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Para
retener el petróleo no es suficiente que haya una roca almacén apropiada, sino
que es necesaria la existencia de un casquete de roca impermeable que detenga
ulteriores desplazamientos de él. Las arcillas y los esquistos son los casquetes
más corrientes, pero también actúan como tales el yeso y las calizas y dolomitas
de elevada densidad.
Ahora
bien, aun dándose todas las condiciones expuestas, los hidrocarburos tenderían a
perderse; así, por ejemplo, si se considera una capa de roca almacén perfecta,
con su correspondiente casquete, la emigración ascensional del petróleo tenderá
a extravasarlo en superficie, a poca inclinación que presente dicha capa. No
obstante, el hecho real es que el petróleo se encuentra retenido en numerosos
puntos de la corteza terrestre, y ello gracias a las denominadas trampas, que
pueden ser estructurales o estratigráficas.
Entre
las estructurales cabe mencionar, en primer lugar, los anticlinales, que
han sido fuente de la mayor parte del petróleo obtenido hasta el momento actual.
Son particularmente propicios los anticlinales amplios, cuyos flancos presentan
escaso buzamiento. Los hidrocarburos sufren una migración y se acumulan según el
orden de sus densidades: en la parte superior encontramos los gaseosos —metano,
propano, butano, etc.—; inmediatamente debajo, los líquidos, o sea el petróleo,
y en la parte inferior, el agua que suele acompañarlos.
Cabe
indicar que en los pozos profundos, por efecto de la presión reinante, el gas se
halla contenido en el petróleo, y se libera en el momento de la perforación,
gracias al descenso de presión que se produce. Como se comprende fácilmente, los
sinclinales sólo podrán retener petróleo cuando los hidrocarburos no vayan
acompañados de agua, pero aun en tal caso constituyen también una excelente
trampa. Las fallas y los domos de sal lo son asimismo, en particular los
últimos: se trata de masas salinas que, habiendo sido empujadas, han ascendido
en forma de cúpula, doblando y cortando las capas sedimentarias superiores;
gracias a ello, las rocas almacén quedan en contacto con la sal, que actúa a
manera de dique de contención de los hidrocarburos.
Las
trampas estratigráficas son producidas por variaciones en las condiciones de
sedimentación, que dan lugar a cambios laterales en el espesor, textura y
porosidad de las capas. Un caso muy característico son los lentejones de
arenisca, denominados así por su forma tan peculiar, englobados en capas de
pizarras: el petróleo queda encerrado, y no puede escapar de las masas
areniscosas. A medida que van progresando los estudios petrolíferos, se concede
cada vez mayor importancia a las trampas estratigráficas, y es posible que, en
un futuro no muy lejano, produzcan más hidrocarburos que las estructurales.
Las
principales zonas de producción actuales se hallan localizadas en los
alrededores del Caribe (Venezuela, Colombia, México, Estados Unidos), Oriente
Medio, Indias Orientales y Rusia Ofrece buenas perspectivas el Sahara argelino.
La
prospección petrolífera moderna comprende tres fases En primer lugar, mediante
estudios geológicos generales, se procede a determinar aquellas zonas en que
pueden haberse dado condiciones favorables para la formación de hidrocarburos;
seña ladas estas zonas, y utilizando la fotografía aérea, los métodos geológicos
de campo clásicos y la prospección geofísica, se comprueba si existen trampas
estructurales o estratigráficas; si las hay, se precisan sus características
exactas y se pasa a la última fase: las perforaciones.
Hay
que proceder, no obstante, con suma cautela antes de decidirse a emprenderlas,
por cuanto los costos de perforación son sumamente elevados, y muchos
oscilan entre 2000 y 3000 m. de profundidad. Los campos de torres que jalonan
los campos petrolíferos son muestra de la extraordinaria capacidad del hombre
para dominar y explotar los recursos de la Naturaleza. |