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En
otras palabras, la pobreza implica no tener la oportunidad de vivir una vida
larga, sana, creativa y disfrutar de libertad, dignidad, respeto por sí mismo y
de los demás.
Sus
causas son múltiples, entre ellas se encuentran los problemas políticos, la
crisis de los mercados financieros, los desastres naturales, la gestión
inadecuada del medio ambiente –utilización incorrecta de los recursos naturales
por parte del hombre–.
Incluso, existen distintas metodologías para medir la pobreza de los habitantes
del planeta. Algunos utilizan indicadores de carácter pecuniario (producto bruto
interno, PBI), otros tienen en cuenta cuestiones vitales (esperanza de vida,
consumo diario de calorías, entre otros) y otros aspectos educativos
(analfabetismo, etcétera). Además, cada uno de estos indicadores ofrece ventajas
y desventajas y su aplicación depende del propósito que se persiga.
El
Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo presentó en el Informe
Mundial de 1997 un índice de la pobreza humana, el IPH, cuyo objetivo fue
incluir las diferentes características de privación de la calidad de vida. Este
índice toma en cuenta las siguientes variables:
•
porcentaje de la población con esperanza de vida menor a 40 años;
•
porcentaje de adultos analfabetos;
•
porcentaje de personas sin acceso a servicios de salud y a agua potable;
•
porcentaje de niños menores de cinco años víctimas de malnutrición.
De
acuerdo con este índice, la pobreza humana afecta a una cuarta parte de la
población del mundo en desarrollo. Los países que se encuentran en los últimos
lugares de la clasificación según el IPH ocupan también los últimos lugares de
la :clasificación según el Índice de Desarrollo Humano. El África al sur del
Sahara y Asia Meridional son las áreas donde la pobreza humana está más
generalizada. Níger, Sierra Leona y Burkina Faso son los países del mundo que
presentan los valores más altos, con más del 55% de la población en condiciones
de pobreza.
A los
fines de establecer una comparación internacional, se ha definido el umbral de
pobreza como la línea fijada en un dólar diario por persona, suma considerada
suficiente para adquirir los productos necesarios para sobrevivir.
En la
actualidad, en el mundo en desarrollo 1.300 millones de personas viven con menos
de un dólar diario y cerca de 3.000 millones, casi la mitad de la población
mundial, con menos de dos dólares.
Cabria destacar que el hecho de que los países industrializados alcancen los
porcentajes más bajos de pobres, no significa que en esos países no los tengan,
pues el problema de la pobreza es mundial. Lo que sucede es que en esos países,
la mayoría de sus habitantes no son pobres y gran parte tiene acceso a
condiciones dignas de vida. En cambio, en los países en desarrollo, existe un
predominio de pobres y una minoría de ricos, en otras palabras una marcada
polaridad social.
En el
mundo, la mayoría de los pobres todavía se localiza en las zonas rurales, pero
esta situación está cambiando y probablemente en el siglo XXI la mayor parte
viva en ciudades. Este proceso será resultado de la migración a las zonas
urbanas, del menor acceso a recursos productivos, del desarrollo insuficiente de
la vivienda urbana y la infraestructura física, etcétera.
EN
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Para
los Estados reducir la pobreza mediante estrategias y políticas concretas
constituye un objetivo común. Es importante para la consecución de este objetivo
la interrelación de tres elementos que deben ser tenidos en cuenta en forma
conjunta. Es decir, ninguno por sí sólo, basta para combatir la pobreza:
• El
mercado.
• El
Estado.
• Los
propios pobres, que deben trabajar unidos para encontrar soluciones.
Asi,
el mercado puede cumplir una función benefactora con los pobres. Si las
corrientes financieras y comerciales funcionan bien, las economías prosperarán y
la riqueza llegará a los pobres. Pero, actualmente, la globalización económica,
los embates especulativos y la fragilidad de los mercados ponen en evidencia la
debilidad de esta teoría.
La
crisis financiera sufrida en el Sudeste Asiático es un ejemplo de esto. En
Indonesia ha provocado grandes estragos, graves tensiones sociales y actos de
violencia, luego de 30 años de crecimiento económico y de reducción de la
miseria. El impacto fue mayor porque no estaba previsto un sistema de protección
social capaz de ayudar a los pobres en caso de recesión. Sólo se han aplicado
intervenciones a corto plazo para limitar los perjuicios.
Estas
consideraciones nos llevan a concebir nuevas estrategias de desarrollo
sostenible que deben atender dos graves problemas del siglo XXI: la desocupación
masiva y la acentuación de las desigualdades dentro de las naciones o entre
ellas.
Por
su lado, el Estado también puede contribuir eficazmente a la lucha contra la
pobreza y para ello deberla:
•
fomentar las expresiones pacíficas de las demandas de la gente y la
participación política;
•
garantizar el espacio democrático;
•
estimular las asociaciones entre el sector público y el sector privado;
•
luchar para una distribución más equitativa;
•
velar por la responsabilidad y la transparencia;
•
brindar educación y salud básicas para todos.
Incluso, le corresponde al Estado un papel activo y firme para implementar
estrategias de erradicación de la pobreza pero, asimismo, debe saber cuándo
intervenir y cuándo mantenerse al margen.
Los
propios pobres también son importantes para superar la pobreza mediante sus
aptitudes y sus valores culturales. Los proyectos para luchar contra la pobreza
deben comprender y respetar la cultura local. No obstante, muchas propuestas han
fracasado porque se han querido imponer programas realizados en otros lugares a
realidades locales que difieren enormemente.
La
solución deviene de la organización para la acción colectiva de las comunidades
basadas en sus propios sistemas de valores culturales. La movilización popular
hacia la erradicación de la pobreza puede asumir muchas formas. Entre ellas se
pueden mencionar:
•
asociaciones corporativas;
•
sindicatos, que han desempeñado un papel fundamental en la promoción de mejores
condiciones de vida y de trabajo;
•
movimientos populares: es importante que surjan espontáneamente a partir de
iniciativas de la propia población afectada y que no sean controlados o
manipulados desde el poder;
•
organizaciones no gubernamentales (ONU): desempeñan un papel fundamental en el
impulso de estrategias de desarrollo humano. Las ONU pueden servir para reforzar
y complementar las actividades gubernamentales por ser más flexibles y más aptas
para llegar a algunas comunidades de manera efectiva.
Sudáfrica se destaca como ejemplo de país donde se ha producido la interacción
entre el pueblo, el mercado y el Estado para erradicar la pobreza. El ímpetu
político de la lucha contra el apartheid impulsa ahora la lucha contra la
pobreza humana. Este proceso cuenta con el compromiso político, con estrategias
basadas en las asociaciones entre el sector público y el privado y con un
proceso de desarrollo impulsado por el pueblo
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