Ciudad Romana de Pompeya, Tragedia
LA CIUDAD ROMANA TAPADA EN CENIZAS POR EL VOLCÁN VESUBIO

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En el año 79 d.C. Pompeya era una ciudad que en la actualidad consideraríamos pequeña (ocupaba unas 80 hectáreas), pero bastante importante en opinión de sus habitantes y de otros romanos.

Su historia se remonta a la época etrusca, y sus ciudadanos —unos 20.000— descendían de los pueblos prerromanos y de los colonos romanos que se establecieron en la zona cuando Roma extendió su dominación sobre la Campania, región fértil y rica. (imagen de un esqueleto de aquella época sepultado bajo las cenizas durante 1900 años)

Se alzaba a orillas del río Sarno, que en la actualidad carece de importancia pero que entonces permitía que Pompeya fuera el puerto en el que atracaban los buques mercantes que recogían los productos agrícolas y las manufacturas de la ciudad. Pompeya constituía uno de los centros a través de cuyos mercados y muelles la Campania mantenía contactos con el mundo exterior.

Las casas, en su tipo más sencillo, tenía una sola puerta a la calle, y estaba cerrada todo alrededor por altas paredes, privadas de ventanas y provistas sólo de altos y estrechos respiraderos hacia el exterior, que servían para la ventilación. Parecía, pues, una pequeña fortaleza. Desde la entrada , tras haber recorrido un estrecho corredor, se llegaba al patio central o atrio; alrededor de éste se abrían las habitaciones de alojamiento, los "cubicula", y frente a la puerta estaba el "tablinum", lugar de reunión de toda la familia.

Este tipo sencillo y austero de casa pompeyana, usado en los siglos IV y III a. C., se transformó, gracias a la influencia griega, en una casa más suntuosa, en una especie de verdadero y auténtico 'palacio. Pero, junto a la lujosa casa del rico patricio o del mercader enriquecido, estaba siempre la modesta habitación del pequeño artesano o del comerciante.

Estas habitaciones estaban reservadas para una sola familia, porque en Pompeya todavía no había hecho su aparición la gran casa de alquiler, característica de la Ostia antigua y muy corriente en la Roma imperial.

Junto a las casas había tiendas, pequeños albergues, garitos, establos, hornos y hosterías; todos estos edificios contribuyen a revelarnos el aspecto de la vida en aquellos tiempos.

Han contribuido a la reconstrucción del ambiente las pocas inscripciones de carácter público y monumental grabadas en mármol y las inscripciones ornamentales pintadas o esgrafiadas sobre los muros. Este era un rasgo verdaderamente característico de la vida ciudadana; de hecho, los acontecimientos grandes o pequeños (las elecciones para los cargos municipales, los espectáculos del anfiteatro, los alquileres de casas o terrenos, la búsqueda de un animal perdido) se anunciaban mediante carteles pecados en las paredes.

Aparte de estas inscripciones, que podemos llamar públicas, se grababan en la pared, con la punta del estilo o de cualquier instrumento aguzado, las cuentas del hostelero, las deudas de la clientela, las fechas de los viajes del hombre de negocios, los pensamientos, las invitaciones, los recuerdos de los enamorados, los signos del abecedario de los escolares, los ultrajes, las caricaturas, las aclamaciones o los insultos de los espectadores del anfiteatro.

casa en pompeya

Caso de toreius Tiburtinus - La señorial mansión de Loreius Tiburtinus nos ofrece una imagen de cómo debía ser la vida de los ricos pompeyanos. Un gran portal se abría al atrio por el que se llegaba a un pequeño peristilo. De allí se pasaba a una larga galería con pórticos y cubierta por un emparrado. Esta galena, elevada como una terraza, se asomaba sobre el jardín que estaba abajo; a lo largo de ella corría un canal en cuyas márgenes se habían colocado unas estatuillas. Las habitaciones más lujosas daban, precisamente, a esta galería. Una fuente brotaba en medio de este oasis de paz, y el agua corría más abajo por un largo canal que atravesaba el jardín. 'En éste había extensas filas de árboles frutales: en efecto, se han encontrado huellas de raíces

En las cercanías de la ciudad, a unos 1.200 metros sobre el nivel del mar, se erguía el Vesubio, el último volcán activo del continente europeo. La pequeña población se encontraba a unos 9 kilómetros de la cima y a unos 6 de otra ciudad, Herculano, situada en la costa al oeste del volcán. El Vesubio es uno de los pocos supervivientes de una serie de antiguos volcanes de la región; también se han mantenido en actividad otros situados en las islas cercanas (como el Etna, en Sicilia).

