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«La
suerte llama a las puertas de los espíritus preparados para recibirla»,
decía Pasteur.
Wilhelm
Conrad Róntgen, (ó Roentegn) un profesor de la Universidad de Würzburg, haciendo
experimentos con los tubos catódicos para demostrar la existencia de ondas y
confirmar así la teoría alemana, descubre por casualidad los rayos X.
Había
recubierto su tubo catódico con cartón negro trataba de ver si, tal como decía Lenard, ciertas ondas salían del tubo. Muy cerca tenía una pantalla fluorescente
con el fin de comprobarlo. ¡Cuál no fue su sorpresa cuando ve el esqueleto de su
mano proyectado sobre la pantalla fluorescente!
Reemplaza entonces la pantalla fluorescente por una placa fotográfica y obtiene
de esta forma el primer cuché radiológico, la primera radiografía: los huesos de
su dedo en claro sobre fondo negro... Así pues, ¿qué son esos rayos misteriosos
que penetran la materia, pero que se detienen ante los huesos?
Róntgen no lo
sabe, lo único que sabe es que ha hecho un gran descubrimiento. Se lo dice a su
mujer pero, en un estado un poco paranoico, ni siquiera le dice de qué se trata.
Trabaja en ello día y noche. Repite una y cien veces los experimentos. Todo
cuadra. Eso es. Ha descubierto unos rayos nuevos. Los rayos catódicos son ondas.
Los alemanes tienen razón.
Publica su trabajo y a esos rayos los llama rayos X (X es el factor
desconocido por excelencia en álgebra). Por ello recibirá el premio Nobel de
Física en 1902, por más que la naturaleza de los rayos X no se conozca hasta
dieciséis años más tarde, gracias al trabajo de Max von Laue en Múnich.
El
descubrimiento de Róntgen, que tiene lugar en 1895, despierta enseguida un
enorme interés en toda Europa. Por supuesto, sobre todo entre los médicos,
porque en adelante dispondrán de un medio de exploración del cuerpo humano,
técnica que explotan inmediatamente, pero también entre los físicos, intrigados
por este nuevo fenómeno. Básicamente, el descubrimiento de Réntgen produce una
cierta confusión.
Se creía que Jean Perrin y Thomson habían demostrado que los
rayos catódicos estaban formados por partículas y hete aquí que ahora viene este
alemán y demuestra que también hay ondas, ¡porque nadie se imaginaba a las
partículas atravesando el cartón negro! No cabe duda de que la naturaleza sabía
guardar su secreto.
En
1896 publicó su descubrimiento y dio la primera demostración. De ahí en
adelante, el desarrollo de las radiografías, como parte importante en los
diagnósticos médicos, fue bastante rápido. Al observar que con ellas, las zonas
duras o más densas del cuerpo, aparecían de manera nítida en las fotografías, el
campo traumatológico, principalmente, vio posibilidades ilimitadas para mejorar
su trabajo diario, como asimismo el relacionado con emergencias médicas. Más
adelante, se le dio un uso, en la detección de tumores en el organismo humano.
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