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Entre los años 1300 y 1600 la vida
en Europa sufrió grandes cambios. Fue una nueva etapa del pensamiento y déla
cultura y se la denomina Renacimiento. Fue un período de sorprendentes inventos
en el mundo de la ciencia. Se desarrolló la imprenta, se hicieron
descubrimientos astronómicos, hombres osados se dedicaron a explorar mares
desconocidos y la pintura, la escultura, la arquitectura y la literatura también
se transformaron de manera asombrosa. Pero fue también una era de violencia,
pobreza, hambre y enfermedades.
Hendrick Willem Van Look en su libro "La Historia de la Humanidad", explica
de la siguiente manera el fenómeno del Renacimiento Italiano: "....fue [el
renacimiento] algo parecido a «la fiebre de la bicicleta» o «la fiebre del
automóvil». Un día alguien inventó la bicicleta. Una gente que durante cientos
de miles de años se había tenido que desplazar lentamente, de repente se volvió
loca con la idea de rodar rápidamente de un sitio a otro. Más tarde, un mecánico
inteligente construyó el primer automóvil. Ya no era necesario pedalear y
pedalear con gran fatiga. Sólo había que sentarse en el coche y dejar que las
gotitas de gasolina hicieran su trabajo. Todo el mundo quería un automóvil y
hablaba de marcas de coches, de motores, de carburadores, de kilometraje y de
aceite. El mundo entero sufre la fiebre del automóvil, y los niños aprenden a
decir «coche» antes que «mamá» o «papá».
En
el siglo XIV, los italianos se volvieron locos con los maravillosos objetos que
desenterraban del mundo romano. Este entusiasmo pronto se extendió por Europa
occidental. El día en que se encontraba un nuevo manuscrito se convertía en
fiesta nacional. Si alguien escribía una gramática se hacía tan famoso como hoy
un presentador de televisión.
A
los humanistas, los estudiosos que dedicaban su tiempo y energía al estudio de
la humanidad —en vez de mal invertir sus horas en indagaciones teológicas
infructuosas—, se les tenía un mayor respeto y se les hacía mayores honores que
a un héroe que acababa de conquistar las islas Caníbales."...
El
Renacimiento El Renacimiento fue un movimiento espiritual de
liberación, como si el hombre hubiese superado una etapa difícil, violenta,
oscura en muchos aspectos y, de repente, volviera a descubrir el Sol, la luz,
los colores y la naturaleza. Fue un movimiento por el
cual las artes, la cultura, las ciencias, las letras, la propia vida de los
pueblos, sufrió una sacudida en busca de la Belleza y de la Verdad.
Las causas
que lo motivaron fueron múltiples, y diversos los factores que determinaron su
aparición. Algunos de tipo netamente material, y otros de índole religiosa o
filosófica. La riqueza fue la primera de las causas que permitieron una
espléndida floración de artistas y de pensadores.

La Creación de Miguel Ángel
Las ciudades, libres de la
miseria y de la opresión feudal propias de la Edad Media, encontraron en el
comercio una corriente vital que las renovó y encumbró. Las primeras que
experimentaron los beneficios del movimiento renacentista fueron las grandes
ciudades italianas, nacidas y enriquecidas por las corrientes mercantiles:
Florencia, Venecia, Milán y Roma. El dinero corría en abundancia en éstas y
otras villas que pronto se convirtieron en lujosísimas urbes, donde se
levantaron hermosos palacios, en los que las damas lucían sus encantos y los
artistas encontraron los más generosos mecenas de la Historia. Los mercaderes
eran poderosos señores y en muchas ocasiones los nobles no desdeñaban el
patrocinio de costosas empresas comerciales que rendían grandes beneficios.
La Ultima Cena de Leonardo Da
Vinci
A
fines del siglo XV era posible realizar grandes negocios en la cuenca del
Mediterráneo, a pesar de los turcos. Pero el factor más importante que permitió
la difusión de la cultura y el pensamiento fue la invención de la imprenta y el
perfeccionamiento de la fabricación de papel. Hasta
Juan Gutenberg (1397-1468),
que era un ciudadano de Maguncia, se imprimían grabados y estampas utilizando la
técnica de las incisiones en madera. Pero este sistema sólo se utilizaba para
dibujos y algunas inscripciones forzosamente breves. Gutenberg ideó los tipos
sueltos, es decir, que cada letra correspondía a un tipo. Desterró la xilografía
y se dedicó a buscar un metal que fuese más blando que el hierro y menos que el
plomo.

