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LA EDAD MEDIA: Para los filósofos y
legisladores medievales, el problema del derecho, en medio de
profundas preocupaciones metafísicas y morales, aparecía como una
ley natural de inspiración divina. San Agustín afirmaba que "el
derecho como creación necesaria para el ordenamiento del Estado es
también un producto de la miseria del hombre destituido por el
pecado".
Es así como en Europa hasta 1215 no
existen otros procedimientos penales que no sean los inspirados en
una fuente divina que entregaba a la Iglesia el juicio de los
pecados y a los tribunales civiles el de los crímenes, aunque muchas
veces pecado podía significar crimen ante los ojos de los sacerdotes
demasiado celosos de sus atribuciones y deberes. En Inglaterra los
señores feudales exigieron al rey Juan, llamado Sin Tierra, que
suscribiera un acta en la que se comprometía a respetar los derechos
de los barones.
Esta acta, conocida como
Carta Magna,
disponía medidas que protegían la libertad de la Iglesia y las
tradiciones de los pueblos, los derechos de los súbditos y de las
comunas y otras expresiones que más tarde fueron estimadas como
garantías de juicios por jurados y del derecho de "habeas corpas"
(del latín: "tengas tu cuerpo", que es una orden de un juez a una
persona que detiene a otra; manda que la persona bajo arresto o
custodia sea enviada en un plazo determinado a un lugar preciso con
un objeto especificado, conocida en algunos países como "recurso de
amparo").
Pero la Iglesia católica continuó administrando justicia
en materias de fe, y en 1415 tuvo lugar el proceso por herejía
contra Jan Huss, sacerdote de irreprochable conducta, nacionalista
checo, profesor de teología de la Universidad de Praga y más tarde
su rector, con el apoyo de la reina Sofía y del Emperador Wenceslao,
de Bohemia. Además Huss tuvo para la creación de un lenguaje
literario checo la misma importancia que alcanzó más tarde
Martín Lutero en la literatura alemana.
En 1409 modificó los estatutos de
la Universidad de Praga, dando mayor importancia a los elementos
checos, lo que contó con el apoyo de los monarcas, pero al mismo
tiempo significó un éxodo en masa de los estudiantes alemanes, que
con los profesores de su misma nacionalidad se establecieron en Leipzig.
Huss entró en conflicto con su arzobispo a raíz de algunas
teorías suyas que fueron consideradas como herejía y fue
excomulgado. Citado a comparecer ante el Concilio de Constanza,
viajó premunido de un salvoconducto del Emperador Segismundo, de
Alemania, precisamente en los momentos en que el "gran cisma de
Occidente" entraba a su etapa decisiva, que mantendría dividida a la
Iglesia por espacio de 39 años.
Tres Papas se disputaban el mejor
derecho a ocupar la silla de San Pedro: Benedicto XIII, Papa de
Aviñón, con el apoyo de España, Portugal y Escocia; Gregorio XII,
defendido por el rey de Alemania, Roberto del Palatinado, el rey
Ladislao de Napóles y parte de Italia, y el Cardenal Baltasar Cossa,
designado Papa por Alejandro V, con el nombre de Juan XXIII. Estos
dos últimos Papas, Alejandro V y Juan XXIII, fueron borrados del
Anuario Pontificio recién en 1947.
En medio de la efervescencia que
reinaba en el Concilio, surgió la idea de que éste era el organismo
de mayor poder dentro de la Iglesia y una de las maneras de
demostrarlo estaría en condenar a un hereje a la pena mayor. En este
ambiente hizo su entrada al Concilio el reformador checo Jan Huss,
acusado de herejía, y con entereza se negó a retractarse, siendo
condenado a morir en la hoguera.
La reacción de Bohemia fue violenta
y hubo ataques contra la Iglesia tanto del pueblo como de los
monarcas. El tribunal secular encargado de hacer cumplir la
sentencia no tomó en consideración el salvoconducto y Jan Huss
terminó su vida en la hoguera el 6 de julio de 1415.
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