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El hombre volvió a
renacer. La larga y oscura noche de la Edad Media dio paso a una de
las épocas más luminosas de la historia: el Renacimiento. El destino
del hombre medieval, condenado a vivir en un "valle de lágrimas",
conoció a mediados del siglo XV un nuevo camino de esperanza. La
vida florecía, dejaba atrás los temores atávicos, se liberaba de los
miedos que esclavizaron los cuerpos y las mentes. Fue un periodo
irrepetible. Se asistió a una eclosión del arte y la cultura. Las
ciudades embellecieron. El mundo se convirtió, por fin, en un lugar
habitable. Dios ya no era el centro del mundo. El hombre se había
hecho con las riendas de su propio destino.
Se conoce con el
nombre de Prerrenacimiento al movimiento cultural que tuvo lugar en
Europa en el siglo XIV, como consecuencia del cambio de cosmovisión
del hombre y como anticipo de la profunda transformación que se
produjo en el siglo siguiente, debido al despertar de las artes, de
las letras y de las ciencias, inspirado en los testimonios de la
antigüedad clásica.
En síntesis, el
Prerrenacimiento constituye una transición entre las manifestaciones
culturales de la Edad Media, sustentadas en una concepción
teocéntrica, y las nuevas expresiones surgidas en la Edad
Moderna, basadas en la cosmovisión antropocéntrica.
En el campo de la literatura, Petrarca fue en gran parte responsable
del surgimiento del humanismo, una escuela de pensamiento que
aseguraba que el ser humano era intrínsecamente bueno, en oposición
a la Iglesia, que lo concebía como un pecador que debe ser redimido.
Otras plumas ilustres fueron Dante, autor de La divina comedia,
y Boccaccio, cuyo Decamerón
inspiró muchos relatos de
Shakespeare.
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