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Monasterio de Rila: Cultura y espiritualidad
El Monasterio de Rila, llamado en su lengua original Rilski Manastir,
es el más grande y famoso templo ortodoxo de Bulgaria. Situado en el
noroeste de Rila Planina, a 117 Km. al sur de la ciudad Sofía, se
eleva a 1147 metros sobre el nivel del mar.
Todo esto lo convierte en uno de los más importantes monumentos
culturales e históricos de Bulgaria, y al mismo tiempo uno de lo
escenarios más visitados por los turistas de todo el mundo, que
llegan al lugar para conocer la apasionante historia que envuelve al
monasterio. Esos son algunos de los motivos por los cuales el
complejo del monasterio fue declarado monumento histórico nacional
en 1976 y se convirtió en Patrimonio de la Humanidad en 1983.

Lo cierto es que la crónica que gira en torno al monasterio refleja
en sí la historia del Estado y del pueblo búlgaro, como un monumento
que expone la constante defensa de su naturaleza espiritual y
cultural.
El monasterio fue fundado en el siglo X por Ivan Rilski, conocido
también como San John of Rila, a fin de crear una colonia. Se cuenta
que mientras sus alumnos construían el complejo, el ermitaño Rilski
vivía solo en una cueva a escasos metros del lugar donde se
levantaba el monasterio. La colonia había llegado allí a fin de
recibir educación a cargo de Rilski.
Esto permitió que a lo largo de muchos siglos, el complejo monástico
haya jugado un papel significativamente importante en la vida
espiritual y social de la Bulgaria medieval.
Gracias a la constante colaboración y la donaciones recibidas a lo
largo de los años por los diferentes gobernantes de Bulgaria, entre
los siglo XII y XIV el complejo se convirtió en un centro cultural y
espiritual de la conciencia nacional búlgara.
Por otra parte, se construyeron diferentes infraestructuras, que se
convirtieron en elementos esenciales del complejo, las cuales fueron
realizadas en su mayoría en el siglo XIV, período al cual pertenecen
algunos de los edificios más antiguos del complejo, tales como la
Torre de Hrelyu y la pequeña iglesia que se emplaza a su lado.
También pertenecen a esta época el Trono del Obispo y los grabados
de las puertas del monasterio.
Al llegar al final del siglo XIV, el Monasterio de Rila se había
convertido en una poderosa entidad feudal con muchos pueblos,
tierras y propiedades en su haber. No obstante, al mismo tiempo se
inició en el lugar la llegada de los otomanos, que fueron el origen
de la devastación y el saqueo del monasterio a mediados del siglo XV.
A raíz de ello, el destino del monasterio se convirtió en la
principal preocupación de toda la nación búlgara, y poco a poco
comenzaron a moldear distintas estrategias para transformar el lugar
en un nuevo centro dedicado a la vida cultural y espiritual del
pueblo.
Pero lo cierto es que el Monasterio de Rila fue quemado y saqueado
en varias ocasiones, por lo que debió ser totalmente reconstruido
entre los años 1834 y 1862, al mismo tiempo que distintos hombres
poderosos iniciaron trabajos a nivel internacional para recuperar
parte de los tesoros propios del lugar.
Dentro de su belleza innegable, uno de los sectores más
impresionantes reside en el interior del templo, donde se hallan los
murales que fueron pintados entre 1840 y 1848 por algunos de los
artistas más destacados del momento, como por ejemplo Ivan Nikolov
The Iconpainter, Kosta Valyov,
Zahari Zograph, Dimiter Zograph y su hijo Samokov, Dimiter Mollerov
de Bansko y su hijo Simeon, mientras que los iconos del altar mayor
fueron pintados por el Ivan Obrazopis-sov de Samokov.
En definitiva, todo el complejo se trata de un verdadero monumento,
que simboliza la conciencia de la identidad cultural y espiritual
búlgara. |