El sacrificio de Isaac
(1401-1402) es el bajorrelieve de bronce de Brunelleschi
Tres burgueses de Maguncia le apoyaron y llegaron a arruinarse por
secundarle en su invento. Cuando éstos cesaron de ayudarle, Gutenberg se sintió
descorazonado, pero logró asociarse a un orfebre llamado Faust y a un clérigo,
Schoeffer, que consiguió la mezcla de antimonio, plomo y estaño que permitió
fundir los primeros tipos de imprenta. Faust estafó a Gutenberg, y a la muerte
de éste Schoeffer explotó la nueva industria.
El primer libro impreso en Maguncia en 1450 fue la Biblia de las 42 líneas. Durante el período denominado
"incunable", que termina en 1500, la imprenta se extendió por casi toda Europa.
Manuzio en Venecia, el año 1489, y Plantin en Amberes, perfeccionaron
enormemente el nuevo invento. El papel y la imprenta consiguieron una mayor
difusión de la cultura, y como este hecho coincidió con el movimiento
reformista, una corriente renovadora recorrió Europa. La autoridad del Papa y la
disciplina eclesiástica se habían relajado de forma notable.

La Virgen y el Niño con san
Antonio, de Donatello
En muchas
ocasiones, Roma no era obedecida ciegamente como lo fuera durante toda la Edad
Media, a pesar de los Hohenstaufen. Y en muchos casos tuvo que doblegarse
incluso ante los nuevos soberanos absolutistas. No se olvide el saqueo de la
Ciudad Eterna por las tropas mercenarias de Carlos I. También influyó en esta
renovación la afluencia de sabios bizantinos huidos de Constantinopla cuando
ésta fue tomada por los turcos. La ciencia árabe, más profunda y libre que la
cristiana del medievo, se difundió por Italia gracias a ellos y preparó la
aparición de hombres extraordinariamente revolucionarios en el sentido
científico, como había de serlo Galileo Galilei, por ejemplo. A esta serie de
razones basta añadir los descubrimientos geográficos, la certeza de la
esfericidad de la Tierra y el pasmo que produjo el hallazgo de nuevos mundos, de
rutas insospechadas y, por tanto, de razas nuevas o por lo menos de pueblos con
otras costumbres y otras civilizaciones.

El bautismo de Cristo es una
tabla pintada por Piero della Francesca hacia 1445.
Los trabajadores italianos, los
campesinos y todo aquel que en Italia removía un palmo de tierra estaba casi
seguro de que su azada tropezaría, tarde o temprano, con un pedazo de mármol
labrado y, en caso de buena suerte, con un capitel o una estatua que sería
pagada a peso de oro y admirada por algún señor o comerciante, cuando no por un
clérigo, o quién sabe si por el mismo Papa, tan amante del arte romano antiguo
como todos los italianos, que de repente habían sentido despertar una pasión por
todo lo que recordara la Roma de los Césares. Lo clásico se puso de moda. Se
volvió a aprender el griego y se perfeccionó el latín que el italiano había
relegado a un segundo plano. Estuvo de moda ser culto y por esta razón los
artistas de todas clases, desde el poeta lírico hasta el simple orfebre, fueron
agasajados y honrados. Así como la Edad Media fue una constante visión de Dios y
una interpretación de la vida como renuncia y preparación para la muerte, el
Renacimiento fue un amor extremado a la vida terrena, a la belleza y a la
Naturaleza. Pero no se crea que esta concepción fuese puramente materialista y
excluyera la creencia en Dios. La Fe, la Religión, incluso la vocación
sacerdotal, durante el Renacimiento, no fueron incompatibles con los goces del
mundo. Así como durante la Edad Media el arte se inspiró siempre en motivos
religiosos, casi siempre en la literatura, ahora el arte encontró modelos vivos
y reales en los grandes hombres y en el paisaje como aditamento a escenas
humanas. El artista, enamorado del hombre, descubrió o redescubrió la belleza
del desnudo que había sido severamente prohibido durante los siglos anteriores.

