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INTRODUCCIÓN
Sistema Solar
es
sistema formado por el Sol,
nueve planetas y sus satélites,
asteroides, cometas y meteoroides, y polvo y gas
interplanetario. Las dimensiones de este sistema se especifican en términos de
distancia media de la Tierra al Sol, denominada unidad astronómica (UA). Una UA
corresponde a 150 millones de kilómetros.
El planeta más distante conocido es
Plutón, su órbita está a 39,44 UA del Sol. La frontera entre el
Sistema Solar y
el espacio interestelar -llamada heliopausa- se supone que se encuentra a 100 UA.
Los cometas, sin embargo, son los más lejanos del Sol; sus órbitas son muy
excéntricas, extendiéndose hasta 50.000 UA o más.
El
Sistema Solar es el único
sistema planetario existente conocido, aunque en 1980 se encontraron algunas
estrellas relativamente cercanas rodeadas por un envoltorio de material orbitante de un tamaño indeterminado o acompañadas por objetos que se
suponen que son enanas marrones o enanas pardas. Muchos astrónomos creen
probable la existencia de numerosos sistemas planetarios de algún tipo en el
Universo.

EL SOL Y EL VIENTO SOLAR El Sol es una estrella característica de
tamaño y luminosidad intermedios. La luz solar y otras radiaciones se producen
por la conversión del hidrógeno en helio en el interior denso y caliente del Sol
. Aunque esta fusión nuclear convierte 600 millones de toneladas de hidrógeno
por segundo, el Sol tiene tanta masa (2 × 1027 toneladas) que puede continuar
brillando con su luminosidad actual durante 6.000 millones de años. Esta
estabilidad permite el desarrollo de la vida y la supervivencia en la Tierra. A
pesar de la gran estabilidad del Sol, se trata de una estrella sumamente activa.
En su superficie aparecen y desaparecen manchas solares oscuras lindando con
intensos campos magnéticos en ciclos de 11 años. Los repentinos estallidos de
partículas cargadas procedentes de las fulguraciones solares pueden provocar
auroras y alterar las señales electromagnéticas de la Tierra; un continuo flujo
de protones, electrones e iones abandona el Sol y se mueve por el Sistema Solar,
formando espirales con la rotación del Sol. Este viento solar configura las
colas de ion de los cometas y deja sus rastros en el suelo lunar; la nave
espacial Apolo, en su misión a la superficie de la Luna, trajo muestras a la
Tierra de estos rastros.
En la actualidad se conocen nueve planetas principales. Normalmente se
dividen en dos grupos: los planetas interiores (Mercurio, Venus, Tierra y Marte)
y los planetas exteriores (Júpiter, Saturno, Urano, Neptuno y Plutón). Los
interiores son pequeños y se componen sobre todo de roca y hierro. Los
exteriores (excepto Plutón) son mayores y se componen, principalmente, de
hidrógeno, hielo y helio.
Mercurio es muy denso, en apariencia debido a su gran núcleo compuesto de
hierro. Con una atmósfera tenue, Mercurio tiene una superficie marcada por
impactos de asteroides. Venus tiene una atmósfera de dióxido de carbono (CO2) 90
veces más densa que la de la Tierra; esto causa un efecto invernadero que hace
que la atmósfera venusiana conserve mucho el calor. La temperatura de su
superficie es la más alta de todos los planetas: unos 477 °C. La Tierra es el
único planeta con agua líquida abundante y con vida. Existen sólidas pruebas de
que Marte tuvo, en algún momento, agua en su superficie, pero ahora su atmósfera
de dióxido de carbono es tan delgada que el planeta es seco y frío, con capas
polares de dióxido de carbono sólido o nieve carbónica. Júpiter es el mayor de
los planetas. Su atmósfera de hidrógeno y helio contiene nubes de color pastel y
su inmensa magnetosfera, anillos y satélites, lo convierten en un sistema
planetario en sí mismo. Saturno rivaliza con Júpiter, con una estructura de
anillos más complicada y con mayor número de satélites, entre los que se
encuentra Titán, con una densa atmósfera. Urano y Neptuno tienen poco hidrógeno
en comparación con los dos gigantes; Urano, también con una serie de anillos a
su alrededor, se distingue porque gira a 98° sobre el plano de su órbita. Plutón
parece similar a los satélites más grandes y helados de Júpiter y Saturno; está
tan lejos del Sol y es tan frío que el metano se hiela en su superficie.
