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TINTURAS PARA TELAS FABRICADAS
CON INSECTOS:
Cuando Hernán Cortés llegó a México en el año 1518, vio los tejidos de
llamativos colores que llevaban los aztecas y le dejaron muy intrigado. El
origen del tinte parecía ser, a primera vista, unas semillas que aparecían
en la superficie de un cactus, pero un examen más a fondo le reveló que no
eran, para nada, semillas de cactus.
Eran
unos bichitos diminutos. Hoy en día, estos insectos se conocen con el nombre
de «cochinilla del nopal» y el tinte que se extrae de ellos es el
carmín. Al rey azteca Moctezuma le gustaba tanto llevar ropa teñida de este
color que acabó imponiendo un tributo a su población que se pagaba con
cochinillas.
Pequeño insecto llamado
Daclylopius coccus.
Las hembras embarazadas de la cochinilla del nopal producen este rojo tan
brillante que se convierte en tinte y que fue el primer producto que se
exportó del Nuevo Mundo al Viejo Continente. Muy pronto, los europeos
vistieron lana y sedas de color carmín que habían coloreado con el extracto
de la cochinilla. El uso más memorable de este insecto fue, quizá, la
introducción del tono escarlata en el arte, cuya intensidad hizo famosos los
tapices de Gobelin en París.
Extraer este tinte no es una tarea nada fácil. La hembra del hemíptero, que
se alimenta de las bayas rojas del cactus, concentra la tintura en su cuerpo
y en sus larvas. Luego, los recolectores de cochinillas las arrancan de la
corteza del cactus y las arrojan en un recipiente con agua muy caliente,
donde mueren al instante. Entonces las secan bajo el sol y las trituran
hasta obtener un polvo, que se añade al agua o a una mezcla de agua con
alcohol.
Para las telas se usa un mordiente, como, por ejemplo, el alumbre, que fija
el color en el tejido. El ácido carmíneo, este activo agente colorante, es
uno de los tintes más seguros que existen y, en general, se usa muchísimo en
la industria cosmética y alimentaria. Los caramelos, los helados, las
bebidas, el yogur, los pintalabios y las sombras de ojos, todos ellos pueden
contener la cochinilla del nopal como uno de sus ingredientes.
Las reacciones alérgicas ante el tinte son muy poco frecuentes. Se han dado
casos de gente que ha desarrollado una reacción adversa al aperitivo Campan,
a los polos de color rojo, a las cerezas confitadas y a la barra de labios
de color carmín, pero hay una cantidad mayor de gente que ha manifestado
alergias a muchos otros ingredientes de la comida o los cosméticos.
En una ocasión hubo un niño al que se le hinchó la cara después de recibir
un beso de su afectuosa abuela en la mejilla. Resultó que el niño se había
sensibilizado contra el carmín, seguramente debido al consumo de golosinas y
otros alimentos, de modo que reaccionó adversamente al colorante del
pintalabios de su abuela. Cuando se da este tipo de rechazos, éstos se
manifiestan en forma de inflamaciones o urticarias, aunque también se han
dado casos de reacción anafiláctica con el Campan-Orange.
Como la cochinilla del nopal es un insecto diminuto, harán falta unas 70.000
hembras aproximadamente para elaborar algo menos de medio kilo de extracto.
Para este fin, los machos son bastante inútiles. Al igual que los machos de
otras muchas especies, son considerablemente más simples que las hembras.
Tampoco hay muchos, y su vida dura tan sólo una semana escasa. A lo largo de
este fugaz periodo, intentarán aparearse con el mayor número de hembras
posible. (Puede que, al fin y al cabo, no sean tan y tan simples como
creíamos.) Pero ¿cómo consiguen los recolectores diferenciar entre un sexo y
el otro? Bueno, pues porque los machos vuelan, y las hembras, al no tener
alas, no vuelan. Al sacudir el cactus, los sujetos masculinos echan a volar,
pero las féminas no pueden escapar. Las arrancan del nopal y las destinan a
colorear algún helado de fresa. Ya me imagino que a muchos de vosotros no os
parecerá demasiado apetitoso el hecho de comer un helado mezclado con jugo
de bichos, pero os aseguro que es un colorante muy efectivo y fiable. ¡Y,
además, es cien por cien natural!
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