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DIRECTORIO DE PUEYRREDÓN
El período de gobierno de este distinguido patriota, fue uno de los
más agitados de la historia patria. Los caudillos del litoral a quienes se unió
el chileno Carrera, se habían rebelado. Los portugueses invadieron la Banda
Oriental. Güemes mantenía una autonomía recelosa en el norte. Los federalistas
porteños combatían tenazmente al gobierno. Pueyrredón descendió apresuradamente
desde Tucumán, y entró en Buenos Aires el 29 de julio.
A su paso por Córdoba
acordó con el gran capitán la preparación de la campaña de los Andes. En la
Capital la oposición le hacía una guerra encarnizada que no se paraba ni en
calumnias ni en conspiraciones. Pueyrredón alcanzó a mandar a su jefe, el
general Soler, al ejército de San Martín. Como el coronel Dorrego continuara en
la lucha, lo detuvo y lo embarcó hacia las Antillas. Ante la amenaza de un
complot, el director expulsó del país, enviándolos a los Estados Unidos, a los
demás exaltados revolucionarios. Estas terminantes medidas y las derrotas
sufridas por Artigas, al mismo tiempo que San Martín vencía en Chile,
desbarataron a los opositores y consolidaron la posición del gobierno.
EL EJERCITO LIBERTADOR. - EL PLAN DE SAN MARTÍN
La experiencia había demostrado con toda su crudeza, la imposibilidad
de decidir la guerra de independencia por el Alto
Perú. Cuando los españoles
avanzaban y se apartaban de sus bases de aprovisionamiento eran derrotados (Suipacha,
Tucumán, Salta) y cuando los patriotas se alejaban de las suyas, sufrían los
mismos desastres (Huaqui, Vilcapugio, Ayohuma, Sipe-Sipe..). El genio concreto
de San Martín lo vio y lo afirmó categóricamente, y señaló el único medio de
llegar a una definición en la interminable guerra. A Godoy Cruz le decía: "La
patria no hará camino por este lado del norte... ya le he dicho a usted mi
secreto: un pequeño ejército y bien disciplinado en Mendoza para pasar a Chile y
acabar allí con los godos... Aliando las fuerzas pasaremos por el mar para
llegar a Lima. Ese es el camino y no este". San Martín en Cuyo. - Después de
retirarse del ejército del Norte, San Martín fue nombrado (10 de agosto de 1814)
gobernador intendente de Cuyo.
Es
admirable la compenetración de ideales entre el gran capitán y el generoso
pueblo cuyano. Sobre la base del cuerpo auxiliar de Chile y de los batallones
cívicos de la provincia, San Martín comenzó a levantar su aguerrido ejército.
Pidió por bando la incorporación de voluntarios de Buenos Aires. El director
Pueyrredón le fue remitiendo nuevos cuerpos reclutados, se reorganizaron los
batallones de chilenos emigrados, se libertaron esclavos para servicios
auxiliares. El ingeniero Álvarez Condarco intensificó la extracción de los
materiales necesarios para la fabricación de municiones. Fray Luis Beltrán
organizó la maestranza y el parque del ejército. Pueyrredón y la provincia de
Cuyo proveyeron los equipos, transportes y vituallas. El 19 de agosto de 1815 el
ejército de los Andes con sus 5.400 soldados disciplinados y aguerridos, fue
oficialmente constituido por el director del Estado, nombrándose general en jefe
al general San Martín. Como preparación de la campaña San Martín organizó una
hábil red de espionaje, de informaciones desorientadoras y de falsas alarmas,
que llamó guerra de zapa.
El
ejército realista. - Gobernaba la capitanía general de Chile, el mariscal don
Francisco Casimiro Marcó del Pont. Su ejército había sido debilitado por el
envío de 1.400 hombres al Alto Perú. Además la campaña de corso realizada por
Brown en el Pacífico, había cortado sus comunicaciones con el Perú y alarmado y
desorientado sus costas. Ante la proximidad de una invasión por la cordillera,
que ya veía venir, se apresuró a organizar un ejército reclutando nativos de su
capitanía. Llegó así a reunir unos 5.020 hombres con 33 piezas de artillería.
