LA POLIOMIELITIS, Parálisis Infantil
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Vistas a través del microscopio de electrones parecen lechugas diminutas o brócoli de alguna nanohuerta exótica. En realidad, son pequeñas bestias capaces de devastar poblaciones enteras, paralizar a sus víctimas y matar a personas millones de veces más grandes que ellas. Durante mucho tiempo, el virus de la poliomielitis, una de las enfermedades más temidas y estudiadas en el mundo industrializado de la primera mitad del siglo XX, se abatió sobre la humanidad. Pero ahora, la Organización Mundial de la Salud anunció en julio de 2005 que el planeta podría verse libre de la polio en el próximo año.

Cercar un virus como éste ha sido un desafío que costó unos 3.600 millones de dólares e involucró a 20 millones de voluntarios durante los últimos 15 años. La cruzada significó tener que administrar dos gotas de vacuna oral a cada niño en cada rincón del planeta -no importa cuán remoto o cuán asolado por las guerras estuviera—, por lo menos dos veces al año.

Pero la ofensiva podría estar funcionando: en junio de 2005 se registraron oficialmente 502 casos de polio. Hace quince años había 350.000.

Las naciones afectadas, que han unido sus fuerzas con organizaciones como la OMS, el Centro para el Control de Enfermedades de Atlanta, UNICEF y Rotary International, organizaron el ataque final contra la enfermedad, vacunando a más de 100 millones de niños. Gracias a estos esfuerzos, podríamos estar en el umbral de la erradicación total del virus. Sin embargo, las voces de la razón afirman que, mientras haya polio en alguna parte del mundo el microscópico enemigo tiene k oportunidad de trasladarse a otras partes del planeta, por meaio ae algún viajero que entre en contacto con el virus. Según Lee JongWook, director general de la OMS, bajar la guardia ahora sería invitar a la poliomielitis a entrar de nuevo en nuestras vidas. “A medida que cada país es declarado libre de la polio, es preciso seguir vacunando para evitar la reincidencia”, dijo en un comunicado reciente.

Un virus que corre como la pólvora Hasta el año 1906, cuando se descubrió el origen del mal, no se comenzaron a hacer estadísticas de la enfermedad. Hubo años en que los brotes aquejaron a cientos de miles de personas, niños y adultos. Mientras en unos casos los afectados tenían pequeños síntomas1 en otros quedaban con cojeras y otras secuelas de por vida.

Es cierto que la enfermedad puede haberse detenido, pero aún quedan misterios por resolver acerca de su transmisión e incidencia, y la manera en que el poliovirus penetra en el organismo. Al terminarse las epidemias en Europa y Estados Unidos, las investigaciones sobre la polio se frenaron. Así, nuestro conocimiento acerca de la epidemiología y patología del virus quedó congelado en los años 50.

Se transmite a través de la saliva o las heces

La poliomielitis es la inflamación de la materia gris de la médula espinal. El nombre viene de las palabras griegas polios (gris) y myelos (médula). Se la conoce como parálisis infantil o Enfermedad de Heine-Medin y se cree que se transmite sigilosamente a través de las heces y la saliva, atacando los intestinos y luego cerniéndose sobre el sistema nervioso. . Una vez allí, puede paralizar los músculos, despojan de las señales nerviosas que necesitan para contraerse. Con nervios muertos para recibir señal, los músculos se atrofian por falta de uso. Durante las epidemias, aproximadamente un cada mil casos terminaba en lisis. Y en algunas personas, se centraba en los músculos utilizados para respirar. La virulencia llegó a su punto álgido durante décadas de 1940 y 1950 en E dos Unidos, sembrando el pánico entre la sociedad y paralizando 21.000 niños, o manteniéndolos vivos dentro de un pulmón de acero. Por el contrario, la polio no paralizante era mucho menos aguda y la mayoría de las personas infectadas no mostraban síntomas. Algunas simplemente sentían dolor de garganta y un poco de fiebre, o los músculos rígidos, y eran capaces de seguir sus vidas normalmente.

Ahora bien, seguir la historia de una enfermedad que deja paralizado a un niño que antes estaba sano no es fácil. Ya en la Biblia y otras escrituras antiguas existen muchas descripciones de niños incapacitados, pero tales descripciones son demasiado breves para identificarlas con la polio. Algunos historiadores de la medicina, como John Paul, un eminente epidemiólogo de la Universidad de Yale, sugieren que la evidencia más temprana es la de una estela egipcia de entre 1580 y 1350a. de C. en la cual aparece un hombre con una pierna claramente atrofiada.

