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Entre los numerosos pueblos cazadores que había en América a la llegada de los europeos, solamente han perdurado los que viven en lugares de clima extremo o en zonas de selva.

Amerindio es el descendiente de cualquiera de los pueblos nativos de América (comúnmente exceptuando a los esquimales, cuyo origen étnico es distinto) para distinguirlos de los inmigrantes posteriores (europeos, africanos, etc), así como de los mestizos y criollos de todas estas etnias. Dícese también indio americano, indígena o simplemente, aunque de manera ambigua, indio.

Los viajes de Cristóbal Colón en 1492 buscaban alcanzar una ruta hacia el Asia que permitiese evitar el paso por el Mediterráneo Oriental, bloqueado entonces por los turcos. Los cálculos de Colón, en exceso optimistas, le llevaron a pensar que la ruta occidental era más corta de lo que es en realidad. Al llegar a América aproximadamente en el plazo que sus cálculos indicaban que llegaría a las costas de Cipango (el actual Japón), no reconoció el territorio como lo que era, y creyó por el contrario haber llegado a "las Indias", el nombre genérico para el extremo Oriente asiático, de ahí que a sus habitante le llamó: indios

La religión de los cazadores y recolectores

Entre los pueblos que han mantenido sus tradiciones tras la colonización de América se encuentran los inuit (foto izq.), que quiere decir «seres humanos». También se llaman a sí mismos yupik «auténticos humanos». El nombre de esquimales con el que se les conoce significa «comedores de carne cruda», un nombre que a algunos les parece insultante.

Ya habitaban la zona ártica de América antes de la llegada de los europeos. Ha fascinado a muchos su resistencia ante el reto de un clima extremadamente duro.

Gran parte de su actividad religiosa está relacionada con la caza y la pesca: tienen que cumplir los rituales y respetar los tabúes para sobrevivir, ya que de lo contrario podrían poner en peligro a los animales y morir de hambre por no obtener ninguna pieza.

La cuenca del Amazonas, además de ser uno de los pulmones verdes del planeta, es también el refugio de muchas tribus que mantienen sus formas de religión y sus modos de vida ancestrales.

En esta zona vivían los guaraníes a la llegada de Cristóbal Colón. Creían en la existencia de seres sobrenaturales que habitaban en plantas y animales y que podían ser muy dañinos si no se les trataba de la manera adecuada. También pensaban que la tierra tenía su propia alma, a la que se encontraban unidos. Por su parte, los seres humanos tenían no una, sino dos almas: la primera, de origen divino, es obra del dios creador Ñamandú y es la que permite que los humanos tengan inteligencia y puedan hablar; la segunda alma es de origen animal y marcará el carácter de las personas. Esta idea de que los humanos tienen varias almas es común a muchos pueblos americanos y la búsqueda o potenciación del alma o doble animal es motivo de importantes ceremonias religiosas.

La protección contra los espíritus

Entre los inuit, una manera de combatir los peligros diarios que vengan de los espíritus malignos es cantar una «canción de caza», una mezcla de oración y fórmula mágica que el cazador aprende de su padre o que compra a un chamán. Es una canción personal que no puede ser utilizada por otro a menos que le sea vendida. Cada mañana, el cazador canta su «canción de caza» mientras prepara el material que va a utilizar a lo largo del día. Otra forma de protección son los amuletos, objetos que se consideran cargados de un poder protector. Están formados por un collar al que va sujeta una pequeña bolsa. Dentro de esta bolsita habrá trozos de piel y huesos de animal, pequeñas piedras y miniaturas de animales que simbolizan a un espíritu protector.

La religión de los agricultores

Antes de la llegada de los europeos a América se desarrolla una agricultura técnicamente avanzada en las zonas de los actuales México y Perú, en las que surgieron sociedades como las de los mayas, los incas o los aztecas. Pero en otras zonas se mantuvo una agricultura parecida a la neolítica y no hubo sociedades tan complejas.

Como ejemplo de religiones de estos agricultores se puede considerar a los pobladores de las islas del Caribe, las primeras que conocieron os españoles. Temían a ciertos espíritus a los que se responsabilizaba de los huracanes, los truenos y los eclipses, y a los que se conjuraba tallando figuras que los representasen. También creían en los cemíes, seres sobrenaturales a los que identificaban con las estrellas.

