|
El crecimiento demográfico es uno de los rasgos
dominantes del siglo XX. A una población mundial de mas seis mil
millones de personas, cada año se suman cien millones más, o sea, más del doble
de la población española actual, o la de México entera. En ningún momento de la
historia ha sido tan numerosa la población ni nunca ha sido tan rápido su índice
de crecimiento. El crecimiento demográfico a través del tiempo
Durante el tiempo que el hombre ha vivido sobre la Tierra, su índice de
crecimiento ha sido bastante lento.
Aunque apenas se dispone de datos
anteriores a 1800, el aumento de la población fue casi imperceptible
durante miles de años. Es al llegar a los últimos dos siglos cuando las
cifras se disparan. Un núcleo de población crece cuando hay más
nacimientos que muertes. El índice de natalidad es la relación entre el
número de nacimientos anuales por cada mil personas del total de la
población. El índice de mortalidad es la misma relación, aplicada a las
defunciones.

Ambos sirven para comparar el número de
nacimientos y muertes en los distintos países. El índice de crecimiento
es la diferencia entre los índices de natalidad y mortalidad. Por
ejemplo, si un país tiene diez millones de habitantes y en un año nacen
doscientas mil personas y mueren cien mil, al cabo de un año la
población será de diez millones cien mil personas con un índice de
crecimiento de diez por mil o del uno por ciento. Hacia el año 8000
a.C., durante la llamada revolución neolítica o nueva Edad de Piedra, se
produjo un notable crecimiento demográfico. En varias partes del planeta
el hombre aprendió a cultivar la tierra y a obtener los alimentos
necesarios para su subsistencia, que hasta entonces provenían de la
caza, la pesca y la recolección de frutos silvestres.
El
nacimiento de la agricultura le obligó a abandonar la vida nómada y las primeras
comunidades sedentarias se formaron al establecerse varias familias en un mismo
territorio. Aunque hubo un rápido crecimiento de la población, no disminuyó la
mortalidad porque la subsistencia dependía de los agentes exteriores. La
consecuencia de una mala cosecha era el hambre; la sequía y las epidemias
diezmaron a las primeras tribus sedentarias. En el año 8000 a.C., la población
mundial era de unos cinco millones de personas. A partir de entonces, su número
fue gradualmente en aumentó duplicándose cada mil quinientos años hasta llegar a
los quinientos millones en 1650 d.C., con un índice de crecimiento inferior al
uno por ciento al año.
En la
historia de la humanidad hay un hecho cierto: el sufrimiento y la brevedad de la
vida. El hambre, las enfermedades, las catástrofes naturales y la guerra, han
sido siempre sus sempiternos enemigos. En el siglo XIV la peste bubónica o
“peste negra” arrasó Europa. En las regiones más afectadas por ella murió nada
menos que un treinta o cuarenta por ciento de sus habitantes Aunque se tuvieran
muchos hijos, la supervivencia era extremadamente difícil. No obstante, entre
1650 y 1850, la población mundial llegó a los mil millones de personas.
El
Periodo de duplicación, es decir, el período de tiempo en el que se duplican las
cifras de la población, se redujo de mil quinientos a doscientos años y el
índice anual de crecimiento superó el uno por ciento al disminuir notablemente
la mortalidad a partir de 1700. A partir del siglo XVIII, la revolución
industrial trajo consigo un conjunto de transformaciones económicas y sociales
en diversos países europeos. Entre 1760 y 1780, en la industria textil
algodonera británica se produjo una súbita aceleración de su progreso que se
extendió luego a otras ramas de la producción y transformó profundamente su
economía y su sociedad.
Las
invenciones técnicas se sucedieron en pocos años: máquina de hilar, telar
mecánico,. etc. pero los conocimientos científicos y tecnológicos estaban ya
disponibles desde finales del siglo XVII. El comercio colonial, que ofrecía unos
beneficios extraordinarios y un mercado ilimitado, movió a los industriales
británicos a aplicar nuevos métodos técnicos que aumentaran la capeada
productiva y compitieran ventajosamente am los artículos de fabricación
artesana. La expansión en el sector algodonero influyó en el progreso de la
siderurgia, en la minería cid carbón y en el perfeccionamiento de las máquinas
de vapor. De la necesidad de aumentar la producción de carbón y del
perfeccionamiento de las máquinas de vapor nació el ferrocarril Con él se abrió
una nueva etapa de la revolución industrial.
Las
comunicaciones terrestres experimentaron una profunda transformación y la
demanda de hierro, acero y carbón creció de manera vertiginosa. La revolución
industrial siguió un curso muy diferente en los distintos países y ramas de la
industria de acuerdo con e! desarrollo histórico de cada país concreto, pcr una
parte, y la influencia externa de los países industrializados más avanzados, por
otra. Tanto a escala mundial como nacional, engendró desigualdad. El trabajo se
organizó en grandes centrales: fábricas, forjas, astilleros, donde podía
supervisarse la producción. Importantes cambios en la agricultura acompañaron
también a la revolución industrial. La nueva clase trabajadora, separada de la
tierra, dependía de una mayor producción de alimentos, que comenzaron a
importarse en gran escala.
La
productividad se multiplicó por mil en algunas industrias (hilatura del algodón)
y se centuplicó en otras, como la industria textil, la siderurgia, industria
química, con la correspondiente disminución del costo. La demanda de estos
productos y servicios aumentó en seguida, lo mismo que el número de personas y
el capital invertido en las distintas ramas. Junto con la productividad y la
renta per cápita de los países industrializados crecieron también las
ramas más afectadas por la nueva tecnología, lo que motivó un trasvase de la
mano de obra hacia la industria y los servicios y un movimiento migratorio del
campo a las ciudades.
En
pleno siglo XX comienza la explosión demográfica en Asia, América del Sur y
África, mientras que en Europa y Norteamérica desciende la natalidad. Con el
siglo terminó también la etapa de rápido crecimiento de la población europea. Al
disminuir la natalidad, se redujo el índice de crecimiento. En la actualidad, la
población de Europa y Norteamérica crece a un ritmo muy lento. Durante los
últimos doscientos años, el número de miembros de la familia media se ha
reducido a la mitad, pero se han duplicado las expectativas de vida de los
recién nacidos, y los adultos tienen asegurada su longevidad. Si en 1750 la
duración media de la vida era de treinta y cinco años, en la actualidad es de
unos setenta.
Esta
longevidad se debe en gran parte a los descubrimientos de la medicina, que han
permitido erradicar y vencer enfermedades en otro tiempo mortales por necesidad.
Los avances tecnológicos han permitido asimismo desarrollar una agricultura más
productiva con menos mano de obra. Al mismo tiempo, muchos europeos emigraron a
Norteamérica y Australia a finales del siglo pasado y comienzos de éste. |