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Influencia de la
propaganda y de la publicidad sobre las actitudes sociales y el comportamiento
Después de lo que llevamos expresado sobre el grado de influencia de la
propaganda y de la publicidad sobre la sociedad (ver
los link anteriores) , parecería claro que
son los dos factores que gravitan de una manera muy grande en los cambios de las
actitudes sociales y en los comportamientos de las personas.
Desde
el momento en que la propaganda es el uso planeado sistemático de palabras y
símbolos, que mediante la técnica de sugestión y otras de naturaleza psicológica
conexas tiene. el propósito de controlar, difundir o cambiar las opiniones,
ideas y valores de personas, es lógico deducir que influye de manera evidente en
las actitudes sociales de las mismas.
En
cierta manera toda persona vive asediada por campañas con contenido ideológico
variado que gravitan sobre ella desde los medios masivos de comunicación hasta
la acción directa, casi personal y a& domiciliaria. Se requiere un notable
esfuerzo para obrar con criterio personal, reflexivo, y no dejarse influir por
una u otra corriente de ideas provocadas y dirigidas.
Es
precisamente uno de los riesgos de la sociedad moderna “manipuleo” de las
personas por medio de la propaganda y la publicidad. Esta, como se notará, tiene
límites, que deben respetarse. Una cosa emitir un mensaje, dar a conocer
determinados contenidos, y otra es la intención precisa, que ataca los lados
vulnerables o menos protegidos la persona, para influenciarla y someterla a sus
fines. Lo primero , la comunicación, es lo legítimo; lo segundo puede llegar a
ser ilegítimo hasta convertirse en un atentado a la persona.
La
publicidad, por su parte, cumple un rol casi cotidiano en el comportamiento del
público consumidor. La publicidad ofrece una oferta de productos apelando a
técnicas científicas y no de un modo cualquiera, lo que hace que gravite en las
decisiones que asumen las personas ante los productos y los servicios.
Si
bien teóricamente cada hombre es libre, en la práctica esa libertad se halla
cercenada, atentada, trabajada, por los mensajes publicitarios que recibe en las
lecturas, las ondas radiales, los anuncios de la vía pública en los medios de
transporte y aun en la ropa con que se cubre. La persistencia, la fuerza
convincente o el atractivo de esos mensajes hacen que elija determinados
productos y no otros, que actúe en determinados medios y no en otros, que vista
de una manera y no de otra, que utilice determinados “símbolos” y no otros.
Esto
no quiere señalar un determinismo en el comportamiento de los hombres ya que, no
obstante la influencia de la publicidad y de la propaganda, no logran torcer la
voluntad y la libre elección de todos los miembros de la sociedad. Pero las
técnicas publicitarias saben que un determinado porcentaje de ellos, si
recepciona bien los mensajes, puede obrar como se le sugiere.
La
publicidad y la propaganda emplean técnicas que actúan sobre la atención y sobre
la percepción del hombre, sobre la comprensión y la memoria, sobre los hábitos y
las creencias de los hombres, buscando el modo de influir en sus aspectos más
vulnerables. De ahí el poder inmenso que poseen y la circunstancia de que un
gran número, más débil o menos advertido, sea influenciado de manera casi
segura.
El
modo para asegurar que las decisiones y los comportamientos respondan a los más
reflexivos y personales deseos de los hombres, no consiste en aislar a los
mismos de la vida social, sino en enseñarles a vivir resguardando su intimidad y
acrecentando su vida interior, de modo que sean capaces de recibir los mensajes,
retener de ellos lo necesario, rechazar lo que no les conviene y con todo
enriquecer su personalidad.
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