Este político griego consiguió que, bajo su mandato, la ciudad de Atenas viviera sus años de máximo esplendor. En su honor, el siglo V a. C. recibe con frecuencia la denominación de «siglo de Pericles»
Vida: Cuando Pericles llegó al poder, Atenas ya llevaba veinte años de tradición democrática. Pertenecía al partido popular, encabezado por Efialtes, que se enfrentó al consejo del Areópago, restringiendo sus poderes abusivos y dejando en sus manos únicamente la administración de justicia en los crímenes de sangre y en los incendios provocados, y la vigilancia de los templos. En el año 461 a. Efialtes cayó asesinado y fue entonces cuando Pendes irrumpió en la vida pública, convirtiéndose en el máximo dirigente de la política ateniense durante un periodo de treinta años. Pendes fue un hombre refinado, pues no sólo había recibido una educación militar, sino que también cantó con la instrucción de tres grandes maestros. El músico y filósofo Damón fue siempre un consejero leal en su vida pública, que inspiró a Pericles lo esencial de las medidas democráticas. Otro de sus maestros fue el filósofo Zenón de Elea, perteneciente a la escuela de Parménides, e inventor, en opinión de Aristóteles, de la dialéctica. Con el también filósofo Anaxágoras de Clazómenas estableció una estrecha relación; se dice que de él aprendió Pendes la claridad y el rigor. Pendes supo ganarse al pueblo gracias a su serenidad y a su tacto político. En sus discursos primaba la elegancia y la compostura. Alejado siempre de las estridencias, dominaba su carácter, sus gestos y hasta su andar. Esto le proporcionó una clara ventaja a la hora de lograr apoyos para sus decisiones, puesto que sus intervenciones, muy puntuales y oportunas, dejaban siempre admirados a todos aquellos que le escuchaban. Pericles se casó con una mujer de buena familia, algo mayor que él, con la que tuvo dos hijos. Jantipo, el mayor, murió en una batalla; el pequeño falleció a causa de una epidemia. Pendes se separó entonces de su esposa. Ya maduro, encontró el amor en una griega asiática, Aspasia de Mileto, con la que vivió veinte años. Esta mujer, de gran belleza, poseía una cultura notable, gradas a que no fue educada como era costumbre en la Atenas de la época, recluida en el gineceo. Se convirtió en la anfitriona de la casa de Pendes, donde solían darse cita personajes como Fidias, Sócrates, Sófocles o Hipódama de Mileto, que constituyeron el denominado «círculo de Aspasia». Política interna La principal preocupación de Pendes fue el engrandecimiento de Atenas, tanto militar como culturalmente. Para financiar este objetivo recurrió a la Liga Ático-Délica, una alianza que reunía a casi todas las islas del mar Egeo. Los fondos de esta confederación eran custodiados en la isla de Delos. En el año 444 a. C., bajo el pretexto de un ataque persa inminente, Pericles trasladó el tesoro de Delos a Atenas y dispuso de él para acometer las grandes obras de la Acrópolis. Para llevar a cabo su proyecto se rodeó de la elite cultural del momento. Con él trabajaron artistas de la talla de Fidias, los arquitectos Mnesicles, lctino y Calícrates, y todo un elenco de hombres ilustres, como Esquilo, Sófocles, Eurípides y Anistófanes, el médico Hipócrates, el escultor Policleto, Polignoto el muralista y los filósofos Georgias y Sócrates. Dentro del conjunto de importantes reformas emprendidas en aquellos tiempos por Pendes destaca la consolidación de la democracia, basada en tres órganos de gobierno: el Tribunal Popular o heliea, el Consejo de los Quinientos o Bulé y la Asamblea del Pueblo o ekklesia. La Bulé estaba formada por diez grupos de cincuenta ciudadanos, que representaban a las diez tribus en que se dividía la población de Atenas. Los miembros eran elegidos por sorteo y renovados cada año. En este consejo se preparaban las propuestas a debatir en la ecclesia, el órgano supremo. Esta asamblea estaba integrada por los ciudadanos varones mayores de edad y censados. La asistencia era libre y remunerada. Cualquiera podía tomar ¡a palabra, pero solían ser un reducido grupo de oradores los que intervenían, ya que la presentación de una propuesta de ley o de una enmienda que resultasen anticonstitucionales, podía acarrear el procesamiento e, incluso, la condena de su inspirador. Año tras año, Pericles renovó en la ecclesia, por votación a mano alzada, su cargo de strategós autocrátor, general en jefe de las fuerzas armadas, obteniendo así ¡a potestad de gobernar Atenas, tanto en política exterior como interior. La democracia ateniense era directa y no representativa. El ciudadano no elegía a un representante que tomaba las decisiones de manera autónoma, sino que intervenía directamente en el gobierno, como si de una obligación cotidiana se tratara. Pendes llevó también a cabo otras reformas, como el desarrollo y ampliación de la flota o la construcción de una muralla que unía la ciudad con el puerto del Pireo (los «muros largos»>, mejorando así la posición defensiva de Atenas. También procuró el acceso gratuito de las clases más desfavorecidas a los espectáculos, así como la restricción de la ciudadanía a los varones nacidos de padre y madre atenienses. Esta propuesta de ley se puso más adelante en su contra, porque tras la muerte de los hijos de su