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Aun antes que Hitler hubiese pregonado las virtudes de la “raza aria”, ya habían
existido pensadores racistas, en el siglo pasado. Algunos pueblos antiguos
disponían de libros sagrados para “atestiguar” su superioridad. Pero es
relativamente nueva la idea de atribuir esta superioridad a cualidades
biológicas hereditarias. Los mitos y prejuicios raciales, aunque jamás hayan
tenido ningún apoyo científico, eran útiles cuando los ejércitos se ponían en
marcha. Al intentar la clasificación de las razas, los antropólogos no emiten
juicios de valor: no existen razas superiores. Las razas no tienen otros
atributos que aquellos que los caracterizan biológicamente.
Las
personas se diferencian en cuanto al color de su piel, de sus cabellos, de sus
ojos; a la estatura, proporciones del cuerpo, y a muchos otros rasgos. Cada una
está determinada por los genes —partículas elementales contenidas en cromosomas
de los núcleos celulares— que transmiten los caracteres hereditarios. Es así
como unos tienen los ojos azules y otros los tienen castaños; algunos la nariz
achatada, otros, afilada; algunos son altos, otros, bajos. Esas diferencias,
comunes entre personas de un mismo país, estado o ciudad, aparecen también entre
los miembros de una familia.
El
número exacto de genes que el hombre posee es todavía desconocido, pero es
probable que llegue a varios millares. Y son las combinaciones posibles entre
esos genes las que permiten. que la especie humana produzca una diversidad
infinita de tipos, O sea, desde el punto de vista biológico se puede afirmar el
carácter absolutamente único de cada individuo. Esta diversidad, sin embargo, no
está determinada solamente por la herencia biológica, sino también por la
reacción de los individuos frente a los diferentes ambientes. La pregunta que
se plantea, entonces, es saber hasta qué punto las diferencias observadas entre
los individuos se deben a variedades existentes, de herencias o de ambientes.
El mecanismo de formación de las razas:
El controvertido concepto de raza ha dividido la opinión de los estudiosos que
parecen estar de acuerdo sólo en un punto: las razas humanas son subdivisiones
de una única especie denominada Homo sapiens. Todos los tipos de seres
humanos pueden unirse y procrear, sea cual fuere su origen geográfico, color u
otras diferencias biológicas. Sin embargo, hay discrepancia en cuanto al número
de razas existentes, debido a la diversidad de criterios aplicados en su
clasificación.
Lo
que parece claro es que el concepto de raza sólo es aplicable a poblaciones y no
a individuos. Un científico puede elaborar una determinada lista de
características (color de la piel, ángulo facial, altura, morfología del pelo,
grupo sanguíneo, etc.), que agrupados de cierta forma, crean un “tipo ideal”
puro. La lista de un segundo científico será diferente y cambiará su modelo de
tipo “puro”. El problema central está en establecer un conjunto de ítems
clasificatorios que sean de carácter “natural” y no “artificial”.
La
mezcla racial ha existido en toda la historia de la humanidad. El estudio de los
fósiles humanos revela que aun en la prehistoria se produjeron cruzas de algunas
estirpes. Por lo tanto, la especie humana siempre ha sido un conjunto mestizo.
Las razas puras, en cuanto a grupos de individuos con características propias y
exclusivas, nunca han existido. Por otra parte, las diferencias interraciales
son bastante relativas. Todos los seres humanos se parecen porque descienden de
antepasados comunes o de un fondo común de genes.
A
pesar de no existir todavía una explicación plenamente satisfactoria para el
mecanismo de la creación de las razas, algunos postulados pueden ser
considerados:
a) en un principio la población humana era relativamente homogénea
desde el punto de vista genético;
b) por medio de migraciones en diversas
épocas, familias, o grupos de familias, se dispersaron sobre grandes
extensiones; c) algunos de los grupos dispersos se quedaron geográficamente
aislados y así permanecieron por períodos más o menos largos;
d) en todos esos
grupos aislados, se fueron produciendo mutaciones genéticas que, sometidas a la
selección natural local, a fenómenos de qenetic drift (brusca oscilación
genética de una población), hibridación, selección sexual y selección social,
los dotaron de características peculiares, distintas de las de otros grupos
geográficamente alejados. El conjunto de estas pequeñas diferencias compone,
finalmente, lo que se ha convenido en llamar como un consenso general: “raza”.
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| Niño
Arabe (Nilo) |
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Joven
Somalí |
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Muchacha Bereber(Marrueco) |
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Pigmeo
del Zaire |
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| Baluba
del Zaire |
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Jovencita Cafre (Etiopía) |
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Joven
Malgache |
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Joven
de Kenia |
Mutación: La mutación corresponde a la
alteración permanente sufrida por un gene. Visto que los genes determinan las
características de cada individuo, al ocurrir una mutación aparecen
características inexistentes entre los antepasados. Onzas con pelambre de dos
colores (amarillo y negro), debido a una mutación de la melanina pasan a
preservar el color negro. Y ese color será transmitido a sus descendientes. La
mutación constituye la materia prima con que la evolución trabaja para formar
razas y especies.