OTROS
COMPONENTES Los asteroides son pequeños cuerpos rocosos que se mueven
en
órbitas, sobre todo entre las órbitas de Marte y Júpiter. Calculados en
miles, los asteroides tienen diferentes tamaños, desde Ceres, con un diámetro de
1.000 km, hasta granos microscópicos. Algunos asteroides son desviados hacia
órbitas excéntricas que les pueden llevar más cerca del Sol. Los cuerpos más
pequeños que orbitan el Sol se llaman meteoroides.
Algunos se estrellan contra la Tierra y aparecen en el cielo nocturno como rayos
de luz; se les llama meteoros. Los fragmentos rescatados se denominan
meteoritos. Los estudios en los laboratorios sobre los meteoritos han revelado
mucha información acerca de la condiciones primitivas de nuestro Sistema Solar.
Las superficies de Mercurio, Marte y diversos satélites de los planetas
(incluyendo la Luna de la Tierra) muestran los efectos de un intenso impacto de
asteroides al principio de la historia del Sistema Solar. En la Tierra estas
marcas se han desgastado, excepto en algunos cráteres de impacto reciente.
Parte del polvo interplanetario puede también proceder de los cometas, que están
compuestos básicamente de polvo y gases helados, con diámetros de 5 a 10 km.
Muchos cometas orbitan el Sol a distancias tan grandes que pueden ser desviados
por las estrellas hacia órbitas que les transportan al Sistema Solar interior. A
medida que los cometas se aproximan al Sol liberan su polvo y gases formando una
cabellera y una cola espectaculares. Bajo la influencia del potente campo
gravitatorio de Júpiter, los cometas, adoptan algunas veces órbitas mucho más
pequeñas. El más conocido es el cometa Halley, que regresa al Sistema Solar
interior cada 75 años. Su última aparición fue en 1986. En julio de 1994 los
fragmentos del cometa Shoemaker-Levy 9 chocaron contra la densa atmósfera de
Júpiter a velocidades de 210.000 km/h. Con el impacto, la enorme energía
cinética de los fragmentos se convirtió en calor a través de explosiones
gigantescas, formando bolas de fuego mayores que la Tierra.
Las superficies de los satélites helados de los planetas exteriores están
marcadas por los impactos de los núcleos de los cometas. En realidad, el
asteroide Quirón, que orbita entre Saturno y Urano, puede ser un enorme cometa
inactivo. De forma semejante, algunos de los asteroides que cruzan la órbita de
la Tierra pueden ser los restos rocosos de cometas extinguidos.
El Sol está rodeado por tres anillos de polvo interplanetario. Uno de ellos,
entre Júpiter y Marte, es conocido desde hace tiempo como el origen de la luz
zodiacal. De los otros dos anillos, que se descubrieron en 1983, uno está
situado a una distancia del Sol de solamente dos anchos solares y el otro en la
región de los asteroides.
Si se pudiera mirar hacia el Sistema Solar por encima del polo norte de la
Tierra, parecería que los planetas se movían alrededor del Sol en dirección
contraria a la de las agujas del reloj. Todos los planetas, excepto Venus y
Urano, giran sobre su eje en la misma dirección. Todo el sistema es bastante
plano -sólo las órbitas de Mercurio y Plutón son inclinadas. La de Plutón es tan
elíptica que hay momentos que se acerca más al Sol que Neptuno.
