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Las victorias de Atenas, su
florecimiento rápido, casi a raíz de su destrucción, y el éxito de la liga de
Delfos habían hecho que aquella ciudad fuera en breve tiempo una potencia de
primer orden. Tebas y Corinto, a quienes inquietaba la ambición de Atenas, su
vecina, se unieron a Esparta para hacer fracasar los proyectos de
engrandecimiento que ésta perseguía.
Grecia se encontró dividida en dos
confederaciones una compuesta de los
estados del Peloponeso y Grecia central, bajo la dirección de Esparta, y otra
que comprendía las islas y costas del mar Egeo, bajo la dirección de Atenas.
Desde entonces, una triple rivalidad puso frente a frente a las dos ciudades
1) rivalidad de ambición y de
intereses; 2) rivalidad de raza entre dorios y jonios, y
3) la rivalidad política entre una aristocracia y una
democracia.
Terminadas las guerras médicas, esa situación debía provocar, en menos de diez y
ocho años, una guerra cutre los griegos. Pero ésta no fue solamente la querella
de los dos estados que se disputaban la supremacía; todo el mundo griego
intervino en la lucha, pues si Esparta tuvo por aliados a todos los dorios de
Grecia, de Asia y de Italia, Atenas reunió en torno suyo a todos los jonios.
Además, las inquinas políticas entre aristócratas y demócratas suscitaron en
todas las ciudades la guerra civil; a los primeros los sostuvo Esparta, y a los
segundos, Atenas. Se batieron con ferocidad y encarnizamiento inauditos, y hasta
en las extremidades del mundo griego, o sea en Sicilia y Tracia, hubo porfiada
lucha.
La chispa
que encendió la guerra fue una revuelta de Corcira contra su metrópoli Corinto.
Como Atenas se puso de parte de Corcira y los corintios se quejaron a sus
aliados del Peloponeso éstos decidieron la guerra contra Atenas. Esa lucha duró
veintisiete años (431-404) y se llamó guerra del
Peloponeso, que tuvo por testigos a los historiadores Tucídides y Jenofonte, que
la han contado.
GUERRA DEL PELOPONESO:
Esta guerra se puede dividir en tres períodos:
1) guerra de los diez años,
2) expedición de Sicilia, y
3) guerra de Decelia.
1.
Los espartanos se limitaron desde luego a invadir y asolar el Ática, mientras
que los atenienses se dieron a saquear las costas del Peloponeso, según el plan
de Pendes, que quería que Atenas no se cuidara de conquistas territoriales y se
hiciera completamente dueña del mar. Por causa del
hacinamiento de gente que hubo en Atenas, hacinamiento debido a los numerosos
campesinos que temiendo a las incursiones del enemigo fueron a refugiarse allí,
se declaró una peste terrible, de la cual murió Pendes, y que diezmó la
población (-429). El curtidor Cleòn,
hombre nuevo, sucedió en el favor popular al célebre orador y político; el
ataque por sorpresa, decidido a instancias de Cleón,
valió a los atenienses la captura de 300 espartanos y la ocupación de la isla de
Esfacteria, en la costa oeste del Peloponeso.
Esparta, para vengar el descalabro,
se propuso sitiar por hambre a Atenas, y con este fin ocupó la Tracia, que era
el granero de aquella ciudad. El general espartano Brasidas tomó a Anfipolis, y
Cleón, que había partido para recobrarla, fue vencido por el espartano,
pereciendo con su adversario en la batalla. Entonces se firmó la paz de Nicias (-421),
por la cual los dos estados se restituían sus respectivas conquistas.
2.
Los atenienses se apasionaron entonces por un sobrino de Pendes, llamado
Alcibiades, el más rico y hermoso de los griegos, al que sus excentricidades,
más aun que sus cualidades, hicieron popular en aquel pueblo de desocupados. Su
ambición lo llevó a soñar con grandes proyectos y a persuadir a los atenienses
que se dominaría a Esparta conquistando las ciudades
dóricas de Sicilia y haciéndose dueños del mar y d las costas. Los súbditos de
la ciudad de Siracusa, la más poderosa de aquellas ciudades, estaban a la sazón
amotinados. Atenas resolvió sostenerlos, y en medio de un entusiasmo delirante
partió tina expedición compuesta de 134 barcos y 10.000
hombres (-415).
