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Según la Organización
Internacional del Trabajo (OIT) la población económicamente activa incluye a
todas las personas de ambos sexos que constituyen la mano de obra disponible
para la producción de bienes y servicios (entre 15 y 64 años). Dentro de ella se
distinguen los ocupados, que son aquellos que trabajan y reciben algún tipo de
pago por sus tareas, y los desocupados, que son los que no tienen un empleo pero
lo buscan o están a la expectativa de alguno.
La población económicamente
inactiva es la que no recibe regularmente algún tipo de remuneración. Puede
tratarse de inactivos, de pasivos transitorios (los jóvenes), o de pasivos
definitivos (los ancianos). Entre los inactivos se incluyen, entre otros, las
amas de casa, los niños, los religiosos, los presidiarios y los jubilados.
La población activa se puede
clasificar teniendo en cuenta varios criterios, como: la rama o sector de
actividad, la ocupación, la situación profesional, etcétera. El criterio más
utilizado y simple, también como indicador del desarrollo de una determinada
sociedad, es el que tiene en cuenta el sector de la economía en el que la
población activa realiza sus actividades: primarias, secundarías y terciarias (y
eventualmente cuaternarias).
El sector primario, cuya
actividad principal es la agricultura, ocupa a la mayoría de la población de los
países con escaso desarrollo económico, como los que se encuentran localizados
en África Subsahariana, Asia Meridional, parte de América latina y los pequeños
Estados insulares de Oceanía:
En los países desarrollados los
porcentajes de población ocupada en el sector primario son extremadamente
reducidos, pero es una actividad muy productiva. Se trata de una agricultura
tecnificada e industrializada. Como ejemplo se pueden mencionar los países de
Europa Occidental, América anglosajona, Japón, Australia y Nueva Zelandia.
El sector secundario,
representado por la actividad industrial, presenta una situación opuesta a la
del sector primario. En términos generales, los países desarrollados cuentan con
los porcentajes más elevados (superiores al 30%) y los países en desarrollo
valores que se encuentran entre el 10% y el 20%.
Cabe destacar que los países
industriales poderosos cuentan con un porcentaje bajo de la población dedicado a
la industria (por ejemplo, Estados Unidos, el
21%). Esto se debe a que han trasladado la mayor parte de sus industrias a
naciones en desarrollo por la presencia de gran cantidad de mano de obra barata.
Los países desarrollados sólo mantienen las tareas de investigación y las
industrias que producen tecnología de punta (informática, electrónica,
etcétera).
Debe advertirse que las
características enunciadas no se cumplen en algunos países por distintas causas.
Por ejemplo, Arabia Saudita y Grecia, países con elevado porcentaje de población
afectada a la industria o a los servicios, no se encuentran entre los que
presentan mayor desarrollo económico y social, que está concentrado en muy pocas
personas y no se extiende a toda la población.
El sector terciario, orientado
a las actividades comerciales y a los servicios (los que son públicos como la
educación y la salud, los profesionales, los transportes, etcétera), ha sufrido
un acelerado crecimiento en los últimos años. En los países desarrollados, esta
expansión se debe a una mayor demanda de servicios más especializados (en el
campo del comercio, el transporte, la recreación, la información, etcétera) por
parte de su población, que cuenta con sus necesidades básicas satisfechas.
En los países en desarrollo
existe una gran variedad de situaciones. Los valores más bajos se encuentran en
África con porcentajes inferiores a 10. Los más altos, similares a los de los
países desarrollados, son producto, en parte, del crecimiento de las ciudades
por el éxodo rural. Allí se advierte un aumento de empleos urbanos o actividades
económicas informales o marginales caracterizadas por condiciones de trabajo
precarias e inestables.

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