Los sistemas de satélites siguen el mismo comportamiento que sus planetas
principales, pero se dan muchas excepciones. Tanto Júpiter, como Saturno y
Neptuno tienen uno o más satélites que se mueven a su alrededor en órbitas
retrógradas (en el sentido de las agujas del reloj) y muchas órbitas de
satélites son muy elípticas. Júpiter, además, tiene atrapados dos cúmulos de
asteroides (los llamados Troyanos), que se encuentran a 60° por delante y por
detrás del planeta en sus órbitas alrededor del Sol. (Algunos satélites de
Saturno tienen atrapados de forma similar cuerpos más pequeños). Los cometas
muestran una distribución de órbitas alrededor del Sol más o menos esférica.
Dentro de este laberinto de movimientos, hay algunas resonancias notables:
Mercurio gira tres veces alrededor de su eje por cada dos revoluciones alrededor
del Sol; no existen asteroides con periodos de 1/2, 1/3, ..., 1/n (donde n es un
entero) del periodo de Júpiter; los tres satélites interiores de Júpiter,
descubiertos por Galileo, tienen periodos en la proporción 4:2:1. Estos y otros
ejemplos demuestran el sutil equilibrio de fuerzas propio de un sistema
gravitatorio compuesto por muchos cuerpos.
TEORÍAS SOBRE EL ORIGEN A pesar de sus diferencias, los miembros
del Sistema Solar forman probablemente una familia común; parece ser que se
originaron al mismo tiempo.
Entre
los primeros intentos de explicar el origen de este sistema está la hipótesis
nebular del filósofo alemán Immanuel Kant y del astrónomo y matemático francés
Pierre Simon de Laplace.
(imagen) De acuerdo con dicha teoría una nube de gas se fragmentó en anillos que
se condensaron formando los planetas. Las dudas sobre la estabilidad de dichos
anillos han llevado a algunos científicos a considerar algunas hipótesis de
catástrofes como la de un encuentro violento entre el Sol y otra estrella. Estos
encuentros son muy raros, y los gases calientes, desorganizados por las mareas
se dispersarían en lugar de condensarse para formar los planetas.
Las teorías actuales conectan la formación del Sistema Solar con la formación
del Sol, ocurrida hace 4.700 millones de años. La fragmentación y el colapso
gravitacional de una nube interestelar de gas y polvo, provocada quizá por las
explosiones de una supernova cercana, puede haber conducido a la formación de
una nebulosa solar primordial. El Sol se habría formado entonces en la región
central, más densa. La temperatura es tan alta cerca del Sol que incluso los
silicatos, relativamente densos, tienen dificultad para formarse allí.
Este fenómeno puede explicar la presencia cercana al Sol de un planeta como
Mercurio, que tiene una envoltura de silicatos pequeña y un núcleo de hierro
denso mayor de lo usual. (Es más fácil para el polvo y vapor de hierro
aglutinarse cerca de la región central de una nebulosa solar que para los
silicatos más ligeros.) A grandes distancias del centro de la nebulosa solar,
los gases se condensan en sólidos como los que se encuentran hoy en la parte
externa de Júpiter.
La evidencia de una posible explosión de supernova de formación previa aparece
en forma de trazas de isótopos anómalos en las pequeñas inclusiones de algunos
meteoritos. Esta asociación de la formación de planetas con la formación de
estrellas sugiere que miles de millones de otras estrellas de nuestra galaxia
también pueden tener planetas. La abundancia de estrellas múltiples y binarias,
así como de grandes sistemas de satélites alrededor de Júpiter y Saturno,
atestiguan la tendencia de la nubes de gas a desintegrarse fragmentándose en
sistemas de cuerpos múltiples.
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EL
SOL |
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Está
en el centro del Sistema. Con una masa del torno al 99,98% del total, es sin
duda el astro rey y posee la atracción gravitatoria necesaria para evitar que el
conjunto se disuelva y disgregue. Su edad es de aproximadamente unos 4600-5000
millones de años y se encuentra en lo que denominaríamos etapa intermedia o
secuencia principal. Su comportamiento como estrella es extremadamente estable,
lo que propicia la aparición y continuación de la vida sobre el planeta tierra.
