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El robo de identidad es uno de los
crímenes contra el consumidor con mayor crecimiento en EE.UU., costándole a sus
víctimas cerca de 5 mil millones de dólares al año, según cifras de la oficina
del Inspector General del Departamento de Educación de los Estados Unidos. Se
estima que el año pasado 9.9 millones de consumidores fueron víctimas del robo
de identidad. El ladrón de identidad usa tu nombre e información de
identificación con el fin de obtener de manera fraudulenta todo tipo de
artículos de consumo como teléfonos celulares, tarjetas de crédito e incluso
préstamos hipotecarios o para la compra de vehículos, dejándote al final
haciendo frente a las consecuencias. El reparar el daño causado a tu reputación
y a tu crédito podría tomar meses o años. Además, aclarar el fraude podría
costarte miles de dólares.

En
Argentina, HERNÁN B.
G. (H.B.G.) había tenido siempre el sueño de una vivienda propia hasta que
en octubre de 1999, cuando cumplió 60 años y después de casi
cuatro décadas de trabajo como empleado estatal, finalmente estuvo en
condiciones de solicitar el ansiado crédito a un banco. Sin embargo, luego de
las averiguaciones preliminares, el gerente de la sucursal le comunicó que no
aprobaría el préstamo porque H.B.G. ya había sacado créditos personales en cinco
bancos diferentes además había emitido varios cheques sin fondos e incluso había
comprado un auto Fiat Palio por teléfono, y todos esos datos constaban en el
informe elaborado por la empresa medidora del riesgo
crediticio.
Pero
Hernán no había hecho ninguna de estas operaciones. Con el correr de los días,
recordó un episodio sucedido en enero de 1997 en la ciudad de Mar del Plata.
Estando de vacaciones en la playa perdió su billetera con dinero, tarjetas de
crédito y el Documento Nacional de Identidad (DNI). H.B.G. tomó el percance como
una anécdota más de su veraneo, hizo la denuncia en la comisaría, avisó a su
banco del extravío de las tarjetas y al regresar a Buenos Aires tramitó mi nuevo
DNI.
Fue
este el único incidente que recordaba haber tenido con su documentación
personal. Luego de la frustrada solicitud de préstamo, y a partir del informe de
la empresa que mide el riesgo crediticio, H.B.G. quedó impedido de abrir nuevas
cuentas bancarias, ya no pudo comprar nada en cuotas, ni pudo acceder a ningún
tipo de crédito. Ocho años después de ver frustrado su sueño de acceder a una
vivienda propia, H.B.G. está en juicio con varios bancos pero ha quedado
excluido del sistema financiero. Y hasta perdió los 35.000 dólares que había
dejado como parte de de pago para un departamento. Sin haber cometido ninguna
irregularidad, H.B.G. se convirtió en una víctima más del robo de identidad.
Todos
somos vulnerables Según explica el abogado Daniel Monastersky director de la
revista especializada Identidad Robada (www.identidadrobada.com), “el
robo de identidad se comete cuando alguien se apropia del nombre ajeno y lo
acredita con documentación falsa para sacar un crédito, comprar un celular o un
electrodoméstico, o incluso para votar en épocas de elecciones, entre otras
cosas”.
De
todas formas, un usurpador no tiene ninguna sanción específica por utilizar la
identidad de otra persona con fines comerciales ya que, aunque existen varios
proyectos de ley, el robo de identidad no es considerado aún un delito en el
Código Penal argentino. “Es muy complicado encontrar al culpable de un robo de
identidad pero además la única sanción que le puede caber al usurpador es por la
falsificación de documento público, estafa, o a lo sumo ambos delitos. Pero no
hay una tipificación específica, señala Monastersky El robo de identidad es una
de las modalidades delictivas que más ha crecido en la Argentina en los últimos
años. “Si bien no existen cifras oficiales, se estima que ya ha provocado
pérdidas por 500 millones de pesos en el mercado financiero argentino en el
último año’, asegura Daniel Piazza, gerente de Global Securite de American
Express.