Cabezas reducidas

La práctica de reducir cabezas no es solamente una Práctica guerrera, tiene un Significado religioso. Además de Servir de trofeos, las cabezas reducidas eran el receptáculo donde se aprisionaba y se ponía bajo el poder de quien la había Conseguido el alma de la Persona muerta. El Vencedor doblaba así su fuerza espiritual como resultado de capturar la de su enemigo en su cabeza reducida.

Los shuar o jíbaros de la Amazonia (foto) peruana y ecuatoriana fueron famosos por sus hazañas guerreras, que los mantuvieron libres del poder de los conquistadores españoles y sus sucesores, pero también por su habilidad para reducir las cabezas de quienes se les enfrentaban.

Cemíes y taìnos

Los tamos son otro de los pueblos de las islas del Caribe. Los tamos daban culto a los cemíes, a los que atribuían poderes sobre todos los seres vivos de la naturaleza. Hacían muñecos para que un cemí los habitase y creían que estas figuras tenían vida propia. Su vida religiosa estaba centrada en rituales que agradasen a los cemíes y en cada aldea había una choza en la que se guardaban sus imágenes y en la que se realizaban los principales rituales.

Los cemìes mis importantes estaban relacionados con la fertilidad y las buenas cosechas. Por ejemplo, el cemí de la yuca, una planta de raíz gruesa de la que se extrae una harina comestible y que era el principal alimento de este pueblo.

Los indios norteamericanos

Durante años, muchas de las películas hechas en Hollywood mostraron a los indios de las praderas como salvajes que atacaban sin razón al hombre blanco y producían terribles matanzas de niños y mujeres. Las películas recientes, más fieles a la realidad, exponen cómo los europeos acabaron con el modo de vida de los indios de las praderas tanto al exterminar, casi por completo, a los búfalos, su principal fuente de alimento, como al romper los pactos y tratados y ocupar las tierras donde ellos vivían y matarlos o expulsarlos de ellas.

Cacique de la tribu Sioux

Cuando se ha mostrado interés por conocer el modo de vida y las creencias de los nativos americanos, se ha visto que sus tradiciones eran muy respetuosas con la naturaleza y que transmiten una importante lección: cómo vivir en sintonía con el medio ambiente. Creían que todo lo que les rodeaba estaba cargado de poder sobrenatural. Los fenómenos atmosféricos, como los truenos, los relámpagos, la lluvia y el viento, eran personificaciones de espíritus. También los animales tenían su propio espíritu.

Para los indios sioux todo esto formaba parte de un gran poder llamado Wakan Tanka; en cambio, los indios pawnee llamaban a su dios creador Tirawa, y decían que este había enviado a los fenómenos atmosféricos para que diesen forma a la tierra.

Muchos nativos americanos siguen practicando sus ceremonias en la actualidad y ese modo de entender la relación del hombre con la naturaleza les ha ganado un justo reconocimiento con el tiempo.

La Danza del Sol

Una de las ceremonias más importantes que celebraban los indios de las praderas era la danza del sol El ritual sioux comenzaba con la construcción de una cabaña, se cortaba un árbol que se colocaba en el centro del campamento y sobre él se ponían una serie de ofrendas. La danza duraba varios días, durante los cuales los bailarines daban vueltas al árbol mirando al cielo y sin tomar alimentos. Esto se hacia para solicitar poder de los espíritus. En un momento del ritual se colocaba un cráneo de bisonte entre los que danzaban y se cantaba lo siguiente:

«iWakan Tanka, ten misericordia de nosotros!, ¡queremos vivir! Esta es la razón por la que hacemos esto. Dicen que viene una manada de bisontes; ya están aquí. El poder del bisonte viene a nosotros; ¡ya está aquí! (...) ¡Wakon Tanka, miranos! El más próximo a tos que andan en dos pies, el jefe de los que andan a cuatro patas, es tatanko, el bisonte. Aquí está su cráneo seco, al verlo sabemos que también nosotros nos convertiremos en cráneos y esqueletos y de este modo caminaremos juntos por el camino de regreso al Gran Espíritu (…). Aquí en la tierra, vivimos con el bisonte y te estamos agradecidos por ello, pues él nos da nuestro alimento y hace dichoso al pueblo, es nuestro pariente (.j. ¡Oh bisonte, tú eres la tierra!»