Famosos enfermos de polio
Franklin Roosevelt
Frida Kahlo
André Oppenheimer, también el actor
Alan Alda y el emperador Claudio

No fue hasta fines de 1700 cuando se describió la existencia del mal con cierta exactitud. Luego de numerosos brotes en 1789, el médico británico Michael Underwood ofreció la primera descripción clínica, refiriéndose a la polio como una “debilidad de las extremidades inferiores . En los siguientes 60 años se escribió poco sobre ella, hasta que Jacob Heme, un médico alemán, publicó en 1840 una monografía que no sólo describía sus aspectos clínicos, sino que sugería su conexión con la médula espinal.

En 1908 dos médicos austriacos identificaron el mal

Sin embargo, los limitados conocimientos médicos de la época y la naturaleza submicroscópica del virus no permitió que Heme entendiera el aspecto contagioso de la enfermedad. Incluso con los brotes que se dieron por toda Europa durante la segunda mitad del siglo XIX, los médicos seguían especulando que las causas estaban en problemas estomacales.

Finalmente, en 1908 el poliovinis fue identificado por dos médicos austríacos, Karl Landsteiner —el mismo que descubrió los grupos sanguíneos y que por ello recibió el Premio Nobel de Medicina en 1930—y Erwin Popper. A partir de entonces se comenzaron a contar los casos. En 1906 hubo una gran epidemia en EE.UU.: sólo en Nueva York se registraron 9.000 enfermos. El creciente número de víctimas causó el nerviosismo general y se trató de controlar la enfermedad sometiendo a los pacientes a largos períodos de cuarentena, que resultaron ser inútiles. Poco después, en los años 20, se desarrolló el “pulmón de acero”, una especie de ataúd que ayudaba a respirar, pero que encarcelaba al paciente, en algunos casos para toda la vida. Por esa época se comenzó a usar un suero terapéutico hecho a partir de la sangre de monos y humanos recientemente recuperados de polio. El suero se inyectaba al paciente con la esperanza de prevenir la parálisis. Pero, por más respaldo que le dieran los expertos, lo cierto es que los estudios al respecto fueron pequeños y mal enfocados. Después de dos décadas de esperanza, el suero fue abandonado. Como tantos otros tratamientos, lo único positivo era que por lo menos no causaba efectos secundarios en el enfermo.

Con tantos años perdidos de investigación médica, quizás el avance más importante para la polio durante este período fue el hecho de que Franlkin Delano Roosevelt, quien luego fue presidente de EE.UU., contrajo la enfermedad en 1921 a los 39 años de edad. Su desgracia se convirtió en un golpe de buena suerte para las victimas de la polio. Aunque Roosevelt fue cuidadoso en no llamar la atención sobre su enfermedad —sólo dos fotos suyas lo muestran en silla de ruedas—, su prestigio y riqueza personal tuvieron un gran impacto en los avances en el tratamiento de la enfermedad.

La enfermera australiana y sus métodos paliativos

Durante la década de 1930 cuando se registraron en Los Angeles hasta 50 casos diarios, si descubrieron por lo menos dos cepas diferentes del virus; luego se encontraron tres. Más notables fueron los intentos de dos médicos por desarrollar una vacuna Maurice Brodie y John Kollmer Usando una especie de “química de cocina”, Brodie inventó una emulsión de médula espinal molida de monos infectados y trató de desactivar o matar el virus exponiendo la solución a una mezcla de formaldehído. El cóctel se h inyectó a veinte monos y luego a 3.000 niños. Pero algo salió mal y la vacuna nunca se volvió a usar.

Por su parte, Kollmer tenía la idea de usar virus vivo pero debilitado, también tomado de la médula espinal de monos infectados. La mezcla se debilitaba agregándole varios productos químicos y refrigerándola durante un par de semanas. Desafortunadamente, la vacuna no sólo no funcionaba, sino que se lo culpó de haber causado varios casos de polio. Aún más trágico para los cientos de miles de victimas que contrajeron el mal durante 1940 y 1950, fue que el error de Kollmer Brodie hizo tan cautelosa a la comunidad científica que no se volvió a realizar una sola prueba clínica en humanos durante casi 20 años.

Con la llegada de la Segunda Guerra Mundial se hicieron pocos estudios en el tratamiento del virus. L excepción fue la llegada a Estado Unidos de la enfermera australiana Elizabeth Kennyysu poco ortodoxo enfoque del tratamiento de la polio el cual incluía masajes, ejercicios envolver el miembro afectado en compresas calientes y húmedas para reducir los espasmos musculares y el dolor. Además, insistía en que los niños debían ser “estimulados mover los miembros paralizados” Su enfoque chocaba contra la práctica que imponía largos períodos en la cama. Desafortunadamente para los muchos pacientes que recibieron el tratamiento estándar, la inmovilidad hizo más mal que bien atrofiando músculos que ya estaban debilitados.

