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La familia Rockefeller desde
principio del siglo XX y en muy poco tiempo, se transformó en monopolista
de la industria petrolera norteamericana. Llegó a concentrar en sus manos el 95%
de la exploración, explotación, distribución y venta minorista de gasolina en
EE.UU. Esta familia
es famosa por su riqueza y por sus actividades filantrópicas.
A mediados del siglo XIX la expansión del comercio
de todo tipo de bienes y servicios prolongó la jornada laboral. En tal
circunstancia la iluminación artificial se tornó crítica. Sencillas y poco
efectivas lámparas que utilizaban aceites vegetales o de origen animal
comenzaron a utilizar profusamente. En esas circunstancias, un tal John D.
Rockefeller, por entonces empleado de comercio, comenzó a vislumbrar que los
aceites para iluminación y las grasas para la maquinaria a vapor se estaban
convirtiendo en un gran negocio.
Pero, en aquel momento, los métodos para obtener petróleo en los Estados Unidos
eran más que primitivos. En general se embebían trapos en lugares donde el mismo
rezumaba y luego se los retorcía colocando el producto en barriles y para 1853,
casi todo el que se obtenía se utilizaba como una medicina milagrosa llamada
Aceite Séneca.
Un grupo de emprendedores encabezados por el abogado George Bisell y el banquero
James Towsend, dieron a un químico, Benjamin Silliman Jr., un poco del líquido
para su análisis. Cuando Bisell tuvo los resultados del análisis percibió que,
además de medicina, el líquido negro, es decir, el petróleo, serviría para
iluminación. Adelantándose preventivamente a los acontecimientos, Bisell y
Silliman Jr. fundaron la Pennsylvania Rock Oil Company.
Se perforó en las cercanías de Titusville y en
1859 el petróleo brotó artificialmente por primera vez en los Estados Unidos. La
era del petróleo comenzaba sin más trámite. Por la facilidad de su destilado,
aparecieron en los alrededores de Titusville cientos de fraccionadores que se
dedicaban a la venta de combustible para lámparas sin tener en cuenta la
calidad. Si el producto contenía más nafta que kerosene, la lámpara vienesa
podía estallar y provocar un incendio.
Aprovechando tal circunstancia, Rockefeller, aquel
astuto empleado de comercio, había racionalizado el producto buscando la
seguridad y el mayor brillo posible para la lámpara. A tal efecto había creado,
como su nombre lo indica, una compañía que vendía kerosene de calidad y
características estables, la Standard Oil Company. Infinidad de
emprendedores quedaron arruinados al no poder competir con la Standard, que
vendía su producto a pérdidas. Algunos decidieron asociarse al cartel y llegaron
a ser importantes directores. Habiendo amasado una inmensa fortuna, hacia 1883,
los socios principales de la Standard, Henry Flagler, John Rockefeller y su
hermano William decidieron formar la Standard Oil Trust para regularizar y
sistematizar la inmensa cantidad de compañías que dominaban como accionistas.
Algunos socios tendrían trascendencia también por
otros emprendimientos: Rockefeller, principal sostén económico de la Iglesia
Baptista, creó con sus aportes el colegio de altos estudios de la iglesia, la
conocida Universidad de Chicago, en tanto que su socio y amigo, Flagler, era
hijo de un pastor protestante. No había pasado demasiado tiempo de la creación
del trust cuando los socios —dueños virtuales de todo el kerosén que se
producía en Estados Unidos— vieron aparecer a dos enemigos complicados:
Thomas Alva Edison y
su bombita eléctrica.
Mientras pergeñaban cómo actuar en consecuencia
para con el recién llegado a las cuestiones de iluminación, en Alemania dos
técnicos inventaban unos motores que revolucionarían el mercado. El primero se
llamaba Nicolás Otto y desarrolló la máquina que hoy conocemos como motor
naftero. Poco después, Rudolf Diesel lo ponía en funcionamiento, popularizado
por su nombre. Otros precursores agregarían estos motores a carruajes (Gottlieb
Daimler, entre otros), dando nacimiento a una nueva Era, la del automóvil, que
arrasaría con todo lo conocido. A diferencia del motor a vapor, el ideado por
Otto era liviano, muy potente y funcionaba con nafta, que en Europa era cara
pero que en los Estados Unidos la Standard arrojaba a los ríos por las noches,
ya que era el elemento que hacía explotar las lámparas a kerosén. Como los
motores eran sencillos, se expandieron rápidamente por los Estados Unidos y para
1896, otro protestante, Henry Ford, fabricaba su primer automóvil.
