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FASE II DE LA REVOLUCIÓN
INDUSTRIAL: BASES ECONÓMICAS:
Durante la primera mitad del siglo XIX, la revolución industrial se fue
desarrollando en los países europeos económicamente más fuertes, siguiendo de
cerca la iniciativa que Inglaterra tomó tempranamente. La evolución de la vida
económica de los países industrializados, durante el siglo XIX, nos muestra
claramente lo que podríamos denominar, de forma muy gráfica, el constante
interés de cada uno en convertirse en una gigantesca fábrica, que necesitara
abrir sus puertas a los productos primarios provenientes de todo el mundo.
Al no
existir ya grandes baches en el rendimiento de la actividad industrial, se
desencadenarían enormes modificaciones en las estructuras económicas. La gran
actividad industrial del siglo XIX nos muestra que en el último tercio de ese
siglo, el continuo crecimiento, a pesar de las fuertes crisis cíclicas, no
conoció prácticamente ningún retroceso. Esta situación posibilitó profundizar en
la división del trabajo y utilizar —debido al constante avance científico y
técnico— máquinas cada vez más complejas, diversas y numerosas que llevaron a un
aumento de la productividad.
Así,
los países que se constituyeron en núcleos industriales importantes se irían
perfilando como grandes potencias frente a países apenas, o en
absoluto,
industrializados, provocando situaciones de total dependencia económica a nivel
internacional. Por ejemplo, un país industrial de primer orden como Inglaterra,
pero escasa en tierras, obtendría un volumen de productos agrícolas y de
materias primas importadas estalle o idéntico al volumen que podría extraer por
sí misma. El pago de estas importaciones lo haría vendiendo a los países
escasamente desarrollados manufacturas industriales. Inglaterra, sobradamente
abastecida, podría romper ya todas las barreras al comercio exterior, en
condiciones mucho más favorables que El resto de los países. Si, al mismo
tiempo, consideramos que el avance en los medios de transporte agilizó y abarató
las importaciones, comprenderemos el descenso en el precio de las materias
primas, lo cual reforzó la posición competitiva de Inglaterra. En la segunda
mitad del siglo XIX, las dos terceras partes de las manufacturas que circulaban
en el mercado internacional eran de origen inglés.
EL MERCADO MUNDIAL Y LA DIVISIÓN
INTERNACIONAL DEL TRABAJO
En el
último tercio del siglo XIX se consolidaron un esquema de división internacional
del trabajo y un sistema de economía mundial. Toda actividad económica mundial
se basaba en relaciones de interdependencia.
Para
comprender mejor la culminación de dicho proceso, es necesario tener en cuenta
algunas características:
a) La
elevación de la tasa de crecimiento económico de muchos países que integran este
sistema económico mundial. Esto se comprueba en los países que se beneficiaron
de un rápido progreso tecnológico, en aquellos que supieron utilizar más
racionalmente sus recursos naturales. Al acelerarse el ritmo de crecimiento de
la producción de bienes y servicios, se podría llegar a duplicar en el lapso de
una generación el poder de compra de la comunidad.
b) La
tasa de crecimiento de la población se elevó considerablemente debido a la
urbanización, a una mayor eficacia en los servicios públicos y al aumento de los
salarios reales. También hay que considerar los importantes avances de la
ciencia médica que prolongaron las expectativas de vida, lo cual tendría
interesantes repercusiones, tanto en el plano individual como en el social. La
reducción de la mortalidad, provocada por el descubrimiento de nuevas vacunas
contra enfermedades epidémicas, aseguró cierta estabilidad de la población de
países subdesarrollados. Esta estabilización mantuvo una demanda de
exportaciones manufacturadas y un abastecimiento regularizado de mano de obra,
en numerosos enclaves recónditos que entonces se sumaron al gigantesco tinglado
del mercado mundial.
c)
Una rápida expansión de los conocimientos técnicos relacionados con la
producción. Esto fue únicamente importante si tenemos en cuenta que en la época
preindustrial las técnicas de producción habían sido el resultado de una lenta
acumulación de conocimientos empíricos, cuya transmisión se hacía, por regla
general, de generación en generación, a través del aprendizaje en el trabajo. La
actividad productiva “nacía de sí misma”, así como una generación nace de la
anterior. Ahora, en la segunda etapa de la revolución industrial, el bagaje
tecnológico y perfeccionado a lo largo de todo el proceso (le industrialización
precedente se transmitía por una simple operación comercial. En este sentido es
fácil comprender que todo un sector productivo en potencia podía transformarse,
ser realmente explotado e industrializarse con una rapidez que antes sería
inconcebible.
d) La
rápida exportación de capitales, debida fundamentalmente a la puesta en marcha
por Inglaterra de una. sustancial modificación en los medios de comunicación,
con base en su industria de equipos de transporte. Una vez que extensas zonas
del planeta se encontraban fácilmente comunicadas, se agilizaría y multiplicaría
el proceso de financiamiento de nuevas industrias. Esto fue decisivo para la
construcción de un sistema económico mundial y de áreas de hegemonía económica y
comercial, que irían germinando y delimitándose entre sí. Países enteros pasaron
a depender completamente de una u otra potencia.
Como
consecuencia de la acción conjugada de estos factores, observamos que la
economía mundial creció considerablemente en el último tercio de siglo. El
comercio mundial se expandió con rapidez cuando las economías de ¡as grandes
potencias se “internacionalizaron”. Al mismo, tiempo se intensificaba la
división internacional del trabajo. Áreas enteras se especializaron en la
explotación de determinarlas materias primas, bajo el control de las potencias
económicamente dominantes. Éstas, al mismo tiempo, organizaron la producción de
manufacturas, según los canales de difusión de la exportación y la demanda de
las zonas dependientes, deficitarias en dichas manufacturas.
Se
dieron en este momento tres puntos de gran importancia para la estructuración de
las relaciones internacionales:
1.
Existencia de lo que llamaremos núcleos de avance en el proceso de
capitalización. Estos núcleos fueron las grandes potencias
industrializadas que concentraron gran parte de la actividad industrial, y casi
la totalidad de la producción de equipos, financiaron las exportaciones
mundiales de bienes de capital, controlaron las infraestructuras de medios de
transporte (ferrocarril, compañías navieras, carreteras y redes fluviales) y
fueron los importado-res de ¡as materias primas.
2.
Formación de un sistema de división internacional del trabajo bajo la hegemonía
de las grandes potencias. El estímulo a la especialización favoreció el rápido
poblamiento de los grandes espacios productivos vacíos de las regiones de
clima templado, así como la articulación de otras áreas del mercado mundial,
mediante la exportación de materias primas.
3.
Creación de una red de transmisión del progreso tecnológico, que se construiría
para apoyar el desarrollo de la división internacional del trabajo, cuya función
es facilitar la exportación de capitales y favorecer la corriente de
exportaciones.
Fuente Consultada: Historia Universal
Gómez Navarro y Otros
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