EL PALACIO POTALA, Tíbet
Residencia del Dalai Lama

LA RESIDENCIA SAGRADA DE LOS DALAI LAMAS - TIBET
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Antiguo palacio, fortaleza y centro de peregrinación divina, el Pótala, cubierto por flamantes techos de oro, se eleva entre la niebla tibetana como colosal castillo; bajo cierta luz, parece coronado de fuego.

palacio potala

Erigido en la Montaña Roja del centro de Lhasa, el Pótala está considerado como la mayor construcción de un palacio y fortaleza de la antigüedad que se conserva actualmente. Construido sobre la pendiente de la montaña, a 3.700 metros sobre el nivel del mar, el increíble palacio ocupa más de 410.000 metros cuadrados y consta de 13 pisos que lo convierten en una soberbia edificación de 115 metros de altura. Para los actuales arquitectos tibetanos, esta construcción no parece ser obra del hombre sino de la propia naturaleza, dada su condición de creación extraordinaria.

Lhasa, capital del Tíbet, "el techo del mundo", se encuentra a 3.600 m sobre el nivel del mar en un punto tan remoto que aun hoy pocos occidentales lo conocen. Sobre el bullicioso bazar y el tumulto de las tortuosas callejas de la ciudad se levanta en la lejanía el descomunal palacio Pótala, en la cima de Putuo, la montaña sagrada. En torno de la ciudad se extiende un valle fértil atravesado por un río.

Este valle, ocupado por aldeas rodeadas de fangosos prados, bosques de sauces, alamedas y campos de cultivo, está protegido por un enorme anillo montañoso que sólo puede cruzarse en pasos altos. Buena parte del encanto de Pótala procede de las dificultades para acceder a él.

Con la palidez de su antiguo encalado y reluciente de oro, Pótala ("Montaña de Buda" en sánscrito) es un ejemplo extraordinario de la arquitectura tibetana tradicional. Oculta al mundo occidental durante siglos, esta majestuosa montaña de mampostería, construida por más de 7.000 trabajadores, se eleva 110 m. sobre el suelo y alcanza los 300 de punta a punta.

Acentuando la impresión de gran altura, sus inmensas paredes se inclinan hacia adentro y las ventanas —dispuestas rítmicamente en filas paralelas y más angostas en lo alto que en lo bajo— están cubiertas de laca negra. Para la edificación del palacio se excavaron rocas del talud, lo que creó una vasta hondonada. Ésta se llenó de agua para formar un lago artificial, conocido como del Rey Dragón.

Desde 1391 hasta la ocupación china de 1951, el Tíbet fue regido, tanto política como espiritualmente, por los dalai lamas, aunque del 717 al 911 ellos mismos se sometieron a los señores chinos. Lhasa fue el centro del lamaísmo, mezcla del budismo tibetano y una religión local llamada bon.

El palacio fortaleza de los dalai lamas, el actual Pótala, es una estructura del siglo XVII construida en la zona que fue sede de un castillo erigido 1.000 años antes por Songsten Gampo, primer rey guerrero del Tíbet. El palacio original fue destruido y reconstruido varias veces antes de que el Dalai Lama V (1617-82) ordenara levantar el presente conjunto como palacio dentro de un palacio.

El Palacio Blanco exterior, llamado así por el color de sus muros, fue terminado en 1648; el Palacio Rojo interior, con paredes de un rojo intenso, se concluyó casi 50 años después, en 1694. Cuando murió de forma imprevista el Dalai Lama V, se decidió ocultar la noticia a los obreros, para no distraerlos de sus tareas. Primero se les dijo que estaba enfermo y luego que se había "retirado del mundo para dedicarse a la meditación".

Pótala es un laberinto de galerías pintadas, madera, escaleras de piedra y oratorios ricamente decorados, con casi 200.000 estatuas de valor incalculable. Pensado originalmente para satisfacer todas las necesidades de los monjes residentes, hoy funciona como museo y santuario. El Palacio Blanco contenía habitaciones, oficinas y un seminario. Había una estancia reservada para la imprenta, que funcionaba con tipos de madera tallados a mano.

El papel se hacía de corteza de adelfa u otros arbustos, remojada en agua y molida con piedras. La pulpa se extendía después sobre malla de alambre encima de un bastidor de madera, donde permanecía hasta secarse; el papel resultante era duro, áspero y de color cremoso.

