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La
Sociedad Popular Restauradora: Esta institución fue creada a fines de 1833 por
los partidarios de Rosas con el objeto de canalizar la acción política de los
“federales netos”. Conocida popularmente con el nombre de Mazorca, habría de
convertirse en un grupo de choque con efectos cada vez más intimidatorios contra
los opositores Los mazorqueros —cuya acción se prolongó a lo largo del segundo
gobierno de Rosas— no vacilaron en recurrir a la violencia para conseguir sus
objetivos intimidatorios y suprimir la oposición.
A
medida que pasaban los años, y sobre todo durante el segundo gobierno de Rosas,
se endureció la política contra la oposición pero, en términos más generales,
también se reforzó un rígido control sobre las costumbres y los hábitos de la
sociedad. La Sociedad Popular Restauradora —grupo político formado a instancias
de Encarnación Ezcurra— y su grupo de choque “la Mazorca"
asolaban las calles porteñas.
La Mazorca no sólo eliminaba físicamente al
enemigo, sino que lo hacía de manera pública, generalmente en las plazas, para
dar ejemplo al resto de la sociedad. Paralelamente, se exigía a la población que
demostrara su adhesión al régimen pública y activamente: por ejemplo, se hizo
obligatorio el uso de una cinta colorada (la )
sobre la ropa. Esto, junto al culto público a la figura
del gobernador, buscaba hacer efectiva la participación política de la
población, siempre y cuando fuera en apoyo de Rosas.
Viamonte, impotente frente al giro de los acontecimientos,
presentó su renuncia. En esos momentos Rosas terminaba brillantemente su campaña
contra los indios y la ciudad lo recibía consagrándolo “héroe del desierto”. Era
el hombre señalado para ocupar el puesto vacante.
La Legislatura insistió en su
nombramiento cuatro veces, sin que éste aceptara. Ante sus reiteradas negativas
surgieron los nombres de Tomás y Nicolás Anchorena,
Juan Nepomuceno Terrero y Ángel Pacheco, todos incondicionales de don Juan
Manuel, pero ninguno aceptó el puesto. Por último, la Sala de Representantes,
sin haber encontrado un candidato, resolvió designar como gobernar.
Rosas y la Iglesia:
Rosas contó con el apoyo de la Iglesia y fue proclamado defensor de
la religión católica. Permitió el regreso de los jesuitas a Buenos Aires y dio
un fuerte impulso a la educación religiosa.
Como tantos otros aspectos de la
vida cotidiana, también la religión se politizó Una amenaza para el gobernador
fue el escándalo que se originó cuando la hija de una importante familia
patricia porteña, Camila O’Gorman, se enamoré del sacerdote Ladislao Gutiérrez y
huyeron juntos. Su posición defensora de la fe católica condujo a Rosas a buscar
a los fugitivos para, luego, fusilarlos en 1848. (foto de Camila)
Símbolos de la Confederación:
El
régimen rosista fue particularmente
afecto al uso de una profusa simbología que exaltaba al
federalismo en general y al Restaurador en particular.
No sólo se hizo absolutamente obligatorio
el uso de la cintilla punzó (no exhibirla podía ser castigado con la muerte)
sino fue la imagen de Rosas ocupó un Fugar de privilegio incluso en ¡os
altares.
Por lo
general, esta simbología era sumamente agresiva y, al tiempo que celebraba el
carácter sagrado de la
Confederación, amenazaba de muerte a los “salvajes unitarios”. El
color característico de
la Confederación fue, justamente, el
rojo punzó, color que se puso de
moda aun para las vestimentas usadas en las celebraciones
privadas. En cambio, el celeste,
color de los unitarios, prácticamente fue dejado en desuso.
Fuente Consultada: Historia Argentina
y El Mundo Contemporáneo Editorial AIQUE -
La Nación Argentina Historia 3 Editorial Kapelusz
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