Compuesto principalmente de hidrógeno y
helio, su enorme masa le permitió en su día iniciar las reacciones nucleares que
le dan las características propias de una estrella. El proceso que tiene lugar
en el interior del núcleo solar es muy simple de explicar pero tremendamente
complejo al mismo tiempo; Cuando comenzó a colapsarse la materia interestelar
que originó el Sol, los átomos de hidrógeno rebotaban unos contra otros, de tal
manera que la temperatura fue aumentando gradualmente, al mismo tiempo que por
su enorme atracción gravitatoria el conjunto se comprimía más y más, hasta que
estuvo lo suficientemente denso y caliente para que los átomos una vez chocaban
ya no rebotarán los unos contra los otros debido a que la fuerza de repulsión
natural era inferior a la fuerza de atracción gravitatoria, por lo que se
combinaban para formar el átomo perteneciente al siguiente elemento de la tabla
periódica.
En el caso del hidrógeno, al ser este el más abundante
dentro de la esfera solar, su fusión daba como resultado la transformación al
helio, su siguiente en la tabla periódica y por consiguiente una importante
emisión de calor y luz. Cabe resaltar que el Sol, debido a que su masa no es lo
suficientemente considerable, es incapaz de transformar elementos que estén por
encima del hierro.
Para que el Sol iniciara sus procesos nucleares internos hizo falta un largo
período de aproximadamente mil millones de años.
ALGUNOS
DATOS DEL SOL
|
Descripción |
Sol |
Tierra |
Cociente
(Sol/Tierra) |
|
Masa (1024kg) |
1.989.100 |
5,9736 |
332.950 |
|
GM (x 106km3/s2)
|
132.712 |
0.3986 |
332.950 |
|
Volumen (1012km3)
|
1.412.000 |
1,083 |
1.304.000 |
|
Radio
volumétrico promedio (km)
|
696.000 |
6.371 |
109,2 |
|
Densidad
promedio (kg/m3)
|
1.408 |
5.520 |
0,255 |
|
Gravedad (eq.)
(m/s2)
|
274 |
9,78 |
28 |
|
Velocidad de
escape (km/s) |
617,7 |
11,2 |
55,2 |
|
Elipticidad |
0,00005 |
0,0034 |
0,015 |
|
Momento de
inercia (I/MR2)
|
0,059 |
0,3308 |
0,178 |
|
Período
orbital sideral (días)
|
609,12 |
23,9345 |
25,449 |
|
Inclinación
del eje (grados)
|
7,25 |
23,45 |
0,309 |
|
Velocidad rel.
estrellas vecinas (km/s)
|
19,4 |
|
|
|
Magnitud
visual V(1,0) |
-26,74 |
-3,86 |
- |
|
Magnitud
visual absoluta |
+4,83 |
|
|
|
Luminosidad
(1024J/s)
|
384,6 |
|
|
|
Velocidad de
conversión de masa (106kg/s)
|
4300 |
|
|
|
Producción
promedio de energía (10-3J/kg)
|
0,1937 |
|
|
|
Emisión en la
superficie(106J/m2s)
|
63,29 |
|
|
|
Tipo espectral |
G2 V |
|
|
|
Presión
central |
2,477 x 1011bar |
|
|
|
Temperatura
central |
1,571 x 107K |
|
|
|
Densidad
central |
1,622 x
105kg/m3 |
|
Las Leyes de Kepler
En la Edad Media se
utilizaba el antiguo modelo geocéntrico para predecir la posición de las
estrellas y los planetas en el cielo, incluidos el Sol y la Luna. Sin embargo,
era evidente que las predicciones no eran buenas más allá de unos pocos días.
Los intentos por construir modelos basados en combinaciones complicadas de
movimientos circulares mejoraron algo la situación pero distaba de ser
satisfactoria. A pesar de todo, el modelo geocéntrico seguía siendo la regla
principalmente porque era el modelo adoptado, por razones filosóficas, por la
Iglesia Católica.