El Palacio Rojo, que conserva sus funciones religiosas, era el centro espiritual del complejo y comprendía la sala de capítulo de los monjes, capillas, 10.000 altares y una vasta biblioteca budista. El Salón del Sacrificio es el edificio más grande del palacio y era el lugar de descanso eterno de varios dalai lamas, cuyos restos desecados y embalsamados eran objeto de culto en elaboradas pagodas funerarias.

Quienes lo visitan se sienten sobrecogidos por la belleza de su decoración, la increíble espiritualidad que se respira en la zona y que permanece vigente desde hace siglos, y el incomparable plus del paisaje natural en el que el palacio está situado. Y que esta construcción haya sido erigida en lo alto de una montaña no es casualidad: la altura de la montaña es un símbolo de la clase social y de la estirpe real a las que pertenecieron sus creadores. A su vez, al estar ubicada a semejante altura, se optimizan las tareas de protección, convirtiendo al espléndido palacio
en una verdadera fortaleza.

Ocho pagodas, o stupas, permanecen intactas; el mausoleo de sándalo del Dalai Lama V se destaca por sus 15 m de altura y por los revestimientos de oro e incrustaciones de diamantes, zafiros, corales, lapislázuli y perlas 10 veces más valiosas que el oro. Su peso excede las 41. El fabuloso tesoro privado de los dalai lamas —colección de atuendos ceremoniales con brocados, antigua porcelana china, esmaltes alveolados, raras gemas y exquisitas alhajas— reposa aún en las portentosas estancias de Pótala.

Heinrich Harrer, montañista austríaco que vivió en Lhasa cinco años tras la Segunda Guerra Mundial, se convirtió en confidente y tutor del Dalai Lama XIV, estuvo en Pótala en varias ocasiones. En una de sus visitas notó una presencia extraña en el palacio. El maharajá de Nepal había donado un elefante al joven Dalai Lama. Animal único en el país, el gigante había sido escoltado hasta Lhasa por un camino de 1.125 Km. previamente despejado de piedras. La enorme criatura solía tomar parte en las procesiones religiosas.

Aparte del Vaticano, antes de la ocupación china, el Tíbet fue la última teocracia (sociedad en que el gobernante es también dirigente espiritual) sobreviviente en el mundo. Pótala fue el hogar y palacio de invierno del soberano, auténtico símbolo de sus poderes terrenales y espirituales.

El Dalai Lama XIV tenía 15 años cuando los chinos invadieron el país en 1950. Se le permitió gobernar, con reservas, hasta 1959. Después de una fallida rebelión, huyó a la India con 80.000 seguidores. El Tíbet ha estado desde entonces bajo dominio chino, y en 1965 adoptó la categoría de región autónoma de China bajo el nombre de Xizang.

Aunque el rey dios ha partido, la magia de Pótala subsiste. Parecería poseer una cualidad trascendente más allá de sus ladrillos y morteros: un misterio que nace de sus profundidades.

EL DALAI LAMA: DIVINIDAD ENCARNADA
El nombre de esta figura sagrada describe a la perfección su carácter. Dalai es un término mongol que significa "océano", y lama quiere decir "hombre sabio" en lengua tibetana. Así, el dalai lama es un alma de sabiduría tan profunda como el mar. Se le tiene también por ser divino, manifestación humana del Buda absolutao.

Desde 1391, 14 dalai lamas han sido reconocidos por los tibetanos. Se dice que cada uno es reencarnación de su antecesor, y la búsqueda del heredero comienza al morir el dalai lama reinante. Guiados por augurios, sueños y un oráculo oficial, os sacerdotes tibetanos persiguen al niño nacido en el instante mismo de la muerte del dalai lama, con rasgos físicos específicos y capaz de distinguir las pertenencia: del difunto entre objetos diversos.

El Dalai Lama actual, Tenzin Gyatso, nació en 1935' fue reconocido como nuevo gobernante a los dos años de edad y entronizado a los cinco. Rigió en Pótala hasta la insurrección de 1959, cuando se trasladó a la India huyendo del ejército chino.

Estableció un gobierno en e exilio en Dharmsala (Pakistán), sede de una colonia tibetana. Reverenciado allí por los monjes del nuevo monasterio Namgyaí, lo mismo que por los tibetanos que le rinden culto desde lejos o peregrinan hasta Dharmsala,  Tenzin Gyatso recibió el Premio Nobel de la Paz en 1989, por su incansable campaña en favor de la paz mundial y la libertad del Tíbet.

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