La última erupción del Vesubio se produjo en 1944 y, teniendo en cuenta los testimonios históricos y la frecuencia de las erupciones, existen numerosas posibilidades de que vuelva a producirse otra dentro de poco tiempo. Pero la más famosa y catastrófica fue la que tuvo lugar el 24 de agosto del año 79 d.C.

Conocemos bien los detalles de este acontecimiento gracias al testimonio de Plinio el Joven. La zona sufrió temblores de tierra durante varios días y se secaron los manantiales, señales inequívocas del aumento de presión en el interior del cráter. Después, probablemente un poco antes del mediodía del 24 de agosto, hubo una gran explosión.

En el monte se abrió otro cráter y un chorro de gas caliente arrojó millares de toneladas de piedras, en gran parte al rojo vivo, a miles de metros de altura, fenómeno que se prolongó cierto tiempo. Una nube en forma de paraguas (seguramente parecida a la que desencadenan las explosiones nucleares) ocultó el sol, y a continuación los detritos empezaron a caer al suelo.

A media tarde, Pompeya quedó enterrada bajo seis metros de piedra pómez y cenizas. Herculano se libró de esto, pero fue arrollada por el barro ardiente, que la sepultó a 15 metros de profundidad, endureciendo como una roca todo cuanto en ella había. El proceso fue lo suficientemente lento como para que la gente tuviera tiempo de huir: en Herculano sólo se han encontrado 20 ó 30 esqueletos. En Pompeya, las cosas sucedieron de otro modo: murieron unas 2.000 personas, algunas aplastadas por las piedras, pero sobre todo asfixiadas por los gases o sofocadas por las cenizas. También quedaron arrasadas varias ciudades y aldeas cercanas, y en un par de horas desapareció de la faz de la tierra una sociedad entera. Pompeya siguió sepultada hasta que en 1763 se descubrió su emplazamiento, tras 15 años de excavaciones.

horno

Molino con horno - El hallazgo de un molino con horno testimonia el carácter, todavía doméstico y primitivo, que en la antigüedad tenía la industria del pan. Las piedras de molino estaban formadas por dos bloques de lava volcánica y sustentadas por unos cimientos. La piedra inferior actuaba de eje de rotación fijo, y a la superior se le hacía girar a fuerza de brazos o mediante asnos, con una armadura de madera y dos barras que sobresalían. Se hacía caer el trigo entre las dos superficies de contacto, y la harina se recogía en el borde de la base circular. Junto a las muelas se pueden ver todavía, bien conservados, los bancos para amasar el pan, el horno para cocerlo y el lugar para venderlo.

 


Casa del Fauno - Por su amplitud, por su estructura arquitectónica, por las pinturas y mosaicos que adornaban las. paredes, la casa del Fauno debía de ser una vivienda principesca (se cree que la habitó P. Sila, sobrino del dictador). Se remonta al siglo II a. C, y está considerada como el más bello ejemplo de residencia privada que ha llegado desde la antigüedad hasta nosotros. •£! nombre le viene de la maravillosa estatuilla de bronce de un Fauno danzante que estaba colocada en el centro del atrio (la que reproducimos es una copia; el original se encuentra en él Museo Nacional de Napóles),

En Pompeya, en una terraza que se encuentra entre Puerta Marina y la plaza de la Exedra, se alza un edificio moderno que ningún turista ni investigador deja de visitar. Es el Antiquarium, único edificio de esta ciudad (toda ella un gran museo) que desempeña las funciones de museo propiamente dicho. Efectivamente, en cuatro grandes salas y dos salitas se muestra allí una colección de utensilios, esculturas, fragmentos arquitectónicos y objetos sumamente raros e interesantes, que merecen ser conservados con especial cuidado por su valor de documento histórico y humano.

Entre todos los objetos expuestos, los que más llaman la atención de los visitantes son los vaciados en yeso. Reproducen, con absoluta fidelidad, In form:i de todo aquello que el yeso para reproducir la forma de los árboles, animales, cuerpos humanos, alimentos, utensilios de madera, etc., sé le ocurrió por primera vez a Giuseppe Fiorelli, el hombre que, en 1860, inició, metódica y diligentemente, las excavaciones. Se fijó en que la ceniza de la erupción volcánica que destruyó a Pompeya, ceniza que con el transcurso de los siglos se había vuelto dura y compacta como la piedra, presentaba extrañas cavidades. Fiorelli advirtió que éstas correspondían a los espacios ocupados, en el momento de la erupción, por los cuerpos de las víctimas y diversos objetos que, después, se habían ido convirtiendo en polvo. Luego pensó que colando yeso desleído en las cavidades se podía reproducir fielmente, hasta en sus más pequeños detalles, el aspecto de los cuerpos y cosas sepultados por la erupción.

