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LA OBEDIENCIA:
La
obediencia es, de acuerdo con el psicólogo social Serge Moscovici, una
forma de influencia social en la cual “el individuo modifica su conducta a fin
de someterse a las órdenes directas de una autoridad legítima”.
Aunque ambas son formas de influencia social, la obediencia difiere de la
conformidad en los siguientes aspectos:
En el
caso de la conformidad, la fuente de influencia es un par, es decir, alguien con
el mismo status en el grupo. En cambio, en la obediencia, la frente. de
influencia es un superior.
En la
conformidad no existe intención de ejercer influencia ni de controlar la
sumisión del sujeto: se puede estar ejerciendo influencia sobre otros sin querer
y sin saberlo. En la obediencia hay voluntad explícita de ejercer influencia y
de esperar sumisión a la autoridad.
En la
conformidad, los sujetos tienen un comportamiento semejante. En la obediencia,
las tareas del sujeto-frente de influencia son distintas de las del
sujeto-blanco de influencia.
Milgram y el estudio de la
obediencia
A
principios de la década de 1960, el psicólogo estadounidense Stanley Milgram
realizó una investigación que actualmente es considerada un clásico en los
estudios sobre obediencia. Parte de estos estudios han sido aprovechados incluso
por el cine para mostrar cómo funcionan los mecanismos de la obediencia en el
marco de una, sociedad organizada.
¿Qué
impulsa a los seres humanos a ejecutar órdenes aberrantes? ¿Qué es lo que
provoca que algunas personas lleguen a matar bajo determinadas condiciones? ¿Qué
llevó a muchos soldados alemanes a obedecer las órdenes de Hitler en su intento
de terminar con las razas que consideraba “impuras” o “inferiores”? ¿Qué
mecanismo psicológico puede explicar la acción de la persona que condujo el
avión contra las Torres Gemelas de Nueva York matando a miles de personas?
Los
trabajos de Milgram y sus colaboradores intentan dar respuestas a algunas
de estas preguntas desde una perspectiva psicológica. En el experimento original
de Milgram. los participantes eran adultos de edades comprendidas entre
los 20 y los 50 años de todos los niveles socioeconómicos. Por medio de un aviso
en el diario o de una carta, se les ofrecía participar como voluntarios en una
investigación de la Universidad de Yale. Se les retribuiría con una suma de 4
dólares y la duración aproximada se estimaba en una hora.
‘Una
persona llega a un laboratorio psicológico, y allí se le dice que llevará a cabo
una serie de acciones que van a hallarse de manera creciente en conflicto con su
conciencia. El problema principal que se plantea es el siguiente:
¿hasta dónde va a someterse el participante a las instrucciones del
experimentador antes de negarse a llevar a cabo las acciones que de él se
exigen?
Es
preciso, de todas formas, que él lector conozca algo más en detalle este
experimento. Llegan dos personas a un laboratorio psicológico para tomar parte
en una investigación de memoria y aprendizaje. A una de ellas la designamos con
el nombre de ‘enseñante’ y a la otra con el de ‘aprendiz’. El experimentador
explica que esta investigación se halla relacionada con los efectos del castigo
en el aprendizaje. El aprendiz es conducido a una habitación, se lo hace
sentarse en una silla, se le atan con correas los brazos a fin de impedir que se
mueva demasiado, y se le sujeta un electrodo a su muñeca.
Se le
dice entonces que tiene que aprender una lista de palabras paralelas; siempre
que cometa algún error recibirá una descarga eléctrica de intensidad creciente.
El centro real del experimento lo constituye el enseñante. Tras observar cómo el
estudiante es atado con correas a su puesto, se lo lleva a una habitación
central experimental y se lo hace sentarse ante un impresionante generador de
descargas eléctricas. Lo más importante de este generador lo constituye una
línea horizontal de treinta conmutadores que van de 5 a 450 voltios de
electricidad. Aparecen asimismo pequeños letreros que van desde ‘descarga
ligera’ hasta ‘descarga violenta’.
Al
enseñante se le dice que a él le toca administrar la prueba de aprendizaje a la
persona que se halla en la habitación contigua. Cuando el aprendiz responde de
manera correcta, el enseñante pasa a la pregunta siguiente; en cambio, cuando da
una respuesta errónea, el enseñante debe proporcionarle una descarga eléctrica.
Debe
comenzar con un nivel de descarga muy bajo 15 voltios) e ir aumentando el nivel
cada vez que la persona cometa un error, pasando por descargas de 0 voltios, de
45 voltios, y así sucesivamente. l ‘enseñante’ es un sujeto de experimentación
auténticamente no iniciado que ha venido al laboratorio únicamente para
participar en un experimento. El sujeto de aprendizaje, la víctima, es un actor
que de hecho no recibe descarga alguna. Lo importante del experimento consiste
en saber hasta qué punto va a seguir una persona en una situación concreta y
medible en la que se le ordena que infrinja un dolor creciente a una víctima que
se queja de ello. ¿En qué punto rehusará obedecer al experimentador?
