
AL
QUE QUIERA CELESTE QUE LE CUESTE
BUSCARLE LA QUINTA PATA AL GATO
COMO TURCO EN
LA NEBLINA
DE PUNTA EN BLANCO
EL TALÓN DE AQUILES
GOZAR DE LA
FRESCA VIRUTA
HOGAR DULCE HOGAR
IRSE AL HUMO
LA CHANCHA Y
LOS VEINTE
MORIR DE AMOR
NO ES MOCO DE PAVO
OJO POR
OJO DIENTE POR DIENTE
PISAR EL PALITO
¡QUE LA
INOCENCIA TE VALGA!
RENACER DE LAS
CENIZAS
SI LA
MONTAÑA NO VIENE A MAHOMA…

AL QUE QUIERA CELESTE QUE LE
CUESTE
Quien anhela obtener algo muy valioso debe estar dispuesto a afrontar su precio,
por alto que éste sea. El dicho y su moraleja guardan estrecha relación con un
mineral, el lapislázuli, que se extrae de unos pocos lugares de Oriente. Con él
se fabricaba un bellísimo color azul, muy resistente a la acción del tiempo, que
por su procedencia fue llamado azul de ultramar. La gran rareza del lapislázuli
y el alto costo de su transporte hicieron que su valor fuera comparable al del
oro. Cuando los papas y los grandes señores del Renacimiento encargaban un
cuadro, se estipulaba por contrato cuánta pintura de oro y cuánto azul de
ultramar entrarían en la obra. Al mezclarse con blanco, ese precioso azul
producía el celeste que originó la expresión. Pero existe también otra versión
sobre ese origen, vinculada con la acepción religiosa de la palabra celeste,
equivalente a celestial. En tal caso, serían los sacrificios realizados en la
Tierra el precio de la gloria en el Cielo. Ambas versiones no se contradicen. Y
ninguna de las dos deja duda de que cueste y celeste riman con muy justa razón.
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BUSCARLE
LA QUINTA PATA AL GATO
Cuando se tienen reparos sobre la conducta o los dichos de terceros se utiliza
esta frase, cuya forma correcta según algunos sería “buscarle tres pies al
gato". Los diccionarios no se ponen de acuerdo. El de María Moliner, por
ejemplo, prefiere esta última versión y la define como: “buscarle complicaciones
a un asunto que de por sí no las tiene". La mayoría de la gente al citar el
dicho menciona tanto al micifuz al que le falta una extremidad como al que le
sobra.
Para ellos el sentido es
idéntico. Y todavía están los que hacen distingo acerca de la aplicación del
tres o del cinco. Los que la emplean en la primera forma sostienen que se
refiere a lo fácil que resulta criticar: frente a cualquier minino, sea persa o
atorrante, hasta el más torpe encuentra los tres pies requeridos. En cuanto a lo
de la quinta en no querer aceptar, por mala fe o ignorancia, la realidad tal
cual ES. Una cuarteta anónima resume muy bien este dilema trivial: "El normal
cuatro presenta, tres si le falta una sola, y cinco si quien las cuenta toma por
pata la cola” una solución salomónica, como se ve.
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COMO TURCO EN LA NEBLINA
La frase es producto de una serie de cambios y derivaciones que comienzan
cuando en España se llamó turca a la borrachera. La razón tiene toques de
humor. Al vino puro, sin añadido de agua, se lo denominaba tanto vino moro
corno vino turco, por no estar "bautizado". En consecuencia, las mamúas
tomaron el nombre de turcas. De allí viene la primera parte de la
expresión en su forma original: "agarrarse una turca". Lo que sigue se debe
exclusivamente a la picardía criolla. ¿Quién puede hallarse más confundido que
un borracho que se pierde en la niebla? El pasaje de con la turca al actual como
turco lo realizó espontáneamente el uso popular. Y así el turco entró en el
dicho y en la neblina, dando lugar a una pintoresca expresión que vale para
cualquiera que ande muy desorientado. Por más sobrio que esté.
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DE
PUNTA EN BLANCO
En los ejercicios para combate, los caballeros medievales empleaban armas de
hierro ordinario que carecían de filo y llevaban en la punta un botón, como los
floretes con que se aprende esgrima. Recibían el nombre de armas negras,
en oposición a las que se usaban en los torneos, que eran de acero filoso y
tenían el extremo afilado o, como se decía entonces, la punta en blanco.