Los indios trataban al bisonte como a un pariente, de forma que el hombre blanco con sus absurdas matanzas aparecía ante ojos como un loco o como un hombre  codicioso que no tenía en cuenta las  consecuencias de sus actos y no entendía el equilibrio de la naturaleza y sus reglas, aunque es sabido que las matanzas de búfalos justamente se hacían para matar de hambre y debilitar a los indios, y por lo tanto una terrible lógica. El bisonte era considerado un ser sagrado con fuertes poderes y el mensajero de la supervivencia en las praderas. Las tribus vieron cómo sus territorios eran ocupados por los blancos y fueron debilitándose a causa de las enfermedades, las matanzas de bisontes y las batallas.

Alce Negro

Alce Negro (1863-1950) (foto) es quizá el sioux más famoso. Con trece años presenció la batalla de Little Big Horn, en la que los sioux aniquilaron a las tropas del general Georgia. Custer. Se unió al espectáculo circense de Búfalo Bill y viajó con él por Europa cuando tenía 23 años. Escapó de la masacre de Wounded Knee, en Dakota del Sur, en 1890, donde el ejército dio muerte a 200 miembros de su tribu, una atrocidad que todavía en la actualidad se recuerda con un monumento. Se convirtió al catolicismo en 1904 y se bautizó con el nombre de Nicolás Alce Negro. El poeta John G. Neihardt publicó en 1932 las conversaciones con Alce

Negro, que hicieron mundialmente famoso al sabio sioux. En ellas cuenta cómo a los nueve años estuvo inconsciente durante doce días en los que tuvo la visión del caballo de las cuatro direcciones que le llevó ante la nube de los seis abuelos (los cuatro puntos cardinales más el cenit y el nadir, el punto de la esfera celeste diametralmente opuesto al cenit), que le instruyeron en los secretos que le permitirían conocer y curar y le mostraron el camino rojo, el camino del piel roja, que es la senda del bien, alejada de la codicia y la violencia que caracterizaba a los blancos.

El respeto a la naturaleza: Los indios profesaban un profundo respeto hacia la naturaleza. Creían que la armonía con la naturaleza era necesaria para evitar la muerte y el dolor. La tierra, e! aire, los seres vivos y el agua eran compartidos por todo el grupo y nadie podía poseerlos de forma individual.

El indio no podía entender a mentalidad del blanco, su deseo de propiedad de la tierra, su necesidad de acumular riquezas. De lo que sí eran conscientes los indios era de que esta conducta codiciosa tendría como consecuencia el exterminio de un modo de vida que ellos habían mantenido durante miles de años, una reflexión basada en el respeto a las tradiciones y dotada de sentido en cuanto a la supervivencia del grupo.

Alce Negro, el sioux que con solo trece años presenció la batalla en la que los sioux aniquilaron a las tropas americanas expone en esta plegaria a visión que tuvo cuando era niño y cómo marca los pasos de su vida:

Ancestro, Gran Espíritu, mírame de nuevo, a mí que estoy en  la tierra e inclínate para oír mi débil voz. Tú viviste primero eres anterior a todos las necesidades, más antiguo que la legaría. Todos las cosas te pertenecen, bípedos, cuadrúpedos , lo que tiene alas y lo que es verde y está vivo.

Tú has puesto en orden el mundo para que los poderes de los cuatro puntos de la tierna se crucen unos con otros. Tú me has hecho cruzar el buen camino y el camino dificultades y donde se entrecruzan, lugar sagrada.

Día tras días, dio por siempre, eres la vida de todo. ¡Escucha! Inclínate  para oír mi débil voz. En el centro el circulo sagrado, oh! Gran Espíritu, Ancestro, tengo que decir que el árbol  nunca floreció que el árbol se marchitó. De nuevo, recuerdo la gran visión que me diste. Quizá alguna pequeña raíz del árbol todavía esté viva, entonces nútrela para que pueda echar hojas y florecer y llenarse de aves cantoras. Escúchame para que la gente pueda una vez más encontrar el buen camino y el árbol protector (...). Los Seis Ancestros han colocado muchos seres en este mundo y todos deben ser felices. Todos los seres pequeños han sido enviados por alguna razón, y en ellos debe perdurar la felicidad y el poder de hacer felices a otros, porque este era el deseo de los Abuelos del Mundo."

Fuente Consultada: Enciclopedia del Estudiante (La Nación) Tomo 17 Religiones y Cultura
Wikipedia Enciclopedia Libre de Internet y Enciclopedia Encarta 2001

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