Aislamiento: Por aislamiento se
comprende la separación de un grupo del resto de la especie, de forma tal que
las cruzas ocurran casi exclusivamente dentro del grupo aislado. En esas
condiciones, pequeños agregados de individuos tienden, con el tiempo, a hacerse
relativamente uniformes. Podría entonces definirse un tipo humano, o animal, que
se distingue de los demás en cuanto a uno o más caracteres. Sin embargo, tarde o
temprano, ese grupo aislado entra en contacto con otro grupo, y con el inter-cruzamiento,
pierde su homogeneidad. Si después de ese inter-cruzamiento el grupo vuelve a
reproducirse en aislamiento, los nuevos genes recibidos “de afuera” terminan por
distribuirse dentro de la población, que otra vez recobra el equilibrio genético
y la nueva uniformidad.
“Genetic drift”:La
oscilación genética es un hecho que se ha observado en pequeños grupos aislados;
cuando menor es el grupo, mayor es la posibilidad de que una mutación, aparecida
por casualidad, se distribuya rápidamente por toda la población. En poblaciones
grandes, las mutaciones tienen dificultad en “invadir” el conjunto. Este
fenómeno recibe el nombre de “oscilación genética”, porque la mudanza producida
en la población por la difusión del gene mutante es brusca y se produce en pocas
generaciones. Es así como cuando más pequeña y más aislada estuviese la
población, más probable es la fijación de una mutación en todos sus miembros.
Pero puede ocurrir todo lo contrario: el gene mutan te puede desaparecer
completamente. La importancia del fenómeno de “oscilación genética” reside en el
hecho de que poblaciones, en un principio dotadas de estructura genética
semejante, al aislarse las unas de las otras, manifestarán con el tiempo algunas
diferencias, aunque vivan en condiciones ambientales casi idénticas.
Hibridación: La hibridación es la
cruza de individuos que difieren en uno o más caracteres o genes. La hibridación
conduce a la desaparición de las distinciones raciales, y también es causa de la
formación de una raza intermedia, en las fronteras de una región geográfica o
dentro de una población mayor. El aislamiento y la hibridación, seguidos
nuevamente de aislamiento, fueron los procesos más importantes en la evolución y
diferenciación de la especie humana.
Selección natural: Por esta
designación se conoce el proceso por el cual las mutaciones perjudiciales para
la supervivencia de la especie son eliminadas y se mantienen las benéficas.
Quien selecciona los individuos que habrán de sobrevivir y procrear es el
ambiente físico. En las regiones con nieve, por ejemplo, cualquier conejo que
nazca negro (mutación de la melanina) será cazado por sus depredadores más
fácilmente que los blancos. Como en esos casos hay gran probabilidad de que el
conejo sea cazado antes de reproducirse, y tener hijos de su mismo color,
prácticamente no se encuentran mutantes de color negro en ambientes helados.
La
selección natural actúa, por lo tanto, en poblaciones que van siendo producidas
por mutación, aislamiento, “oscilación genética” e hibridación. Es gracias a la
selección qué se puede asegurar que las características de cualquier especie o
raza sólo se mantienen porque son útiles a sus portadores o, por lo menos,
porque no les impiden la procreación. Considerando su distribución geográfica,
se cree que el color de la piel humana constituye una característica adaptativa.
En
el hombre, con raras excepciones, las pieles de pigmentación oscura están
distribuidas en regiones de temperatura, insolación y humedad muy altas, y
viceversa. La intervención de la selección natural varía según las condiciones
existentes, y el grado en que actúan depende del carácter o de la calidad que
involucran. Donde no hay inmunidad heredada contra ciertas dolencias, éstas
serán un eficiente factor selectivo. La supervivencia y la difusión de
mutaciones dependen de la selección natural.
Selección sexual: La selección sexual
es el proceso por el cual la selección del cónyuge se hace según cierto patrón
de belleza o• de cualquier otra característica deseable, de tal forma que, con
el tiempo, el tipo elegido se hace dominante y, tal vez, lleve al tipo preterido
al aislamiento o, aun, a la extinción. Por ejemplo: en un grupo en que se
prefiere el cabello crespo, los individuos de cabello lacio desaparecerán. La
preferencia de morenos de un sexo por rubios del otro, y viceversa, ilustra cómo
la selección sexual mantiene una distribución equilibrada de estos tipos.
Selección social: La selección social
reglamenta las cruzas en una población dada por la creación de barreras
artificiales entre los individuos o grupos socialmente discriminados.
Consecuentemente, se desarrollan mecanismos de aislamiento que terminan
produciendo alteraciones en esa población. En algunos países, las poblaciones de
negros, pardos y amarillos están socialmente segregadas de la población blanca.
Esa barrera actúa como un mecanismo semejante a los factores de aislamiento
natural.