Moisés de Miguel Angel
El Juicio Final o la Creación de Miguel Angel, hubiesen causado una terrible
impresión durante el siglo XIII, pero cuando estas maravillosas pinturas fueron
contempladas por un Papa renacentista no sólo fueron toleradas a pesar de sus
desnudos, sino alabadas y admiradas. Numerosas anécdotas recuerdan la reverencia
con que eran tratados los artistas. Carlos I de España, dueño de media Europa,
se agachó para recoger un pincel que se le había caído al Ticiano mientras
pintaba en su presencia. Miguel Angel tenía siempre mesa y cama puestas en el
palacio de los Médicis. La admiración por el genio era total y plena. Así, era
frecuente que los artesanos suspendieran todas sus actividades y cesara el
trabajo en la ciudad cuando se inauguraba una estatua o el poeta favorito
anunciaba que iba a recitar una poesía inédita. Pico de la Mirándola, caballero
perfecto, que murió en plena juventud, se enorgullecía de poder echar una moneda
al aire en el interior de la catedral y conseguir que fuera a chocar contra su
altísima bóveda. El Renacimiento fue un constante torneo de fuerzas, belleza,
ingenio, audacia y valor. Las potencias humanas, físicas y espirituales, fueron
tensadas al máximo y vibraron con una amplitud desconocida hasta el momento. Las
luminarias del Renacimiento alumbraron los siglos XV y XVI, y los posteriores
vivieron de su impulso hasta la Revolución Francesa. Incluso ésta y todo el
movimiento liberal son hijos del Renacimiento.
Video de las Obra de Sandro
Botticelli
Fue la traducción literaria del espíritu del Renacimiento.
Su característica más destacada fue un amor, a veces exagerado, por el mundo
clásico, griego y latino, que llegaron a idealizar. Las ruinas enterradas y
olvidadas durante siglos fueron cuidadosamente removidas para encontrar en ellas
esculturas, capiteles, grecas y cualquier rastro de las civilizaciones clásicas
que fueron reverenciadas con unción religiosa.
Las casas de los nobles, de los
clérigos o de los comerciantes ricos, que durante la Edad Media apenas si se
habían adornado con algún tapiz o imagen religiosa, se llenaron de bustos,
esculturas, ánforas y jarrones griegos y romanos.
Las damas leían en su versión
original las obras de los poetas antiguos, y junto con el arte resucitó una
pasión por el bien decir y por la literatura, que tenía el hombre como tema
central.
Los precursores del gran movimiento literario humanista fueron tres
italianos del siglo XIV, hombres de la Edad Media que se adelantaron al sentir
de su tiempo y que deben ser considerados como los precursores del gran
movimiento humanístico y renacentista de los siglos XV y XVI:
Dante, Petrarca y Bocaccio.
Dante Alighieri (1265-1321) nació en Florencia y se dice que a los
nueve años de edad se enamoró de una niña llamada Beatriz que murió a los
veinticuatro. Dante idealizó de tal modo este amor que la inmortalizó en varias
de sus obras, especialmente en La Divina Comedia.
A consecuencia de sus ideas
políticas fue desterrado de Florencia y durante el tiempo que permaneció ausente
de su patria escribió este poema considerado como el más notable de la
literatura italiana. En La Divina Comedia, escrita en tercetos endecasílabos y a
lo largo de cien cantos, describe la peregrinación del propio autor acompañado
por Virgilio, su poeta favorito, que le lleva a visitar los círculos del
Infierno, del Purgatorio y del Cielo, donde encuentra a Beatriz, lugar al cual
no le acompaña Virgilio.
Se considera el poema más importante desde los que
escribiera Homero y dio lugar a un género denominado "alegórico dantesco" en el
que el más allá, la muerte y los problemas de la salvación estaban tratados con
prioridad. Dante colocó en distintos círculos del otro mundo sucesos y
personajes que él había conocido o tratado en su desgraciada vida, pues triste y
desgraciada fue la existencia del florentino, aunque después de su muerte fuese
ensalzado con la máxima gloria de su patria.
Francisco Petrarca (1304-1374) fue
un gran poeta lírico que cantó a Laura, una mujer real y que además se cree
estaba casada, por lo que el amor del poeta fue puramente platónico. Sus
Canciones son de una gran delicadeza.
Su amigo Juan Bocaccio (1313-1375) también
tuvo una mujer que le inspiró, Fiammetta, pero es poco conocido por su
traducción poética y más famoso por El Decamerón, una colección de un centenar
de cuentos, algunos muy libres y hasta obscenos, que relatan un grupo de jóvenes
refugiados en una quinta cercana a Florencia donde se han reunido para huir del
flagelo de la peste. Como son diez, y cada uno explica un cuento diario y están
aislados diez días, el conjunto consta de cien novelitas. Estas tres grandes
figuras fueron propiamente anteriores al Renacimiento porque murieron en el
siglo XIV, pero deben ser estudiados como los primeros humanistas.