EL PASO DE LOS ANDES
Antes de partir San Martín declaró a la Virgen del Carmen patrona del ejército y
dirigió una despedida agradecida y afectuosa al pueblo de Cuyo, patriota y
generoso. A fines de enero de 1817, San Martín se dispuso ya para atravesar la
cordillera andina. Seis fueron los pasos por los que decidió franquearla.

El
grueso del ejército se dirigió por la ruta de Los Patos bajo su mando y el de O'Higgins y Soler; y por la ruta de Uspallata a las órdenes del coronel Las
Heras. "Sin que fallara una sola de las previsiones de San Martin, tanto en lo
que respecta a la simultaneidad de la invasión en un frente de 800 kilómetros,
como en la precisión de todos los movimientos y en la reunión final de las
fuerzas principales, fue franqueada en 20 días la gigantesca mole de los Andes".
Chacabuco. - Esta victoria fue el fruto de la genial preparación estratégica y
de la realización del paso de los Andes. Cuando San Martín estaba a las puertas
de Santiago, Marcó del Pont empezaba a concentrar sus tropas sin atinar aún con
el sitio por el que seria atacado. Pretendió defender la entrada del valle de
Aconcagua, pero el día 12 de febrero fue desalojado por un ataque de sorpresa.
Se retiró entonces al norte de la hacienda de Chacabuco para defender el camino
a la Capital.
El
mando del ejército fue entregado al brigadier Rafael Maroto. La hacienda de
Chacabuco, está situada en una hondonada a la que se llega por dos sendas
viniendo del Aconcagua: la de la cuesta vieja y la de la nueva. La senda de la
cuesta vieja va a dar directamente en el frente de la hacienda, y la de la nueva
se desprende de la anterior y bordeando por el oeste los cerros termina detrás
de esa misma estancia. Maroto se situó al norte de la estancia de Chacabuco,
protegiendo el camino principal de la cuesta vieja, pero sin reparar
(inexplicablemente), que el enemigo podía rodearlo y atacarlo por su
retaguardia.
Este
es el error que aprovechó San Martín y que le dio la victoria. Mandó a O'Higgins
(imagen)
cargar sobre el enemigo por el frente pero sin emplearse, solamente para
entretenerlo y aferrarlo. Entre tanto Soler, marchando por la cuesta nueva,
llegaría sobre la retaguardia realista y Maroto sería tomado entre dos fuegos.
O'Higgins dejándose llevar por su enardecimiento, atacó a fondo sin esperar a
Soler y estuvo a punto de comprometer la victoria. Rechazado en un primer
impetuoso intento, volvió a cargar cuando Soler aparecía por el sudoeste (urgido
por San Martin). Los realistas resistieron en ese flanco izquierdo durante una
hora, encarnizadamente.
Pero
fueron completamente batidos y se desbandaron perdiendo más de 1.200 hombres y
dejando su artillería, parque y almacenes en el campo de batalla. Maroto que
intentaba huir fue tomado prisionero, y San Martín dos días después de la
victoria (14 de febrero) entró en la Capital, modestamente y sin ninguna pompa.
Al día siguiente fue convocado un Cabildo abierto. Nombrado San Martín director
supremo del Estado de Chile, rechazó ese alto honor y en un nuevo Cabildo fue
entonces designado don Bernardo O'Higgins. El libertador mantuvo el mando en
jefe del ejército argentino-chileno.
CAMPAÑA DEL SUR DE CHILE
El cansancio de las tropas impidió a San Martín perseguir a los
realistas hasta su aniquilamiento. Pudieron estos rehacerse en el sur, donde
contaban con numerosos partidarios, recibieron refuerzos desde el Perú y
afirmándose en sus montañosas regiones, prolongaron su resistencia por un año
más. Pareció en un principio esta resistencia, consecuencia lamentable de un
descuido o de una falta de previsión de San Martín, pero el tiempo le dio la
razón. A los pocos días de ocupar a Santiago, el general San Martín dio orden
para que una división marchará hacia el sur a completar la victoria con la
persecución del enemigo. La dificultad de aprovisionarla la retardó hasta el de
3 de marzo. En esas serranías la marcha fue lenta y difícil.
