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Las religiones de India, China y
Japón
Cuentan con un elevado número de
fieles y son las más antiguas entre las religiones vivas del planeta. Sin
embargo, son mal conocidas en occidente, tal vez por haberse difundido mediante
síntesis idealizadas y traducciones poco rigurosas de sus textos sagrados.
Características comunes
Las
religiones de China y Japón tienen como característica común el sincretismo, es
decir, la mezcla de varios sistemas de creencias y prácticas religiosas.
También tienen en común su gran antigüedad y el haber recibido la influencia del
budismo, originario de la India. Otra característica compartida es su relación
con las «civilizaciones originales», es decir, las que surgieron de manera
independiente entre sí y crearon los primeros sistemas estatales complejos de la
historia de la humanidad. Estas sociedades, como la mesopotámica y la egipcia,
adoptaron formas políticas, económicas, ideológicas y religiosas que en muchos
aspectos resultan semejantes, a pesar de la diversidad temporal y geográfica.
Igual
que en Egipto o Mesopotamia, el gobernante se consideraba descendiente directo y
representante de la divinidad.
En
China al emperador se le llamaba «hijo del cielo». Representaba al ser humano y
se le consideraba el punto medio entre el cielo y la tierra. Tenía que cuidar,
con sus actos y con la ayuda de sus funcionarios, de que todo en su imperio se
ajustase al orden (el tao). Lo más interesante y peculiar de esta creencia es
que se ha mantenido hasta hace un siglo, constituyendo un ejemplo viviente de
los sistemas religiosos ancestrales.
Mezcla de religiones
(Para
Ampliar Ver también Contacto y Cambios en la Religiones Etnicas)
En
China se produjo una mezcla entre la religión ancestral china, la religión
surgida de las enseñanzas de Confucio,
el taoísmo y el
budismo.
La
religión ancestral del gobierno servía de justificación del poder imperial y
perduró hasta 1912. El confucianismo como ideología es una religión del poder,
orientada a la consecución del gobierno correcto.
El
taoísmo es también una religión ancestral, aunque de carácter menos oficial, con
un sentido profundamente filosófico.
El
budismo, religión extranjera pero asimilada y adaptada a China, aporta su
carácter de religión universalista. En Japón, la mezcla se produjo entre la
religión nacional, el sintoísmo, y el budismo. que no llegó directamente desde
la India, sino a través de China. En este sentido, hay destacar la importancia
de China como foco de civilización, tanto con respecto a Japón como a Corea y
otras zonas de Extremo Oriente.
Distribución de las religiones en
China y Japón
En
China, Japón y otros países del mismo entorno las religiones mayoritarias son la
religión sincrética china, mezcla de taoísmo y confucianismo, y el sintoísmo.
Esta última, religión nacional del Japón, no ha desbordado los límites del
archipiélago, mientras que la religión sincrética china ha influido en países
vecinos, simultáneamente con el
hinduismo.
Así,
el hinduismo es religión mayoritaria en Nepal y minoritaria en Sri Lanka, Bután
y Bangladesh y la religión sincrética china es la práctica principal en Hong-Kong
y Taiwán e incide en zonas con una fuerte inmigración china, especialmente en
Singapur y Malasia. El confucianismo es la segunda religión en Corea del Sur,
manteniendo algunas formas de culto que desaparecieron en China a comienzos de
siglo.
La
presencia del Islam también resulta muy significativa. El
budismo, otra de las
grandes religiones de Asia, mayoritaria en Indochina, Sri Lanka y en los
aledaños del Himalaya (Bután, Tíbet), es también muy importante en Japón,
aunque, por un fenómeno muy característico de este país, es común la doble
práctica de budismo y sintoísmo.
Los
cultos sincréticos y las nuevas religiones son importantes sobre todo en las dos
Coreas, Vietnam y en Japón, donde el impacto de las nuevas religiones es muy
notable, Tienen un fuerte crecimiento y suelen amalgamar creencias muy dispares:
budistas, cristianas y taoístas. En los territorios selváticos de Laos, Vietnam,
ambas Coreas o Indonesia se mantienen con fuerza los cultos ancestrales, Por
último, el cristianismo tiene una presencia notable en dos zonas. En el gráfico
se expresan estos datos en porcentajes. En Japón hay una zona bicolor que
corresponde a creyentes de dos religiones.
Japón y El sintoísmo: El
sintoísmo, religión nacional del Japón, es una amalgama de creencias y ritos
ancestrales centrados en la adoración de fuerzas sobrenaturales denominadas
Kami. Ha sobrevivido desde tiempos remotos hasta la actualidad, pero con el
transcurso de los siglos ha experimentado innumerables adaptaciones y
transformaciones.