Nicolás Copérnico
propuso un modelo del Universo que para la época era una lisa y llana herejía:
la Tierra y los planetas giran alrededor del Sol en órbitas circulares. Este
modelo lograba predecir con mayor precisión los cambios aparentes en la esfera
celeste y de una manera matemáticamente mucho más simple, lo cual resultó muy
atractivo para la navegación. Copérnico no pudo aportar evidencia observacional
de la validez de su teoría, de modo que para la Iglesia se trataba de una simple
herramienta de cálculo. Ya sea por este motivo o las obvias ventajas económicas
de contar con tablas más simples y precisas, lo cierto es que Copérnico no
terminó en la hoguera como el primero en proponer un modelo heliocéntrico:
Giordano Bruno.
Galileo Galilei, un
italiano cuya pasión por la física era rivalizada sólo por su afición por la
buena mesa, enterado de la reciente invención del telescopio, se fabricó
rápidamente uno y lo dirigió hacia el cielo. Entre las muchas cosas que vio,
descubrió que el planeta Júpiter estaba cortejado por cuatro pequeñas estrellas,
a las que llamó estrellas de Médici, en honor al Duque que lo auspiciaba
económicamente. Un seguimiento rutinario lo convenció de que las cuatro
estrellas no eran sino lunas que orbitaban en torno a Júpiter como la Luna
alrededor de la Tierra. Su descubrimiento fue severamente criticado por la
Iglesia pero el golpe mortal hacia la teoría heliocéntrica había sido dado: no
todo en el Universo giraba alrededor de la Tierra. Era cuestión de tiempo hasta
que el heliocentrismo pasara de ser una teoría conveniente a una teoría aceptada
como correcta.
A pesar de todo,
aunque más simples, las predicciones seguían siendo erróneas. Evidentemente algo
no andaba bien con el modelo. Y no se podía decir que las observaciones
estuvieran mal hechas. Tycho Brahe era, al igual que Galileo, aficionado a la
Astronomía, al buen comer y al mejor vino. Afortunadamente, tenía por costumbre
observar en estado de perfecta sobriedad y era muy bueno en lo suyo, aún sin
contar con el telescopio, que no aparecería sino hasta unos años después.
Tras la muerte de
Tycho, uno de sus discípulos,
Johannes Kepler, logró con no poco esfuerzo, recuperar de la
familia las notas observacionales para estudiarlas. Kepler contaba entonces con
el mejor conjunto de observaciones de Marte de la época, el que usó para deducir
sus famosas tres leyes descriptivas del movimiento orbital del planeta rojo.
La Leyes de Kepler
(ver
explicación detallada en este sitio)
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Primera Ley: |
Los planetas se mueven en órbitas elípticas con el Sol en uno de los focos.
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Segunda Ley: |
El radio vector Sol-Planeta barre áreas iguales en tiempos iguales.
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Tercera Ley: |
El cubo del semieje mayor es proporcional al cuadrado del período orbital.
|
La Primera Ley:
De la primera ley, deducimos que la
distancia de un planeta al Sol varía continuamente a lo largo de la órbita. La
figura de arriba muestra las características de la elipse. El Sol está en el
foco F. El punto de distancia mínima se denomina perihelio, y el de máxima se
llama afelio. El semieje mayor, indicado por a en la figura, es promedio
de ambos. La distancia del foco al centro de la elipse (el segmento OF), indica
el grado de apartamiento de la forma esférica, y su valor en términos del
semieje mayor se llama "eccentricidad" de la elipse:
e =
OF / a
En
la figura vemos que la distancia al perihelio
dp
= a .(1 - e)
mientras que al afelio
da
= a.(1+e)
La Tierra, por
ejemplo, está dos millones y medio de kilómetros más cerca del Sol en el
perihelio que en el afelio.
¿Te animas a calcularlo?
