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Los estudios psicosociales sobre
identidad social se iniciaron en la década de los años setenta, con el objetivo
de investigar y analizar los estereotipos sobre distintos grupos que existen en
la sociedad, que provocan una disminución del rendimiento individual de los que
conocen esos estereotipos y que pertenecen a esos grupos.
Esta investigación también se
dedica a buscar la forma en que podría solucionarse este problema. Es una
forma de discriminación hacia sectores de la población que se tienden a segregar
para algunas tareas o encasillar para determinadas ocupaciones, que entorpece la
oportunidad de movilidad social y desaprovecha el posible potencial de las
capacidades individuales humanas.
Existen muchas definiciones de cultura. El antropólogo Edward B. Taylor
fue uno de los primeros en definir este término desde la antropología como “[...]
el complejo de conocimientos, creencias, arte, moral, derecho, costumbres y
cualesquiera otras aptitudes y hábitos que el hombre adquiere como miembro de
una sociedad”. (Citado en: Adela Cortina. Filosofía, Santillana, Madrid,
1996.)
Así,
cada sociedad y cada grupo tiene sus propias pautas culturales, que en la
convivencia intergrupal pueden ser contrastadas con las de otros grupos. Esta
situación genera numerosos conflictos, cuando un grupo rechaza la cultura del
otro. Muchos de estos conflictos se originan en prejuicios.
Se
denomina prejuicios a ciertas concepciones que se forman las personas respecto
de otros seres humanos o de sus acciones, en forma anticipada y arbitrarias; es
decir, se trata de ideas fundamentadas en opiniones que no se examinan ni se
busca verificarlas, sino que se aceptan irreflexivamente.
De
esta manera, los prejuicios nos impiden conocer a nuestros semejantes tal como
son. El racismo, el sexismo y la xenofobia son actitudes prejuiciosas porque
inducen a los miembros de un grupo a considerar inferior a otra persona por el
solo hecho de pertenecer a un grupo determinado, sin tener en cuenta ningún dato
objetivo.
Los
prejuicios están estructurados como oposiciones y tienen un alto grado de
generalización. Se contraponen todas las personas pertenecientes a determinado
grupo, asignándoles características negativas (por ejemplo, que son “malas”,
“haraganas”, “irresponsables”, “sucias”, “ignorantes”, etcétera), a todas las de
otro grupo, a las que se asignan características positivas (“buenas”,
“trabajadoras”, “responsables”, “limpias”, “cuitas”, etc.).
Los
prejuicios suelen ser tan fuertes y tan arraigados, que muchas veces se
mantienen aunque las experiencias concretas los desmientan. En general resulta
más difícil identificar los prejuicios favorables. Por ejemplo, cuesta reconocer
que un aviso clasificado que solicita “vendedores” se base en el prejuicio de
que las personas de sexo masculino desempeñarán mejor ese trabajo que las de
sexo femenino.
Por ejemplo, si una mujer sabe que
la sociedad en que vive cree que las mujeres no tienen habilidad para conducir
vehículos, esa creencia puede bajar su rendimiento en su examen de manejo e
impedirle aprobar varias veces, aunque disponga de la habilidad y la capacidad
para hacerlo
La
existencia de prejuicios se puede detectar en las acciones llevadas a cabo por
personas, grupos e instituciones y también a través de lo que se dice, o sea, a
través de las ideas y los sentimientos que, en forma explicita o implícita, se
manifiestan en el lenguaje.
Algunas veces, los prejuicios de una sociedad se expresan de manera
aparentemente inocente y no explícitamente agresiva: por ejemplo, los
sobrenombres que se atribuyen a algunas personas —“petiso”, “gorda”— y los
chistes que aluden a distintas comunidades o etnias—de “gallegos”, de judíos, de
negros—. Lejos de ser sólo bromas, constituyen elementos irracionales que pueden
atentar contra los valores democráticos y la igualdad de derechos de todas las
personas.
Los
sentimientos de desprecio o de aversión hacia determinadas personas o grupos
incentivados por los prejuicios pueden llevar a que se hable mal de ellos, a que
se evite el contacto, a atacarlos físicamente o —llegado a un extremo— a
proponer su exterminio. Tomar conciencia de esto equivale a empezar a trabajar
para eliminar los prejuicios, evitando las ideas y las acciones discriminatorias
que se sustentan en ellos.
Estudios realizados en la
Universidad de Chicago indican que el rendimiento de las mujeres que conocen el
estereotipo del que forman parte, sobre su supuesta inhabilidad para las
matemáticas en relación con los hombres, disminuía considerablemente si se las
comparaba con las que no lo conocían.Frente a este dilema las personas pueden
actuar de dos maneras, respondiendo a las expectativas sociales y apostando al
fracaso o bien expresando de la mejor manera lo que saben, e intentar
desmitificar estas ideas y atreverse como cualquier otro ser humano a tener
éxito. Este fenómeno es denominado por los psicólogos la “amenaza del
estereotipo”.
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EJEMPLO DE DISCRIMINACIÓN
POR PREJUICIOS |
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Un ejemplo típico de prejuicios fue cuando
Susan Boyle se presentó en el concurso de Talentos Británicos y antes de
escucharla cantar fue duramente criticada por la prensa, la producción
del programa, los jueces y el público en general.
Pero luego de que
cantara y emocionara al mundo, nos dió a todos una lección de vida y
nuevamente confirmamos que no debemos prejuzgar a la gente por su
aspecto físico, su condición social, su sexo, religión o lo que sea,
porque nos perdemos de encontrarnos con los verdaderos talentos,
cualidad y aptitudes que hacen verdaderamente a una persona. |
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Fuente Consultada:
www.laguia200.com y Filosofía de Editorial Santillana Ética Ciudadana II
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