Caracterización del sintoísmo
El
nombre de la religión nacional del Japón, sintoísmo, se acuñó en el siglo VI, a
partir de dos conceptos chinos, Shen y to. Shen, Shin en japonés, que significa
espíritu o dios, y to, do en japonés, que significa vía o camino. Esta
denominación servía para diferenciado del budismo (Butsudo o vía de Buda).
Los
espíritus o dioses cuya adoración es la base del sintoísmo son las fuerzas
sobrenaturales llamadas Kami, que son múltiples y variadas y que a lo largo de
los siglos han aumentado en número y han experimentado numerosas mutaciones.
Las
características más notables del sintoísmo son las siguientes:
a) La
capacidad sincrética, es decir, la facilidad para adaptar o asimilar creencias
de otras religiones con las que ha convivido, en especial el budismo.
b) Es
una religión nacional que ha favorecido la creación de mitos propios, a la vez
que se ha visto complementada por otras religiones, como el budismo y el
confucianismo. Por su propia naturaleza ancestral, es arcaica y conservadora,
pero ha pasado por cambios y adaptaciones a lo largo de la historia.
Fuentes escritas del sintoísmo
El sintoísmo, al tratarse de una amalgama de
creencias locales dispares, no posee textos canónicos de origen sacerdotal ya
que no existía una clase sacerdotal organizada y jerarquizada que llevase las
riendas del control ideológico. Sin
embargo, en el siglo vil, el emperador Temmu (673-686) ordenó la recopilación y
ordenación de las genealogías (Teiki) y las narraciones (Kyuji).
En el
año 712, O No Yasumaro, erudito y estadista muerto en 723, escribió en un
complejo japonés plagado de expresiones chinas el Kojiki (Narraciones de las
Cosas Antiguas), donde narra la historia del Japón hasta el año 628 incluyendo
relatos míticos. En el año 720 se compila en chino el Nihonshoki (Crónicas del
Japón en el que trabajan el príncipe Tonen (676-735) y el estadista Fujiwara No
Fubito (659-720). Resulta también
importante para el estudio del sintoísmo el ¡zumo Fudoki, compilado en 733 y el
único de los Fudoki (informes locales encargados por la corte imperial de Nana)
que se ha conservado entero.
Por
último, aparecen datos religiosos de interés en las antologías de poemas del siglo VIII, el
Koifuso de 751 y el Man’yoshu de 759, y en el En (Reglamentos de la era
de Erigi). recopilado en 927.
La
teología sintoísta: los Kami
Los
Kami son seres sobrenaturales con un poder y una capacidad superiores a los del
hombre, que residen o se materializan en objetos y seres. Su número es muy
elevado y son difíciles de plasmar iconográficamente.
Se
pueden condensar en tres grandes grupos, los Kami de la naturaleza y sus
fuerzas, los Kami de los uji (linajes) y los Kami de individuos y de los
antepasados.
Los
Kami de la naturaleza son los más antiguos. Entre ellos están los árboles,
especialmente los pinos y los grandes ejemplares. Del mismo modo, las montañas,
las piedras (en especial las de formas extrañas), los lagos, los n’os eran
también Kami.
Se
consideran Kami los árboles que desarrollan formas raras en las que se incluyen
también las miniaturas. Según los relatos mitológicos, en el pasado los árboles
hablaban y trasmitían su sabiduría a los hombres que eran capaces de escuchados.
Los animales, muy especialmente los grandes ejemplares, eran
vistos como manifestaciones de Kami o como Kami ellos mismos (lobos, ciervos).
En muchos casos eran ideados como seres favorables al hombre y se les invocaba
para conseguir una mejor cosecha. El trueno, los astros o el viento eran también
Kami venerados, resultando la naturaleza un ámbito poblado de seres
sobrenaturales y generalmente benéficos. Se tendió también a identificar
territorialmente a estas divinidades surgiendo Kami de campos de labor o de
valles fértiles.
Los Kami de los linajes o
uji surgieron de los Kami
territoriales, que fueron modificando y ampliando su campo de acción hasta
representar y proteger a los grupos allí asentados. El Japón primitivo se
organizaba en linajes (uji); la pertenencia al uji se sustentaba en lazos de
parentesco comunes, ya fueran biológicos o ficticios, en la aceptación de la
jefatura del uji y en el culto de la divinidad protectora, el ujigami.
Cuando la
organización social se hizo más compleja, ciertos sublinajes se vieron
privilegiados y aumentaron su importancia Por otra parte, el linaje Yamato fije
consolidando su superioridad frente al resto de los linajes del Japón.