En esas lizas, los contendientes se presentaban ante el árbitro o maestro de
armas acompañados de sus escuderos, quienes portaban los yelmos con sus penachos
y los respectivos escudos. La gran pompa de esta ceremonia con música de
fanfarrias y el espectáculo de las armaduras relucientes y los estandartes al
viento quedaron asociados a la frase "estar de punta en blanco", que tomó el
sentido de mostrarse con las mejores galas. Pasaron los tiempos feudales, pero
el dicho subsiste. Sólo que ahora se aplica a cualquiera que luce
impecablemente desde el peinado hasta los pies. Vestido de punta en blanco. Como
para un torneo... de elegancia.
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EL
TALÓN DE AQUILES
Aquiles, el héroe de la Ilíada, no podía ser herido más que en una parte de su
cuerpo: el talón. Cuando era niño, según la leyenda, su madre Thetis lo sumergió
en el Estigia, uno de los ríos que circundan el infierno. Quien se bañaba en él
se volvía invulnerable. Pero el talón del que la madre lo sostenía no fue mojado
por las aguas mágicas. Por eso murió en el sitio de Trova: una flecha envenenada
le dio justamente en el talón. La frase alude hoy a los aspectos más débiles y
más expuestos de un individuo. Si sucumbe con facilidad a los flechazos del
halago o de una tentación determinada, decimos que esas "zonas erróneas” son su
talón de Aquiles.
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GOZAR DE LA FRESCA VIRUTA
"Usted estaba sentado gozando de la fresca viruta." Así da comienzo Roberto ArIt
a Psicología simple
del latero, una de sus
inolvidables Aguafuertes porteñas. Tres líneas más adelante habla
nuevamente de la fresca viruta al describir a su protagonista apoltronado
en una silla de café, bebiendo cerveza bajo un toldo y repitiéndose, hasta el
hartazgo, que la vida tiene sus partes lindas. "Gozar de la fresca viruta"
consiste en eso: pasarla bien sin preocuparse por nada y disfrutando lo que se
tiene a mano. Pero ¿qué relación existe entre el dolce far niente y eso
que el diccionario define como lámina fina y enrulada que sale de la
madera al cepillar?. Ocurre que hasta no hace mucho era común aprovechar la
viruta para rellenar colchones. Tanto las tiras de madera como el aire que
queda entre ellas son excelentes aislantes del calor. El relleno, además, se
acomoda muy bien al peso y la forma del cuerpo. Por eso, en la era preplástica,
la viruta fue parte del ocio. Y gozar de ella, un arte, que como dice muy bien
Arlt, hacía sentir la vida más linda. Más liviana, más mullida y más fresca.
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HOGAR
DULCE HOGAR
La frase -Home sweet home, en el original- es parte de una e cación cuya
versión española sería: “Por más que cruzemos / la tierra y el mar / siempre
extrañaremos tan bello lugar: ¡Hogar dulce hogar!". Pertenece a una pieza
teatral estrenada en Londres en 1823. Su autor, John Howard Payne, fue un
excelente dramaturgo y actor norteamericano que vivió en Europa, De Payne es
también la letra de esa canción, que prendió en los corazones ingleses en una
época en la que las conquistas del Imperio británico obligaban a muchos a dejar
su patria para residir en las colonias. Desde hace 170 años la expresión se
repite en todo el mundo. A veces con ironía, cuando la casa se alborota
demasiado. Y, con mayor frecuencia, para resumir nuestra añoranza, al sentirnos
lejos de la familia y de los objetos queridos. 0 al volver a ellos.
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IRSE AL
HUMO
Expresión muy nuestra que equivale a lanzarse atropelladamente en procura de
algo. Existen dos versiones acerca de su origen, ambas relacionadas con la
guerra contra el indio. La primera figura en la segunda parte de Martín
Fíerro y se refiere a las llamadas que se hacían las tribus para combatir en
malón: "Su señal es un humito" -dice José Hernández- "que se eleva muy arriba./
De todas partes se vienen / a engrosar la comitiva ( ... ) para formarla han
salido / de los últimos rincones." La segunda versión la registra Lucio V.
Mansílla quien en Una excursión a los indios ranqueles comenta: "El fuego
y el humo traicionan al hombre de las pampas, significando que una fogata mal
apagada o la pólvora que quemaban los fusiles bastaban para que lanzas y
boleadoras acudiesen a la humareda". La frase se ha modernizado, pero conserva
su sentido original. Ya sea cuando un humito apetitoso nos impulsa a atropellar
en busca de una porción de asado o cuando un fallo dudoso hace que el malón de
una hinchada se vaya al humo contra el á r b i t r o .
