|
Industrialización en Francia
Un “despegue” del crecimiento no fue lo que caracterizó en el siglo XIX al
desarrollo económico de Francia. Sino al contrario, este evidenció una lenta
transformación de sus técnicas de producción. Por tal motivo podría afirmarse
que el desenvolvimiento industrial francés para nosotros, no será adjetivado
como revolución con su total connotación como concepto. Tal es así, que a lo
largo del siglo XIX, la economía francesa se transformo de una manera gradual.
La clave de este proceso está sujeto al desplazamiento progresivo de su centro
de gravedad: la agricultura, hacia el desarrollo de la industria, localizada en
pocas ciudades y principalmente en el norte de este país.
Evolución demográfica
Francia evidenció desde finales del siglo XVIII hasta principios del XX, una
baja de la tasa de natalidad mucho más marcada que en otros países, comprobada a
través de su evolución demográfica. En cambio, la tasa de mortalidad disminuyó
mucho menos rápidamente. Esta doble tendencia tenía como objetivo frenar el
crecimiento de la población francesa. Tal es así que podemos observar diferentes
etapas pertenecientes a esta directriz:
1800-1810 La diferencia entre las tasas de natalidad y mortandad era de 5.4 por
ciento.
1850 Descenso hasta 4 por ciento (entre ambas tasas).
1913 Oscilación alrededor de 1 por ciento.
Una caída absoluta fue la finalización de este proceso en el período de
entreguerras. A tal punto que de una manera alarmante en el siglo XIX, Francia
logra reducir su tasa de natalidad. Por lo que se tradujo además, en un aumento
cada vez más débil de la población. No obstante, el resultado que arrojó este
crecimiento neto fue un alargamiento de la longevidad. En consecuencia, Francia
evidenció un proceso que se conoce como “envejecimiento demográfico o de la
población”.
Para comprender el proceso de industrialización en Francia, no existió el factor
determinante de la presión demográfica. Esto es contrariamente a lo que sucedió
en Inglaterra, por lo que se puede afirmar entonces, que la ausencia de esta
presión redujo en gran medida la demanda global y por lo tanto también frenó los
ritmos del desarrollo industrial.
Desarrollo agrícola
El progreso real de Francia se caracterizó por un largo retraso en las reformas
técnicas y estructurales. Tal es así que cuestiones fundamentales al respecto
dieron su inicio, estas son cinco en total:
1-Quienes fueron los únicos que invirtieron durante mucho tiempo en el campo,
fue el campesinado a pesar de sus escasos recursos. Sin embargo, sobre ellos
recaían los impuestos del régimen señorial y del fisco real. La nobleza es quien
canalizaba estos volúmenes económicos en inversiones costosas.
2-La
estructura de la propiedad de la tierra no fue modificada sustancialmente tras
la revolución burguesa de 1789; sino que se reforzó las pequeñas y medianas
propiedades a través de la venta de los bienes nacionales. A tal punto que sin
una articulación posible, se dio una coexistencia de latifundio, mediana y
pequeña propiedad.
3-El
restablecimiento del derecho de primogenitura fue boicoteado por la oposición en
el Parlamento, en 1826, bajo la Restauración. Por lo tanto, quien sufrió una
parcelación desfavorable al progreso técnico fue la propiedad agrícola, tras la
continuación del reparto de tierras por herencia. Por el contrario que los
terratenientes británicos, sus pares franceses no mostraron el mismo interés
hacia los nuevos métodos de producción.
4-En
cuanto al sistema de arrendamientos, no se produjo modificaciones sustánciales.
Solamente hubo una venta de propiedades en forma de pequeños lotes de tierras,
incluso dentro de las grandes propiedades, por parte de los terratenientes, es
decir de la aristocracia o de la gran burguesía. El objetivo de este hecho fue
impedir que obtengan elevados rendimientos, por parte de las posibles grandes
extensiones.
5-El
siglo XVIII se había caracterizado por un importante alza de la productividad
agrícola, no supo se aprovechado por Francia. Quien tampoco emprendió los
enclousures, “revolución de los cercados”, como lo promovió Inglaterra.
Etapas del crecimiento agrícola
• 1770-1789. La crisis de superproducción evidenciada durante el último tercio
del siglo XVIII, hizo decaer la tendencia alcista registrada regularmente guante
ese mismo siglo. Tal es así que esta crisis, produjo la ruina de pequeños y
medianos propietarios vitivinícolas y cerealistas, tras el descenso de sus
precios, es decir el del vino y por lo tanto el de los cereales. Quien disparó
repentinamente los precios, fue la helada prematura del verano
prerrevolucionario. Dependiente del crecimiento agrícola, la industria francesa
sufriría finalmente estos colapsos. Así “convaleciente”, sería el diagnóstico de
la situación agrícola, resultante a finales de este siglo.
