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El origen de los
partidos políticos modernos se remonta a la época de las llamadas revoluciones
liberales, como la Gloriosa Revolución Inglesa (1688) o la Revolución Francesa
(1789).
Con
la declinación del absolutismo surgieron en Europa Occidental los clubes
políticos, asociaciones de personas con ideas afines acerca del modo en que
debía gobernar el país. Por ejemplo, la Revolución Francesa dio lugar al
surgimiento de corrientes políticas diferentes: los feullians, así
llamados por reunirse en el convento de esta orden, proponían preservar la
monarquía. A ellos se enfrentaban los girondinos, provenientes de la
región de la Gironda, y los jacobinos, de tendencia más radicalizada.
Estas
asociaciones carecían de una organización estable, de una ideología definida o
de un programa de gobierno concreto porque sus propuestas se centraban en la
organización política del país; por ejemplo, si debía establecerse una república
o una monarquía.
Una
vez instalada la preponderancia del Parlamento sobre el gobierno y garantizada
la libertad de expresión y reunión, estos clubes políticos se transformaron en
partidos de notables: agrupaciones destinadas a la promoción electoral de
personalidades destacadas por su pertenencia a un grupo social, como por
ejemplo, la oligarquía en la Argentina de fines del siglo XIX.
Estos
notables proponían los programas, determinaban quienes accedían al poder y
mantenían la unidad programática del partido. Este tipo de partido político se
desarrolló y consolidó en la etapa en que la participación política era
restringida y el sufragio estaba limitado a los propietarios, contribuyentes e
instruidos. En la Argentina, la llamada “generación del 80” es un claro ejemplo
de ello.
Hacia
mediados del siglo XIX, la clase obrera y gran parte de la clase media,
comenzaron a fundar y armar sus propios partidos políticos con el objetivo de
reclamar por el derecho al voto y por mejores condiciones de vida. Su
organización era más estable y sus principios estaban fijados por un programa
político o conjunto de ideas preciso y detallado. La conducción estaba a cargo
de personas que se dedicaban exclusivamente a la política como actividad
constante. Cualquiera que adhiriera a los principios orgánicos del partido podía
afiliarse o formar parte de él.
Estos
partidos de masas, así llamados porque solían apelar a las grandes
manifestaciones colectivas, cobraron relevancia cuando entró en plena vigencia
el sufragio universal. |