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LA CHANCHA Y LOS VEINTE
Expresión criolla que nació a fines del siglo pasado y fue popularizada por un
sainete de la época así títulado. Denota a la persona codiciosa que, no
conforme con la ganancia que le corresponde en un trato, se empeña en obtener
mayores ventajas. Es condensación de otro dicho más largo, "el chancho, la
chancha y mi los veinte lechones", que agrega al abuso una exageración: la cría
de una cerda a través de su vida fértil rara vez llega a la veintena. Por
concisión, la idea quedó abreviada en su forma actual: “Querer la chancha y los
veinte…”. Pero a la picardía popular no le pareció suficiente. Eran tiempos del
auge de los frigoríficos y de la explotación de todo lo que se pudiera sacar de
un animal.
De modo que la frase se usa en
locuciones tales como “Fulano pretende quedarse con la chancha, los veinte y la
máquina de hacer chorizos". Ese agregado tecnológico eleva la rapacidad al
colmo. Muestra el afán desaforado de quedarse con todo. Y con algo más, de ser
posible.
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MORIR DE
AMOR
Se habla corrientemente de las agonías del amor, y el tema inspíra óperas,
best-sellers, tangos, boleros y culebrones. La idea de que el sentimiento
amoroso está fatalmente asociado con el final de la existencia nos viene desde
muy atrás como lo prueban las lenguas más antiguas. Del indoeuropeo (lengua
madre del sánscrito, el griego y el latín) heredamos la raíz wen- que
significa desear intensamente, querer, amar. De allí viene Venus,
nombre de la diosa del amor, de donde salió venéreo, que antes se refería
al amor físico y hoy sólo se aplica a ciertas enfermedades sexuales. Y también
venerado, persona idolatrada. Pero los filtros de amor y los sufrimientos
atroces propios de un amor no correspondido hicieron que de la misma raíz wen-
derivase además una palabra terrible, veneno. Así surgió la alianza entre
las palpitaciones del corazón y su interrupción definitiva. Amar y morir
quedaron unidos, sobre todo entre los románticos y los adolescentes, tan amigos
ambos de las expresiones tremendas. Cuando "morir de amor " no va más allá de
una manera de hablar, la sustituye una frase bastante más prosaica: “ hay amores
que matan”.
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NO
ES MOCO DE PAVO
Cuando queremos ponderar la importancia de un asunto cualquiera, con frecuencia
nos valemos de una comparación negativa y destacamos que eso "no es moco de
pavo". El diccionario define moco de pavo como "apéndice carnoso eréctil
que el pavo tiene sobre el pico". Pero el dicho del título proviene de cuando
se usaba reloj con cadena. Ésta asomaba como una provocación para los ladrones,
quienes aprovechaban las aglomeraciones para desprender el reloj y dejar la
cadena que lo sujetaba. Dado el público del que salían los incautos (llamados
"pavos" en la jerga del delito), esas cadenas eran de escaso valor, de modo que
se quedaban colgando como cuelga el moco del ave. Hoy, se usan relojes de
pulsera, la expresión ha perdido toda conexión con su origen. Pero basta
escuchar que algo "no es moco de pavo" para que en seguida todos entendamos
que no nos están hablando de ninguna p a v a d a.
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OJO POR OJO DIENTE POR DIENTE
Esta frase, que consagra la
venganza como un procedimiento jurídico, figura en dos de los 282 artículos del
código sancionado por Hammurabi (1792-1750 a. C.), fundador del imperio
babilónico. La menciona también el Antiguo Testamento al referirse a los actos
de violencia. “Quien cometiere e delito", dice el texto bíblico, "pagará vida
por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano y pie por pie, quemadura
por quemadura, herida por herida y golpe por golpe". Cuando el agredido prefería
que se lo compensara con dinero, tenía derecho a una suma, fijada de antemano de
acuerdo con la gravedad del daño. Así, según la ley del talión del derecho
romano, quien recibía una cachetada podía canjear ese golpe por un monto
equivalente a 5 ó 6 dólares de hoy. El dicho, con frecuencia abreviado como “ojo
por ojo”, no pasa en la actualidad de un modo de hablar. Un desahogo para el
rencor. Y prueba de que la idea de devolver mal por mal es siempre tentadora.