• El
perfeccionamiento de las herramientas y maquinarias, el empleo de abonos y la
preparación de suelos, junto al aumento de las superficies de tierra de cultivo
y el desarrollo de los medios de transporte; provocó desde principios del siglo
XIX hasta 1864, un rápido crecimiento de la producción.
•
1870-1900. Se manifestó una fase de crecimiento lento. La competencia de los
países de ultramar y las guerras del Segundo Imperio pueden considerarse las
causas fundamentales de este fenómeno.
• De
principios del siglo XX a 1914. Volvió a aumentar la productividad agrícola,
aunque el estallido de la Primera Guerra Mundial cortó esa tendencia.
Comienzos de la industrialización en Francia
El conjunto de factores que favorecieron el desarrollo industrial francés
durante el siglo XIX tuvo su origen en las reformas revolucionarias, en ¡os
órdenes institucional y político que se sucedieron a la caída del Antiguo
Régimen; lo cual podríamos denominar “precondiciones” del desarrollo.
La revolución burguesa de 1789 liquidé el feudalismo y abolió la servidumbre. La
ley de marzo de 1791 sepulté definitivamente el régimen gremial de ¡as
corporaciones de oficio, que paralizaba la iniciativa privada y llegaría a ser
el blanco donde concentraría la ira de todo adepto a las teorías del
librecambismo.
Por
otra parte, se realizó toda una reorganización territorial de la geografía
francesa. Las antiguas provincias fueron sustituidas por nuevas demarcaciones,
que Napoleón acabó de ordenar en el marco de una estrecha centralización
administrativa. Se suprimieron las aduanas interiores entre ¡as provincias.
Hombres, mercancías y capitales lograron desplazarse libremente. El espacio
geográfico francés se convirtió en un mercado único, protegido por un elevado
arancel exterior.
En
1790 la Asamblea adopté el sistema métrico, mucho más simple que el antiguo
sistema de pesas y medidas, lo cual favoreció notablemente los intercambios.
Tanto la Convención como el Directorio darían un fuerte impulso a la creación de
instituciones dedicadas al estudio y a las investigaciones científicas.
A mediados del siglo XIX, estas iniciativas ofrecían ya claros resultados con
Saint Simon y sus seguidores, cuyas teorías sobre la industrialización y el
desarrollo de las técnicas financieras, así como la reorganización de los
transportes (las vías fluviales del norte comunicarían los focos de
concentración industrial, junto con el ferrocarril), darían como resultado una
organización económica más funcional.
• Hubo factores desfavorables que convergieron contrariamente en el desarrollo
industrial de Francia.
Francia carecía de importantes recursos de carbón y de mineral de hierro, lo
cual provocó que, finales del siglo XIX, el 53.5 por ciento de las importaciones
francesas de mercancías fueran materias primas necesarias para la industria. Era
el único país industrial que necesitaba importar carbón.
El ahorro y la inversión
En el siglo XIX no era escaso el capital, pero su ahorro no fue suficientemente
productivo. Si bici existió atesoramiento, el ahorro francés se canalizó, en mas
de la mitad, hacia la inversión en el extranjero, y el préstamo al Estado estuvo
económicamente mal dirigido. El Estado bien pudo haber empleado este ahorro para
fines productivos, aunque normalmente lo dirigió hacia el financiamiento de su
déficit presupuestario.
El proteccionismo
El panorama económico general del siglo XIX francés sufrió el peso del ideario “colbertista”,
defensor a ultranza de un Estado obsesionado por el control y la defensa de la
economía nacional, frente a la competencia extranjera. A largo plazo, la
política proteccionista arrojaría piedras contra su propio tejado, cuando
surtieron efecto sus aspectos más negativos: el freno a la difusión de nueva
técnicas, al recelar de cualquier “hipoteca nacional”, que pudiera suponer un
alto grado de dependencia tecnológica y, por otra parte, en un contexto
económico internacional, tendente al librecambismo, cualquier actitud de
prolongado proteccionismo inhibiría el crecimiento interior. Algunos casos
concretos resultaron altamente demostrativos: los derechos de aduanas impuestos
sobre el carbón y las materias primas aumentaron los costos de producción o
evitaron el desarrollo de la obtención de hierro mediante coque.
