El índice de Desarrollo Humano (IDH)

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EL ÍNDICE DE DESARROLLO HUMANO (IDH)

TEMAS PARA CONSULTAR

El Índice de Desarrollo Humano (IDH) fue creado en 1990 a través del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). El objetivo era poder medir los progresos generales de un país en tres dimensiones básicas del desarrollo humano. Para cada dimensión habían elegido una variable que la representaba.

Desastres Naturales

El Planeta Se Rebela

Los Recursos Naturales

El Acuífero Guaraní

El Hombre y La Naturaleza

El IDH reduce los tres indicadores básicos a un valor que indica la distancia que el país tiene que avanzar hasta llegar al máximo posible. Este índice va de 1 (el mejor) a 0 (el peor).

Los países se clasifican según su IDH en tres grupos:

países con desarrollo humano alto: con valores del IDH de 0,800 y superiores;

países con desarrollo humano medio: con valores entre 0,500 y 0,799;

países con desarrollo humano bajo: con valores inferiores a 0,500.

De esta manera, el promedio mundial del IDH es de 0,716 correspondiente a la categoría de desarrollo humano medio. Generalmente, los problemas más graves en relación con este índice persisten en el mundo en desarrollo, especialmente en África al sur del Sahara y en Asia Meridional, donde se presentan los valores más bajos.

Un balance general demuestra que de los 162 países de los cuales se calculó el IDH, 48 están en la categoría de alto desarrollo humanó, 78 en la categoría mediana y 36 en la categoría baja.

Los países que ofrecen los mejores puntajes en la clasificación del IDH son desarrollados: Noruega (0,939), Australia (0,936) y Canadá (0,936). A partir de allí se ubican los demás países y en los últimos lugares de la lista aparecen Burundi (0,309), Níger (0,274) y Sierra Leona (0,258).

La Argentina ocupa a nivel mundial el lugar 34 con un valor del IDH de 0,842 (antes del 2001).  Dentro de América latina se sitúa:

 
Continente Máximo Puntaje Mínimo Puntaje

África

Libia (0,770)

Sierra Leona (0,258)

América

Canadá (0,936)

Haití (0,467)

Asia

Japón (0,928)

Yemen (0,468)

Europa

Noruega (0,939)

Re . de Moldava (0,699)

Oceanía

Australia (0,936)

Papua Nueva Guinea (0,534)

     

Índice de Desarrollo Humano en la Argentina
Un indicador de condiciones de vida muy utilizado en los últimos años en distintos países del mundo y en organismos internacionales es, como dijimos mas arriba, el índice de Desarrollo Humano (IDH), elaborado por el PNUD.

Se construye a partir de tres dimensiones que consideran básicas para el desarrollo humano:
• Tener una vida larga y sana. Para dimensionar este indicador se tiene en cuenta la longevidad, cuya estimación incluye la esperanza de vida al nacer (años) y la tasa de mortalidad infantil por causas controlables por el conocimiento médico actual.

• Poseer conocimientos necesarios para comprender y relacionarse con el entorno social. Se considera el nivel educacional, que incluye la proporción de alfabetización de adultos, la proporción de matriculación en los niveles remano, secundario y terciario, y la proporción de sobre edad, lo cual indica el porcentaje de alumnos con mayor edad de la teóricamente correspondiente al grado en el que están matriculados.

• Poseer ingresos necesarios para acceder a un nivel de vida digno. Para expresar este indicador se tiene en cuenta el producto interno bruto real por habitante, o sea, e valor de la producción total de un país, dividida por la cantidad de habitantes y la toso de empleo y desempleo, que muestra el porcentaje de personas con y sin trabajo,

EL índice de Desarrollo Humano es un valor que varía del 0 al 1, a medida que la cifra se acerca al 1, el nivel de desarrollo humano se aproxima al óptimo.

El Informe del IDHA de 2005
Según el informe de 2005, el promedio de la Argentina fue de 0,788. Este valor es considerado como representativo de un nivel de desarrollo humano favorable: posicionó a la Argentina en e! primer puesto entre los países latinoamericanos y en el número 34 entre 177 países de todo el mundo.

