” de esa región. Para ello, se dispuso a integrar una
caravana tehuelche partiendo desde Punta Arenas en dirección al norte
patagónico. Informaciones acerca del ‘carácter tehuelche y sobre la
deleitosa diversión de la caza del guanaco —explica Musters— me hicieron
ansiar más que nunca la realización de ese plan”.
Y así emprendió la
tarea preparatoria para lo cual le ayudaba el conocimiento del español,
lengua que los indios también conocían. Estaba convencido que era
posible atravesar sin peligro el país en compañía de algunas de las
partidas errantes de indígenas. A su paso por las Malvinas un conocido
suyo, Mr. H. Dean, le dio una carta de presentación para el capitán Luis Piedrabuena,
".... inteligente argentino muy conocido en Stanley.
propietario de una goleta con la que explotaba las pesquerías de lobos
de la costa, y dueño también de una factoría establecida en la Isla del
Medio (Pavón) sobre el río Santa Cruz”.
En abril de 1869 Musters está en
Punta Arenas y no advierte ninguna partida indígena, por lo cual se
incorpora a una patrulla militar que se dirige a Santa Cruz, con el
propósito de capturar desertores. Un par de semanas después está en la
isla Pavón donde es recibido por Mr. Clarke, encargado del
establecimiento de Luis Piedrabuena en ausencia de éste.
Casualmente,
acampaban en la vecindad los célebres caciques Orkeke y Casimiro, al
frente de una caravana que se dirige al norte; en el lapso en que
transcurre el invierno, Musters, hábil diplomático, entabla cordiales
relaciones con los tehuelches; los acompaña en travesías y cacerías
cortas lo que les permite a los nativos evaluar su progresivo
adiestramiento. Por último, Casimiro acepta su incorporación a la
caravana e influye sobre Orkeke que se oponía al acompañamiento de
Musters, argumentando que un hombre de su rango debía merecer un trato
preferencial, lo que les haría perder tiempo y entorpecería la marcha.
Sin embargo, el tenaz y astuto Musters demostraba a diario que no sólo
podía
hacerse cargo de él mismo y de su caballo,
sino también que había adquirido las costumbres indias participando en
todo lo que hacían: dormir a la intemperie bajo una manta de piel de
guanaco, comer con ellos y ser aguantador para los esfuerzos. Finalmente
fue aceptado y partió con la caravana. Viajaban alrededor de cincuenta
nativos de todas las edades: mujeres, niños, jóvenes y hombres.
El
itinerario se hacía con previsión de los paraderos (aiken) en los que
hallarían agua, pasturas, leña y carne. De Pavón, arriban al aike del
río Chico y desde aquí, en un largo trayecto, hasta Geylum; luego
continuaron hasta el río Negro (Patagones). En el largo y accidentado
viaje Musters conoció y alternó con varios caciques importantes y se
adentró como pocos en el conocimiento de la idiosincrasia tehuelche y su
divulgación constituyó una novedad para los propios argentinos. Volcó
toda esa rica experiencia en el libro At home with the Patagonians,
editado en español con el título Vida entre Los Patagones. En el libro,
por primera vez, se realizó una descripción objetiva y amplia del
interior de la Patagonia.
A lo largo de su marcha presenció tristes y
lamentables episodios: la epidemia que hizo estragos matando adultos y
niños, quienes gemían lastimosamente mientras las mujeres emitían
desgarradores lamentos; y también las disputas que terminaron con la
vida de la mitad de los hombres, que caían atravesados por lanzas o
acuchillados. Exploradores de la talla de Moyano, Lista, Del Castillo y
Moreno valoraron positivamente los aportes de Musters quien, según
Moreno, fue un gran “consejero”.
Afectivas referencias de Musters fueron
expresadas por los nativos que integraron la caravana, con quienes tuvo
un respetuoso y ejemplarizador trato. Recuerda Moreno que al leerles
algunos párrafos del libro de Musters a un grupo de indios, la conocida
india tehuelche llamada María, comenté: “Musters mucho frío tenía; muy
bueno pobre Musters”.
Ramón Lista y Fontana también escucharon
referencias elogiosas sobre Musters a varios indígenas que pronunciaban
claramente su nombre. Cuando se despidieron, en Patagones, hubo muestras
de efusividad y los tehuelches invitaron a Musters a regresar a la
“pampa” lo ‘~mas pronto posible”. El inglés obsequié a la señora Orkeke
una olla de hierro y un chal, lo que la conmovió mucho. Los chicos se
alegraron cuando les regaló pasas de uva, pan y golosinas y también el
hijo del indio Hinchel cuando fue obsequiado con barajas.
Cuenta Musters:
"A la mujer y a la hija ele Jackechan, que se habían mostrado siempre
muy bondadosas con migo, las llevé al almacén y les dije que eligieran
lo que más le gustaba: y en el acto, sin vacilar, las dos señalaron dos
frasquitos de perfumes para los cabellos. Tengo que advertir, de paso,
que toda esa familia era excepcionalmente limpia en sus ropas y personas,
y prometí viajar en el toldo de ellas si volvía a la Patagonia, porque
tenía entonces la vaga intención de ir por la costa del mar hasta el
Chubut y. tal vez, hasta Santa Cruz. El hijo de Jackechan, el muchacho
de pelo y tez claros, se ofreció para venir a Inglaterra y consentí en
tomarlo a mi cargo, pero cuando supo que no había avestruces ni guanacos
en el país adonde íbamos, cambió de parecer “.
Desde su partida de Punta
Arenas hasta la conclusión de su travesía en Patagones, Musters, en poco
más de un año, recorrió unos 2.750 kilómetros. Tal hazaña le valió una
honrosa comparación: fue llamado “El Marco Polo de la Patagonia.”
Fuente Consultada:
Patagonia El Territorio de la Aventura de Roberto Hosne
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