Los
que han observado este experimento están de acuerdo en que su impresionante
calidad queda un tanto oscurecida al ser traducida en palabras. Para el sujeto,
la situación no tiene nada de juego, el conflicto es intenso y patente. Por una
parte, el dolor manifiesto del aprendiz lo compele a abandonar el ejercicio. Por
otra, el experimentador, autoridad legítima respecto de la cual siente el sujeto
cierto compromiso, lo mueve a proseguir en el experimento. Cada vez que el
sujeto duda en administrar la descarga, el experimentador le ordena que prosiga.
Para desembarazar-se de esa situación, se ve precisado el sujeto a hacer una
clara ruptura con la autoridad. La finalidad de esta investigación consistía en
hallar cuándo y cómo iban a desafiar a la autoridad las personas frente a un
claro imperativo moral.”
Algunos resultados
El 65
% de los sujetos que participaron en los experimentos de Milgram llegaron
a aplicar los 450 voltios a la persona indefensa, cumpliendo las instrucciones
de la autoridad. Cabe destacar que, después de los 300 voltios, el “aprendiz”,
que hasta allí manifestaba su dolor, gimiendo, gritando y suplicando el fin del
castigo, dejaba de dar manifestaciones vitales. Consultados después del estudio,
los participantes respondieron: “tan sólo hacía lo que se me había pedido”, “me
limité a cumplir las consignas del experimentador”, “mi responsabilidad era
hacer bien la tarea encomendada”.
Milgram afirma que “una proporción sustancial de personas hacen lo que se
les ordena, sin importar el contenido del acto ni las limitaciones de su
conciencia, en tanto perciban que la orden proviene de una autoridad legítima”.
A la hora de analizar las condiciones que influyen sobre la obediencia, estos
estudios muestran que son determinantes:
• La proximidad de la víctima. Cuando los
participantes (“enseñante” y “aprendiz”) se encuentran en el mismo cuarto, la
obediencia disminuye (entre 40 % y 30 % de obediencia). En cambio, se incrementa
si la víctima está en un lugar lejano.
• La proximidad de la autoridad. La presencia
física del experimentador incrementa la obediencia (65 %), mientras que si la
orden se da por teléfono, sin presencia física, el índice de obediencia
disminuye (21 %).
• La dispersión de la responsabilidad. Cuando el
sujeto participante sólo tiene que leer las palabras y es otra la persona que
debe aplicar las descargas (un colaborador), la obediencia se incrementa (92 %).
La persona no se siente responsable de la acción ya que “sus manos no aprietan
el botón de la descarga”.
• La presencia de un modelo desobediente. Si un
colaborador presente se opone o desafía las órdenes, la obediencia disminuye. De
todas maneras, el 10 % de los sujetos persiste en la aplicación de descargas aun
cuando haya un modelo de desobediencia a imitar.
¿Por qué obedecemos?
Stanley Milgram diferencia dos tipos de estados psicológicos para explicar la
obediencia a una autoridad:
•
Estado autónomo. La persona se siente responsable de sus actos. Utiliza como
guía de acción correcta su propia conciencia y no una autoridad externa. Por lo
tanto, no obedece las órdenes que considera incorrectas.
•
Estado agéntico. La persona siente que forma parte de una estructura mayor,
ordenada de manera jerárquica. En esa estructura, los niveles más altos de la
jerarquía son responsables de sus acciones y representan la autoridad. Utiliza
como guía de acción correcta las órdenes de sus superiores.
El
psicólogo social Serge Moscovici sostiene que “una vez que el sujeto
llega al estado de agente, adquiere sensibilidad respecto a los deseos de la
autoridad, acepta la definición de la situación dada por la autoridad y siente
una responsabilidad menor hacia sus propios actos. La investigación de
Milgram no sólo ilustra las condiciones en las que las personas obedecen a
la autoridad, sino que va más allá y nos obliga a revisar las suposiciones que
hacíamos sobre la potencia relativa de los factores internos y externos de
nuestro propio comportamiento”.
El
trabajo de Milgram recibió críticas relacionadas con los aspectos éticos
de su experimentación. Se lo cuestionó desde el punto de vista moral por engañar
a los participantes y por someterlos a una situación psicológicamente
estresante, como es la de creer que se castiga a otra persona. Milgram
destacó la importancia de sus hallazgos y defendió sus investigaciones.
Argumentó, entre otras consideraciones, que los participantes eran informados
luego y que no se registraron daños psicológicos posteriores en ellos. Asimismo,
afirmó que muchos participantes manifestaron haber aprendido algo importante a
partir de su participación en la investigación.
FUENTES: Enciclopedia Universal de
Ciencias Sociales - Trabajo de
monografías.com
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