Los valores de IDHA varían si se tienen en cuenta las diversas jurisdicciones del país. Según el informe, se pueden agrupar las jurisdicciones del país en los siguientes grupos:

Jurisdicciones con situaciones más favorables
Ocho provincias y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires superan el nivel promedio del total del país (0,788). Entre ellas se encuentran las patagónicas, con los siguientes valores: Tierra del Fuego con 0,826, Santa Cruz con 0,819, Chubut con 0,816, Neuquén con 0,801, Río Negro con 0,794, además La Pampa con 0,793.
Otras provincias con índice favorable son Mendoza con 0,790, Córdoba con 0,789 y, con el valor más alto, la Ciudad de Buenos Aires, con 0,836.

• Jurisdicciones con situaciones menos favorables
Quince provincias presentan valores inferiores al índice nacional: entre ellas, Jujuy, Formosa, Misiones y Chaco se encuentran en la peor situación (con índices de entre 0,741 a 0,755).

El informe también indicó que, si bien se observa una notable mejora en los índices provinciales, respecto a los de 2002, cuando la Argentina se encontraba inmersa en una profunda crisis económica, aún existen diferencias regionales, encontrándose la región del norte en la situación menos favorable.

EL ESTADO ARGENTINO: Desde mediados del siglo  XX, la intervención del Estado en la vida social procuró de los trabajadores, y brindar cierta protección a los sectores las crisis recurrentes y las transformaciones de la economía.

Aunque al promediar la década del 70, estas políticas públicas habían comenzado a perder eficacia frente al deterioro de la economía, los sectores de menores recursos contaban con una red de contención social que los incluía como miembros activos de esa sociedad a través de la ocupación de diferentes puestos de trabajo, la pertenencia a organizaciones sindicales, la cobertura de salud por medio de obras sociales y los sistemas públicos de salud. En educación, este modelo se expresó en el ingreso masivo de la población a las escuelas secundarias y en el aumento del número de estudiantes universitarios.

Más recientemente, en especial durante la década del 90, las políticas de reducción del Estado limitaron sus funciones y sus responsabilidades ante los sectores que más necesitan de su asistencia. De ese modo, las redes de contención que con más o menos eficacia garantizaban cierta integración social, quedaron debilitadas y desarticuladas. Actualmente, un importante sector de la sociedad se encuentra desamparado y padece diversas situaciones de exclusión:

• Muchas personas desempleadas no tienen acceso a obras sociales y los subsidios por desempleo no alcanzan para cubrir el mínimo de necesidades de una familia.

• Otras personas que trabajan "en negro" tampoco tienen los beneficios de una obra social y sus salarios también son insuficientes.

• Relacionado con esto, el alto índice de desocupación genera inseguridad a quienes están empleados, con fuertes limitaciones para las posibilidades de hacer valer sus derechos.

• La crisis del sistema jubilatorio ha vulnerado seriamente la capacidad de los mayores para abastecerse por sí mismos y los obliga a acudir a la ayuda económica de sus familiares, quienes en muchas ocasiones no están en condiciones de responder a esta situación.

Todo esto llevó a la formación de grupos que sufren marginación en relación con las redes sociales e institucionales, y desafiliación respecto de las instituciones de protección pública y comunitaria. La falta de mecanismos estatales para responder a las necesidades de estos sectores se hace visible en el número cada vez mayor de personas que padecen situaciones de vulnerabilidad social.

EL IDH Y LA POBREZA MUNDIAL

El Banco Mundial ha establecido un umbral de pobreza de 370 dólares por persona por año, aproximadamente un dólar para el consumo diario. En 1990 había 1.200 millones de personas por debajo de esa línea de pobreza en el mundo en desarrollo. Pero el banco ha señalado una categoría aun más privada, aquellos que son "extremadamente pobres" con un nivel de consumo de no más de setenta y cinco centavos por día (275 dólares por cabeza por año). Había unos 630 millones de esa gente luchando por mantenerse en vida en 1990, el 18 por ciento de toda la población del mundo en desarrollo Los números se están elevando: 1.200 millones se convertirán en 1.300 millones para fines de esta década y probablemente en 1.500 millones para oí 2025. La porción de Asia es de poco más del 40 por ciento, pero África rápidamente la está superando.

