Introducción:
Antes de
abordar la historia de la Geometría alejandrina y como complemento a lo dicho
en el capítulo anterior, vale la pena de hablar de los tres problemas que
más preocuparon a los griegos desde que aquella ciencia empezó a Construirse
racionalmente. Estos tres problemas son: la duplicación del cubo, la trisección
del ángulo y la cuadratura del círculo, que los griegos no supieron resolver.
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ni nosotros tampoco. La única
ventaja que tenemos sobre ellos es la de saber por qué son irresolubles. Como
dichos problemas han trastornado a tantas cabezas de aficionados a la Matemática
y todavía existe una pintoresca fauna de locos inofensivos que cree haberlos
resuelto, conviene precisar lo que quiere decir “resolver un problema” que es,
precisamente, lo que no saben los pobres ilusos que se caracterizan tanto por
su ignorancia de Matemática actual y de la historia de esta ciencia como la
testaruda resistencia pasiva que oponen a todo intento para convencerles de su
error.
En primer
lugar, decir que un problema es irresoluble no tiene sentido si no se indica con
qué medios o instrumentos, porque pudiera ocurrir que un problema que n tiene
solución con ciertos recursos, la tenga con otros; y e segundo lugar, hay que
distinguir entre la posibilidad y resolubilidad de de un problema:
un problema es posible cuando admite una solución, aunque ésta no se pueda
obtener por medio de construcciones elementales, de modo que la resolubilidad es
un concepto relativo porque, en sentido absoluto, todo problema posible es
resoluble.
La resolución
de un problema consiste esencialmente en reducirlo a otro ya resuelto, y, por
tanto, se debe llegar a uno, considerado como fundamental, cuya solución se
supone dada por uno o varios de los postulados que se refieren al uso legítimo
de los instrumentos necesarios para ciertas construcciones geométrica que para
los griegos .eran la regla y
el compás: únicos
aparatos de su actividad matemática hasta el punto de que no concedían carta de
naturaleza científica a las figuras cuya construcción exige instrumentos
distintos de aquéllos.
Con la regla
se puede construir la recta que pasa por dos puntos, el punto común a dos rectas
no paralelas, y, en general, los problemas de primer grado, es decir: los que,
expresados en lenguaje analítico, sólo contienen la primera potencia de la
incógnita, y si en el problema entran nociones métricas como las de paralelismo,
longitudes de segmentos, valores angulares, etc., es irresoluble con la regla;
con el compás es posible describir una circunferencia centro y radio dados, o de
centro dado y que pase por punto dado, y determinar los puntos comunes a dos
circunferencias secantes, y, por último, con la regla y el compás son resolubles
muchísimos problemas siempre que su expresión algebraica sólo contenga raíces
cuadradas. Modernamente se ha demostrado que la regla y el compás se pueden
sustituir por una regla de bordes paralelos; pero esto no lo sabían los griegos
ni lo saben tampoco los actuales cultivadores de la Matemática patológica.
3)
Cuadratura de un Círculo:
El tercer problema famoso: la cuadratura del
círculo, es el más popular de todos y también fue abordado por Hipócrates,
quien consiguió cuadrar algunos meniscos ó lúnulas, es decir: figuras limitadas
por arcos de circunferencia, como la ACED (fig. 20) y la ACDB (fig. 21), la
primera de las cuales, por ejemplo, limitada por el cuadrante AED y la
semicircunferencia ACD de diámetro igual a la cuerda de aquél, equivale al
triángulo rectángulo AOD formado por dicha cuerda y por los radios OA y OD que
pasan por sus extremos, como se demuestra fácilmente. Los descubrimientos de
Hipócrates hicieron concebir la esperanza de cuadrar el círculo por sucesivas
cuadraturas de lúnulas, y como todos los intentos fueron estériles, se pensó en
otros medios que condujeron al descubrimiento de algunas curvas notables, como
la concoide de Nicomedes y la cisoide de Diocles, matemáticos ambos de la épocas
alejandrina.

Conclusión:
Los problemas de duplicar el cubo y trisecar el ángulo, son problemas
irracionales, es decir problemas cuyas soluciones son irracionales, y como
dependen de ecuaciones de tercer grado no se pueden resolver con a regla y el
compás por exigir construcciones en el espacio. La cuadratura del círculo es de
otra naturaleza, pues depende del número PI que no puede ser solución de ninguna
ecuación de coeficientes enteros, según demostró Lindemann el año 1882, y, por
tanto, dicha cuadratura también es imposible con regla y compás. A pesar
de que desde el año 1775 la Academia de Ciencias de París tomó el acuerdo
—adoptado después por otras— de rechazar las pretendidas soluciones de estos
tres problemas, siguen lloviendo sobre las corporaciones, científicas multitud
de comunicaciones acerca de los mismos, que, naturalmente, van a parar al cesto
d.e papeles sin ser leídas, y esto —que ya está divulgado hasta la saciedad ea
libros y revistas— no ha bastado, ni basta, ni bastará para curar la enfermedad
que padecen los duplicadores, trisectores y cuadradores, a los que hay que
añadir los “demostradores» del Postulado de Euclides, empeñados en no emplear
más armas que las de los griegos antiguos porque ignoran la existencia de las
bombas atómicas de la Matemática actual que han demostrado la insuficiencia de
los primitivos artefactos bélicos. Ni qué decir tiene que la ignorancia de los
duplicadores, trisectores, cuadradores y postuladores, va unida a una insigne
pedantería que les inspira un olímpico desdén por quienes les aconsejan
honestamente que se enteren de los trabajos hechos por sus predecesores para
soslayar el peligro de descubrir Mediterráneos, porque todos ellos excepción— se
creen genios desconocidos, y desde 1uego superiores al medio matemático de su
época, y los más enterados se consideran en el caso de un Ruffini, que no con
siguió que el Instituto de Francia examinara su demostración de la
imposibilidad de resolver por radicales las ecuaciones algebraicas de grado
superior al cuarto, o de un Grauss, que no quiso publicar sus investigaciones
sobre las Geometrías no-euclídeas por temor al “clamoreo de los beocios”.
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