En
líneas generales, podemos deducir los medios por los cuales se ha realizado la
evolución humana. Constituyendo, tal vez, una única población, relativamente
homogénea desde el punto de vista genético, de ella se separaron pequeños grupos
que se quedaron más o menos aislados unos de otros. Esos grupos, expuestos a la
“oscilación genética”, la selección natural, la selección sexual y la selección
social, se han ido diferenciando entre sí para transformarse en “razas”. Si ese
aislamiento hubiese sido continuo y prolongado, después de cierto tiempo, esas
razas inevitablemente se hubiesen diversificado en especies.
Una
especie es una raza que en un momento dado sufrió una mutación (por
ejemplo en su aparato reproductivo), lo que impidió que se cruzase con las razas
de su antigua especie. Desde ese momento, imposibilitada la hibridación, el
grupo sigue su evolución aislada, alejándose cada vez más del tipo original. El
hecho es que en ningún momento las razas relativamente aisladas de nuestra
especie dejaron de hibridarse o pasaron por una de estas mutaciones aislantes.
Y. con el aumento de la población mundial se inició un proceso inverso: la
hibridación se hizo general y la especie va hacia un tipo cada vez más uniforme,
como resultado de la mezcla de todas las razas.
La
difícil clasificación:
Linneo dividió
la especie humana en cuatro variedades: Americanus (indio americano)—
“tenaz, satisfecho, libre, gobernado por la costumbre”; Europueus— “descuidado,
vivaz, inventivo, gobernado por los ritos”—; Asiaticus —“severo, altivo,
mezquino, gobernado por la opinión”—; Afer (africano) —“astuto, sereno,
negligente, gobernado por su capricho”—. El defecto de esa sorprendente
clasificación es que no clasifica nada. Evidentemente, gente satisfecha, vivaz y
negligente se puede encontrar en cualquier parte.
En
1775, Johann Blumenbach, uno de los fundadores de la Antropología, se
valió de un criterio un poco más realista: dividió la especie humana en cinco
variedades, según el color de la piel: caucásica o blanca; mongólica o amarilla;
etiópica o negra; americana o roja, y malaya o parda. Era una clasificación
biológica que trataba de describir diferencias significativas en grandes
poblaciones. Discutible también, pues el color de la piel fue considerado por
muchos antropólogos como un aspecto superficial.
Otros emplearon las medidas de partes del cuerpo y de sus proporciones,
especialmente la cabeza. Las razas fueron caracterizadas por la forma del
cráneo, juntamente con varias combinaciones particulares de otras
características. Muchos han definido una raza partiendo de otras características
genéticas: razas serían “poblaciones que difieren en la frecuencia relativa de
algunos de sus genes”. Así, la diferencia de un único gene bastaría para
constituir una alteración racial.
Las
mutaciones ocurren por azar y no responden a ninguna exigencia del medio.
Provocan variaciones hereditarias, sobre las que actúa la selección natural. Si
esas variaciones fueran útiles a la especie, en el ambiente en que vive, o por
lo menos no impidiese la procreación, tenderían a perpetuarse. (Aborigen
australiano e indio norteamericano.)
Se
ha tratado hasta de sustituir la expresión “raza” por otra menos biológica,
grupo étnico: uno de los numerosos conglomerados que constituyen la especie
única Horno sapiens y que conserva sus diferencias, físicas y culturales,
por medio de mecanismos aislantes, tales como barreras geográficas o sociales.
las
razas geográficas En 1950 se hicieron dos grandes clasificaciones raciales. Una,
de William Boyd, distingue seis razas: grupo europeo primitivo (hipotético);
grupo europeo o caucásico; grupo africano o negroide; grupo asiático o mongólico;
grupo amerindio, y grupo australiano. Algunos científicos optan por un número
reducido de razas, para restringir el término a una unidad más amplia, tomando
en consideración la existencia de conjuntos humanos que presenten similitudes
evidentes y estén comprendidos dentro de límites más o menos precisos.
Lo
que se llama raza geográfica es un conjunto de población que tiene
características comunes: una alta frecuencia de genes del grupo sanguíneo B, por
ejemplos y que se extiende en un área geográfica definida. Si el concepto de
raza geográfica se refiere a un conjunto de poblaciones semejantes, que habitan
una amplia área continental o un archipiélago, las razas humanas son seis
o siete. Pero generalmente no están separadas por barreras naturales.
Donde quiera que tomen contacto los territorios de dos o mas razas, allí sus
poblaciones intercambian caracteres raciales.
Pero, a pesar de las dificultades, es posible distinguir una raza geográfica
europea de una asiática. La identificación de subrazas locales y
microgeográficas es más difícil. No sólo es imposible penetrar en un área muy
amplia del mundo en la que muchas razas todavía no han sido estudiadas; también
las investigaciones sobre las poblaciones —razas existentes dentro de las
fronteras nacionales han sido in descuidadas. Es el caso de los “colored”
británicos, no clasificados como razas, y que podrían serlo auténticamente.
Fuente Consultada: Wikipedia-Revista Conocer
Nuestro Tiempo-Espasa Calpe
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