EL
PENSAMIENTO CIENTÍFICO. Durante los siglos de la Edad Media la
Religión había guiado todo movimiento filosófico y científico. La decadencia de
la Escolástica, llevada por un verbalismo exagerado, la influencia de pensadores
árabes, sobre todo Averroes, y la interpretación naturalista de Aristóteles
prepararon el camino de la ciencia renacentista. Durante la Edad Media se habían
producido posturas aisladas de libertad de pensamiento de cara a la realidad de
la vida, como las sustentadas por Rogerio Bacon y Ramón Llull, incluso dentro
del campo de la ortodoxia, pero dado el momento en que vivieron otros pensadores
de los siglos XV y XVI. La gran revolución científica del siglo XVII fue
preparada por los hombres de ciencia del Renacimiento. Nicolás Copérnico
(1473-1543) era un canónigo y médico polaco, cosas que en aquel tiempo eran
compatibles. Ideó su teoría heliocéntrica, según la cual todos los planetas
giraban alrededor del Sol. Esta teoría, que muchos espíritus juzgaron contraria
a las Sagradas Escrituras y calificaron de heterodoxa, pronto se abrió camino.
Tres grandes pensadores la apoyaron y confirmaron con sus experiencias: Ticho
Brahe, de nacionalidad danesa, que estudió los eclipses, Juan Kepler, que
determinó las tres leyes fundamentales de la revolución planetaria, y Galileo
Galilei, el más genial de los sabios renacentistas. Galileo (1564-1642) fue el
constructor del primer telescopio con el cual estudió los astros. Invitada la
Señora de Venecia a contemplar con su instrumento la entrada de los buques en el
Gran Canal, quedó maravillada, pero muchos de sus compañeros se negaron a
comprobar con sus propios ojos la realidad y prefirieron negarlo. Galileo
estudió las leyes del péndulo, inspirado por los movimientos de una lámpara que
oscilaba en la catedral de Pisa, descubrió el anillo de Saturno y realizó
numerosas investigaciones astronómicas. Ciego, perseguido y moralmente
derrotado, tuvo que negar su fe en la teoría copernicana del heliocentrismo a
instancias de la Inquisición. Anterior a él vivió Leonardo de Vinci (1452-1519)
hombre inquieto, gran artista y también notable científico.
Sus dibujos sobre la
posibilidad de conseguir que un hombre volara gracias a unas alas, su idea del
tanque, y de numerosas máquinas nos muestran como una creación perfecta del
hombre del Renacimiento. Entre los primeros químicos, tiznados aún de
alquimistas, se encuentra Paracelso, suizo. Entre los médicos, el gran Vesalio,
que fue el primero en practicar la disección y la vivisección, corriendo por
esta razón peligro de perder la vida. Los descubrimientos anatómicos de Falopio
de Modena y Bartolomé Eustaquio son recordados porque algunos órganos de nuestro
cuerpo se conocen con sus nombres (trompas de Eustaquio, de Falopio, etc.). Pero
los dos investigadores más geniales en el campo de la Medicina fueron el español
Miguel Servet (1511-1593), descubridor de la circulación pulmonar de la sangre,
asesinado por el fanatismo de Calvino y el inglés Harvey, que estudió la
circulación general del cuerpo humano y las funciones del corazón. Los
descubrimientos y exploraciones en América reportaron un progreso extraordinario
en el campo de la Geografía y la Historia Natural. No es posible detallar el
número de especies nuevas que se conocieron y el avance experimentado por la
Cartografía, que pasó de los incompletos y limitados mapas medievales a los casi
perfectos portulanos o mapas del Mediterráneo, y a los grandes mapa-mundis que
lentamente iban reduciendo las áreas en blanco de los países recién
descubiertos. Las observaciones de Galileo, por ejemplo, permitieron
perfeccionar los relojes; en Holanda la industria óptica se dedicó a la
construcción de gafas, y en Venecia el arte del cristal y el espejo alcanzó gran
perfección. La transformación de la vida cotidiana era patente y se
experimentaba la sensación de vivir en un mundo renovado.
EL
SIGLO DE ORO ITALIANO. A pesar de este nombre los siglos XV y XVI
carecieron en Italia de figuras comparables al Dante, pero sí ofrecieron mayor
variedad de géneros y una clara influencia oriental y clásica. Ludovico Ariosto
(1474-1533) tuvo por mecenas el cardenal Hipólito de Este. Su fama como poeta
era tan grande que en cierta ocasión en que cayó prisionero de un grupo de
bandidos, al enterarse éstos de que habían capturado al autor de Orlando
furioso, no sólo le devolvieron la libertad sino que le colmaron de honores. En
esta obra relata las hazañas de Orlando y el sitio de París, atacado por los
infieles. Las hazañas de los cruzados para tomar Jerusalén fueron cantadas en un
poema heroico titulado La Jerusalén libertada, debida a la inspiración de
Torcuato Tasso. Éste era un hombre nervioso y desquiciado, que murió en un
manicomio en 1595.
