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Las religiones étnicas en
Australia y Oceanía: En Australia y Oceanía perduran un
número importante de grupos étnicos que mantienen formas religiosas ancestrales
es la zona del mundo donde la colonización y el impacto moderno han sido más
recientes.
Las religiones en Australia y el
Pacífico: En
Australia los grupos aborígenes desarrollaron formas religiosas centradas en la
caza y en los cultos a los antepasados que daban cohesión a las agrupaciones
humanas.
Daban
gran importancia al mundo de los sueños, que estimaban más real y más próximo a
los dioses que el mundo de la vigilia, que estimaban imperfecto. El arte
aborigen australiano, que todavía se realiza en la actualidad, tiene un
importante significado religioso y sirve para mantener vivas las creencias
ancestrales en su en ocasiones complicada adaptación al impacto del mundo
moderno.
En
Oceanía se distingue entre el ámbito de Melanesia, donde los rituales
principales se centran en la propiciación de las cosechas y en el intercambio
ritualizado de bienes y el ámbito de Polinesia donde los rituales más
importantes se dedicaban a ensalzar el poder de los gobernantes. Resulta
ejemplar el caso de Hawai donde los gobernantes eran tenidos por seres
sobrenaturales. Así como en Melanesia no hay poderosos especialistas en la
religión, en Polinesia existían importantes grupos de sacerdotes, y eran
especialmente notables los que aconsejaban a los soberanos.
El
ámbito de Papúa-Nueva Guinea resulta especialmente interesante pues se mantienen
sociedades de agricultores muy poco influidas por el mundo moderno, como los
baruya o los tsembaga que tomaremos como ejemplos.
Los baruya
Las
sociedades preliterarias son muy variadas y en ellas la religión cumple una
serie de funciones diversas. De entre los testimonios que han ido consolidando
la etnografía y la antropología, el caso de los baruya de Paptia-Nueva Guinea es
un ejemplo que demuestra que la ideología grupal está claramente sesgada hacia
la dominación masculina y el sometimiento femenino.
La
mujer. si bien tenía un papel destacado en la horticultura y la porcinocultura
quedaba rebajada comparativamente con la valoración que se daba a los grandes
hombres como guerreros, chamanes, cazadores de casuarios (animal parecido al
avestruz) o productores de sal, a cuyo nivel de realizaciones y prestigio jamás
podía llegar ni SiqUr la más hábil de las mujeres. Solamente el estatus de
chamana estaba abierto a la mujer. mientras los otros tres eran exclusivamente
masculinos.
Muy
interesante en la ideología baruya es el papel del cazador de casuarios, anima!
a que independientemente de su sexo biológico se consideraba como encamación ce
la feminidad en estado salvaje y esencialmente peligrosa.
Para
el casuario no se podían emplear las técnicas habituales de caza, como el arco,
había que conseguir matarlo sin efusión de sangre y por medio de trampas. El
método de caza se decidía después de ingerir hongos alucinógenos y un sueño
premonitorio revelaba al cazador el momento en el que se había producido la
muerte del causario, cuya carne era tabù para las mujeres y cuyas plumas
servían entre otras finalidades para el tocado de los chamanes. La caza del
casuario materializaba el poder del hombre extraordinario frente a la perversa
feminidad.
El
chamanismo baruya, por su parte, está abierto a hombres y mujeres, y miembros de
ambos sexos pueden demostrar sus capacidades para vencer a enfermedad, la
muerte, para proteger el grupo e incluso algunas mujeres pueden poseer un poder
chamanico superior al de la mayoría de los chamanes hombres. Pero están
imposibilitadas para realizar dos actividades fundamentales: una es llevar a
cabo la guerra espiritual contra los enemigos, demostración del poder de los más
grandes chamanes, y la otra es el descubrimiento de una chamana y su iniciación,
que dura mucho menos tiempo que la de los chamanes y que solamente pueden
dirigir los hombres.
De
este modo, aun respetando la innegable capacidad de gestión de lo sobrenatural
de las mujeres, los baruya consiguen someterlas por medio de la presión
religiosa a la par que por otros medios menos sutiles.
Los tsembaga
Los
tsembaga maring de Papúa-Nueva Guinea son horticultores y porcinocultores, como
los baruya, y han desarrollado una serie de ceremonias dedicadas a los
antepasados, ávidos de ofrendas de carne de cerdo, que tienen que ver
directamente con la ecología y el control grupal sobre el territorio, La gran
ceremonia se denomina kaiko y se realiza cuando las piaras, al cuidado de las
mujeres, son lo suficientemente voluminosas como para resultar excesivamente
competitivas con los humanos. Este Lipso de tiempo coincide con el ciclo de 1 2
a 20 anos que tarda el bosque en regenerarse y ser apto para la horticultura.
El
bosque está simbolizado en su crecimiento por un árbol el rumbim, plantado
actualmente al final de una guerra en la que el vencedor desaloja al vencido.
Una vez que se regenera el bosque, se considera que los espíritus de los
enemigos muertos han abandonado el territorio en litigio y los vencedores pueden
empezar a cultivarlo.
Este
rito, aunque complejo y de ciclo largo, resulta una estrategia eficaz para
pautar la agresión: solo se puede guerrear tras realizar un kaiko, es decir,
cada 12 o 20 años. El consumo de cerdos por el grupo que planea la agresión y
sus aliados crea una red cruzada de agresiones de potencial amistad, y
enemistad, en que se basan las alianzas militares.
Al
mismo tiempo, la época de paz coincide coincide con el tiempo que tarda en
regenerarse el bosque sometido a una horticultura intermitente. Por tanto, el
ciclo guerrero-ritual cumple entre los tsembaga maring el papel de preservar el
ecosistema de una presión antrópica indiscriminada.
Fuente Consultada: Enciclopedia del
Estudiante (Santillana - La Nación) Tomo 17 Religiones y Cultura
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