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«Con el establecimiento en
nuestro continente, se desarrolló un tipo de hombre “viril”, al cual, la
constante necesidad de afrontar situaciones siempre diversas ha dotado de
rápidos reflejos y cuyas facciones, forjadas por las privaciones y marcadas
por los fuertes vientos de la montaña y de la llanura, han asumido con el
tiempo los rasgos del águila. Es el tipo de hombre americano.»
Son
palabras que expresan, en términos grandilocuentes, el mito del hombre americano
y el impulso que anima a todo este pueblo, induciéndolo a realizar empresas de
gran envergadura. La magnitud de la obra y, en consecuencia, el grave compromiso
que significaba y los sacrificios que requería a miles de hombres (aparte,
evidentemente, de una seguridad sobre las ventajas que se obtendrían a largo
plazo) iban a constituir una prueba tangible del valor de los mitos.

Ubicada en Nevada, Estados Unidos,
la presa comenzó a ser construía en 1931. Enteramente hecha de hormigón, para la
misma debieron estrenarse varias innovaciones tecnológicas. De hecho, hasta poco
después de terminada, los ingenieros que participaron en la misma no tenían una
clara idea si la misma soportaría su propia masa, o en qué medida el hormigón se
retraería, ya que su dimensión superaba con creces a cualquier estructura
previa.
A
finales de la década de los años veinte, los problemas fundamentales que se
planteaban en la zona meridional de la cuenca del Colorado, 650 Km. al norte de
la frontera mexicana, podían resumirse en la práctica, a dos: utilizar el agua
excedente de los períodos de crecida del río para irrigar el valle del Arizona y
del sur de California y encauzar el lecho del mismo río, canalizando su curso y
evitando el exceso de sedimentos.
La
solución podía consistir en crear una enorme presa, la cual, para satisfacer
tantas necesidades, tenía que ser la más alta del mundo: 222 metros desde la
base a la cima. La presa, que los ingenieros proponían construir no lejos de la
ciudad de Las Vegas, debería crear las necesarias reservas de agua, permitir el
encauzamiento del río y producir energía por más de un millón de kilovatios hora
al año.
En un
principio, el proyecto encontró mucha oposición por motivos de carácter técnico
y económico; no obstante, el comité responsable de la construcción decidió
proceder a los trabajos de sondeo geológico, que revelaron que la estructura del
terreno era buena. Elegida la zona más favorable para el establecimiento de la
presa, en la oficina central del comité de Denver se dio vía libre al proyecto,
con el beneplácito de Washington, que veía en la realización de la obra una
medida de contención parcial del paro, problema número uno a principios de los
años treinta.
El
día 11 de marzo de 1931 se firmó el contrato de arrendamiento a seis empresas
constructoras para la creación de la Hoover Dam. Estas empresas, conocidas como
las “seis grandes”, merecen ser citadas: la Utah Construction Co., la Pacific
Bridge Co., la Henry J. Kaiser y W. A. Bechtel Co., la McDonald & Kahn Co._Ltd.,
la Morrison Knudsen Co. y la J. F. Shea Co., todas ellas nombres de primera
fila en la industria americana.
Pero
antes de dar comienzo a los trabajos sobre el terreno había que resolver no sólo
la cuestión del transporte de materiales, sino también la organización de las
plantillas de obreros, que se encontrarían en una zona situada en pleno
desierto, aún más inhóspita por el hecho de que la construcción de la presa
debía iniciarse a 224 metros bajo el borde del cañón. El problema de los
transportes era primordial; la Unión Pacific Railroad proyectó una línea
férrea desde Las Vegas hasta un lugar próximo a las obras.
En
una segunda etapa se construirían comercios, depósitos, almacenes. El cañón
tenía que estar comunicado a través de puentes aéreos, y la energía eléctrica
necesaria para el desarrollo de los trabajos se haría llegar de San Bernardino,
en California, a través de 410 Km. de desierto. En cuanto al problema de
alojamientos, se trataba de dar casa a plantillas de obreros contratados en todo
el territorio nacional, que además no podían alojarse en las inmediaciones de la
presa, pues allí la temperatura se elevaba por encima de los límites
soportables.