Entretanto la brecha entre los ricos y los pobres se hace cada vez mayor: el 77 por ciento de la población del mundo gana el 15 por ciento del ingreso total. En el contexto de un país, si el 85 por ciento de su ingreso fuera sólo al 23 por ciento de la población, no nos sorprendería que ese país vacilara al borde de la rebelión contra una distribución en esencia injusta e in sostenible de la riqueza. Entenderíamos una demanda de porciones más justas y apoyaríamos un pedido de reforma de la clase más fundamental. ¿Quinos .impide aplicar estos, mismos valores y juicios a la sociedad mundial?. ¿Cómo podemos tolerar tan fácilmente que se perpetúe una distribución tan sesgada del producto del esfuerzo humano?

Cada indicador individual del desarrollo humano presenta notables disparidades. Mientras todo el mundo tiene acceso a alguna forma de servicio médico en los países industriales, sólo la poseen dos tercios de la población en el Tercer Mundo. La mortalidad materna en los países en desarrollo promedió 290 por cada 100.000 nacimientos vivos en 1980-1987, comparado con sólo 24 en el mundo industrial. La extensión de la vida promedio en los países pobres es once años más corta que en los países ricos. De cada mil niños nacidos en los países en desarrollo, más de cien mueren antes de cumplir los cinco años, mientras que la cifra para los países ricos es de menos de veinte.

Pero lo vergonzoso no es sólo la brecha entre los países ricos y pobres. También las disparidades dentro de algunos países en desarrollo tienen la capacidad de sorprender. En México una persona muy pobre puede esperar vivir cincuenta y tres años, comparado con los setenta y tres años para una persona rica. En la provincia Chocó de la costa colombiana del Pacífico la mortalidad infantil es de 191 por cada 1.000 nacimientos, comparada con 50 por cada 1.000 para el país en su conjunto. En algunas aldeas indias el 90 por ciento de los brahmanes, la casta más alta, son alfabetizados, comparado con el 10 por ciento de las castas más bajas.

En muchos países la situación no ha mejorado sino lo contrario. En África y América Latina, cientos de millones de personas se volvieron más pobres en la década del 80, un período en que los ingresos promedio descendieron en un 10 por ciento en la mayor parte de América Latina y tanto como el 20 por ciento en el África subsahariana. Durante la década del 80 los gustos por persona en servicios médicos se redujeron en más de tres cuartos ?n países africanos y latinoamericanos. Los gastos por persona en escolaridad descendieron en alrededor de un cuarto en las treinta y siete naciones Mías pobres.

AMPLIACIÓN DEL TEMA:
El desarrollo, los derechos y la democracia

Los Informes sobre Desarrollo Humano del PNUD plantean que la conquista y expansión de un conjunto de capacidades básicas es un derecho de todas las personas que sufren su privación. Y la satisfacción de ese derecho puede ser legítimamente exigida a los demás, especialmente al Estado.

Algunos autores consideran al Desarrollo Humano y a los derechos humanos como partes de una misma concepción. Tanto los defensores del desarrollo humano como los defensores de los derechos humanos son universalistas, es decir, consideran que algunas condiciones y derechos básicos deben ser aplicables a todos los seres humanos, independientemente de las condiciones sociales, culturales, o biológicas de cada uno.

Por su parte, la democracia también implica el reconocimiento de las personas como agentes. En el terreno de los derechos políticos, la democracia supone la atribución universalista del derecho de elegir, ser electo y ejercer las libertades políticas. La historia nos muestra, sin embrago, que este reconocimiento de las personas como agentes ha sufrido marchas y contramarchas. En distintas épocas y durante mucho tiempo fueron excluidos de los derechos políticos los campesinos, los esclavos africanos, los indígenas, las mujeres. Esto se sostenía, justamente, en la falta de autonomía de los que eran excluidos, es decir, en la negación de su condición de agentes.

Actualmente, en las democracias latinoamericanas, todos tienen, en principio, los derechos políticos que corresponden a la democracia, pero a muchos les son negados los derechos sociales básicos. Y hasta carecen de derechos civiles elementales, como el de gozar de protección contra la violencia policial, o de tener fácil acceso a instituciones del Estado, como ser los tribunales. Por estas razones, persiste la pregunta de cómo lograr que nuestros regímenes democráticos tengan poder para avanzar en la democratización de - la sociedad y del Estado, garantizando derechos políticos, sociales y civiles básicos, para que las personas puedan ejercer plenamente su condición de agentes.

Fuente Consultada: Nuestro Hogar, el Planeta Shridath Ramphal

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