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El
aprovechamiento del Norte
Paule-Emile
Victor, el conocido explorador ártico francés, ha dicho que el
océano Glacial se convertirá en el “Mediterráneo del mundo moderno”.
[...] El Ártico no es ya el reino de la
muerte blanca. Vivir en esas regiones ya se constituye una empresa
heroica, pues gracias a la técnica se ha logrado, incluso, un buen nivel
de comodidad en el interior de las numerosas bases que proliferan en el
Ártico.
[...] Desde los años cincuenta, americanos
y soviéticos han multiplicado sus esfuerzos para disponer de una red lo
más extensa posible de bases aéreas y de misiles, así como de
instalaciones de radar.
[...] Como consecuencia de las iniciativas
promovidas con fines militares, se ha alcanzado un gran desarrollo de
los conocimientos científicos, en particular de los meteorológicos. Por
sí mismos, los estudios sobre el clima polar sólo interesan directamente
a quienes deben vivir en el Ártico, pero dado que todo el acontecer
meteorológico de esta región del globo ejerce una poderosa y directa
influencia en el clima de las áreas templadas, controlar el Polo
significa poder prever con gran anticipación y exactitud el tiempo que
hará en las regiones más pobladas.
Además de los meteorólogos, otros muchos
grupos de científicos hallan en el Ártico materia de estudios y
experimentos. Los físicos pueden realizar mediciones del magnetismo
terrestre imposibles en otro sitio, pues más allá del Círculo polar el
campo magnético ofrece peculiares condiciones. Entre otros fenómenos,
aquí pueden observarse las llamadas auroras polares.
También hay tarea para los biólogos,
aunque ello pueda parecer extraño, pues el Ártico no alberga muchas
formas de vida, pero las que en él se encuentran pueden considerarse
importantes. Se dedican estudios especiales al plancton, que, a
diferencia del que se halla en los mares templados o cálidos, sigue un
ciclo estacional, pues cuando el hielo cubre la superficie del océano
Glacial ártico, la consiguiente falta de luz bloquea su desarrollo. En
contrapartida, éste se hace muy rápido y vigoroso en los períodos
estivales.
Así, por más que estemos muy lejos del
asentamiento humano del que pretende ser profeta Paule Émile Victor,
el Ártico es hoy una región donde la vida y las actividades de los
hombres se van afianzando paulatinamente. Además de por mar, utilizando
potentes rompehielos, por tierra, con tipos cada vez más perfeccionados
de trineos de motor, y por aire, con aviones y helicópteros
especialmente equipados, el Polo ha sido alcanzado varias veces “por
debajo”. La primera ocasión correspondió al Nautilus, submarino
americano de propulsión nuclear que el 3 de agosto de 1958 pasó
exactamente por debajo del Polo. Y tras él, su gemelo Skate
emergió en el mismo punto fundiendo el hielo con chorros de vapor
sobrecalentado.
Aviones de diversas compañías vuelan a
diario por encima del Polo desde que la gran altura alcanzada por los
superjets permite pasar, sin mayores problemas, sobre la masa de
nubes de tempestad que cubren la región, una vez resueltos algunos
problemas técnicos relativos al funcionamiento de los instrumentos en la
proximidad del Polo magnético. Todo ello a sólo treinta años de
distancia de la empresa de Amundsen y Nobile, los primeros
que sobrevolaron el Polo a bordo del dirigible Norge en 1926.
Por último, debe recordarse que los
grandes proyectos realizados por la técnica naval y por los sistemas de
navegación han permitido volver, con halagüeñas posibilidades de
aplicación práctica, a la ruta del legendario paso del Noroeste. En
efecto, en octubre de 1969, el petrolero norteamericano Manhattan logró
arribar a Prudhoe Bay, en Alaska, procedente de Chester,
en la costa atlántica de los Estados Unidos.
El mismo relieve que se dio a la empresa,
llevada a cabo por un buque especial (el Manhattan tenía la proa
modificada y era, en la práctica, un enorme rompehielos), testimonia el
hecho de que aún no puede seguirse la ruta del Noroeste como cualquiera
otra normal. Sin embargo, en un futuro ya próximo, el mismo viaje que
costó tantos sacrificios a los audaces pioneros del Ártico ya no
constituirá problema alguno.

El mayor conocimiento del
Ártico comenzó en el siglo XVI cuando varios países europeos trataron de
encontrar nuevas rutas para llegar al Extremo Oriente (India y China)
sin circunnavegar el continente africano.
Si bien el hallazgo de los
pasos del Nordeste (Nordenskjold, 1879) y del Noroeste (Amundsen,
1903-1906) llevó muchos años y vidas, permitió sin embargo aumentar los
conocimientos de la región ártica, obtener grandes adelantos en las
técnicas de navegación, localizar nuevas áreas pesqueras, etc.
Los avances tecnológicos
de este siglo revolucionaron las comunicaciones intercontinentales:
permitieron que a partir de 1954 las compañías de aviación utilizaran la
ruta transpolar reduciendo el tiempo y kilometraje de vuelo entre
Europa, América y Asia.
Anesa - Noguer - Rizzoli
Geografía Universal Ilustrada, Nº 76 |