RESUMEN: REVOLUCIÓN MEXICANA

HISTORIA DE DOS LIDERES MEXICANOS: EMILIANO ZAPATA Y PANCHO VILLA

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RESUMEN: REVOLUCIÓN MEXICANA

 

 

 

 

Revolución Mexicana

Emiliano Zapata

Pancho Villa


La Revolución Mexicana, surge como una protesta de tono eminentemente político frente al régimen porfiriano, pero quienes van participando en ella, quienes van haciéndola, le imprimen la huella de sus ideas, de sus intereses, de sus aspiraciones...he aquí su historia

ANTECEDENTES DE LA REVOLUCIÓN DE 1910:
La época de Santa Anna
A comienzos del s.XIX , México tenía unos seis millones de habitantes, de los que unos tres millones eran indígenas. Estos, que habían sido los primeros en luchar por la independencia, eran un grupo despreciado por el régimen. Convertidos en ciudadanos con igualdad jurídica, igual que los criollos, perdieron de repente los privilegios que la corona española les concedía durante la época colonial, sin obtener a cambio ninguna contrapartida. El régimen, basado en el sistema de haciendas, perpetuaba y a veces agravaba la dependencia de los peones y campesinos indígenas respecto a los grandes propietarios.

La aristocracia terrateniente, todopoderosa en esa época, dirigía el país por medio de caudillos, por lo general salidos del ejército. Durante la primera mitad del siglo destaca la figura del criollo López de Santa Anna. La dictadura centralista que ejerció no pudo evitar que México perdiera la mitad de su territorio, en provecho de los Estados Unidos, no sin antes haberla defendido valientemente.

El intermedio liberal
Durante este período se va constituyendo una clase media que se va a convertir en el eje de la vida política. Dicha clase triunfa por medio de Benito Juárez: primero como ministro y después como presidente, Juárez se esforzó, entre 1855 y 1872, por limitar los privilegios, sobre todo del Ejército y de la Iglesia.

En 1857 se promulgó una Constitución que iba en esa línea. Sin embargo, dicha Ley constituyó un fracaso: aunque liquidaron la propiedad eclesiástica, las leyes de expropiación destruyeron también las estructuras de la propiedad comunal y abrieron paso a un incremento enorme de las tierras en manos de los grandes propietarios. Además, la política anticlerical suscitó grandes reacciones en su contra: concretamente tres años de guerra civil, 1859-1861. Ante una situación financiera desastrosa, Juárez no tuvo más remedio que suspender durante dos años el pago de las deudas exteriores de México.

Las potencias extranjeras vieron en esta situación un pretexto para intervenir en México, y así lo hicieron Francia, Inglaterra y España, aunque posteriormente, divididas entre sí, las dos últimas se retiraron de la lucha. Y la resistencia de Juárez, obligó a las tropas francesas a abandonar México en 1866.

México ante su industrialización: A la muerte de Juárez, en 1872, su sucesor Lerdo acentúa el anticlericalismo de su política y decide la separación entre la Iglesia y el Estado, hecho del que se aprovecha el general Porfirio Díaz para reunir a todos los descontentos con el régimen y organizar un levantamiento militar. Su programa de saneamiento financiero, de desgravación fiscal y su política condescendiente con la Iglesia tranquilizan a los grandes propietarios.

Gracias a una llamada permanente a los capitales extranjeros, Díaz va a hacer de México un país industrial, dotado de una infraestructura sólida: en 25 años la red de ferrocarriles pasa de 570 a 24.000 Km. México, país productor de oro, plata y petróleo, se enfrenta al s. XX en el grupo de cabeza de las potencias industriales. La otra cara de la medalla es la dictadura y la represión interior, y el malestar social provocado por un desmesurado crecimiento del poder de los grandes propietarios.

De este modo, las aspiraciones de un régimen más liberal y democrático van creando poco a poco un clima revolucionario que estalla en la guerra civil de 1910-1917.