Vaciado en yeso de un perro - En la angustia de la huida, nadie pensó en el perro de Vesonio, que quedó atado a la cadena. Mientras caía la ardiente ceniza el pobre animal intentó liberarse por todos los medios posibles, retorciéndose para romper la cadena, que resistió  a sus esfuerzos. Las emanaciones se produjeron la muerte y permaneció para siempre junto a su puerta.

rueda

Vaciado en yeso de una rueda - Esta rueda fue, quizá, montada en su eje con demasiada prisa y puede haber saltado mientras el vehículo intentaba abandonar la ciudad; fue tal vez obra de un artesano que la habría dejado provisionalmente a la puerta de su tienda. La madera se fue deshaciendo lentamente, y sólo quedó ^su huella en la lava. El vaciado en yeso, obtenido de ese molde, nos revela la técnica constructiva de los operadores pompeyanos del siglo I

arbol
Vaciado en yeso de un árbol - Más allá de la Puerta Stabiana crecía un frondoso laurel. ¡Cuántos forasteros, antes de entrar en la ciudad, descansarían a su sombra! Quizá sirvió también como punto de cita: "Nos encontraremos en el laurel, pasando la Puerta Stabiana..." El vaciado en yeso de este árbol se halla en un ángulo de la última sala, que dá a Puerta Marina.

 

imagen pompeya

Vaciado en yeso de un mulatero - He aquí el vaciado de una figura humana: la de un mulatero que había buscado refugio contra la lluvia de ceniza y de casquijo de lava, acurrucándose en un rincón. El pobre hombre intentó protegerse envolviéndose en su tosca capa y tapándose la boca con un borde de ella, para defenderse de los gases mefíticos. En este vaciado no se observa el dramatismo que muestran el del perro y el de la joven: el hombre parece dormido.

PLINIO, el joven le escribió con detalle el caos apocalíptico que se produjo. Sus famosas cartas a Tácito constituyen el primer testimonio conocido de un testigo visual de una erupción volcánica. Las ciudades enterradas se sumieron en un olvido casi absoluto hasta el inicio de excavaciones en el siglo XVIII. Desde entonces, las palas han desenterrado, un inestimable tesoro arqueológico y geológico: dos florecientes poblaciones romanas, paralizadas en le momento en que se produjo su destrucción.

El viento transportó la nube de ceniza del Vesubio a la ciudad de Pompeya. Herculano, situado al oeste del volcán, apenas sufrió el embate de la ceniza. Pero las nubes ardientes y plininas que vinieron a continuación rodearon por todas las laderas del volcán y acabaron enterrando a ambas poblaciones.

Pasado el tiempo, e! Vesubio tuvo unas cincuenta erupciones más. En 1631 y en 1794, la villa Jorre del Greco fue alcanzada por la lava. En 1872 se produjo otra violenta erupción, mientras que en 1900, sin que hubiera emisión de lavas, ocurrieron violentas explosiones con expulsión de rocas y piedras que cayeron en las inmediaciones del volcán. Así, su cono terminal, que media 1.014

metros, en 1882 alcanzó 1.242 metros y en la actualidad llega a 1.335. En 1906 destruyó la villa Busco Trecase y llegó hasta Torre Annunciata. En julio de 1913 sobrevino otro período de actividad que duró hasta 1925, En 1929 ruidos subterráneos anunciaron su próxima actividad y el 2 de junio se produjeron sacudidas sísmicas. El alud de lavas descendió hasta el denominado valle del Infierno a razón de 3 metros por segundo, Por último, en 1944 se produjo otra erupción qué se caracterizó por una importante emisión de lavas incandescentes y por una capa de cenizas ardientes.

Actualmente, un ferrocarril de cremallera conduce hasta el mismo cráter del volcán, siempre lleno de sugestión, pero siempre también humeante y amenazador. Nada hace suponer que el Vesubio haya cesado su actividad. Un observatorio vulcanológico situado próximo a él lo vigila atentamente, para prevenir al instante cualquiera de sus reacciones. La actividad del Vesubio no se ha extinguido, y su poder destructivo permanece latente, aunque Pompeya, Herculano y Stabia hayan quedado muy atrás...

 

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