Pero
Alcibíades, poco después, acusado de la sacrílega
mutilación de lar estatuas de Hermes, tuvo que huir, refugiándose entre los
espartanos. Su colega Nicias dirigió el asedio con poca actividad. Siracusa pudo
recibir de Esparta socorros y un buen general, llamado Cilipo, que supo encerrar
a los atenienses en sus propias trincheras y transformarlos
de sitiadores en sitiados. A pesar de los socorros recibidos, los atenienses
fracasaron en el asalto; su flota, bloqueada en la rada, fue destruida;
levantaron el sitio e intentaron batirse en retirada, lo cual fue un desastre
complet5 todos perecieron o fueron hechos prisioneros (414).
3.
Atenas parecía perdida; su flota había sido
destruida y así también su ejército. Esparta había puesto una guarnición en la
fortaleza de Decelia, en las puertas del ática, y negociaba
con el partido aristocrático. Movida por un magnifico arranque de desesperación,
Atenas reconstruyó una flota. El teatro principal de las operaciones fue el
noreste del mar Egeo porque de Tracia y por el Bósforo los atenienses recibían
el trigo. Alcibíades reconciliado con Atenas reconquistó las costas de Asia y de
Tracia. Desterrado de nuevo cedió el puesto a Conón que venció a los espartanos
en las islas Arginusas entre la isla de Lesbos y la costa de Asia. Los
atenienses recobraron confianza en grado de despreciar la flota que el hábil
general espartano
Lisandro había construido con el dinero de los persas, entonces aliados de
Esparta. Lisandro los sorprendió en Egos Pòtamos, en los
Dardanelos, y destruyó su flota. Después pasó a poner sitio a Atenas que,
diezmada por el hambre y traicionada por los aristócratas se rindió a los
peloponenses (-404). Los vencedores le impusieron duras
condiciones tuvo que destruir los Muros Largos y los fuertes del Pireo, entregar
sus barcos menos doce y llamar a los desterrados ser aliada
de Esparta.
CARÁCTER DE LA GUERRA:
La ferocidad caracterizó aquella guerra, y los adversarios se mostraron
verdaderamente inhumanos. Al principio, los espartanos degollaron a los
defensores de Platea y los atenienses pasaron a cuchillo a los nobles de Gorcira.
Los siracusanos hicieron perecer a la mayor parte de los prisioneros atenienses
en las canteras llamadas latornias; en el último periodo, exacerbados los
ánimos por la duración de la lucha los atenienses pensaron terminar en breve,
aterrorizando a sus enemigos; con ese fin, decretaron mutilar a todo prisionero
cogido en el mar y hasta llegaron a condenar a muerte a las dotaciones de dos
galeras: así que, ganado el combate de Egos Pótamos, el
victorioso Lisandro hiciera degollar a sangre fría a 3,000 prisioneros
atenienses y que él personalmente iniciara la matanza acuchillando a uno de los
generales.
CONSECUENCIAS DE LA GUERRA:
La victoria de Esparta señaló el fin del poder de
Atenas. Los antiguos aliados de Delfos, a quienes se había prometido la
libertad, cambiaron de dueño solamente y Grecia entera pareció un momento que
era un imperio espartano. En cada ciudad hubo un gobernador aristocrático adicto
a Esparta, y para sostener la autoridad de éste una guarnición espartana. Los
persas continuaron facilitando el dinero necesario a esa dominación; pero la
crueldad de los vencedores suscitó bien pronto las revueltas y Atenas dio la
señal de insurrección.