primer matrimonio, el resto de su descendencia no podía optar a la mencionada categoría, dado que Aspasia no era ateniense. Finalmente, no pueden dejar de mencionarse las obras de reconstrucción y embellecimiento de la Acrópolis, emplazamiento donde se erigió el Partenón, un edificio que se ha convertido en el símbolo de toda una época. Política exterior Gracias a su potencial naval, Atenas lideró la Liga Délica, que fue constituida como defensa ante la amenaza persa y para recuperar las islas y las ciudades asiáticas griegas conquistadas por las tropas del Gran Rey. Pendes intervino en la política interna de estas localidades, en las que no aplicó el régimen democrático que imperaba en Atenas. Reprimió con dureza cualquier intento de secesión. De esta manera, logró crear el Imperio ático. Entre sus iniciativas coloniales, la más aventurada fue el envío de una expedición a Tarento, en el sur de Italia, para fundar, bajo la dirección del arquitecto Hipódamo de Mileto, la colonia modelo de Turi. Además de luchar contra los persas —con los que firmó, en el año 448, la paz de Calias—, la Atenas de Pendes hubo de enfrentarse a otro enemigo: Esparta, polis que rivalizaba desde siempre por el control de la Hélade. Finalmente, en 446 a. C., la paz de los Treinta Años inauguró un periodo de relativa calma en tas relaciones con la ciudad vecina. En estos momentos se realizaron todas las construcciones de la Acrópolis. Sin embargo, la tregua duró apenas 15 años. En 441 a. C. Samos tuvo la osadía de atacar Mileto. la patria de Aspasia. El fracaso de la intervención diplomática puesta en marcha por Pendes forzó la apertura de hostilidades, que culminaron con el sometimiento militar de Samos. Un año después, la ciudad de Potidea, colonia de Corinto, se sublevó, y la metrópoli corrió en su auxilio. Poco después, Atenas decretaba el bloqueo del comercio de Megara. Ante tales provocaciones, la Liga del Peloponeso decidió entonces la guerra. Liderada por Esparta, emprendió una serie de expediciones que culminaron en la invasión y devastación del Ática. Por consejo de Pendes, todos los habitantes se reunieron tras las murallas de Atenas, confiando en la superioridad naval de la polis para alcanzar la victoria final. Pero la peste esquilmó a las gentes hacinadas en la ciudad. Este hecho, unido a la ruinosa situación económica, provocó la caída en desgracia de Pendes y su círculo de amistades ante los ojos del pueblo de Atenas. Todos ellos sufrieron procesos judiciales; el propio Pendes fue destituido de sus cargos y acusado de de fondos. Un año después, en 429 a. C., las cosas volvieron a su cauce y el nombre de Pericles fue reivindicado nuevamente. No obstante, también el político cayó víctima de la peste. Por otra parte, la guerra del Peloponeso prosiguió. En 404 a. C. la ciudad de Atenas se vio forzada a capitular. Sus fortificaciones fueron destruidas y el Imperio creado por la polis aniquilado. Así terminó la época dorada de los atenienses. Porque el siglo de oro: Para resumir el esplendor artístico y literario de Atenas basta enumerar los grandes nombres que ilustraron el sigla de Pendes. Entre los poetas trágicos, se cuentan Esquilo, Sófocles y Eurípides; entre los cómicos, Aristófanes; entre los historiadores, Herodoto, Tucídides y Jenofonte. El arquitecto Ictino construyó el Partenón; Calímaco, el Erecteión, Fidias esculpió la Atena y el Zeus de Olimpia, Polignoto pintó el Pecile; a Mirón, escultor del Discóbolo, sucedió Praxistcles, escultor de Hermes. Tucídides censuró a Pericles que hubiera empleado el tesoro de la liga jónica en cosas diferentes a las que estaba destinado (la guerra contra los persas), tal como el embellecimiento de Atenas. Pendes respondió que Atenas había libertado a Jonia de los persas, y que poseyendo el mar Egeo, había llenado el fin propuesto en la confederación. Se recurrió al voto del ostracismo para dilucidar la cuestión, y el pueblo votó el destierro de Tucídides. Pericles pudo entonces llevar adelante, sin estorbo, los grandes proyectos que hicieron de su tiempo el siglo del arte y de la poesía. Hipodamo de Mileto trazó el plano de una ciudad regular en el sitio que ocupa el Pireo; una nueva muralla paralela a la primitiva fortificación completó las defensas de Atenas por la parte de tierra; el Acrópolis se cubrió de magníficos monumentos dirigidos por los arquitectos Ictino, Calícrates, Corebo y Mnesicles, bajo la vigilancia de Fidias; al lado de las admirables estatuas de éste, la pintura se elevó con Polignoto a las más altas concepciones artísticas, y así también la poesía, çon Sófocles y Eurípides. Esas magníficas construcciones solo costaron 3000 talentos y 12 años de trabajo (444-432 a.C.), el tesoro del Acropolis y los ingresos anuales de Atenas bastaron para ello, y aun pudo constituir Pericles una reserva de 6000 talentos. Una multitud de filósofos atrajo infinidad de discípulos. Para prepara! a los oradores a la elocuencia, hubo profesores de retórica, llamados sofistas, que enseñaron el arte de tratar todos los asuntos, brillando por encima de todos ellos el gran espíritu de Sócrates. Pendes podía decir con razón que Atenas era « la escuela de Grecia Fuente Consultada: Historia de Grecia de Malet y Gran Enciclopedia Universal (Espasa Calpe) |
|