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Asesinato de Quiroga: Juan Facundo
Quiroga se había radicado nuevamente en Buenos Aires luego de la
victoria
de
la Ciudadela, en noviembre de 1831.
En noviembre de 1834 se produjo un
conflicto entre los gobernadores federales de Salta y Tucumán, Pablo
Latorre y Alejandro Heredia, respectivamente. Quiroga fue presionado
por Rosas y por el gobernador bonaerense Maza para que fuera a
reconciliarlos, con plenos poderes.
Quiroga partió de Buenos Aires el 16
de diciembre de 1834. Pero, al llegar a Santiago del Estero se
enteró que Latorre había sido derrocado y muerto, el 29 de diciembre
de 1834.
Desde el 3 al 6 de enero de 1835 se
reunió con Juan Felipe (barra, gobernador santiagueño, y el tucumano
Heredia, para reconocer al nuevo gobierno salteño. Y asimismo firmó
con ellos un tratado efe alianza y amistad que debía extenderse a
las demás provincias argentinas. Era una liga que significaba el
comienzo de la organización nacional y respondía exclusivamente a
Quiroga.
Luego de la firma de tal pacto,
emprendió Quiroga el regreso en compañía de su secretario José
Santos Ortiz. En el trayecto le advirtieron que el capitán José
Santos Pérez lo esperaba con una partida para matarlo. Quiroga
aseguró con soberbia que "a una orden mía se pondrán a mi servicio".
El 15 de febrero de 1835 entraron en
la provincia de Córdoba e hicieron noche en la posta de Intihuasi.
Al amanecer prosiguieron viaje y a las once de la mañana del 16 de
febrero de 1835, en el recodo solitario de Barranca Yaco, una
partida armada detuvo el carruaje. "¡Alto!" gritó el jefe del grupo.
Quiroga asomó la cabeza por la ventanilla de la diligencia y gritó
colérico: "¿Qué significa esto, quién manda esta partida?".
Adivinó la situación y trató de tomar
una de sus pistolas pero un disparo le penetró por el ojo izquierdo
y le atravesó la cabeza. De inmediato otro de los gauchos de la
partida le enterró un cuchillo en la garganta. Sus últimas palabras
fueron: "¡No maten a un general!".
Todos fueron exterminados pues no
debía haber testigos. Pero e correo Agustín Marín y el ordenanza de
José Santos Pérez, que viajaban detrás de la diligencia retrasados
en sus cabalgaduras, advirtieron a lo lejos lo que pasaba y se
ocultaron en unos matorrales.
La noticia del asesinato de Quiroga
llegó a Buenos Aires e 3 de marzo y el acontecimiento impresionó a
la opinión pública. Rosas, ante este hecho, escribió: "¡Miserables,
ya lo verán ahora! El sacudimiento será espantoso y la sangre
argentina correrá en porciones".
El asesinato se atribuyó en un
principio a una conspiración unitaria. Pero luego de una
investigación, se llegó a la conclusión que el suceso estaba
íntimamente ligado a las diferencias en el campo federal. Los
autores materiales del asesinato y sus cómplices más directos fueron
procesados.
El 25 de octubre de 1837 fueron
fusilados en la Plaza de Mayo, Santos Pérez (jefe de la partida) y
los hermanos José Vicente y Guillermo Reinafé, caudillos cordobeses
distanciados con Quiroga y protegidos de
Estanislao López.
EL ORDEN
PROVINCIAL: Si se estudia la organización política de La
Rioja durante la actuación de Quiroga, se observará que se destaca
la vigencia de un ordenamiento legal mucho más establecido de lo que
suele suponerse. El análisis de ciertos aspectos sustanciales de las
relaciones entre los poderes provinciales riojanos (el gobierno y la
Sala de Representantes) y Quiroga, que se iniciaron en 1820, sugiere
la necesidad de matizar esa imagen del caudillo que, seguido por sus
huestes, dominaba a su antojo una tierra de nadie.
Por una parte, se observa que, junto
al poder de Quiroga, se mantenía una estructura política/legal, a
veces de origen colonial; por otra, se advierte que el desarrollo de
instituciones estatales en la provincia no era una simple
formalidad. Por el contrario, estas instituciones, aunque
rudimentarias, traducen el surgimiento de nuevas condiciones
políticas, que se inscribían dentro de los esfuerzos por consolidar
soberanías provinciales autónomas en el Río de la Plata, durante la
primera mitad del siglo XIX.
Lo cierto es que el poder particular
del caudillo estaba basado sobre relaciones informales (familiares,
amistosas, comerciales) y formales, y se amparaba en una legalidad
que. estaba presente tanto en sus relaciones políticas como en sus
actividades privadas. Así, el poder de Quiroga se asentaba, también,
en su condición de ganadero, comerciante y prestamista de grandes
sumas de dinero.
En su carácter de hombre de negocios,
se sometía a ciertas normas prácticas que regulaban las relaciones
comerciales de la época, como la escrituración de la compra de
tierras o el pago de derechos de exportación a su provincia. |