Atenas estaba gobernada por un consejo aristocrático de 30 miembros, llamados
los Treinta tiranos. Estos desterraron o hicieron perecer
a más de 1,500 demócratas, y su yugo llegó a ser tan insoportable,
que una cuadrilla de desterrados mandados por Trasìbulo
entró en Atenas con la complicidad del pueblo expulsé a los tiranos y
restableció la democracia. Para poner término a las guerras civiles se voté la
amnistía, es decir el olvido de las injurias, y Atenas pudo volver a ser una
gran ciudad.
Aunque
se habìa votado la amnistía, el odio popular se
manifestó durante mucho tiempo contra los nobles y los amigos
de èstos. Sócrates, injustamente
comprendido en dicho número, fue víctima inocente de aquella reacción.
El
filósofo Sócrates durante toda su vida fue considerado por sus conciudadanos
como un hombre extraordinario. Hombre integro y soldado
animoso, no quiso cuidarse de política. Pobre, se negaba
a recibir honorarios por sus lecciones como, al contrario, hacían los otros
filósofos. Por último, era feo, lo cual se tenía por
grave defecto entre los atenienses. No enseñaba en una escuela, sino que se
paseaba rodeado de muchos admirad6res y discípulos a quienes planteaba problemas
de filosofía, que discutía con ellos, conversando familiarmente.
Ciertos filósofos trataban de explicarse las leyes de la naturaleza; otros,
llamados sofistas, enseñaban el arte de razonar y sostener indiferentemente
todas las opiniones. La filosofía de Sócrates tenia por base la moral. El
primero de todos los preceptos suyos, fue el famoso « conócete a ti mismo e. Con
gran altura de miras, mostraba la diferencia que hay entre el bien y el mal,
proclamaba la inmortalidad del alma y la existencia de una
Providencia superior a todos los dioses particulares. Tuvo grandísimo
ascendiente sobre todos los hombres cultos de su tiempo. tales como Pendes y
Alcibíades. Su doctrina nos ha sido transmitida por dos discípulos suyos,
Jenofonte, en sus Memorias, y PLATÓN, fundador de
la escuela llamada Academia, en sus admirables Diálogos.
No
comprendido por el pueblo, porque habla criticado ciertas partes de la
constitución de Atenas, se le acusé de haber favorecido a los Treinta y
corrompido la juventud, enseñándole doctrinas contrarias a la religión de la
ciudad. A pesar de esta acusación, se había resuelto no condenarle a muerte;
pero Sócrates se complació en irritar a sus jueces, diciendo «Por haberme
consagrado al servicio de mi patria, trabajando para hacer virtuosos a mis
conciudadanos, propongo que se me condene a ser mantenido en el Pritaneo a costa
del Estado.» Esta provocación decidió su condenación.
Los
condenados a muerte bebían un tósigo preparado con cicuta. Sócrates bebió el
veneno en medio de sus amigos, que lloraban, y murió a los 70 años con la
serenidad propia de un gran hombre de bien y de un mártir de la razón humana
(-339)
CAUSA DE LA DECADENCIA DE ATENAS:
Después de la guerra del Peloponeso, y gracias a su notable vitalidad,
Atenas consiguió recobrar un puesto honroso en Grecia. Quedó siendo la capital
de la civilización griega, pero fue desposeída de su imperio marítimo. Tres
causas provocaron esta decadencia la confianza• orgullosa que tuvo en sus
fuerzas, el excesivo cuidado de los intereses particulares, y la versatilidad
extremada de su democracia, que fue incapaz de perseguir designios de larga
duración.
En
efecto, trató a sus aliados con muchísimo rigor; exigió de ellos, por la fuerza,
abrumadores tributos sin que atendiera nunca a conquistarlos moralmente. Además,
sus ciudadanos perdieron en la prosperidad una parte de las cualidades de sus
antepasados. Pensaron menos en la grandeza del estado que en la fortuna
personal.