De
acuerdo con la Procuración General de la Nación durante 2005 se registró en todo
el año un promedio de 143 denuncias mensuales por
delitos relacionados con la falsificación o uso de documentos destina dos a
acreditar la identidad. Y a esto habría que sumarle una cantidad considerable de
casos que no son denunciados Sin embargo, algunas precauciones y cuidados pueden
mantenernos a. resguardo de estos modernos delincuentes de guante blanco. Cuando
H.B.G. fue citado por uno de los bancos que le reclamaba pagos por seis mil
dólares, le mostraron une fotocopia real de su antiguo documente de identidad,
pero en lugar de su fotografía estaba el rostro de otra persona, supuestamente
el delincuente que estaba usando su identidad. Con su nombre aparecían también
fotocopias de recibos de sueldo y boletas de servicios, toda la información
requerida para la solicitud de un crédito.
“El
actual DNI es un documento vulnerable y no tiene mecanismos básicos para evitar
su falsificación o adulteración. Un simple cambio de foto permite fraguar la
identidad de cualquier persona; explica Hernán Pariso, director de Operaciones
de Equifax Veraz, una de las empresas más importantes de riesgo crediticio. El
DNI es el único instrumento que acredita la identidad de los habitantes de la
Argentina y habilita a una persona para realizar casi todo tipo de trámites como
sacar una tarjeta de financiación, abrir una cuenta bancaria, e incluso casarse.
El
problema no afecta 3ntonces sólo las gestiones bancarias. En marzo de este año,
Leonardo G. , un mozo de un bar del barrio porteño de Caballito, recibió en su
trabajo un telegrama por el que se lo intimaba a pagar 5.000 pesos de deuda por
la compra de una heladera, una impresora y un horno de microondas. “los ladrones
no buscan robar grandes montos de dinero sino que hacen compras por dos o tres
mil pesos y piden préstamos por pequeños valores, a que las condiciones que
ponen las entidades de crédito y las cadenas de electrodomésticos y
supermercados son menos exigentes que la de los bancos’; firma Roberto Laterza,
director de Asuntos Legales de Equifax Veraz. En la mayoría de los casos, el
robo de identidad para adquirir bienes en cuotas no sale a la luz hasta que,
varios eses después de realizada la compra, os comercios inician gestiones para
corar las cuotas impagas.
La
red, un riesgo Además de la falsificación de los documentos, falta de control en
la circulación masiva de los datos personales a través de Internet se ha
convenido en un gigantesco factor de vulnerabilidad frente al riesgo de robo de
identidad. “Sentado frente a una computadora en cualquier lugar del planeta,
alguien puede acceder libremente a los datos que uno puso inocentemente en el
formulario de un negocio o de una oficina pública; explica Pariso.
Aunque usted no lo sepa, todos sus datos, junto a los de otros millones de
personas están disponibles en cientos de bases, muchas de ellas de acceso
público. Toda su información personal figura en varios registros gubernamentales
como los previsionales, padrones electorales y tributarios: incluso un buscador
hábil puede hallar la información que usted escribió en un cupón de sorteo,
cuando realizó una compra o ingresó sus datos en un formulario de Internet. Si
estos datos son robados, vendidos o “pirateados’; los delincuentes tienen en
manos a sus víctimas potenciales. “Hay una falsa creencia de que están en mayor
riesgo las personas de altos ingresos, pero es todo lo contrario. Los
delincuentes ponen en su mira a aquellos que se encuentran fuera del sistema
bancario. Como no poseen un historial crediticio, un banco no tendrá problemas
en darles por aprobadas las condiciones para préstamos de pequeños montos de
dinero.
Consejos útiles Para disminuir los problemas derivados del
robo de identidad, los especialistas recomiendan:
• No lleve el DNI en la billetera
junto con las tarjetas. Se puede portar la cédula de identidad (expedida por la
Policía Federal) que es un documento más seguro.
•
Revise sus antecedentes crediticios. Por ley, cada seis meses, se los puede
solicitar gratuitamente a cualquier empresa de riesgo crediticio.