LA REVOLUCIÓN MEXICANA: El primer gran movimiento político de masas del siglo XX, la Revolución Mexicana, encabezó la historia de América Latina. En 1910, Francisco Ignacio Madero se sublevó contra la dictadura de Porfirio Díaz, bajo cuyo gobierno el tejido social mexicano se había modificado gracias a una incipiente industrialización. Su levantamiento fue seguido en diferentes estados por las masas campesinas -comandadas por Pascual Orozco, Pancho Villa y Emiliano Zapata-, que reclamaban un nuevo reparto de la tierra, dominada por grandes latifundistas partidarios del porfirismo.

Estalla la Revolución la Revolución Mexicana 

EMILIANO ZAPATA RESUMEN: REVOLUCIÓN MEXICANA                   PANCHO VILLA RESUMEN: REVOLUCIÓN MEXICANA

                              Emiliano Zapata                                                     Pancho Villa

La oposición entre los partidarios de Pancho Villa y los de Emiliano Zapata procede de una diferencia estructural entre el norte y el sur de México. Los amigos de Villa esperaban que la reforma agraria deshiciera los inmensos latifundios existentes y los repartiera entre un gran número de pequeños propietarios que establecerían de este modo sus ranchos. Los hombres de Villa eran verdaderos cow-boys vaqueros! que aspiraban a convertirse en rancheros. Como contrapartida, los seguidores de Zapata eran fundamentalmente indios que deseaban recuperar las tierras que habían perdido a raíz de las leves de expropiación y de colonización. Estos indios se hicieron soldados temporalmente para obtener e! derecho de labrar sus propias tierras.


En 1910, Porfirio Díaz se hizo reelegir presidente de México por sexta vez consecutiva. Casi treinta años de un poder siempre en aumento, pero poco renovado en sus hombres y en sus métodos, había desembocado en la paradoja de un presente de fuerza incontestable y, al mismo tiempo, de una inminente debilidad. Nada ni nadie parecía capaz de discutir el Porfiriato, ni menos aún de sustituirlo, pero sobre él se cernía ya la amenaza de su evidente envejecimiento, de la cada día más cercana posibilidad de la muerte del caudillo. Efectivamente, en el momento de la que habría de ser su última reelección, el general Díaz contaba 80 años de edad.

Por todo eso, desde 1904 había surgido en la vida mexicana el problema de quién sustituiría al presidente. Pero Díaz no lo resolvió: la prolongación del tiempo de su próximo período de gobierno de cuatro a seis años, mediatizaba el asunto, no lo liquidaba.

En 1908, ante el periodista norteamericano Creelman, el presidente Díaz, explicándose a sí mismo, se miraba como el último de los hombres necesarios en la historia de México. Su larga permanencia en el poder y la forma rigurosa como casi siempre lo ejerció, habían sido capaces —decía— de operar un cambio esencial en la organización polaca y social del país. Afirmaba haber acortado, hasta casi desaparecerla, la distancia que hubo entre una ley constitucional avanzada y un pueblo sin educación política. Díaz pensaba entonces que su sucesor legítimo, el único posible, debería surgir de la organización de los mexicanos en verdaderos partidos políticos; de la lucha electoral libre y abierta. El pueblo mexicano, dijo en ese entonces Porfirio Díaz, estaba apto para la democracia.

Porfirio Díaz había llegado a la presidencia de México por primera vez en 1876, con la ayuda de las armas. Entre 1880 y 1884 había dejado el gobierno en manos de un amigo fiel, el general Manuel González. Pero Porfirio no concebía otro sucesor que no fuera él mismo: desde 1884 había gobernado sin pausas, reelecto sistemáticamente, en ocho oportunidades. Era el "caudillo indispensable", el general protagonista de "la hazaña militar más grande de la historia", y otras calificaciones elogiosas que proferían los aduladores del régimen.

En 1910 debían llevarse a cabo nuevas elecciones. A pesar de que en 1908 había afirmado lo contrario, Porfirio volvía a ser candidato. La oposición al régimen se nucleó alrededor de Francisco Madero, un político miembro de una familia de terratenientes del estado de Chihuahua, en el norte del país. El programa de Madero se centraba en la reforma política y era apoyado por un heterogéneo conglomerado de fuerzas regionales.