La Segunda Ley:
No sólo las distancias son
variables, sino también la velocidad de los planetas en sus órbitas. Debido a
que el momento angular debe conservarse (mantenerse constante), un planeta debe
moverse más rápido cuando está cerca del Sol (perihelio), que cuando está en el
afelio.
La Tercera Ley:
También conocida como Ley Armónica,
fue resultado de un esfuerzo de Kepler por encontrar algún tipo de regularidad
en la mecánica del Universo. En este caso, encontró que el período orbital de un
planeta (tiempo que demora en dar una vuelta en torno al Sol), está vinculado a
su distancia promedio al Sol (es decir, el semieje mayor de la órbita), de modo
que:
a3 = k. P2
La constante de
proporcionalidad k dependerá de las unidades utilizadas. Por ejemplo, si
el período se expresa en segundos y la distancia a en km, usando los
valores para la Tierra, obtenemos
k = 3,4x109
km3/seg2
Lo cual no es
evidentemente muy cómodo de recordar. Sin embargo, si expresamos a en unidades
astronómicas y P en años, para la Tierra resulta:
k = 1 UA3/año2.
De modo que para cualquier planeta, la 3ra. Ley se convierte sencillamente en
a3=P2
donde
a está en UA y P en años.
Ejemplo: la distancia promedio de Neptuno al Sol es de 4.515 millones de
kilómetros. Hallar su período orbital
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DATOS CURIOSOS SOBRE NUESTROS SISTEMA SOLAR |
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Se estima que existen unos
14.000.000.000 de estrellas semejantes al Sol, en nuestra galaxia.
Las estrellas producen
energía, casi siempre, por fusión nuclear. Por ejemplo, en la estrella más
cercana, el Sol, los núcleos de Hidrógeno se unen formando Helio y liberando
energía, consumiendo unos 700 millones de toneladas de Hidrógeno por segundo.
Esta fusión se produce en el interior de la estrella y la energía se desplaza
lentamente hasta su superficie, hasta que es liberada en forma de luz.
El Sol empezó a quemar
Hidrógeno hace unos 4600 millones de años y actualmente está en la mitad de su
ciclo de vida. Antes de morir, el Sol se convertirá en una gigante roja y
posteriormente en una enana blanca. Igual que el Sol, morirán todas las
estrellas y morirán todas las que aún no han nacido. Finalmente, llegará un
momento en el que no existan estrellas. El Sol tiene un diámetro, en el ecuador,
de 1.391.980 Km., una masa de 330.000 veces la de la Tierra, una gravedad 27,9
veces la de la Tierra y una densidad media de 1,41 (la del agua es 1).
El Sol no está donde lo
vemos. Efectivamente, la luz del Sol tarda unos 8,3 minutos en llegar desde el
Sol hasta la Tierra, por lo que siempre vemos el Sol donde estaba hace unos 8,3
minutos. Este desfase es mucho más pronunciado en otras estrellas, ya que la luz
de otras estrellas tarda mucho más en llegar a la Tierra que la del Sol. Por
ejemplo, la luz de la estrella Proxima Centauri, la más cercana a la Tierra
(después del Sol), tarda 4,3 años, la estrella más brillante, Sirio A, está a
8,6 años luz y las estrellas de la constelación de Orión están entre 70 y 2.300
años luz.
El Diagrama H-R fue
creado en 1905 por el astrónomo norteamericano Henry Russell y el astrónomo
noruego Ejnar Hertzsprung. En este diagrama, se representa en un eje vertical el
brillo (o luminosidad) de las estrellas y en un eje horizontal la temperatura (o
color) de las estrellas. Así, cada estrella se representa como un punto en este
diagrama. Representando así a las estrellas se observa que la mayoría de las
estrellas cumplen que a mayor temperatura mayor luminosidad. Las estrellas así,
como el Sol, se conocen como estrellas de la secuencia principal. También
existen estrellas que son frías pero tienen una gran luminosidad y son llamadas
"gigantes rojas" y estrellas que son muy calientes pero tienen una luminosidad
muy pobre y son llamadas "enanas blancas".