Pero ningún código moderno autoriza a desdentar o volver tuerto al ofensor.
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PISAR
EL PALITO
Cuando, inducido por otros, alguien hace justo lo que lo perjudica, suele
decirse que ese individuo "ha pisado el palito". La frase vale se debe a una
jaula-trampera que hasta no hace mucho se vendía en los comercios. Tenía una
suerte de puertita o ventana rebatible provista de una barra corta o palito.
Junto a ese apoyo se colocaba agua, lechuga y alpiste como cebo para que se
posara algún pájaro suelto. Ni bien lo hacía, su peso ponía en acción un resorte
que desplazaba rápidamente esa parte de la jaula dejando encerrada a la presa.
José Gobello, por su parte, atribuye el dicho a los ladrones de gallinas. De
noche, éstos metían una vara en el gallinero, el animal se agarraba al palo
dejando así que los ladrones lo retiraran en silencio. Nada impide que ambas
versiones se ajusten a la verdad. Al igual que las aves de corral y los
pajaritos, nadie está libre de portarse incautamente. Y nunca falta gente de
mala fe dispuesta a hacer que alguien pise en un descuido el palito de la
ingenuidad.
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¡QUE LA INOCENCIA TE VALGA!
Esta fórmula, que da fin a las
bromas típicas , del 28 de diciembre, es condensación de otra más larga: "Que
los Santos Inocentes vengan en tu ayuda". 0 sea, que ellos te guarden de los
peligros de la candidez. El Día de los Inocentes, que evoca la masacre de
criaturas ordenadas por Herodes, rey de Judea, coincidió en los primeros
tiempos con el Día de Reyes. En Roma llegó a ser Jornada de duelo y ayuno, y en
la Inglaterra medieval se acostumbraba ese día a despertar con azotes a los
niños para recordarles así la degollación de los Inocentes. La fecha cambió más
adelante de sentido y el espíritu de penitencia cedió paso al de alegria por la
santificación de los pequeños. En algunos conventos europeos, por ejemplo, el
novicio más joven era designado abad durante las tres semanas previas. Pronto la
celebración pasó al mundo laico y con ella nació la práctica de bromas alusivas:
de los falsos titulares con que aparecen algunos diarios a los chascos de
cualquier tipo, todo engaño es de esperar ese día.
Hasta que las
cinco palabras consabidas –“¡que la inocencia te valga!”- desbaratan el juego.
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RENACER DE LAS CENIZAS
La idea de volver a alzar vuelo
después de una gran crisis suele ser alegóricamente expresada mediante la
antiquísima leyenda egipcia del ave Fénix. Un pájaro fabuloso de brillante
plumaje dorado y escarlata que emitía un canto muy melodioso y cuya vida se
extendía -las versiones difieren- entre los cinco y los once siglos. Antes de
morir, el Fénix -del que existía un único ejemplar-, se preparaba un nido hecho
con ramas de árboles raros y hierbas aromáticas al que se prendía fuego, y el
ave se extinguía entre sus llamas. Resucitaba muy pronto de las cenizas, intacta
y rejuvenecida, para vivir otra vez por siglos. La creencia -que evoca la muerte
diaria del sol y los otros fuegos de un nuevo amanecer- dio lugar al dicho
“renacer de las cenizas" y a su equivalente, menos empleado, "ser como el ave
Fénix”. Una metáfora que condensa el destino de aquellos que, tras un fracaso
que se creyó definitivo, retoman con el fervor y la fortuna que suponían para
siempre incinerados. El nombre del ave también se aplica a quien, por sus
cualidades, excede la comprensión humana.
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SI LA MONTAÑA NO VIENE A MAHOMA…
Mahoma convenció a sus seguidores
de que a una orden suya se le iba a acercar una montaña desde la cual
predicaría. La muchedumbre se reunió; Mahoma llamó una y otra vez a la montaña y
cuando ésta no se movió de su lugar, el profeta dijo sin abochornarse: "Si la
montaña no viene a Mahoma, Mahoma irá a la montaña". Este texto no pertenece a
ningún libro religioso ni procede de Oriente. Figura en los Ensayos de Sir
Francis Bacon (1561-1626), filósofo inglés y canciller del reino, quien fue
precursor del método experimental en la ciencia y uno de los más firmes
adversarios del conocimiento dogmático y supersticioso de la Edad Medía.
Fuente Consultada: Tres Mil Historias de Héctor Zimmerman
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