Inestabilidad política
Francia padeció, a lo largo del siglo XIX, más sacudidas políticas que la mayor
parte de los países industrializados: las revoluciones de 1830 y 1848, el
conflicto de Crimea de 1854-1856 y la guerra de 1870. Al fin y al cabo, estos
hechos supusieron una sangría periódica de hombres y recursos, que hay que sumar
al conjunto de factores que retrasaron el progreso económico francés.
La industria textil y la industria del hierro en Francia, como es el caso
inglés, fueron las primeras en dar el salto hacia adelante en el proceso que va
de una economía artesanal a una economía
Industria textil
Hacia mediados del siglo XVIII existía en Francia una industria textil rural.
Los talleres dispersos de carácter familiar trabajaban el lino y el algodón a
domicilio. En algunos casos, los trabajadores se asociaban bajo la tutela de un
comerciante que proporcionaba las materias primas. Esta estampa de hiladuras y
manufacturas “de aldea” se mantuvo por generaciones, hasta el momento en que el
comerciante-abastecedor, enriquecido por el auge del mercantilismo, comenzó a
importar máquinas y a construir fábricas.
Desafiando las fuertes tendencias proteccionistas del Estado del Antiguo
Régimen, estos comerciantes viajaron a Inglaterra, visitaron talleres
británicos, se empaparon en nuevas técnicas gracias a las abundantes revistas
especializadas y, bien por simples licencias obtenidas de las autoridades
inglesas, o por la política del contrabando, iniciaron una corriente de
suministro de material técnico, combinándola con una amplia red de espionaje
económico. Los empresarios ingleses y sus expertos técnicos viajaron a Francia
atraídos por la perspectiva de aumentar sus beneficios.
John
Kay, en 1747, instaló en París la primera lanzadera volante. El gobierno francés
se vio obligado a reconocer el talento y la iniciativa de Kay. Sus complicados
artefactos comenzaron a funcionar en los centros textiles de Normandía.
La
industria textil del norte y las fábricas de pana de Ruán comenzaron a
desarrollarse a mediados del siglo XVIII con maquinaria y mano de obra inglesas,
bajo la tutela y, a la vez, el recelo terno de París, presionado por las
ilusiones de la iniciativa privada.
La
energía hidráulica y la de vapor instaladas por primera vez en Alsacia, en 1830,
ya se concentraban en cerca de dieciocho mil telares hidráulicos o de vapor.
En
Calais y Boloña, a principios del siglo XIX, comenzó una fase decisiva en la
fabricación de encajes bajo el asesoramiento, en sus inicios, de mano de obra
inglesa calificada.
En conjunto, concluimos que Francia supo aprovecharse de las técnicas de
producción textil de Inglaterra. Sin embargo, el desarrollo de la industria
textil fue mucho más lento. Lo mismo ocurrió en los restantes sectores
industriales.
La industria siderúrgica
Con respecto a Alemania y a Inglaterra, Francia llevaba un gran retraso en la
producción de hierro, el cual tendía a mitigarse a través de una política
aduanera fuertemente proteccionista. El escaso desarrollo de las vías de
comunicación mitigaba la competencia interior: cada productor tenía su
“monopolio”, reducido a la zona geográfica donde estaba radicada la empresa.
A
partir de la segunda mitad del siglo XVIII se repitió en el campo de la
siderurgia la colaboración franco-inglesa: llegada de tecnología y mano de obra
calificada británicas.
Entre 1760 y 1786 se fundaron varias empresas metalúrgicas y mecánicas. En Saint
Etienne se realizaron las primeras experiencias de producción de hierro con
coque. Los altos hornos de La Creusot fueron construidos con fondos privados y
ayuda financiera estatal, convirtiéndose así en la primera concentración
carbón-mina de hierro.
Sin
embargo, los progresos no fueron realmente sensibles en el campo de la
siderurgia hasta mediados el siglo XIX. Bajo la Restauración se inició en
Francia la fabricación de acero. Con lentitud fue penetrando también la técnica
del crisol.
Hacia
finales del siglo XVIII se introdujo la máquina de vapor, que en un principio no
interesó demasiado a los empresarios franceses. En 1810 la industria francesa
contaba solamente con 200 máquinas de vapor, frente a unas cinco mil que
funcionaban en Gran Bretaña.
Aparte de los factores desfavorables a la industrialización en Francia,
enunciados anteriormente, habría que añadir que el elevado precio del carbón y
de los transportes, la insuficiente calificación de la mano de obra, las
unidades productivas de pequeño tamaño, el espíritu rutinario y, a menudo, la
insuficiencia de los capitales, constituyeron aspectos del desarrollo económico
específico de Francia.
Fuente Consultada: Historia Universal
Gómez Navarro y Otros |