BIOGRAFÍA DE ROBESPIERRE

1789: LA REVOLUCIÓN FRANCESA - PROTAGONISTAS DE LA HISTORIA

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1793: La Convención, dominada por los jacobinos, instaló un régimen de terror que persiguió a los opositores de la revolución. El poder se concentró en el Comité de Salvación Pública, en el que se destacó Maximiliano Robespierre.

Se enviaron representantes a todas las provincias, con amplios poderes para confiscar propiedades, arrestar y condenar a muerte a los enemigos políticos. Esta época recibió el nombre de "período del Gran Terror", por iL implacable persecución de los adversarios políticos que realizaban los comités.

BIOGRAFÍA DE MAXIMILIANO ROBESPIERRE:
Maximiliano nació el 6 de mayo de 1758, en Arras, capital del Artois, provincia del noroeste de Francia. Hijo primogénito de Francois Derobespierre y Jacqueline Carrault, tuvo tres hermanos: Agustín —muy ligado a él—, Carlota y Enriqueta.

En el certificado de bautismo1, su apellido figuró como "Derobespierre". Las circunstancias que lo llevaron a introducir en él una pequeña alteración denotan algo de su personalidad.

Todavía adolescente y no indiferente a la posibilidad de ascendencia noble que el "de" permitía entrever, Maximiliano separó la partícula del nombre; ella confería un aire vagamente aristocrático al portador. De la misma manera, cuando en 1790 la Asamblea Constituyente abolió los títulos de nobleza, por iniciativa propia eliminó el "de" del nombre —ser noble dejaba de ser algo apreciable—.

Su madre, hija de un fabricante de cerveza, murió al dar a luz a Enriqueta. Ese hecho trastornó enteramente la vida de Francois Derobespierre, modesto abogado de provincia como lo habían sido su abuelo y bisabuelo. Maximiliano tenía siete años cuando su padre abandona la clientela, comienza a vagar por las calles, se embriaga en las tabernas y por fin desaparece en el extranjero. La familia se desmorona. Carlota y Enriqueta son alojadas en una especie de institución de caridad y los abuelos maternos se encargan de los varones.

Maximiliano crece taciturno y orgulloso. Asiste al colegio de Arras, cría palomas en el jardín de su casa y llora cuando alguno de sus animalitos muere. Mantiene largas conversaciones con su hermano menor, que siente por él ciega admiración. Y con cierta razón, pues Maximiliano es un niño inteligente y sensible, un ávido lector y un alumno ejemplar.

A los doce años, cubierto de medallas y premios por buenas notas, Maximiliano gana una beca para estudiar en el Colegio Luis el Grande, uno de los más importantes de la Universidad de París. El viejo edificio de la rué Saint Jacques era tétrico. Hacían economías en la calefacción y en la comida. Durante el invierno los niños estudiaban con los dedos azulados por el frío y los estómagos molestos por el hambre, insatisfechos con la disciplina rigurosa y el curriculum anticuado. A escondidas, circulaban entre ellos los libros de Rousseau y los panfletos de Voltaire, cuya irreverencia hacía más soportable la chatura de aquel mundo.

La condición de becario ciertamente influyó mucho sobre el niño. Para sus colegas nobles no pasaba de un mero receptor de caridad, sin importarles las cualidades que tuviese. En la convivencia con la familia también debe haber absorbido cierto resentimiento contra las jerarquías sociales del Antiguo Régimen, nombre con el que se conoce el sistema político-social anterior a la Revolución.

Su orgullo y su ambición, revelados en la tentativa de "ennoblecer" el nombre, y contrariados por la decadencia familiar y por el desprecio de sus compañeros nobles, producirán en Maximiliano un resentimiento que, en mayor o menor grado, fue común a todos los jóvenes de talento de las clases medias francesas, lo que explica en parte la entusiasta acogida que los libros de Rousseau tuvieron entre los jóvenes: presentaban los privilegios de los nobles y su fortuna como una usurpación de los "derechos naturales" de todos los hombres.

Luego, el joven de maneras graves encontró a un amigo que era exactamente su opuesto. Otro becario, dos años más joven, espiritual, improvisador irreprimible, que se convertiría en uno de los más formidables tribunos de la Revolución Francesa y en su más brillante periodista: Camille Desmoulins. Otros cuatro futuros jefes revolucionarios estudiaron con él en ese período: Duport-Duletre, Lebrun, Freron y su propio hermano Agustín.
Finalmente, en 1778, Maximiliano realizó un antiguo sueño: visitar a Rousseau. El viejo filósofo moriría ese mismo año, y Robespierre recordaría siempre ese encuentro con entusiasmo y admiración.