El
coronel Las Heras (imagen) que la mandaba partió con sus 1.300 hombres casi sin caballos.
Irritado O'Higgins por la lentitud de esa marcha, llegó a acusar al jefe
argentino de negligencia y abandono y hasta pretendió juzgarlo militarmente.
Finalmente se decidió a ir él mismo a dirigir la campaña. Sin embargo Las Heras
se había comportado valientemente. A principios de abril había acampado en la
hacienda de Curapaligue, a 20 kilómetros de Concepción. El jefe de la plaza de
Talcahuano, Ordoñez, le atacó en la noche del 5, sabiendo que O'Higgins acudía
con nuevas tropas. Las Heras le rechazó con graves pérdidas y luego siguió
avanzando. Ocupó a Concepción y puso sitio a Talcahuano, fortificándose en el
cerro Gavilán. El 5 de mayo el tenaz Ordóñez volvió a atacar a los patriotas .
Cuando la victoria estaba ya decidida apareció la vanguardia de O'Higgins que la
completó. El director chileno asumió el mando de todas las fuerzas sitiadoras.
Había
tardado en llegar más tiempo aún que Las Heras. Sitio de Talcahuano. - O'Higgins
fue conquistando poco a poco los fuertes que defendían la zona de Talcahuano. En
el mes de julio intentó un asalto a la plaza pero se retiró sin empeñarse. El
tiempo pasaba frente a la plaza fuerte. O'Higgins impaciente se determinó a
tomarla por asalto el 6 de diciembre. Siguieron el plan del oficial francés
Brayer, que se había agregado al estado mayor. Este impuso un ataque frontal en
el punto más fuerte de la defensa. Ordoñez tenía unos 1.700 hombres y 130
cañones, y algunas naves en la bahía. El asalto comenzó cerca de las 3 de la
mañana. Las Heras alcanzó a apoderarse del Morro de la izquierda. Pero los
patriotas que se habían embarcado para apoderarse de unas naves en la bahía de
San Vicente y envolver al enemigo, debieron volver diezmados. No le cupo mejor
suerte a las fuerzas que atacaron en el flanco derecho. O'Higgins viendo la
inutilidad del sacrificio de Las Heras que continuaba en su posición, dio la
orden de retirada. La acción les había costado a los patriotas cerca de 500
hombres, entre muertos y heridos. Cancha Rayada. - San Martín había ido a Buenos
Aires para tratar con el director Pueyrredón la continuación de la campaña hasta
Lima. Volvió en el mes de mayo y con todo su empeño se dio a la preparación del
ejército libertador, estableciendo en las Tablas un campamento semejante al del
Plumerillo.
A
fines de 1817 contaba con 9.000 hombres perfectamente disciplinados y armados.
El virrey Pezuela decidido a no perder la capitanía de Chile y a anular así la
expedición de San Martín, que ya preveía, mandó a este territorio un fuerte
ejército de 3.300 hombres al mando del general Osorio. Estas fuerzas
desembarcaron en Talcahuano a mediados de enero de 1818 y unidas a las de
Ordóñez formaron un ejército de 5.000 hombres. San Martín dio orden a O'Higgins
de replegarse y al ejército del norte de descender. Osorio emprendió muy tarde
la persecución de O'Higgins y en vez de hacerlo con rapidez por mar, utilizando
la escuadra, eligió el largo y penoso camino terrestre. Los dos cuerpos del
ejército patriota se encontraron el 12 de marzo en Chimborango. Desde ese
momento la superioridad volvía a estar de su parte. San Martín fue en busca del
enemigo, pero este retrocedió evitando el encuentro. Perseguido de cerca, Osorio
se vio obligado a aceptar el combate. Formado en batalla acampó en las
proximidades de Talca.