Hicieron la guerra y la paz cuando convenía a los intereses comerciales,
frecuentemente repugnándoles mucho la carrera de las armas. Por último, el
pueblo que por votación decidía de todo, mostró increíble volubilidad; si un día
soñaba con la conquista del mundo, poco tiempo después, atemorizado por el
primer revés, sentía amargamente
la determinación que a ello le movió. Cuando la gran voz de Pendes cesó de
dirigirle, no escuchó sino a los que halagaban sus pasiones; pasó su tiempo en
cambiar de consejeros y de política, y se consumió en vanas querellas que
facilitaron mucho la victoria de los
espartanos.
LOS DEMAGOGOS:
Los demagogos, que dirigían al
pueblo, eran oradores que miraban menos por la grandeza de la patria que por la
popularidad y los beneficios que esa popularidad les proporcionaba. Seguían la
opinión pública, expresaban los odios o los entusiasmos de los electores,
halagaban las pasiones de éstos y valiéndose de esos medios obtenían del
sufragio popular los poderes y los honores. Tal fue el papel que representaron
Cleón y Alcibíades durante la guerra del Peloponeso.
Cleón,
curtidor de oficio, gustaba al pueblo porque era de modesto origen, porque
odiaba a los nobles, porque su elocuencia era vigorosa y ruda, y porque sus
mociones denotaban mucho atrevimiento. Él fue el primer ciudadano que a pesar de
su humilde nacimiento ejerció en Atenas el cargo de dirigir los asuntos
públicos. Cleón no tenía la sólida instrucción, ni la educación política de
Pendes; pero fue emprendedor y bravo, supo exponer su persona y morir en la
guerra de Anfípolis, que él mismo había propuesto y votado.
Alcibíades fue un demagogo de alta alcurnia. ~‘retendia continuar la política de
Pendes, su tío, y sus talentos justificaban esta pretensión La naturaleza le
había colmado de dones, pues era el más hermoso y el más rico de Atenas al mismo
tiempo que buen soldado y buen orador. Fue el niño mimado de los atenienses a
quienes agradaba cuanto era suyo discursos, larguezas y hasta extravagancias.
Pero era un vanidoso que apetecía el elogio público excesivo y que era incapaz
de dominar el enojo cuando estaba contrariado. Arrastró a Atenas a la azarosa
expedición de Sicilia y, una vez en el destierro, cometió la infamia de incitar
a los espartanos y a los persas contra su patria. Descontento
de Esparta, se puso de nuevo al servicio de Atenas que, con indulgencia extraña,
lo recibió como un hijo pródigo; fue maldecido públicamente y asimismo
perdonado. Y hubo que desterrarlo de nuevo, porque su ambición estrepitosa hacía
que fuera un peligro para la república. Aquel traidor fue el genio maléfico de
su patria.
ESPARTA Y LOS PERSAS:
A pesar de las faltas que cometieron los atenienses, Esparta no hubiera
podido con sus propias fuerzas dominar a su rival. Esparta era, en efecto, muy
temible por tierra, pero Atenas lo era por mar. Precisaba destruir la fuerza
naval de Atenas para impedir que ésta recibiera los cereales de Tracia y el
dinero de los jonios. Ese fue el plan del espartano Lisandro que, como según el
decir de Plutarco, sabia coser la piel del león con la del zorro, no vaciló en
aliarse a los persas. Éstos, que encontraron la oportunidad favorable de vengar
los antiguos descalabros, facilitaron al general espartano
el dinero y las naves que le permitieron ganar la batalla de Egos Pótamos.
El
oro persa se adueñó desde entonces de las ciudades griegas, puesto que sirvió
para mantener la desunión entre ellas; atenienses y tebanos lo recibieron para
sublevarse contra Esparta, y ésta lo empleó para dominar a Grecia; empero, el
Gran Rey bien pronto exigió de ellos el precio de sus servicios y obtuvo de
Esparta el Tratado de Antàlcidas,
que anulaba el de Cimón y ponía a los griegos de Asia
bajo la coyunda persa. Esta vergüenza que Esparta infligió a Grecia, fue para
los persas el desquite de aquellas derrotas de las guerras médicas.
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