En 1780, terminado el colegio, se inscribió en derecho. Y a los 23 años, ya recibido de abogado, regresó a Arras con pocas esperanzas: no podía esperar de la vida nada mejor que lo que habían conseguido sus abuelos.

En 1789 con la Toma de la Bastilla se inicia un proceso revolucionario contra el poder absoluto del rey Luis XVI, que pasó por distintas etapas, entre negociaciones y conflictos ideológicos, que se iniciaron con una Asamblea Nacional para terminar con el imperio francés al mando de Napoleón.

Durante la etapa de la Asamblea , donde aun permanecía todavía en Versalles, los diputados más radicales entre ellos Robespierre, se reunían en un café. En París organizaron un "club" que comenzó a funcionar en una sala alquilada al convento de los dominicanos. Sus miembros, aunque oficialmente se denominasen "Amigos de la Constitución", recibieron el sobrenombre de Jacobinos, antigua designación de los primeros dominicanos instalados en París en la Rué St. Jacques (Calle de Santiago o Jacobo el Mayor, de donde Jacobinos). En breve estarían aceptando socios no diputados e inaugurando nuevos clubes en las provincias.

En la mañana del 21 de junio de 1791, París despertó alarmado por una noticia: la familia real había huido del Palacio de las Tullerías. La ciudad, los clubes y la Asamblea estaban sumamente agitados. Los diputados radicales, Robespierre inclusive, vieron en ello indicios de traición: el rey y la reina buscaban ayuda para aplastar a la nación de la que, se creían propietarios.


El rey fue perseguido, reconocido y detenido en Varennes —donde insistiera en parar para comer durante el viaje— y los fugitivos reconducidos bajo escolta a París. La Convención investigó el proceder del rey, quien fue declarado culpable de establecer alianzas con las potencias extranjera, y fue condenado a morir en la horca el 21 de enero de 1793.

Los girondinos se habían preparado para defender al rey con una serie de instrumentos legales. La ofensiva de Robespierre y Saint-Just los dejó desarmados, sin aliento. Lanzan entonces una propuesta: someter el resultado, sea cual fuere, a un referendo popular. Robespierre y Marat argumentan que dividir el país en tiempo de guerra es un crimen. El 21 de enero de 1793, Luis XVI es decapitado. Mostró en la muerte la firmeza que no tuvo en vida.

El 4 de setiembre de 1793, una multitud impresionante se reunió delante de la Comuna. Los sans-culottes exigían mayor igualdad en la distribución de la riqueza, la división de las grandes propiedades, el congelamiento de los precios, una distribución más justa de los alimentos. Por una parte presionado, por otra comprendiendo la necesidad de medidas drásticas para salvar la Revolución, Robespierre aceptó en parte las proposiciones.

Se creó un ejército revolucionario, que barrió el país, sembrando el pánico entre los opositores. Leyes draconianas fueron adoptadas contra los especuladores. Era el Terror. Las medidas de extrema violencia adoptadas por la Comisión de Salvación Pública surtieron efecto. Con el tiempo ,las voces comienzan a levantarse en la propia Convención: "¡Basta con el Terror! ¡Vuelta a la legalidad!" Robespierre no deseaba otra cosa, pero aflojar en ese momento hubiera sido provocar el desmoronamiento del edificio revolucionario, pero es inevitable comienzan las discusiones y disensiones internas.

Danton había sido tan poco hábil como para dejar caer en manos de sus enemigos cartas que no sólo lo comprometían políticamente, sino que probaban su intervención en la corrupción financiera. Los robespierristas se encontraban solos a la cabeza de la revolución.Mas Robespierre estaba destrozado por dentro con toda esa matanza. Quien lo sostenía psicológica y políticamente era el inflexible Saint-Just.

En la Convención, a los pies del grupo vencedor, se encontraba un bando aterrorizado, y los más asustados entre ellos eran los que habían ido más lejos en el camino del Terror. Tenían miedo de que, cuando fuera inevitable el final del Terror, fuesen acusados por sus crímenes. Algunos de ellos, como Fouché y Tallien, sabían que si dependían de Robespierre, tendrían sus días contados. Con el coraje de la desesperación, resolvieron atacar.

Reunieron todo lo que quedaba de los feuillants, dantonistas, banqueros y realistas en una sola ofensiva y, el 27 de julio de 1794 (9-Termidor, según el calendario revolucionario) prendieron de sorpresa a los robespierristas en la Convención. Los robespierristas esperaron la muerte hasta el amanecer, y Robespierre fue el último en ser guillotinado; antes presenció la muerte de sus compañeros.

Ese golpe señala, con la reacción radical de Babeuf, tres años después, el fin del período avanzado de la Revolución Francesa. Pero la obra de los jacobinos no podía ser apagada: Francia jamás volvería a su pasado feudal.

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