Existían dos corrientes de ideas muy claras. Los voceros de quienes, poseyendo fuerza social y económica, habían carecido hasta ese momento de poder político y esperaban ser los herederos naturales del Porfiriato, postulaban como paso siguiente al del gobierno personal de Díaz y previo al democrático, una especie de oligarquía de corte intelectual y —muy en el estilo de la época— científica. Otros, atenidos a un liberalismo ortodoxo en cuya base estaba la creencia en la capacidad innata de todos los pueblos para la vida democrática, pensaban que el mexicano, ejerciendo su libertad electoral, llevaría al poder a quien debiera y mereciera gobernarlo. En esta última línea de pensamiento estaba un hombre de claras y sostenidas preocupaciones políticas: Francisco I. Madero, quien en 1908 publica un libro: La Sucesión Presidencial en 1910.

En las elecciones (que, por cierto, no fueron limpias) triunfó Porfirio Díaz. En el momento de la elección, Madero se hallaba detenido en una cárcel mexicana. A diferencia de otras circunstancias, la oposición decidió resistir el veredicto. Madero, que había huido de la prisión y se había refugiado en Texas, lanzó un llamado a la insurrección: el Plan de San Luis Potosí.

La rebelión se inició en el norte de México. Desde allí, las tropas conducidas por Pascual Orozco avanzaron hacia el centro de México y derrotaron en varios enfrentamientos al ejército porfirista. En el centro sur surgió también un importante núcleo de resistencia liderado por Emiliano Zapata.

Porfirio Díaz capituló y se exilió en Europa. Madero fue electo presidente y asumió a fines de 1911. El gobierno de Madero carecía de bases firmes: los antiguos porfiristas descontaban de él, los campesinos y sus líderes que habían combatido contra Díaz no veían satisfechos sus reclamos de tierras y participación en el poder político y, desde fines de 1912, el embajador de los Estados Unidos conspiraba abiertamente contra el presidente de México. De este modo, surgieron diversos grupos opositores a Madero, muchos de ellos irreconciliables entre sí. 

Los constitucionalistas A principios de 1913, el general Victoriano Huerta dirigió una rebelión exitosa contra Madero, y se proclamó presidente. Madero y su vicepresidente fueron asesinados. Mientras Huerta se consolidaba en el poder, un conjunto de grupos opositores establecía una alianza, formalmente encabezada por el gobernador del estado de Coahuila, Venustiano Carranza.

Los opositores, unidos bajo el nombre común de constitucionalistas -su principal objetivo era la restauración del orden constitucional-, estaban comprendidos por grupos del norte del país -el propio Carranza, el carismático y audaz Pancho Villa y un importante grupo del estado de Sonora, liderado por Alvaro Obregón- y de otras regiones -donde sobresalían los campesinos del estado de Morelos con su líder Emiliano Zapata-.

Los ejércitos constitucionalistas derrotaron a las tropas de Huerta, que dimitió y partió al exilio en julio de 1914. Los cuatro años de conflictos habían terminado con todo el complejo sistema de pactos y negocios nacionales, regionales y locales establecidos en los largos años del gobierno de Porfirio Díaz.

En su lugar, diversos grupos y caudillos, de base rural, luchaban entre sí para decidir quién iba a gobernar México. Para algunos, como los seguidores de Zapata, el problema principal era otro: la tierra. Su objetivo era el reparto de las tierras a las comunidades campesinas.

Los que habían vencido a Huerta no tardaron en enfrentarse entre sí. Carranza y Obregón fueron los jefes de los triunfadores. Villa y Zapata, los de los derrotados. En 1917 fue sancionada una nueva constitución que consagró importantes principios: aumentaba las atribuciones del poder ejecutivo, fijaba un mandato de cuatro años sin posibilidad de reelección para los presidentes, aseguraba al estado la propiedad del subsuelo, establecía numerosos derechos sociales -derecho de huelga, jornada de ocho horas, prohibición del trabajo infantil, salario mínimo, etc.-, separaba estrictamente la Iglesia del estado. Se nacionalizó la riqueza minera.

