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Partiendo de la siheyuan —la pequeña
casa tradicional de ladrillos grises dispuesta en torno a un patio—
que perteneció a Guo Moruo, uno de los más celebres intelectuales
chinos del siglo XX, los turistas, a bordo de ciclos a pedales
realizan un fascinante itinerario a través de un hutong, uno
de los "barrios de la memoria" de Pekín.
Desde allí continúan por la orilla
septentrional del lago Qianhai, pasando sobre el Puente Yinding
y
llegan a la Torre de la Campaña ya la colina de Carbón, desde donde
admiran las vistas sobre la ciudad.
Durante el recorrido se suceden
pintorescas imágenes de la vida cotidiana en la ciudad: vendedores
ambulantes de baozi, los panecillos hechos al vapor, niños
que juegan en las calles y mujeres que lavan la ropa delante de la
puerta de sus viviendas.

La ruta de vuelta se acaba en los
jardines del Palacio del príncipe Gong, donde se asiste a un
espectáculo de la ópera de Pekín y se les ofrece un té y un
tentempié.
Pero en Pekín, los hutong son
un retazo de otros tiempos ya pasados. Sólo 25 han sido conservados
con finalidades turísticas, mientras los demás han sido destruidos
por el gigantesco proyecto de re-ordenación urbana al que la
administración de la capital china ha destinado la fabulosa cifra de
2500 millones de euros, de los que únicamente 40 serán utilizados en
la custodia de lugares de interés histórico.
El objetivo para el que Pekín se
prepara es la organización de los juegos olímpicos de 2008, fecha en
la que se presentará ante el mundo como la ciudad del siglo XXI,
sorprendiendo a todos por su grandiosidad y sus magníficas e
innovadoras soluciones arquitectónicas.
La carrera hacia la excelencia está
abierta, y Pekín —para la que las ciudades europeas y americanas son
ya cosa del pasado— debe enfrentarse con la también muy dinámica
Shanghai. Pero la arquitectura de su competidora china —afirman—
sólo es banalmente vertical a imitación de la de Norteamérica. En la
capital, partiendo de las formas y de los símbolos de una cultura
milenaria, están seguros de hacerlo mejor. Lo cierto es que Pekín
siempre ha sido una ciudad de enormes ambiciones.
Pekín tiene, además, tanto pasado que
en la cueva de Zhoukoudian, no muy lejos de la ciudad, se han
encontrado huellas de presencia humana de hace 500.000 años,
testimoniadas por el conocido cráneo de Horno erectus denominado
precisamente Hombre de Pekín. El célebre viajero europeo
Marco Polo,
por su parte, escribió que la Pekín medieval ,tenía tan gran número
de casas y de gente que ningún hombre podría llegar a contarlas,.
En 1407, los reyes de la dinastía Ming
empezaron la construcción de la
Ciudad Prohibida, un conjunto de
palacios digno de los hijos del cielo que llegaría a cubrir un área
de 740.000 metros cuadrados y a tener hasta 9999 espléndidos
edificios. Y qué decir de las 68 hectáreas del parque Beihai, que
está al lado, con sus colinas artificiales, unas más altas que las
otras y sus refinados pabellones; o del fabuloso Templo del Cielo,
con su techo de tejas del color del lapislázuli; o de ese lugar
encantado que es el Palacio de Verano de la Emperatriz Viuda
Chi Yi. (abajo)