Reconocidos sus jefes como reyes por los chinos tras aceptar pagar tributos, el
linaje Yamato aumentó su poder a partir del siglo III, controlando territorios
extensos y comenzando a consolidar una ideología que sustentase su preeminencia
Los soberanos Yamato decían originarse en Yimmu Tenno, el primer emperador del
Japón, emparentado con los dioses, cuya vida es fechada en los relatos
legendarios hacia el 660 ae.c.
A partir de la mitad del siglo
VI comienzan a
centralizar-se los cultos, en especial los festivales de primavera. y a
regularse los rituales. El reino Yamato intenta controlar y canalizar la
religión de los uji, vasallos por medio de una administración política unida
estrechamente a lo religioso.
Los
individuos excepcionales por su poder o sus capacidades son tenidos en vida por
Kami, como, por ejemplo, el emperador. Tras la muerte también se convierten en
Kamí algunos Personajes especialmente notorios, aunque no parece que existiese
un culto de los antepasados tal y como se realizó en China. además, como
consecuencia de que el mundo de la muerte y el culto funerario fueron facetas
religiosas en las que se especializó el budismo a partir de su implantación, el
conocimiento de los ritos fúnebres ancestrales se resiente. También la
fecundidad estaba presidida por Kami que se materializaban en piedras i objetos
que presentaban formas alusivas a los órganos sexuales masculinos.
Kamikaze:La
palabra kamikaze, con la que se designa a los terroristas suicidas desde la
Segunda Guerra Mundial es una palabra japonesa formada por komi (dios) y kaze
(viento). Significa «viento divino» o «aliento de los dioses» y hace referencia
a un tifón de gran violencia que en el siglo XII arrasó una flota mongol que
pretendía invadir Japón.
Evolución del sintoísmo
Desde
los cultos a la naturaleza del sintoísmo más arcaico hasta el sintoísmo moderno,
que agrupa a centenares de doctrinas unidas por un fuerte sincretismo pero de
gran diversidad, esta religión japonesa ha variado mucho con el paso de los
siglos.
El
sintoísmo antiguo
El
sintoísmo antiguo, que ni siquiera llevaba el nombre de shinto, engloba a las
religiones del Japón en la época previa al impacto del budismo y de los métodos
de gobierno extranjeros.
Los
cultos sintoístas más antiguos eran naturalistas, sin santuarios, centrados en
ceremonias que se adaptaban al calendario agrícola. Existían especialistas en lo
sagrado, pero no formaban una verdadera casta sacerdotal, sino que eran más bien
chamanes capaces de atraer a los Kami y someterlos, y adivinos que utilizaban
huesos y caparazones de tortuga y homoplatos de ciervo o decían conocer el
futuro por la interpretación de presagios.
Las
prácticas religiosas principales debieron de ser los matsuri, que eran ofrendas y
ritos para implorar a los Kami. Constaban de una fase en la que se intentaba
atraer al Kami, congraciarse con él mediante ofrendas de arroz o pescado y
especialmente de sake (aguardiente de arroz tenido por una bebida de índole
misteriosa), para
implorarle favores o pedirle que desvelase el futuro. Estas ceremonias se
realizaban junto con banquetes comunitarios, cuyos participantes caían en
trances provocados por la ingestión de sake, y se acompañaban de procesiones (miyuki)
y de enfrentamientos rituales: lucha
con espada, carreras de caballos o tirar de una soga. Se cree que tenían la
finalidad de unir al grupo y favorecer la toma de decisiones.

Boda Sintoísta en Japón
El
sintoísmo imperial y shoguna
Desde
el siglo VI hasta 1868 se desarrolla el sintoísmo imperial y shogunal, que
acusa la influencia del confucianismo como forma política de justificación] del
poder imperial y también recibe el influjo del budisífl01 con su carácter
filosófico, su insistencia en la iconografías en el más allá y a muerte. El
budismo resultó un resulto para el sintoísmo y se produjeron fuertes controversias
en torno a la figura de Buda, entendido por sus detractores como un Kami extranjero y
pernicioso.
El
sintoísmo, frente a este reto, intentó adaptarse. Por ejemplo, los sutra
budistas se utilizaban como poderosos conjuros y los monjes actuaban como
chamanes
capaces incluso de ayudar al muerto en su viaje al más allá.
Los
dioses sintoístas terminan identificándose a partir del siglo XII con
bodhisatvas, que cantan sutras budistas en los altares shinto. Incluso, a
consecuencia de la ¡influencia jesuita en los siglos XVI y XVII, surgió un sintoísmo
sincrético
con el cristianismo.
