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En
un gas, las moléculas están muy separadas, moviéndose a gran velocidad,
chocando y rebotando caóticamente. Esta agitación frenética hace que los gases
se expandan hasta ocupar todo el lugar disponible en un recipiente. Nuestro
planeta está envuelto por una capa de gases a la que llamamos atmósfera,
compuesta en su mayor parte por nitrógeno (78%) y oxígeno (21%). Las moléculas
de aire activadas enérgicamente por el Sol no escapan al espacio porque el
campo gravitatorio de la Tierra restringe su expansión. Estamos sumergidos en
un “océano de aire”, una capa gaseosa que, como una cáscara de manzana (tan
fina es), recubre el planeta. En forma similar a como lo hace un liquido, el
peso del aire sobre la superficie terrestre ejerce una presión, la presión
atmosférica. A diferencia de los líquidos, los gases son compresibles: como su
densidad puede variar, las capas superiores de la columna de aire comprimen a
las más bajas.
En los lugares más profundos de la atmósfera, es decir a nivel
del mar, el aire es más denso, y a medida que subimos se va enrareciendo,
hasta que se desvanece a unos 40 Km. de altura. La capa baja, la troposfera,
presenta las condiciones necesarias para la vida y es donde se producen los
fenómenos meteorológicos. Mide 11 Km. y contiene el 80 % del aire total de la
atmósfera.
La
presión atmosférica ha sido determinada en más de un kilo por centímetro
cuadrado de superficie pero, sin embargo, no lo notarnos (motivo por el cual,
por miles de años, los hombres consideraron al aire sin peso). ¿Cómo es que los
animales y las personas que están en la Tierra pueden soportar tamaña presión?
El
aire ejerce su presión en todas direcciones (como todos los fluidos y los
gases), pero los líquidos internos de todos esos seres ejercen una presión que
equilibra la presión exterior. En este hecho se basa el mecanismo de
esterilización por vacío: para eliminar los microorganismos de una muestra
(alimento, instrumental, etc.), se la coloca en un recipiente del cual se extrae
el aire. La presión exterior es reducida y los fluidos internos de las
bacterias, que estaban sometidas a la presión atmosférica, se expanden, haciendo
que éstas “revienten".
Si se
extrae el aire de un recipiente, la presión atmosférica lo aplastará, a menos
que el recipiente sea suficientemente rígido.
Al
apretar una sopapa (para destapar cañerías) contra una superficie pulida se
aplasta y queda sin aire. Cuando, por acción de las fuerzas elásticas, la sopapa
recupera su forma inicial, queda un vacío parcial en el interior y la presión
atmosférica exterior la mantiene adherida a la pared. Del mismo modo, las patas
de las moscas tienen pequeñas ventosas que les permiten caminar por paredes y
techos sin caer al piso.
El
funcionamiento del gotero obedece al mismo fenómeno. Al apretar la perilla de
goma creamos un vacío parcial. Cuando sumergimos el tubito en el liquido y
soltamos la perilla, la presión atmosférica que se ejerce sobre la superficie
libre del liquido lo obliga a subir por el tubo hasta la región de menor presión
dentro de la perilla.
Experiencia de Torricelli:
En 1643, el físico italiano Evangelista Torricelli
ideó un procedimiento para
medir la presión atmosférica.

¿Por
qué el mercurio no descendió más? El tubo no se yació porque el aire exterior
presionaba sobre el mercurio de la cubeta (en cambio, en la parte superior del
tubo se produjo vacío). La presión ejercida por la atmósfera en el punto Q es
igual a la presión en R, ya que ambos puntos están al mismo nivel en el mismo
fluido. Es decir que la presión que la columna de aire de casi 40 km de altura
(la atmósfera) ejerce sobre la superficie libre del mercurio (pQ) es igual a la
que ejerce la columna de 76 cm de mercurio (pa) , entonces:
Patm= PHg
hHg
= 13,6 g/cm3 . 76cm = 1.033,6 g/cm2 = 101.293 N/m2 = 101.293 Pa
Este
valor, que corresponde a la presión atmosférica normal, se llama atmósfera (atm).
También se acostumbra a dar la presión atmosférica en milímetros de mercurio (Torr)
o en milibares (1mb = 0,75 Torr).
1 atm = 760 mm Hg = 760 Torr
Esta
experiencia logró explicar por qué había un límite de profundidad para extraer
el agua de las minas: la atmósfera no ejerce una presión ilimitada, sólo alcanza
a sostener una determinada altura de agua.
La
presión atmosférica varía según la altitud y también debido a los vientos y
tormentas. Suele tomar valores entre 720 y 770 mm Hg. Una presión alta
generalmente pronostica buen tiempo; y una baja presión atmosférica promete lo
contrario. El aparato que permite medirla se llama barómetro.
Poco
después de la experiencia de Torricelli, Blaise Pascal predijo que la presión
atmosférica debe disminuir cuando se asciende por una montaña, ya que la columna
de aire soportada es cada vez menor. Su cuñado se encargó de hacer la
experiencia y comprobar la hipótesis en 1658. A medida que ascendía al monte Puy-de
Dome observó el descenso de la columna mercurial del barómetro (que desde
entonces pudo ser usado también como altímetro).
Pero,
¿cuál es la relación entre la presión atmosférica y la altura? Si la densidad
del aire fuera uniforme, la presión disminuiría proporcionalmente con la altura.
Podríamos afirmar, por ejemplo, que “la presión disminuye 1 Torr por cada 11
metros que nos elevamos”. Pero tengamos presente que las capas más bajas de la
atmósfera están más comprimidas por lo que, conforme subimos, el aire se va
enrareciendo (se hace menos denso). Por lo tanto, cuanto más alto estemos, más
se necesitará subir para que la presión disminuya 1 Torr.
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