El nombre de Maquiavelo (1469-1527) y el maquiavelismo se han
hecho famosos para expresar el refinamiento de un gobernante que prescinde de
todo escrúpulo con tal de lograr sus fines. Exactamente quizás no era éste el
propósito que inspiró a Nicolás Maquiavelo al escribir El Príncipe, un arte de
gobernar que ha servido de modelo a muchísimos políticos, para los cuales todos
los medios son laudables si están destinados a conseguir un ideal. ERASMO Y
RABELAIS. Erasmo de Rotterdam (1466-1536) fue considerado el hombre más culto de
su siglo. De un espíritu agudísimo que lo llevó a utilizar la sátira y la ironía
en sus burlas contra los defectos del clero y de la nobleza, fue uno de los
causantes indirectos de la Reforma por la protesta constante contra la sociedad
de su tiempo. Sin embargo, fue enemigo de Lutero, a quien criticaba por su
intolerancia. Escribió Elogio de la locura o Encomio de la sandez, que es una
despiadada sátira contra la sociedad de su tiempo. Su influencia llegó a todos
los rincones de Europa. En Francia el renacimiento literario tuvo en Francisco
Rabelais (1483-1553) uno de sus mejores protagonistas.
Era contemporáneo de
Erasmo y recibió protección del rey Francisco I, gran enamorado de las artes y
las letras, que había creado el Colegio de Francia. Rabelais era hombre muy
agudo y culto, pero satírico implacable y persona de diversas ocupaciones, pues
fue poeta, médico, monje y jurisconsulto. Murió siendo párroco de Meudon. Su
obra más conocida es la titulada El Gigante Gargantúa y su hijo Pantagruel,
ambos grandes comilones y amantes de la buena vida. En esta novela se burla de
los defectos corrientes de su época, sin respetar siquiera los temas religiosos.
Contemporáneos de Rabelais fueron los hombres de "La Pléyade", entre los cuales
estaba el poeta Pedro Ronsard (1525-1585), gran entusiasta de los clásicos.
Montaigne (1533-1592) alcanzó celebridad al escribir Los Ensayos, una obra de
crítica que contiene altos conceptos filosóficos. En Alemania, el Renacimiento
fue más tardío y coincidió con las convulsiones de la Reforma. Un poeta, Hans
Sachs, inmortalizado más tarde por Wagner, fue el autor de Los Maestros
cantores, obra que se inspiró en los "minnensingers" medievales. Portugal, que
se había lanzado a la gran aventura del descubrimiento del camino de las Indias
por las rutas del Sur, tuvo también su gran poeta íntimamente ligado a las
aventuras que vivió su país. La vida de Luis de Camoens (1524-1580) fue
apasionante. Perdió el ojo derecho peleando en Africa, fue a las Indias y
naufragó, estuvo preso y, como todos los grandes genios, sufrió calamidades sin
cuento hasta su muerte, que le encontró pobre y completamente ignorado. Cuando
su buque se hundió, Camoens, a costa de grandes apuros consiguió salvar su gran
poema Os Lusiadas, es decir las hazañas de los portugueses en la conquista de la
India. Sus principales protagonistas son Vasco de Gama y su protectora, la diosa
Venus.
LA POLIFONIA. La denominada "Ars Nova" trajo una gran libertad de formas
musicales. Representaba dicho estilo una revolución en la música religiosa, pero
fue pronto admitido en gracia a su belleza. El canto a muchas voces y en
polifonía, es decir, utilizando distintas líneas melódicas, alcanzó gran
esplendor. Solía realizarse sin acompañamiento. Su principal maestro fue Juan
Pierluigi de Palestrina (1526- 1594). Su maestría era tanta que a pesar de estar
casado fue nombrado cantor de la Capilla Sixtina del Vaticano por decisión
personal del papa Julio III, ya que estaba prohibido que los seglares, y más si
estaban casados, actuaran como cantores. Años después Palestrina fue designado
director de la famosa Capilla, y en tiempo del papa Marcelo III escribió una de
sus famosas misas a él dedicadas. Aún no contaba treinta años de edad y a pesar
de ello su vida fue azarosa debido a la envidia que muchos clérigos tenían de
sus éxitos. Finalmente murió pobre a los 72 años. Sin embargo, el reconocimiento
posterior de la Iglesia ha sido notable, pues su cuerpo, por especial concesión,
descansa en la basílica de San Pedro de Roma. Casi contemporáneo de Palestrina
vivió en España un gran músico: Tomás Luis de Victoria, autor de un oficio de
difuntos dedicado a la emperatriz María, hermana de Felipe II, y numerosos
motetes y composiciones de tipo religioso. No podía faltar en los palacios
renacentistas el cultivo de la música que durante la Edad Media había
permanecido en las iglesias o bien como manifestación popular. Aparecen ahora
los instrumentos de teclado como el clavicordio, el clave y la espinela que
fueron precursores del piano.