El soghunado, que fue la forma de gobierno que rigió en Japón desde 1192 hasta
1868, era un tipo de dictadura militar en la que los gobernantes efectivos eran
shogunes, señores feudales guerreros, que nominalmente estaban bajo el mandato
del emperador, aunque en realidad la función de este era puramente religiosa.
El
sintoísmo de Estado
Desde
el siglo XIV hasta 1868 hubo en Japón defensores del sintoísmo tradicional,
libre del sincretismo budista, pero, en esa fecha cae el régimen del shogunado.
Con el fin del shogunado se desarrolla un sintoísmo tradicional que defiende dos
ideas fundamentales: la supremacía imperial y la superioridad del pueblo japonés
sobre todas las naciones extranjeras, incluida la china.
Esta
opción ideológica consolidó un ultranacionalismo que fue muy perjudicial para
los países vecinos del Japón una vez que, a partir de 1868, el sintoísmo se
convirtió en religión de estado.
Después de fluctuar entre la tolerancia y la represión de otras creencias para
alinearse con las constituciones europeas, en 1 889 se optó por la libertad de
culto. El estado, en teoría, no poseía una opción religiosa definida ni medios
legítimos de represión contra las religiones extranjeras, como el budismo o el
cristianismo. En la práctica, la consecuencia fue el surgimiento de tres
sintoísmos diferentes.
En
primer lugar estaba el sintoísmo de los templos (jinja shinto), que por una
artimaña constitucional se decía no religioso y que el estado subvencionaba y
controlaba nombrando a los sacerdotes y organizando las ceremonias
tradicionales. Para no vulnerar la teórica libertad de culto, los sacerdotes
sintoístas eran tenidos por funcionarios estatales. El sintoísmo se enseñaba en
las escuelas y los maestros llevaban obligatoriamente a sus alumnos a sus
ceremonias principales. Se divinizaron oficialmente numerosos emperadores
antiguos y otros personajes políticos del pasado; destaca el culto al emperador
OjinHachiman, que fue tomando el carácter de dios de la guerra y al que se
dedicaron un gran número de templos a la par que el imperialismo militarista
japonés se desarrollaba. El segundo sintoísmo fue el de la casa imperial (kohitsu
shinto). Constaba de ceremonias muy arcaicas y, a pesar de ser de tipo familiar,
influyó en el culto de los santuarios. En los años que van desde la
restauración Meiji a la
derrota en 1 945, Japón se entendió como una gran familia encabezada por el
emperador y sus cultos.
El
tercer sintoísmo, estimado como puramente religioso y equiparado al resto de las
religiones del Japón, era el de los Nuevos Cultos (kyoha shinto). Eran nuevas
religiones que utilizaban el prestigio y amparo del sintoísmo para desarrollar
su mensaje religioso; trece de estos grupos fueron aceptados durante la época
Meiji como religiones independientes y fueron inscritos en el registro oficial
de cultos (ujiko-shirabe) que se realizaba de modo obligatorio en los templos
sintoístas oficiales.
El
sintoísmo actual: Con
la legislación impuesta por los estadounidenses en 1946, se llegó a una real
libertad de culto que ha favorecido una fragmentación religiosa extraordinaria
en Japón.
Se
estima que el abigarrado panorama de grupos religiosos japoneses actuales
incluye varios miles de agrupaciones principales. Algunas son antiguas, como el
Tenrikyo (Religión de la Sabiduría Divina), fundado en 1838 por la vidente
extática Miki Nakayama (1798-1887), o el Omotokyo (Religión de la Gran Fuente),
fundado por la vidente milenarista Nao Deguchi (1836-1918). Otras agrupaciones
son posteriores en su fundación a la derrota japonesa y suelen insistir en
amalgamar creencias tanto sintoístas como budistas o cristianas. Muchas basan su
práctica religiosa en la curación y las técnicas extáticas y entroncan con
creencias populares muy arcaicas de índole chamánica. En un ámbito
exclusivamente privado, se siguen manteniendo las ceremonias del shinto
imperial. También continúa el sintoísmo de los santuarios, que tiene fuerte
arraigo en las zonas agrícolas, las más tradicionales, y que sigue ofreciendo
hoy en día un marco ceremonial de referencia a muchos japoneses. Se estiman
sintoístas en la actualidad 100 millones de fieles, y entre 12 y 15 millones
corresponden a alguno de los doscientos nuevos cultos principales.
Fuente Consultada: Enciclopedia del
Estudiante (Santillana - La Nación) Tomo 17 Religiones y Cultura
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