Después de estudios sobre el clima y sobre las condiciones del suelo, el comité
llegó al acuerdo de elegir como asentamiento una altiplanicie a 12 Km. de la
presa, hacia el sudoeste. Nació así la Boulder City, que con sus calles,
casas, escuelas, iglesias, mercados y parques, se convirtió en un verdadero
oasis en medio del desierto. No menos aparatoso y complicado fue el
aprovisionamiento de los materiales necesarios, en cantidades jamás vistas hasta
entonces para una sola empresa. Y a todo ello, a pesar del elevado número de
parados existente a causa de la “gran depresión”, la contratación de las
plantillas -5.218 trabajadores- presentó serias dificultades.
Durante una primera etapa, el plan general del proyecto preveía la creación de
cuatro túneles a través de las paredes del cañón, en torno al lugar donde
surgiría la presa, para desviar el curso del Colorado. Al mismo tiempo, había
que hacer los diques para interceptar las aguas más arriba de donde se
efectuaban las obras, mientras que, en una segunda fase, se pondrían los
cimientos; finalmente se procedería a la construcción de la presa y de la
central hidroeléctrica.
Era
también necesario construir dos diques provisionales: uno, por encima de la
presa, tras la entrada de los túneles; otro, más abajo de la misma, pero antes
de la salida de los túneles. De esta forma sería posible secar la zona de
construcción y echar los cimientos en el fondo rocoso del cañón. Los túneles
servirían más tarde para otras finalidades, a partir del momento en que su
primitiva función, o sea la de desviar el Colorado, ya no tuviera razón de ser.
Se preveía que los dos túneles externos se convirtieran, a continuación, en
gigantescos canales de descarga, mientras que los dos interiores se bloquearían
con esclusas, pudiéndose así conducir las aguas desde las torres de entrada al
depósito de la central o al de las válvulas de descarga bajo la presa.
Los
trabajos empezaron en junio de 1931: cada uno de los cuatro túneles tiene un
diámetro de más de 17 metros, con un revestimiento de cemento de casi un metro,
y su longitud total es, aproximadamente, de 5 km. Una presa provisional de
tierra y roca lo bastante alta para bloquear el canal y llevar el agua a
través de los túneles. : construida a través del río y llevada a término en
veinticuatro horas. Al mismo tiempo, más arriba de la presa, se construía otro
dique, casi a la salida de los túnel, para impedir el reflujo del agua en la
zona de construcción.
El
Colorado fue así desviado, y las obras se realizaron rápidamente mediante
el empleo de medios técnicas modernísimos para la época: potentes excavadoras,
grúas-orugas y otras máquinas para sacar el fango y los sedimentos fondo
del canal; en poco tiempo se llegó a la roca. Las paredes del cañón fueron
después rascadas y apuntaladas para impedir posibles desmoronamientos.
El
mayor obstáculo con que se enfrenaron los ingenieros fue el de asegurarse i
conducción de acero para las esclusas. Se necesitaban tuberías de 7,62 cm. de
espesor, imposibles de transportar con los medios normales. Por ello fue
necesario fabricarlas en el mismo lugar de trabajo haciendo llegar planchas
construidas a propósito (y transportables) y creando allí mismo talleres con
prensas, rodillos compresores, herramientas eléctricas para las soldaduras e
instalaciones de rayos X para su control.
Mediante potentes remolques y tractores, los distintos elementos de las tuberías
fueron arrastrados hasta el túnel de las esclusas y puestas en funcionamiento
mediante operaciones complejas y delicadas. Cuando las obras llegaron a una fase
suficientemente avanzad a, se empezó a construir la entrada de los dos túneles
interiores y a colocar una esclusa de acero a la salida de los exteriores.
Entonces, en la cuenca de la presa, las aguas del lago Mead empezaron a subir y
cuando alcanzaron la base de la torre de entrada —a 79 metros sobre el lecho del
río— se cerró la boca del túnel exterior de desviación.
En
marzo del año 1935, la construcción de la presa se dio por terminada.
Naturalmente, se llegó a la altura prevista; para ser más preciso, se alcanzaron
los 222,15 metros; el espesor de la base supera los 201 y en la cima es de unos
74. La cuenca formada por la colosal barrera ocupa 42 mil millones de metros
cuadrados.
Uno
de los mayores inconvenientes con que se tropezó en la realización de la presa
fue el del enfriamiento del hormigón, que, considerada la vasta superficie de la
obra, habría necesitado más de cien años en desprender el calor generado por la
solidificación del cemento. Eso se solucionó enfriándolo con agua helada, que se
introducía a través de cañerías.