La viola y el laúd, así como la vihuela en España,
fueron también muy apreciados por sus dulces sonoridades. Hasta el siglo XVII no
debía llegar el predominio del violín. De esta época datan las composiciones
breves y encomiásticas, denominadas "motete" y "madrigal". También se usó el
"canon", o sea una composición que repite una melodía con distintas entradas y
tonos.
SHAKESPEARE. Las Islas Británicas vivieron bastante alejadas de la Italia
renacentista y su evolución política e histórica fue poco influida por el
movimiento italiano. Sin embargo, en el siglo XIV Godofredo Chaucer, que había
viajado por Italia como paje de Eduardo III, escribió una obra que imitaba al
Decamerón de Bocaccio, Los cuentos de Canterbury. A fines del siglo XVI apareció
la figura extraordinaria de Guillermo Shakespeare. Había nacido en Straford en
1564 y murió en la misma ciudad en 1616, el mismo día, según se cree, que
falleció Cervantes. El teatro, que en la Edad Media se limitó a representar
autos sacramentales, es decir, escenificaciones de vidas o milagros de santos,
en la puerta de las catedrales, tuvo en Inglaterra una aparición espléndida y
pronta en la obra de Shakespeare.
Muy joven entró como apuntador en una compañía
de cómicos que recorrían los pueblos. Fue autor y actor al mismo tiempo y fundó
más tarde un teatro llamado "El Globo". Su vida fue triunfal a partir de los
primeros éxitos y consiguió fama, honores y riquezas. Sus obras conocidas son
treinta y cinco. Algunas son tragedias, como Hamlet, la historia del desgraciado
príncipe de Dinamarca, los amores infelices de Romeo y Julieta, los celos de
Otelo, la ambición de Macbeth, etc. Enrique IV y Ricardo III son dramas
nacionales, históricos. Y, finalmente, son comedias Las alegres comadres de
Windsor, El sueño de una noche de verano, La Tempestad, El mercader de Venecia,
etc. En algunos casos la ópera y en otros el cine han popularizado hasta
nuestros días la obra del gran poeta inglés. El Siglo de Oro español Durante el
siglo XVI y parte del XVII España conoció su máximo esplendor y el comienzo de
su ruina. Los imperios de Carlos I y Felipe II se habían extendido por todas las
partes del orbe.
Sus nombres eran respetados y temidos. Carlos II el Hechizado,
el último de los Austrias, era ya un deshecho humano. El siglo XVIII amaneció
con sombrías perspectivas. España dejó de ser temida y respetada, y a
consecuencia de este hecho los seculares enemigos, los que habían de tejer la
"leyenda negra" e impedir todo resurgimiento posterior, levantaron la cabeza,
especialmente a partir de la batalla de Rocroy al advertir que los tercios
españoles podían ser vencidos. Y en los mares, los buques ingleses, franceses y
holandeses, por primera vez en muchos años pusieron en fuga a los de España.
Este esplendor y exuberancia de poder al cual siguió la decadencia, coincidió
con una altísima expresión cultural como no se ha vuelto a dar en España. Todas
las ciencias y las artes cobraron un impulso extraordinario. Nombres ilustres en
las letras, en el arte y en el pensamiento se reunieron para aportar conceptos y
formas originales.
La reunión de estos hombres y su obra ha dado origen a la
expresión "Siglo de Oro", aunque el lapso de tiempo que duró este auténtico
renacimiento español casi alcanzara los doscientos años. Cuando la decadencia
política era manifiesta y las dificultades sociales y económicas graves, aún
continuaba en el campo del pensamiento y del arte el movimiento ascensional que
no cesó, prácticamente, hasta el siglo XVIII. La influencia que este movimiento
tuvo en el resto de Europa fue considerable.
ARQUITECTURA Y ESCULTURA. La catedral de Segovia y la Nueva de
Salamanca fueron construidas durante el siglo XV, y a pesar de ello se
levantaron según las normas del estilo gótico. Éste fue evolucionando y dio
lugar al llamado estilo plateresco, que se caracteriza porque sus formas
generales y trazado de arcos y puertas es netamente gótico, pero al que se le
han añadido un exceso de adornos y elementos accesorios. Por su semejanza a la
labor de los plateros recibió el nombre de plateresco. Las universidades de
Salamanca y Alcalá, así como el Ayuntamiento de Sevilla pertenecen a este estilo
que es de pura transición. Durante el reinado de Carlos I penetró en España el
estilo renacentista. Por esta razón, el césar Carlos mandó construir, según
líneas clásicas, el Alcázar de Toledo y el palacio anexo al de la Alhambra de
Granada.
