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Donde no hay futuro no puede haber
pecado. Somos las flores del vertedero de basura. Somos el veneno en su
maquinaria humana. No hay futuro para ti. No hay futuro para mí
. (“God Save the Queen”, The Sex Pixtols)
(Sid
and Nancy (A. Cox, 1986) es un filme que narra la historia) de la pareja más
famosa de la música punk: Sid Vicious y su novia Nancy Spungen. En el verano de
1976, poco después de la explosión de los Sex Pistols, había nacido en
Londres, en los barrios sur-occidentales y alrededor de King’s Road, un
nuevo estilo sincrético bautizado con el significativo nombre de punk
(literalmente: persona o cosa de calidad inferior).
La
Gran Bretaña de mediados de la década de 1970 distaba mucho de ser aquel estado
del bienestar, paraíso de la libertad, que había dado lugar a las felices sub
culturas surgidas en el swinging London de la década de 1960. La crisis
del petróleo había dado un toque de alerta a las sociedades industriales
avanzadas y había cuestionado su fe en el progreso indefinido. (imagen
izquierda: Sex Pistols
Aunque la “decadencia” de Inglaterra no había llegado a afectar la credibilidad
de la monarquía y del sistema parlamentario, se anunciaban malos tiempos para la
lírica y buenos para las políticas conservadoras (M.
Thatcher estaba a la vuelta de la esquina).
En
los suburbios urbanos empezaban a manifestarse disturbios étnicos, como los que
tuvieron lugar en 1976 en el carnaval de Notting Hill, tradicional y pacífico
festival del multiculturalismo.
Los
jóvenes fueron los primeros en padecer los efectos de la recesión económica y de
los recortes sociales: la vida era cada vez más cara, las oportunidades
laborales menores y la institución escolar estaba cada vez más desprestigiada.
El punk surgió cuando las oficinas del paro se colapsaron. La crisis se deja
notar también en el terreno estrictamente musical. A mediados de la década de
1970, el rock estaba estancado en una crisis de creatividad: la mayor parte de
los grupos pop habían suavizado su música y su mensaje, y muchos habían caído en
el comercialismo, pasando a engrosar el star system.
A su
vez, los mass media habían engendrado la disco-music que se podía
escuchar en las cadenas musicales y en las grandes discotecas. Una figura sirve
para señalar esa evolución: el glamrock representado por un David Bowie
con una música progresivamente tecnificada, una imagen sofisticada y sexualmente
ambigua y un mensaje cada vez más desclasado y despolitizado. Es en este
contexto en el que hacen su aparición los Sex Pistols. Formado en 1975,
los “Pistolas Sexuales” debutaron a principios de 1976 y pronto atrajeron la
atención pública con su música distorsionada, sus atrevidos atuendos y sus
actitudes provocativas.
Explorando la simplicidad del primer rock’n’roll, los Pistols
hacían una música áspera, saturada de sonidos impuros. El ritmo acelerado y el
volumen elevado se combinan con letras iconoclastas y apariciones en directo que
son todo un espectáculo, que llaman a la destrucción de todo lo que les molesta
y a la autodestrucción como forma de acceder al fin del mundo y a la redención.
En abril de 1976 Johnny Rotten abandonó el escenario de un concierto para
participar en una riña entre el público; en septiembre una chica es cegada por
una botella de cerveza lanzada durante un festival, lo que precipitó una campaña
de pánico moral hacia el punk; en diciembre los Sex Pistols suscitan un
gran escándalo al utilizar palabras obscenas en un programa televisivo de la
BBC; en enero de 1977 provocan un incidente en el aeropuerto de Heathrow, al
ponerse a escupir y vomitar.
El
clímax llega el 7 de junio de 1977, día del Jubileo de la Reina, cuando cantan
bajando por el Támesis un provocador God Save the Queen y arrojan
excrementos al retrato de la monarca. Mientras tanto, sus discos han sido
censurados, sus conciertos prohibidos y sus apariciones públicas controladas.
Cuando el grupo se disuelve, en 1978, han grabado sólo 5 discos, pero el
imaginario punk dispone de una amplia galería de imágenes y símbolos con los que
armar una subcultura. Para Dick Hebdige (1979), el punk contenía los reflejos
distorsionados de las más importantes sub culturas británicas de posguerra. En
el ámbito musical, retomaba elementos provenientes de David Bowie y del
glitter-rock, del proto-punk americano (Ramones), del rock londinense
de inspiración mod, del rhythm and blues, del soul, del
reggae.
Esta
alianza de tradiciones musicales diversas y aparentemente incompatibles
encontraba una ratificación en un estilo de vestir igualmente ecléctico, que
reproducía el mismo tipo de cacofonía en el ámbito visual: tupés y cazadoras de
cuero rocker, pelo corto estilo mod y espectaculares mohicanos, mocasines
y botas skinhead, pantalones de tubo y calcetines de colores vivos,
nomadismo y suciedad
hippies, candados y correas sado-maso, etc.
Este
conjunto de cosas literalmente “prendidas” con alfileres e imperdibles se
convirtió en el altamente fotogénico fenómeno conocido como punk, que procuró a
la prensa amarilla una reserva de material sensacionalista y a la prensa de
calidad un catálogo de ejemplares rupturas de los códigos, suscitando una
curiosidad popular tan aterrada como fascinada.
Ello
explica su capacidad para convertirse en síntoma de todo un conglomerado de
problemas contemporáneos. La mayor parte de los “actores” punk provenían
de ambientes urbanos populares; la estética del movimiento, la retórica de la
autodestrucción, de la agresividad, reflejaban una identidad proletaria; la
actitud anti-intelectual y el aparente desencanto vital —no future—, le
alejaban de las venas contestatarias vigentes en la década anterior; las formas
y contenidos del movimiento proseguían la tradición de las sub culturas obreras
británicas de posguerra. Sin embargo, los punks tendieron a actualizar
buena parte de las características de los movimientos juveniles de clase media,
acercándose progresivamente a una identidad contracultural.
A
través de los Who y de Clash, el punk conectó con el cine underground
y el arte de vanguardia. Recuperando la vena ácrata, captó elementos del
surrealismo y del dadá. Como la contracultura de los años sesenta, el punk
experimentó un proceso de fusión que conllevó, por una parte, la difusión masiva
de alguno de sus elementos (incluyendo una tendencia hacia la comercialización)
y, por otra parte, su fisión en diversas corrientes (punk-rock, hardcore,
tecnopunk, etc.) que exploraban soluciones simbólicas implícitas en el
protopunk (la solución consumista, la solución anarquizante y la solución
futurista).
Estas
tendencias pueden ordenarse según dos grandes polos: el expresivo (máscara y
carnaval) propugnó el discurso de la autodestrucción, el nihilismo cínico, las
drogas, la sofisticación de peinados, tatuajes y baile; el polo activista
(anarquía y contestación) lo conectó con múltiples iniciativas
político-culturales, del anarquismo a los squatters, de la protesta
antirracista y antimilitarista al videoarte. Años después, los cyberpunk
estarían también en los inicios de las cibercultura.
Fuente Consultada: Historia Universal Fin de
Siglo Las Claves del Siglo XXI y Wikipedia
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