La
importancia de la Hoover Dam no estriba sólo en sus dimensiones excepcionales,
que la sitúan entre las dieciséis presas de hormigón más grandes del mundo, ni
en su alto valor como obra de ingeniería, sino también, y por encima de todo, en
los previstos beneficios que toda la región del bajo Colorado (y no sólo ella)
obtiene de su realización.
En
primer lugar se ha conseguido controlar eficazmente las crecidas del río. Las
aguas del Colorado, en otro tiempo fangosas y que periódicamente asolaban con
sus crecidas las tierras y poblaciones de Nevada y de Arizona, río abajo de la
Hoover Dam. se recogen ahora en el lago Mead; esta gran cuenca ofrece, además,
una considerable ventaja económica al constituir una reserva estable para la
irrigación. De este modo unas 800.000 hectáreas de terreno fértil en los valles
del bajo Colorado pueden ser destinadas, a pesar de lo caluroso del clima, al
cultivo de verdura y de fruta, hasta el punto de poder satisfacer las
necesidades de todo el resto de la nación.
La
presa ha resuelto, asimismo, el aprovisionamiento de agua para usos domésticos e
industriales: California del Sur es una región semiárida que siempre encontró
serios obstáculos en su desarrollo económico por la grave carencia de recursos
hídricos; incluso después de la construcción de diversos acueductos para
transportar el agua desde Sierra Nevada, la única solución decisiva fue la de
explotar el río Colorado. A lo largo de los años siguientes las necesidades de
trece grandes ciudades, entre ellas Los Ángeles, y más de ciento cincuenta
poblaciones menores pudieron ser satisfechas gracias a los 13.000 millones de
metros cúbicos de agua aportados por el río.
Por
otra parte, esta gran presa ha permitido eliminar cientos de miles de toneladas
de sedimentos, que no sólo impedían las obras de desviación del Colorado sino
que también obstruían canales y zanjas de todas aquellas gentes que, por
diversos motivos, intentaban utilizar sus aguas. La acción co1nbinada de la
Hoover Dam y de otras presas, esparcidas a lo largo del curso del río en épocas
sucesivas, hasta 1947, contribuye a que el depósito de sedimentos se realice sin
perjuicio de nadie. Y de esta consecuencia positiva se deriva otra: la
navegación por el Colorado, que, considerada desde siempre posible en teoría
pero extraordinariamente difícil y peligrosa en la práctica, es hoy posible y
completamente segura.
Pero
la lista de ventajas no termina aquí. Una vez reverdecido y hecho más agradable
el medio ambiente, tras su irrigación, se ha favorecido el desarrollo turístico
con la creación de un parque nacional que comprende todos los terrenos que se
extienden en tomo al lago Mead y las orillas del Colorado. Gracias a las
favorables condiciones climáticas, en este parque se desarrollan actividades
recreativas de todo tipo: natación, pesca, esquí acuático, piragüismo, vela,
etc. Lógicamente, de ello han derivado incluso beneficios concretos en favor de
la protección del medio ambiente.
Mas, sin duda, la mayor ventaja (por lo menos a nivel económico) que se
desprende de la construcción de la Hoover Dam ha sido la producción de energía a
bajo coste. La central hidroeléctrica es un complejo en forma de U construido en
acero y reforzado con hormigón.
Sus
alas se extienden a lo largo de 250 metros y su capacidad de producción pasa de
1.345.000 kilovatios hora. Después de analizar los muy altos costes de su
realización, fueron precisamente las previsiones sobre su utilidad las que
llevaron a buen puerto el proyecto de la Hoover Dam. La energía así producida
alimenta las ciudades meridionales California y de Nevada, una parte de Arizona
y numerosos centros industriales situados a lo largo de la costa del Pacífico;
además permitido el desarrollo de las industrias mineras de California y de
Nevada.
Finalmente, aunque es deber de la expresar algunas reservas sobre el aparato
externo, por así decirlo, de la construcción nadie puede negar que la presa
causa profunda emoción el observador, precisamente porque es también un
monumento a una fe más que justificada. “They died to make the desert
bloom”, o sea, “han muerto para hacer florecer el desierto”, recuerda
a lápida en memoria de los noventa y seis hombres que murieron durante la
construcción de la Hooyer Dam. No podía expresarse mejor lo que el progreso
significa para un pueblo civilizado.
Fuente Consultada:
Enciclopedia de las Maravillas del Mundo Tomo II -
Atlas de la Historia del Mundo Tomo IV
-
La Historia de la Humanidad
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