El fin de la guerra dio un giro a las investigaciones

Las tropas militares estadounidenses que estaban en Africa, el Medio Oriente y Filipinas aprendieron a la fuerza que los adultos son susceptibles de contraer la polio. Al llevar “a casa” la enfermedad, el fin de la guerra trajo también un renovado interés por la polio y el desarrollo de una vacuna. Jonas Salk comenzó a trabajar en ella, aunque no lo había hecho antes, por lo que se enfrentaba a la enfermedad sin ideas preconcebidas. Quizás por eso, trabajó con el virus muerto con formaldehído, tal como había hecho Brodie años antes. Según la revista lime, en un artículo publicado en 1953, Salk agregó agua mineral a su mezcla, para retener el virus dentro de] organismo durante el tiempo suficiente para estimular la formación de anticuemos, de la misma manera que a la penicilina se le habían añadido aceites minerales.

Una batalla que sigue: A medida que cada país es declarado libre de polio es preciso seguir vacunando para evitar la reicidencia.

En 1952, las primeras versiones de su vacuna habían demostrado ser efectivas en pequeñas escalas. Quizás porque EE.UU., terminaba de experimentar la peor crisis de polio en su historia —unos 58.000 casos en 1952— el Comité de Vacunación Nacional decidió llevar a cabo pruebas clínicas masivas para probar la efectividad de la vacuna. Unos dos millones de niños participaron en las pruebas, con un costo de cinco millones de dólares.

El 12 de abril de 1955 se di fundió la noticia del éxito de las pruebas clínicas de la vacuna. Sir embargo, en un primer momento algo salió mal y se descubrió que un laboratorio en California había elaborado la vacuna usando por error fragmentos del virus vivos.

No obstante, las estadísticas fueron contundentes con el éxito de la vacuna de Salk. De los 58.000 casos de polio que existían en 1952 en EE.UU., al año siguiente descendieron a 35.000 y para 1957, cuando la vacuna se administró ampliamente, sólo hubo 5.600. En 1962, la vacuna de Salk fue reemplazada por la de Sabin, que se administraba por vía oral y utiliza el virus vivo atenuado. Esta ofrecía una inmunización mucho más prolongada. La protección sería para toda la vida. En Argentina el primer brote grave ocurrió en 1956, año en que el número de casos fue aproximadamente de 7.000. El último caso fe poliomielitis en nuestro país se registró en 1984.

Secuelas de una grave enfermedad

En el año 1964, EE.UU. declaró solo 121 casos. Sin embargo, el legado de la enfermedad permanecía. En 1977, el gobierno estadounidense declaró que había en ese país 254.000 personas paralizadas

por la polio, y el número total d sobrevivientes de la enfermedad aún superaba los 600.000. A nivel mundial es posible que haya más de 10 millones de afectados, muchos de los cuales posiblemente experimentan los efectos del síndrome post polio.

No es fácil percatarse de que existe un mundo silencioso traicionero, el de los virus que nos rodean con una facilidad cotidianeidad alarmantes. Porque allá afuera se esconde un universo armado con un arsenal interminable de adaptaciones evolutivas que sólo revelan las lentes de los microscopios más poderosos. Blandiendo sus siempre innovadoras armas, esperan al acecho la oportunidad de ensayarlas en la terra incognita del cuerpo humano.

Jonas Salk, fue el investigador que logró desarrollar la primera vacuna.

Lo cierto es que los virus han cambiado la geografía física, humana, económica, política y religiosa del planeta. Por su culpa reyes y reinas han muerto, dinastías enteras han sido alteradas, el control de países ha cambiado de manos, sórdidas alianzas han rodado por tierra y continentes completos fueron sometidos a otras culturas y creencias. En esta lucha constante entre hombre y virus, a veces pierde uno, a veces ganan los otros. Pero siempre habrá uno nuevo ocupando el lugar del que ayer causara terror en nuestras mentes colectivas.

El poliovirus es uno de los miembros de este bestiario diminutivo que perdieron la guerra. O por lo menos, que están a punto de perderla. Según uno de sus cruzados, el presidente de Rotary International, Glenn Estess, su institución estará en pie de guerra hasta que se produzca el último caso de polio: ‘Vamos a eliminar la polio de este planeta. Sabemos que lo podemos hacer y lo vamos a hacer”.
Angela Posada - Swaffod

 

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