Su
situación era desesperada pues tenía a sus espaldas el río Maule. El coronel
Ordoñez impuso su decisión de atacar a los patriotas esa misma noche por
sorpresa (19 de marzo). El ejército de San Martín había acampado al pie de los
cerros de Baeza. A las 21 las tropas de Ordóñez avanzaron sigilosamente en tres
columnas. San Martín había sido avisado por un espía del próximo ataque y estaba
efectuando un cambio de frente. El ejército patriota fue sorprendido en plena
maniobra y dispersado sangrientamente. Sin embargo Las Heras tomó el mando del
ala derecha patriota que como ya había efectuado el cambio previsto quedó
intacta, y pasando por entre los mismos realistas, que en la confusión no lo
advirtieron, se dirigió hacia el norte. Al llegar al río Lircay, pudo comunicar
a San Martín que se retiraba con 3.500 hombres. Osorio no persiguió a los
patriotas y les permitió alejarse y rehacerse. Este error le costó la derrota de
Maipú.
BATALLA DE MAIPU
San Martín y O'Higgins entraron en Santiago y reanimaron
a los patriotas. Pocos días después habían rehecho un ejercito de 4.900 hombres.
San Martín impuso su determinación de atacar al enemigo, en una junta de guerra.
Osorio siguió avanzando y el 4 de abril acampó a 4 kilómetros de las fuerzas
patriotas en la hacienda Lo Espejo. Los dos ejércitos se encontraron en los
llanos de Maipú. La batalla comenzó a mediodía del 5 de abril.

San
Martín alcanzó a dividir el ala izquierda de los realistas y flanquearla.
Ordóñez había logrado imponerse en su derecha. Pero las reservas patriotas lo
detuvieron y ante la amenaza de ser envuelto empezó a retirarse con orden. Un
nuevo ataque deshizo su formación y sus soldados huyeron hacia la hacienda Lo
Espejo. Ordónez intentó todavía resistir allí, pero acorralado y diezmado debió
entregarse. En el campo de batalla quedaron 2.000 realistas y se tomaron 3.000
prisioneros con todo su armamento. Importancia de Maypú en la emancipación
continental. Por esta memorable victoria, Chile aseguró definitivamente su
independencia. El ejército realista del Alto Perú debió retirarse para acudir en
defensa del Perú amenazado. La primera etapa de la gesta sanmartiniana quedaba
espléndidamente cumplida. El libertador pudo preparar el último golpe a la
dominación española en América del Sur, dando a su campaña una amplitud y una
gloria continental.
EXPEDICION AL PERU
La victoria de Maipú al hacer posible la expedición libertadora del gran capitán
dio a los aislados movimientos de emancipación la trascendencia de un plan
continental, que tuvo su punto de convergencia en Guayaquil. La empresa era obra
de romanos. Se debía crear una escuadra. Organizar y equipar un ejército
poderoso y preparar armamentos para levantar otros en el Perú. Y se debían,
además, reducir los últimos focos realistas subsistentes en Chile que resistían
aún con tenacidad española. El director O'Higgins se encargó de la preparación
de la escuadra y de la pacificación de su territorio. Con la ayuda de Buenos
Aires y las presas que el almirante Blanco Encalada abordó en varios cruceros,
la escuadra fue una realidad.
El
ejército surgía más lentamente. Pero la constancia y la sagacidad de San Martín
llevó a los gobiernos hermanos de Chile y la Argentina, a firmar un acuerdo en
febrero de 1819 que decidió en firme su preparación. Entretanto el almirante
Cochrane había realizado un crucero por el Pacífico en el que conquistó varias
naves y pertrechos, y sobre todo, afirmó su dominio en el mar por el que debía
cruzar la expedición. La guerra civil del otro lado de la cordillera complicó la
labor bélica del gran capitán. El gobierno para sostenerse (como representante
de una tendencia), requirió la ayuda de las tropas del ejército libertador.