La lonja de Zaragoza y la catedral de Málaga, debida ésta a Diego de Siloé, pertenecen al mismo gusto. En cambio, Felipe II, uno de los monarcas más
severos y sencillos que ha tenido España, se sintió íntimamente compenetrado con
las ideas de Juan de Herrera (1530-1597) y aprobó con ilusión los planos del
Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. Es sabido que el rey Prudente gustaba
de contemplar cómo se iba levantando la enorme mole de piedra sentado en un
lugar que hoy es conocido con el nombre de "silla de Felipe II". La Plaza Mayor
de Madrid, cerrada por grandes soportales y flanqueada por torres que semejan
las de El Escorial, fue construida según el más puro estilo herreriano. Cuando
el gusto barroco se introdujo en España, pareció que se remozaba el estilo
isabelino y plateresco, si bien con mayor profusión de formas curvas y
opulentas. Su manifestación más típica fue el estilo "churrigueresco", llamado
así por ser debido al arquitecto salmantino José de Churriguera (1650- 1723).
Las torres de la catedral de Salamanca son obra suya, y al mismo estilo
pertenecen la fachada de la catedral de Santiago, el Pilar de Zaragoza y, ya en
el siglo XVIII, la fachada del palacio del marqués de Dos Aguas, y otras.
La
escultura de esta época o tiene un carácter exclusivamente religioso o está al
servicio de la nobleza, y se manifiesta por medio de sepulcros o en la
ornamentación de palacios. Los desnudos y la belleza desenfadada, naturalista y
libre de los renacentistas italianos no encontró eco en España. Alonso Berruguete había sido discípulo de Miguel Angel, a pesar de lo cual sus figuras
muestran la severidad típica de la época de los Austrias. La imaginería
religiosa tuvo sus mejores representantes en Gregorio Hernández, Juan Martínez
Montañés y Alonso Cano. Algunas de sus numerosas esculturas policromadas aún se
muestran al fervor de los creyentes durante las procesiones de la Semana Santa
española. El arte de la orfebrería fue cultivado por Juan de Arfe (1535- 1602),
a quien se debe la maravillosa custodia de la catedral de Toledo, conceptuada
como la más rica de cuantas existen en el mundo. Otras manifestaciones de tipo
artístico entroncadas con la artesanía, como la fabricación de tapices, las
cerámicas, etc., tuvieron en esta época protección real y gran fama, incluso
fuera de España.
EL PENSAMIENTO. El Siglo de Oro en el campo intelectual fue
eminentemente católico. El protestantismo sólo se dio en España en brotes
aislados que la Inquisición y el poder real sofocaron con mano dura y gran
rapidez. Si Felipe II hubiese tenido un hijo protestante, no hubiese dudado en
llevarlo a la hoguera y prender fuego a la pira. Esta intransigencia llevada a
veces hasta la saña, evitó a España las cruentas guerras de religión que
ensangrentaron otros países, pero contribuyó a aumentar la posición de
intolerancia que, a la larga, la mantuvo alejada de Europa. Por esta razón la
filosofía española no fue casi nunca heterodoxa, y aunque se apartó algo del
puro escolasticismo fue tomista en esencia. La Filosofía íntimamente unida a la
Religión dio, en el Concilio de Trento, nombres famosos como Melchor Cano y
Francisco de Soto, domínicos, y Diego Laínez, jesuita. Más avanzado en sus
concepciones y más influido por corrientes renacentistas fue Francisco de
Vitoria, también domínico. Comparable a él fue el jesuita Francisco Suárez,
llamado en su época "Doctor Eximius". Anterior a todos ellos, y claramente
influido por el pensamiento de Erasmo de Rotterdam, vivió el valenciano Luis
Vives (1492-1540) que viajó mucho por Europa y fue profesor en las universidades
de Lovaina y Oxford, residió largo tiempo en Brujas e intervino en el pleito de
separación entre Catalina de Aragón y Enrique VIII de Inglaterra. Vives fue un
gran pedagogo que sentó las bases de la moderna Psicología con sus estudios
sobre la atención. Fue contemporáneo de los Reyes Católicos. Un desarrollo
político tan considerable como tuvo el Imperio Español debía plantear problemas
jurídicos de importancia. De ahí que surgieran figuran notables en el campo del
Derecho, como fueron el P. Vitoria, ya citado, que es el auténtico creador del
Derecho Internacional.