Las misiones Voyager I y II
fueron lanzadas en Agosto y Septiembre de 1977 aprovechando una rara alineación
de los planetas que permitía visitar muchos planetas de un sólo viaje. El
Voyager I visitó Júpiter en 1979 y Saturno en 1980-81 igual que el Voyager II
quien además visitó Neptuno en agosto de 1989. Ambos mandaron a la tierra unos 5
billones de bits de datos (incluyendo unas 100.000 fotos). El Voyager II pasará
junto a la estrella Barnard en el año 8571 y junto a Sirio (la estrella más
brillante de nuestro cielo nocturno) en el año 296036.
Los asteroides (o
planetoides) son como pequeños planetas que giran alrededor del Sol. Más del 95%
de ellos giran en unas órbitas situadas entre las de Marte y Júpiter en el
llamado anillo principal de asteroides. El más grande de todos se llama Ceres y
tiene poco más de 900 kilómetros de diámetro (la Tierra tiene 12756 kilómetros).
Los astrónomos están convencidos que los meteoritos que caen a la Tierra (o a
otros planetas) proceden en su inmensa mayoría de este cinturón de asteroides.
Estos meteoritos al caer crean cráteres, los cuales, si son pequeños son
borrados por la erosión terrestre. En la Luna, por ejemplo, al no haber
atmósfera no hay erosión y los cráteres se conservan indefinidamente hasta que
otros meteoritos los borren. En la Tierra es famoso el crater del desierto del
Norte de Arizona (EE.UU.) llamado Meteor Crater que tiene 1200 metros de
diámetro, 250 de profundidad y se creó hace entre 20.000 y 30.000 años
aproximadamente. Los asteroides son el escenario principal del cuento de Antoine
de Saint-Exupéry titulado "El principito" en el que un pequeño personaje vive en
un asteroide (exactamente el B 612) con 3 pequeños volcanes (2 en actividad y 1
extinguido) que deshollina cuidadosamente y usa para calentar su desayuno.
Si comparamos el día y el año
de los planetas del sistema solar con respecto al de la Tierra obtenemos los
siguientes datos aproximados de cada planeta, indicando primero su día y luego
su año (ver datos más exactos en la siguiente tabla): Mercurio (59 días, 3
meses), Venus (243 días, 7 meses), Marte (1 día, 1 año y 10.5 meses), Júpiter
(10 horas, 12 años), Saturno (10 horas, 29.5 años), Urano (1 día, 84 años),
Neptuno (1 día, 165 años) y Plutón (6 días, 248 años). Observe las curiosidades
que se plantean: por ejemplo, en Mercurio veriamos un atardecer cada 59 dias
(terrestres), mientras que en Saturno hay una puesta de Sol cada 10 horas.
La siguiente tabla contiene
algunos datos físicos de los planetas del Sistema Solar. Hay que tener en cuenta
que:
UA
es la Unidad Astronómica y equivale a la distancia media de la Tierra al Sol
(149,6 millones de Kilómetros).
Inclinación orbital:
Es la inclinación de la órbita de cada planeta con respecto a la Eclíptica
(órbita de la Tierra).
Periodo de rotación:
Corresponde a la duración de 1 día (1 vuelta sobre su eje) en ese planeta medido
en días de la Tierra. Un día de la Tierra dura 23 horas 56 minutos. Los 4
minutos que faltan para las 24 horas (del alba al alba) se deben al movimiento
de traslación de la Tierra alrededor del Sol.
Periodo de revolución:
Corresponde a la duración de 1 año (1 vuelta al Sol) en ese planeta medido en
días o años de la Tierra.
Radio:
No tiene que ser fijo, pues, por ejemplo la Tierra no es una esfera perfecta,
sino que está ensanchada en el ecuador. Compárese con el radio del Sol, que es
de 695.990 Km.
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