Y todavía, al día siguiente del
nacimiento de la República Popular China, precisamente delante de la
Ciudad Prohibida, Mao Zedong quiso que se construyera la Plaza de Tian´an Men, que todavía no ha sido superada en sus dimensiones como la
plaza más grande del mundo, junto a la que se levantan los
imponentes y austeros edificios pertenecientes al gobierno chino y
donde se levantó el mausoleo para depositar el cuerpo del Gran
Timonel de la Revolución y del país.
Hoy día, para reorganizar el plano
urbano de Pekín ha sido llamado Elbert Speer, el hijo de
aquel »arquitecto del diablo» que recibió el encargo de crear el
Berlín »ciudad universal» de la Alemania Nazi.
Según algunos, el proyecto de Speer
—que contempla la creación de un eje viario de 25 kilómetros para
unir la Plaza de Tian´an Mencon el parque olímpico, además de plazas
monumentales, viviendas socialistas en torno a las fábricas y un
inmenso nudo ferroviario para unir la capital con cada localidad de
China, además de más de 300 kilómetros de autopistas urbanas y 140
de líneas de metro— tiene notables semejanzas con el que su padre
había planificado para Hitler, lo que ha traído inevitables
comparaciones y ásperas polémicas.
El arquitecto se ha defendido
afirmando que su proyecto urbanístico carece de planteamientos
megalómanos, ya que está ajustado a las dimensiones de una ciudad de
12 millones de habitantes, centro de un país —el más grande y
poblado del planeta— en rápida expansión económica. Además, el
proyecto ofrece diferentes respuestas a los problemas de la ciudad,
en primero de ellos el de la alta tasa de contaminación resuelto
mediante sistemas de reutilización del agua de lluvia, fuentes de
energía alternativas y fábricas sostenibles ecológicamente.
Junto a Speer, hijo, han llegado a
Pekín muchos de los arquitectos más conocidos y prestigiosos del
mundo, a los que se les ha transmitido un imperativo categórico: ser
audaces.
En esta línea ha sido acabado, en las
cercanías de la Plaza de Tian´an Men, el Teatro Nacional, obra del
francés Paul Andreu. El edificio, que cubre un área de
119.000 metros cuadrados, ha sido denominado popularmente como
«Huevo de pato», debido a su forma envuelta por una ovoide
estructura de cristal y titanio iluminada de forma que cambia de
color a diferentes horas del día. A Norman Foster se le ha encargado
el proyecto de la nueva terminal aeroportuaria, que el arquitecto ha
resuelto utilizando las formas sinuosas y los colores (rojo,
amarillo y verde) del dragón, el animal fantástico de la mitología
china.
Por lo que respecto a las
infraestructuras para los juegos olímpicos, los edificios más
destacados son el Estadio Nacional de 80.000 localidades, proyectado
por el estudio Herzog & de Meuron como un »nido de
golondrinas» e inspirado en los colores de las vasijas de la época
Ming.
Junto a aquél se encuentra el
National Swimming Center (abajo), diseñado por los australianos PTW
Architects, que le han dado la forma de un sencillo
paralelepípedo, y que se presenta como un volumen líquido que evoco
la transparencia de las burbujas de agua. El efecto se logra gracias
a la utilización para la cubierta, del efte, un innovador polímero.

Entre los proyectos más ambiciosos
para el centro de la ciudad destaca la ampliación del Museo Nacional
(de 65.000 a 150.000 metros cuadrados) y el de »Media Park», cuartel
general del gigante televisivo china CCTV en el centro del distrito
financiero, que es probablemente la más sorprendente de las nueva
grandes obras de Pekín.
Además, la iniciativa privada también
está participando para transformar la imagen de la capital. Hace
poco ha sido inaugurado un extraordinario espacio dedicado a las
vanguardias artísticas, fruto de una magnífica restauración del
edificio de estilo Bahhaus de la fábrica número 798 de
componentes electrónicos, mientras el magnote Zhang Yongduo
ha encargado la realización de un centro de restauración a
Raimund Abraham, Frente al encargo de realizar un proyecto que
evocase el océano, el arquitecto austriaco ha creado en un edificio
de 12 pisos »un acantilado que parece batido por la
Finalmente, para responder a necesidad
de pisos en una ciudad cada vez más rica, la compañía SOHO ha
realizado decenas de edificios que han merecido el aplauso
internacional por su estética y funcionalidad. Zhang Xin y Pan Shiyi,
propietarios de SOHO, llamaron a arquitectos de prestigio y no
convencionales, entre ellos a.. la iraquí Zaha Hadid. Éstos
son los encargados de realizar lo que será uno de los más elegantes
complejos residenciales del mundo.
Se trata del Great Wall Commune,
un conjunto de diferentes villas perfectamente integradas en el
entorno con vistas a la Gran Muralla, la más increíble obra que la
mente humana haya concebido y realizado jamás. |