Los malos tratos que recibieron los indígenas de América
preocuparon a fray Bartolomé de las Casas, que protestó ante la Corona, mas a
pesar de sus quejas y las disposiciones reales, los malos tratos continuaron en
tal forma que motivaron la petición de importar negros del Africa a fin de
librar a los indios de la dureza de los colonizadores. Este sacerdote domínico
cruzó catorce veces el Atlántico llevado por el celo de que los indios viviesen
y fuesen tratados como seres humanos. Se ha dicho si las denuncias de fray
Bartolomé fueron exageradas, pero es lo cierto que entre las cédulas y
disposiciones reales respecto al trato de los indios y la conducta de algunos
gobernadores existía un abismo. El llamado hoy "problema social" preocupó en
aquel tiempo a hombres como Ginés de Sepúlveda, Salgado Somoza y Saavedra
Fajardo, éste, notable literato. El historiador más conocido y famoso del Siglo
de Oro fue el P. Juan de Mariana (1537-1624), pero su Historia de España no es
una obra de investigación erudita, cosa que el autor tampoco se propuso, sino un
relato en el cual incluso inventa discursos o frases que imagina pudieron
pronunciar los personajes famosos. En otra de sus obras, De rege et regis
institutione, se pregunta si es lícito matar al tirano, y contesta
afirmativamente coincidiendo con la atrevida tesis que también sustentaba el P.
Vitoria.
Los historiadores fueron numerosos y entre ellos se debe mencionar a
Florián de Ocampo y Jerónimo de Zurita, autor éste de los Anales de Aragón, que
escribió en forma mucho más objetiva e imparcial que el P. Mariana. Francisco de
Moncada narró las hazañas de los aragoneses y catalanes en Oriente basándose en
testimonios y crónicas de la época. Diego Hurtado de Mendoza hizo lo mismo con
la guerra de los moriscos de Granada, y Francisco Manuel de Melo historió la
guerra de Cataluña. Saavedra Fajardo (1584-1648) fue un pensador más que un
historiador. Vivió en tiempo de Felipe IV, y en sus Empresas políticas realiza
un verdadero ensayo sobre las cualidades que ha de reunir un buen gobernante.
Los que vivieron las grandes hazañas de la conquista de América dejaron buen
número de tratados, como las Cartas de Relaciones, de Hernán Cortés, aunque son
más interesantes las narraciones del soldado Bernal Díaz del Castillo, que
acompañó al conquistador de México.
El inca Garcilaso escribió la Historia de la
Florida; Antonio de Solís, La conquista de México; López de Gomara, Historia
general de las Indias, etcétera. Tantos viajes y descubrimientos dieron un
impulso extraordinario a la Geografía. El procedimiento o sistema de proyección
llamado de Mercator fue ideado primeramente por un español: García Torreno. El
primer mapamundi fue dibujado por el navegante y piloto Juan de la Cosa, el
primer atlas por García Céspedes, los primeros intentos de medir longitudes se
deben a Alonso de Santa Cruz, y fueron los españoles quienes intentaron abrir el
canal de Panamá ya a raíz del descubrimiento del Pacífico. Durante estos dos
siglos, XVI y XVII, el Atlántico fue surcado preferentemente por naves
españolas, que fueron también las primeras en iniciar la ruta del Asia a partir
de las costas americanas del Pacífico. Este auge cultural en todos sentidos fue
preparado por las Universidades españolas, que en el siglo XVI tuvieron fama
internacional.
Salamanca llegó a contar con unos 8.000 alumnos. No siempre la grey estudiantil estuvo a la altura de sus maestros, ni esta proliferación de
hijos de señores o de nobles que se entregaron a los estudios lo hicieron con
verdaderos deseos de contribuir a la cultura patria. Al lado de ellos surgió la
figura del estudiante humilde, tenaz e inteligente, que lograba alcanzar un
puesto notable, pero también el que dio origen a una parte muy considerable de
la "picaresca" y que en El Buscón, de Quevedo, se retrata con una crudeza
impresionante.
El número de centros culturales que se fundaron en este período
fue considerable. La Escuela de Náutica y de Cartografía dependiente de la Casa
de Contratación de Sevilla, que a su vez entendía todo lo que se relacionaba con
América, las Academias de Ciencias y Matemáticas, el Museo de Ciencias
Naturales, el Jardín Botánico de Aranjuez, la Biblioteca de El Escorial, la
Biblioteca Colombina de Sevilla, fundada por Fernando Colón, hijo del
descubridor, el Archivo de Simancas, que actualmente conserva inapreciables
documentos sobre la conquista y la colonización, etcétera.

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