• Controle quién accede a su
informe de crédito. Por ejemplo, la empresa Equifax Veraz tiene el servicio “Stop!
Robo de Identidad” que envía al usuario un alerta por mail cuando alguien
solicita un informe sobre su situación crediticia o se producen cambios en la
misma, lo que permite reducir el daño que podría causar un usurpador
• “No
confíe en premios instantáneos u ofertas tentadoras”, aconseja Piazza. No llene
cualquier cupón de sorteo y no brinde más información que la necesaria para
participar de una promoción o encuesta. Nunca dé a conocer su número de tarjeta,
ni clave.
• “Desestime los avisos que en
general aparecen en diarios locales en los que ofrecen préstamos sin importar
los ingresos que uno posee”, advierte Fiori.
Si ya fue víctima de un robo de
identidad:
•
Solicite un Hábeas Data. Es un mecanismo judicial para tomar conocimiento de los
datos personales almacenados en bases públicas o privadas con el fin de que, en
caso de falsedad, se pueda pedir la rectificación o eliminación de sus datos.
• Junte la información. Por carta
o mediante una demanda, solicite todos los formularios y recibos a quienes le
reclaman una deuda (bancos, comercios) con el fin de someterlos a una pericia
caligráfica y demostrar que no fue usted quien firmó dichos papeles.
•
Realice rápidamente la denuncia de pérdida o robo de documentación en la
dependencia policial o en la justicia, y en las empresas de tarjetas de crédito
y bancos.
• Avise a las entidades de riesgo
crediticio para que incluyan este nuevo dato en sus bases de datos. “Así cuando
una empresa pida un informe de riesgo para entregar un crédito, aparecerá la
información del documento robado o extraviado y se reducirán las posibilidades
de otorgar un préstamo a una persona con una identidad falsa”, explica Pariso.
En la
misma situación de riesgo se hallan quienes viven en pueblos pequeños o zonas
rurales que son difíciles de ubicar”, asegura Raúl Fiori, gerente de Seguridad
en Transacciones del Banco Santander Río. Otro factor cibernético que ha
agregado vulnerabilidad frente a la circulación de datos, es la posibilidad de
hacer transacciones online. Una de las modalidades más comunes es el “phishing”.
“Esta
técnica consiste en recolectar datos sensibles que el usuario utiliza para
identificarse en un sitio de Internet desde donde realizará una transacción, un
pago de servicio o una transferencia bancaria. En general, estos datos son:
nombre de usuario, contraseña, números de tarjetas de crédito y de su código de
seguridad, números de DNI”, comenta el experto en seguridad informática Cristian
Borghello, director de Segu-info (www.segu-info.com.ar). Un día Mario
Machado, comerciante textil de 48 años, recibió un mail de su banco. En el
asunto decía “actualización de datos”. Cuando abrió el correo electrónico, la
empresa le anunciaba que estaba renovando su base de clientes y le pedía el
nombre de usuario y contraseña.
Para
ello Mario debía cliquear en una dirección web, ubicaba en el cuerpo del
mensaje. Entonces, el hombre accedió e ingresó a la página, puso sus datos y se
los envió al banco. Al menos eso creyó que estaba haciendo. “El usuario nunca se
dio cuenta pero estaba siendo víctima del phishing. El diseño del mail
era igual al que habitualmente le envía su entidad bancaria, pero la dirección
web que brindaba para renovar los datos no era la del banco. Así, sin notarlo,
Mario envió sus ‘datos sensibles’ directamente al estafador, explica Borghello.
El
primer error fue haber cliqueado en el enlace ya que ninguna empresa responsable
pediría este tipo de datos por la vía del correo electrónico. “Pero los
estafadores apelan al miedo ola curiosidad tratando de convencer al usuario para
que haga online un tramite que normalmente implica una gestión personal. El
anzuelo más común es decirle al cliente que será cerrada su cuenta bancaria si
no actualiza sus datos en el supuesto sitio bancario en un plazo perentorio”,
señala Borghello. De acuerdo con José Luis López, director ejecutivo de ESET
Uruguay, proveedor de antivirus, se ha registrado un aumento de casos de
phishing en Sudamérica. De hecho, en los últimos meses, la mayoría de los bancos
introdujo advertencias en sus páginas web sobre cómo prevenir estos ataques.
