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Desde 1960 la Revolución Verde supuso un gran esfuerzo en el incremento y diversificación de los rendimientos agrícolas en los países más pobres, y un cambio de paradigma en las prácticas agrícolas de numerosas zonas del mundo, basado en enfoques genéticos y nuevas prácticas agrícolas. Se sustentó sobre todo en la mejora de tres cereales clave en la alimentación humana: trigo, arroz y maíz.

El rápido crecimiento de la población en los países en desarrollo influyó para que los gobiernos de algunos de ellos comenzaran a implementar políticas tendientes a mejorar la productividad y responder así a la mayor demanda de alimentos.
Las primeras investigaciones sobre la selección de nuevas variedades de cereales de alto rendimiento se iniciaron después de la Segunda Guerra Mundial, con semillas de trigo en México y de arroz en Filipinas.

Esas variedades se difundieron por el mundo durante el decenio 1960-1970 y lograron un incremento en el rendimiento agrícola. Además, se hicieron estudios sobre otras variedades de cereales como el maíz, el mijo y el sorgo.
A partir de esos años, la expresión Revolución Verde designó al conjunto de los esfuerzos para acrecentar la producción agrícola de los países en desarrollo gracias al cultivo de las nuevas variedades de cereales, en particular del trigo y del arroz. Su cultivo requería el empleo de abonos químicos, utilización de riego y métodos intensivos de trabajo. De esta manera se redujo en alrededor de un 30% costo de producción de una tonelada de arroz o de trigo.

Norman E. Borlaug, "Padre de la Revolución Verde": Agrónomo norteamericano. Sus trabajos referentes a nuevas variedades de trigo y otros cereales, aplicados a la agricultura de determinados países subdesarrollados, tuvieron como resultado un considerable incremento de la producción agrícola los mismos. Por medio de híbridos y cruces logró, por ejemplo, un incremento en las cosechas de trigo mexicano de hasta un 50%, haciendo que este país pasara de importador a exportador de este cereal. En 1970 le fue concedido el premio Nobel de la Paz. Murió a los 95 años de edad en septiembre de 2009.-

Uno de los científicos más destacados en este proceso fue el investigador Gurdey Sing Khush , fue director de la sección “Selección creadora, genética y bioquímica” del Instituto de Investigación de Manila (Filipinas). Logró nuevas variedades de arroz que permitieron duplicar su producción mundial veinticinco años. De acuerdo con las proyecciones de las Naciones Unidas, en el 2020 habrá rededor de 8.000 millones de individuos en la Tierra, de los cuales 5.000 millones serán consumidores de arroz. Para satisfacer esa demanda, la cosecha mundial de  arroz, que actualmente es de alrededor de 562 millones de toneladas anuales, deberá pasar a 840 millones.

En la actualidad, Gurdev Sing Khush lucha por una “revolución aún más verde” que enfrente la falta de alimentos de este milenio. Para ello, el próximo cultivo es producir más arroz con menos requerimientos de tierra, de riego, sin insecticidas ni herbicidas químicos. Este investigador afirma que para alcanzar la meta de las 840 millones de toneladas habría que revisar el sistema de producción, invertir más en riego y capacitar a los agricultores para el empleo de las nuevas tecnologías. Sostiene que los estudios sobre el cultivo del arroz van a orientarse  mayor medida hacia una agricultura ecológica. En los 30 a 50 años venidero habrá que disponer también de variedades capaces de soportar temperaturas  mas elevadas, causadas por el calentamiento del planeta.

Problemas con la revolución verde: Los beneficios traídos por la mejora agrícola de la llamada Revolución Verde son indiscutibles, pero han surgido algunos problemas. Los dos más importantes son los daños ambientales, de los que trataremos con más detalle a continuación, y la gran cantidad de energía que hay que emplear en este tipo de agricultura. Para mover los tractores y otras máquinas agrícolas se necesita combustible; para construir presas, canales y sistemas de irrigación hay que gastar energía; para fabricar fertilizantes y pesticidas se emplea petróleo; para transportar y comerciar por todo el mundo con los productos agrícolas se consumen combustibles fósiles. Se suele decir que la agricultura moderna es un gigantesco sistema de conversión de energía, petróleo fundamentalmente, en alimentos.

Como es fácil de entender la agricultura actual exige fuertes inversiones de capital y un planteamiento empresarial muy alejado del de la agricultura tradicional. De hecho de aquí surgen algunos de los principales problemas de la distribución de alimentos. El problema del hambre es un problema de pobreza. No es que no haya capacidad de producir alimentos suficientes, sino que las personas más pobres del planeta no tienen recursos para adquirirlos.

En la agricultura tradicional, también llamada de subsistencia, la población se alimentaba de lo que se producía en la zona próxima a la que vivía. En el momento actual el mercado es global y enormes cantidades de alimentos se exportan e importan por todo el mundo.

Para los próximos decenios se prevé que si bien la producción agrícola aumentará más rápidamente que la población mundial, este aumento será más lento que el actual. Esta disminución refleja algunas tendencias positivas. En muchos países la gente come hoy todo lo que desea, por lo que ya no hace falta aumentar la producción. Pero también refleja la triste realidad de centenares de millones de personas que necesitan desesperadamente más alimentos pero que no pueden comprarlos a los precios que animarían a los agricultores a producir más.

Nuevas alternativas: Dando por supuesto que no se puede (ni es conveniente) ampliar la superficie cultivada, el problema de la escasez cada vez mayor de agua, y dado que las variedades de esta revolución están llegando al límite de su productividad, será necesario seguir aumentando la productividad de los cultivos por otros medios.

La innovación tecnológica será clave en esta tarea, y dentro de ella habría que lograr nuevas maneras de aprovechar el potencial de los genomas vegetales (y de otros organismos) para aumentar la producción de alimentos sin dañar el ambiente. Lo que se propone es elaborar propuestas que hagan compatible el desarrollo con la conservación del ambiente, una idea a la que se llama “desarrollo sustentable”.

Algunas alternativas que harían posible este tipo de desarrollo serían:
- técnicas de cultivo más eficientes en el uso de agua y de insumos externos,
- desarrollo de plantas capaces de crecer en suelos ácidos y con metales,
- plantas resistentes a sequía, a salinidad, etc.
- plantas resistentes a plagas,
- plantas menos dependientes de aplicación de productos agroquímicos,
- plantas con cualidades nutritivas mejoradas.

Fuente Consultada: Ciencia de la Tierra y del Medio Ambiente