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En
tomo a este debate fundamental existen opiniones encontradas:
1. En
un extremo se ubican los pesimistas, herederos de la teoría de Tomas Malthus
–economista inglés– formulada a fines del siglo XVIII y principios del XIX. Esta
teoría sostiene que la población crece en proporción geométrica (1, 2, 4, 8,16,
32, 64, ...) —duplicándose cada 25 años—, en tanto que los recursos alimenticios
aumentan en progresión aritmética (1, 2, 3, 4, 5, 6...). Es decir, existe un
desfasaje entre población y recursos. Este desequilibrio entre el crecimiento
demográfico y la producción de alimentos se agravará progresivamente y provocará
el hambre y la miseria en el mundo.
Existen seguidores modernos de esta teoría, los neomalthusianos, que se muestran
más categóricos. En este sentido, Paul Ehrlich –científico estadounidense y
líder del movimiento ambiental mundial– advirtió sobre este peligro hace 25
años.
A su
vez, en el contexto de la crisis mundial desatada en los 70 (desestructuración
del Estado keynesiano y del modelo económico que amparaba) se publicó el informe
del Club de Roma, producto de un congreso de expertos internacionales que se
titulaba “Los límites del crecimiento”. El mismo llegaba a la conclusión de que
el colapso mundial era inminente e inevitable si el hombre no cambiaba su
actitud frente al medio ambiente y a la utilización de los recursos de la
biosfera. El argumento que sostiene la teoría malthusiana es la limitación de la
natalidad, hecho que está disimulado en la actualidad con la denominación de
planificación familiar.
2. En
el otro extremo se encuentran los optimistas que, si bien reconocen la gravedad
del problema, consideran que la población del mundo se estancará en el año 2150
en alrededor de los 10.800 millones de personas.
Sostienen que nuestro planeta posee recursos suficientes para alimentar a esa
población en crecimiento. Estos teóricos expresan que las mejoras en la
agricultura y las innovaciones tecnológicas han logrado mantener el
abastecimiento de alimento -lo suficientemente elevado para cubrir la demanda
mundial. Además, el precio de los alimentos básicos ha descendido marcadamente
en los últimos años.
Por
lo tanto, no se trata de un problema de producción, sino de la posibilidad de
adquisición de tales alimentos y de su distribución. Estos recursos no están
disponibles donde resultan más necesarios: tienen más quienes menos crecen.
Debido a esta problemática, en algunos espacios existe presión demográfica o
sobrepoblación. Este concepto se refiere a la situación de aquellos territorios
cuya producción de alimentos no es suficiente para responder a los
requerimientos normales de su población. En contraposición, la infrapoblación,
se produce en aquellas regiones que poseen excesos en la producción de
alimentos.
Frente a esta distinción, los expertos han tratado de determinar la capacidad de
carga de nuestro planeta, es decir, la población máxima sostenible y la
población óptima sostenible que permitiría a la mayor parte vivir con sus
necesidades básicas alimenticias satisfechas, sin perjudicar la aptitud de la
Tierra para soportar esa población en el futuro. Sin embargo, ninguno de los
intentos por calcular dichos montos ha resultado concluyente.
DESARROLLO CON EQUIDAD
Las
interrelaciones entre crecimiento demográfico y crecimiento económico han
originado grandes debates en búsqueda de soluciones al problema del hambre
generalizada que afecta hoy a varios sectores del planeta. En este sentido,
algunos entienden que el crecimiento de la población es un obstáculo para el
crecimiento económico, otros, que es un estímulo para lograrlo.
Al
respecto, existe una opinión generalizada acerca de la relación causa-efecto
entre la población demográfica, la degradación y el agotamiento de los recursos.
Sin embargo, se ha comprobado que la degradación también aparece con alta o baja
densidad de población, tanto en condiciones de pobreza como de bienestar. Por
consiguiente, la presión demográfica es un factor importante pero no el único
que interviene.
Al
respecto, se han elaborado diversas propuestas para abordar la problemática del
desarrollo, una de ellas, defendida por las Naciones Unidas (ONU), se denomina
“Desarrollo con equidad”. Según esta propuesta, el objetivo del desarrollo es el
bienestar de toda la población preservando la sustentación del medio ambiente.
Es decir, la humanidad debe enfrentarse al desafío de alcanzar un razonable
equilibrio entre población y producción de alimentos sin deteriorar el ambiente.
Ello sólo puede lograrse mediante la reducción de los costos ecológicos del
desarrollo y los costos sociales del crecimiento poblacional. Esta opción
implica modificaciones importantes en materia de salud, educación, condiciones
de trabajo, seguridad social y viviendas dignas, entre otros.
Por
lo tanto, la solución de los problemas derivados del crecimiento de la población
no depende exclusivamente de los recursos económicos ni del medio ambiente sino
de la voluntad política. En la actualidad, el sistema político mundial está
experimentando cambios profundos por muy diversas causas, ésta es la oportunidad
para dar una nueva orientación a los esfuerzos de la comunidad internacional con
miras al mejoramiento del bienestar de todos.
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