Otra
modalidad cibernética del robo de identidad es el “pharming’, un “phishing”
avanzado y más difícil de detectar. A través de un “troyano” (que es un pequeño
programa espía), se modifica un archivo del sistema de una computadora para
desviarla a una dirección web determinada “Es decir que cuando alguien quiere
ingresar al sitio de su banco, escribe la dirección correcta, pero termina en
otra similar y sin darse cuenta ingresa todos sus datos en una página apócrifa”,
cuenta Borghello. Una tercera técnica para obtener información de un usuario de
Internet es a través de programas llamados “keylogger”, que se instalan
en computadoras de uso público, y transmiten al ladrón de identidad todo lo que
el usuario teclea.
Los
“screen scrapers” son otra modalidad parecida porque registran todas las
imágenes que el usuario ve en el monitor. En general, estos programas son
activados cuando se ejecuta un archivo (casi siempre de extensión .exe)
que ha llegado a la casilla de correo desde un remitente desconocido.
Prevéngase del phishinq
• Así
como usted no le daría su clave de acceso de la tarjeta o cuenta bancaria a
nadie por la calle ni la llevaría en un papel en su billetera, procure no
entregarla por Internet ni por correo electrónico, ni por teléfono por más
confiable que parezca quien se la está solicitando.
•
Cuando ingrese a la página de su banco, verifique que el sitio sea seguro:
constate que la dirección web comience con https://www.bancoxx.com.ar y
que en la barra inferior (a veces en la superior) del navegador de Internet
aparezca un candado cerrado.
•
Escriba siempre la dirección web del banco en la que quiere ingresar y, cuando
esté seguro de que sea la correcta, agréguela a sus sitios favoritos en el
navegador de Internet
• No
abra ni descargue archivos de mail de remitentes desconocidos. Si usted cree
haber sido Víctima del phishirig
•
Avise al banco o empresa de tarjeta de crédito.
•
Cambie sus contraseñas. las redes inalámbricas de Internet (WiFi) tampoco tienen
un grado diferente de seguridad. “De hecho, un estudio reciente de la empresa de
seguridad informática panda Software reveló que seis de cada diez usuarios de
WiFi, confiados en el sistema, no utilizan ningún tipo de protección para
navegar , comenta Borghello. De esta manera, los datos que guardamos en la
computadora luego de usar una conexión WiFi son igualmente vulnerables.
Los
nuevos objetivos La última novedad en cuestión de robos de identidad, luego de
la falsificación de DNI y captura de datos que circulan por Internet, tiene como
blanco los teléfonos celulares, que son de uso cada vez más masivo. Con el
crecimiento exponencial de la circulación de mensajes de texto (SMS, por su
siglas en inglés) —en 2006 se enviaron unos 5.300 millones de mensajes por mes
mientras que en 2005 habían sido solo 2.000 millones por mes— los teléfonos
celulares se han convertido también en un bocado apetecible para los
delincuentes informáticos.
A
través de la técnica llamada “SMIshing”, el usuario recibe un mensaje de texto
en el que se le solicita que ingrese en una página apócrifa de Internet para,
por ejemplo, renovar datos de las cuentas que tiene en el banco. “En otros
países, esta modalidad está haciendo estragos porque la gente todavía no
desconfía de los SMS y no toma recaudos’; comenta Borghello.
También puede ocurrir que mediante un SMS le pidan que llame a un determinado
número telefónico. Allí, habitualmente es atendido por una voz grabada que
simula ser de una entidad de confianza que le solicita sus datos personales. “En
estos casos nunca hay que dar datos por teléfono —aconseja Borghello—. Ninguna
entidad financiera seria solicitada de esa forma algo tan valioso”.
Fuente Consultada: Selecciones de Reader
Digest
- Leonardo Schiano -
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