Lo
exigió primeramente Pueyrredón y a su caída, Rondeau. San Martín mantuvo a sus
tropas en el destino de su alto ideal de la independencia americana y no quiso
convertirse en montonero. Por el acta de Rancagua, toda la oficialidad le
confirmó el mando, y el Senado y el pueblo chileno le nombraron generalísimo. El
20 de agosto de 1820 el convoy del ejército libertador del Perú se hizo a la
vela, conduciendo 4.300 hombres de desembarco. En septiembre ancló en la bahía
de Paracas. Después de desembarcar, el general Las Heras ocupó el pueblo de
Pisco. Los esclavos negros declarados libres acudieron a formar en las filas
independientes. El virrey Pezuela mandó un comisionado para tratar, pero no se
llegó a ningún acuerdo. San Martín reembarcó su ejército para operar en el norte
y envió al general Arenales a incursionar y sublevar las sierras. Este cuerpo
obtuvo brillantes éxitos (principalmente en Paseo), y se mantuvo hasta fines del
1820. Una orden mal transmitida le hizo abandonar la sierra, cuando sus
victorias hubieran cerrado el cerco sobre Lima e impedido el retiro de los
españoles a esas alturas. San Martín desembarcó en Ancón, a 37 kilómetros de
Lima, y luego se dirigió nuevamente por mar a Huacho (150 kilómetros). Desde
allí ocupó el valle de Jauja. Las defecciones comenzaron a diezmar al ejército
realista.
La
capitanía de Quito se sublevó. El sitio de Lima se hizo más estrecho, mientras
Cochrane dominaba e incursionaba por el Pacífico. La venida de un comisionado
real estableció una tregua y se entablaron nuevas tratativas. San Martín se
entrevistó personalmente con el virrey La Serna, en Punchauca. No se llegó a
ninguna conclusión y a principios de julio de 1821, San Martín reinició las
operaciones. El almirante Cochrane y el general Miller fueron mandados para
realizar un crucero y alarmar las guarniciones costeras. El almirante comenzó a
levantar cabeza, y a pretender dirigir la campaña enemistándose con el jefe.
Miller consiguió notables éxitos en Pisco y Anca y Taena, y Arenales volvió a la
sierra. Entretanto la situación de los realistas en la Capital se hizo imposible
y el nuevo virrey La Serna, decidió evacuaría y retirarse a la sierra, de más
saludable clima y de mejores recursos. Arenales bajó a la costa y San Martín
ocupó la Capital. El 14 de julio reunió un Cabildo abierto que declaró la
independencia, y el 28, el libertador la proclamó solemnemente desplegando la
bandera que él creara para el Perú. La prosecución de la campaña y el orden y
tranquilidad del nuevo Estado, movieron a San Martín a aceptar la petición
unánime de que asumiera el gobierno. Tomó así, el título de protector del Perú.
El
virrey La Serna, más activo que Pezuela, envió sobre Lima un poderoso ejército
al mando del general Canterac. San Martín no tenía fuerzas con que oponérsele
eficazmente, pero con una hábil maniobra logró dirigir a los realistas al
Callao. Los sitiados de la fortaleza se opusieron a las instrucciones que traía
Canterac de derruir sus murallas y trasladar su armamento a la sierra. Los pocos
víveres con que contaban se consumieron prontamente. El general español debió
volver otra vez a reunirse con sus tropas y el Callao se rindió en septiembre de
1821. El virrey contaba en la sierra con un ejército numeroso y aguerrido y con
grandes recursos. El libertador no podía concluir la campaña con sus solas
fuerzas. Decidió, por lo tanto combinar sus planes con Bolívar que descendía
victorioso desde el norte. San Martín le había enviado anteriormente algunas
tropas, que fueron parte muy principal en la victoria de Pichincha. La
entrevista entre los dos grandes próceres tuvo lugar el 26 y el 27 de julio de
1822, en Guayaquil.
En
las dos conferencias trataron los dos libertadores el problema de la terminación
de la guerra sudamericana. San Martín advirtió en seguida la ambición de su
émulo a la gloria de coronar la independencia del continente sur. Esta
persuasión, el regateo intrigante de 1os recursos prometidos, la defección del
almirante Cochrane que se había declarado en rebeldía, la desacertada política
de su ministro Monteagudo y la impopularidad que comenzaba a producirle, y hasta
algún complot descubierto en el ejercito, indujeron al gran capitán a retirarse.
Solo hubiera podido mantenerse apartándose del recto ideal de su glorioso
destino, para descender a la mezquindad de las intrigas ambiciosas. El gran
capitán, para su gloria y la de su patria, eligió las alturas.
El 20
de septiembre instaló solemnemente el primer Congreso Constitucional del Perú y
ante él se despojó indeclinablemente de la banda bicolor de protector. En el
ocaso de su poder, el libertador nació para la inmortalidad de la nacionalidad
argentina.
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