En 1920 terminaron las resistencia. Diez años de guerras habían dejado la economía absolutamente destruida y centenares de miles de muertos en los campos. De todas maneras no se avanzó en la democratización política, volviéndose a practicas muy parciales, parecidas a las de Porfirio Díaz. Los indígenas y pequeños propietarios siguieron sufriendo las injusticias del sistema y sus vidas sin grandes diferencias a la etapa oligárquica.

Villa contra Estados Unidos: En 1916, la abierta simpatía de Wilson por Carranza, que venció a los "villistas" gracias al apoyo estadounidense, encolerizó a Pancho Villa, que juzgó la actitud de Washington como una intervención ilegal, Como represalia, atacó Colombus (Nuevo México), lo que motivó su persecución en México por tropas de EE.UU. El general Pershing, Villa y Obregón en El Paso; 1914.

Ingerencia de EE.UU.: En 1913, la traición del general Victoriano Huerta, que asesinó a Madero, causó el alborozo conservador. Estalló la guerra civil contra el nuevo dictador. La llegada a la presidencia del demócrata e idealista Woodrow Wilson modificó la actitud de Estados Unidos respecto a Huerta, a quien condenó al embargo de armas, mientras prestaba apoyo a Venustiano Carranza y sus aliados -Alvaro Obregón, Villa y Zapata-. Abandonado por los norteamericanos, el dictador mexicano se volvió hacia Alemania, que le prometió ayuda. Esto provocó la intervención directa de EE.UU., que desembarcó 23.000 marines en Veracruz en 1914. Sin aprovisionamiento de armas, Huerta abandonó el país.

La reforma agraria mexicana: El mantenimiento de la propiedad privada y la exclusión de peones y grandes masas indígenas del reparto de tierras fueron algunas de las contradicciones de la reforma agraria mexicana, impulsada por los presidentes Alvaro Obregón, Plutarco Elias Calles y, sobre todo, Lázaro Cárdenas. Detalle del fresco Asalto de los campesinos al cuartel, de Juan O'Gorman; 1973.

AMPLIACIÓN DEL TEMA, PARA SABER ALGO MAS...
La cuestión agraria reavivó de nuevo la guerra civil en 1915 entre Carranza, de un lado, y Villa y Zapata, del otro. Ya en el poder, Carranza organizó en 1916 un congreso constituyente en Querétaro sin villistas ni zapatistas. A pesar de ello, la Constitución de 1917, que consagraba la intervención del estado en amplios sectores de la vida económica, recogía la cuestión agraria, amén de los derechos laborales y las libertades sindicales. No obstante, durante su mandato Carranza (1917-1920) reprimió las huelgas, protegió las grandes haciendas y urdió el asesinato de Emiliano Zapata.

Las pretensiones de Carranza de perpetuarse en el poder a través de hombres de su personal confianza provocó la revuelta armada de sus propios partidarios -De la Huerta, Obregón y Calles- en 1920. En su huida a Veracruz, Carranza fue asesinado. Con su muerte y la rendición de Pancho Villa, concluyó la etapa violenta de la revolución y empezó la institucional.

Los gobiernos de Álvaro Obregón (1920-1924) y Plutarco Elías Calles (1924-1928) pusieron en marcha una progresiva centralización del poder. Se inició lentamente la reforma agraria y se sentaron las bases de la reconciliación nacional. Mientras Obregón inició una extensa reforma educativa y cultural, el anticlericalismo de Calles desató la llamada "revolución cristera" (1926-1929), sólo resuelta mediante convenios con la Iglesia. Tras el asesinato de Obregón. Calles, nombrado jefe máximo de la revolución, creó el Partido Nacional Revolucionario (PNR), lo que significó la muerte funcional del multipartidismo.

Fuente Consultada: El Mundo Contemporáneo (Lucas Luchilo, Pedro Saccagio y otros)

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