Poco después, los hermanos Orville y Wilbur Wright,
el 17 de diciembre de 1903, hacían volar por primera vez en Kitty Hawk el primer
avión que ya poseía controles de vuelo. Pronto, en muy pocos años, la Standard
Oil dejó de arrojar las naftas al agua y empezó a venderlas a mejor precio que
el kerosén para que las utilizaran autos y aviones. No pasó mucho más tiempo
para que la Marina estadounidense le pidiera a la Standard un subproducto del
petróleo, el fuel, un aceite pesado para quemarlo en las calderas en lugar del
carbón. Ese cambio tecnológico realizado a finales del siglo XIX permitió a la
Marina estadounidense superar a la británica en velocidad, capacidad de maniobra
y en automatización del manejo de la nave, entre otras ventajas.
Como
vemos esta compañía tuvo un crecimiento meteorico y estuvo enseguida en
condiciones de comprar las refinerías de los competidores, adquirir oleoductos,
negociar tarifas de transporte baratas con los ferrocarriles y las naviera.
Hacia 1881 tenía un virtual monopolio del mercado de derivados del petróleo en
Estados Unidos y era el primer grupo en adoptar la forma de trust, tan
usual en la época de grandes concentraciones empresariales del capitalismo
monopolista que por entonces se iniciaba.
Convertida en símbolo de las prácticas monopolistas, la Standar Oil fue víctima
de la legislación de defensa de la competencia que adoptaron muchos Estados
americanos y el propio Gobierno federal como reacción. Condenado por el Tribunal
Supremo de Ohio en 1892, Rockefeller eludió la normativa antimonopolística
disolviendo formalmente el trust y poniendo las acciones a nombre de diferentes
empresas controladas por el mismo núcleo de nueve socios.
Las
creencias religiosas de Rockefeller (un devoto cristiano protestante de la rama
baptista) le inclinaron a poner la fabulosa fortuna que había amasado al
servicio de obras sociales, dedicándose casi por entero a la filantropía desde
que se retiró a vivir en una granja en 1896: fundó la Universidad de Chicago
(1891), el Instituto Rockefeller para la Investigación Médica en Nueva York
(1901), el Consejo General de Educación (1902) y la Fundación Rockefeller
(1913).
En
todas estas tareas estuvo auxiliado por su único hijo, John D. Rockefeller Jr.
(1874-1960), que fue quien le sucedió al frente del negocio familiar. Su
especialidad como empresario fue la lucha contra los sindicatos obreros,
empleándose con fuerza en la represión de las huelgas. En 1899 consiguió
recomponer la unidad de sus empresas a través de un holding con sede en Nueva
Jersey; pero en 1911 tuvo que disolverlo -como le había ocurrido años antes al
trust de Ohio- al declarar el Tribunal Supremo federal que incumplía la
Ley Shermann Antitrust de 1890. Por esas mismas fechas también él se retiró para
dedicarse a las obras sociales.
Fue
el constructor del Centro Rockefeller de Nueva York en los años treinta y uno de
los impulsores de aquella ciudad como sede de la Organización de las Naciones
Unidas en los cuarenta (Rockefeller regaló a la ONU el solar en donde se edificó
su sede). También financió la construcción de viviendas sociales, la
conservación del patrimonio histórico y la creación artística. Al frente del
negocio y de las 33 fundaciones familiares le sucedió el mayor de sus cinco
hijos varones, John D. Rockefeller III (1906-78). Se especializó en formar una
colección extraordinaria de arte oriental. Creó el Centro Lincoln para el
Desarrollo de las Artes en Nueva York, el Centro Internacional de la India en
Nueva Delhi, la Casa Internacional de Japón y la Sociedad de Asia (a la cual
donó su colección artística al morir).
En
1952 fundó el Consejo de la Población, un centro de investigación sobre
planificación familiar. Su hermano Nelson A. Rockefeller (1908-79) se dedicó a
la política, integrándose en el ala liberal del Partido Republicano. Colaboró
con las administraciones demócratas de Franklin D. Roosevelt y de Truman en los
años cuarenta y cincuenta. Fue elegido cuatro veces gobernador del Estado de
Nueva York (1959-73) y vicepresidente de Estados Unidos con Gerald Ford
(1974-77); pero nunca consiguió la nominación republicana para la presidencia,
que pretendió varias veces. Tanto él como sus restantes hermanos (Laurance,
Winthrop y David) se dedicaron simultáneamente a extender los negocios de la
familia hacia nuevas ramas de actividad, y a fundar instituciones culturales y
filantrópicas.
Fuente Consultada: Dinastias de David S. Landes
- Los Científico Nazis en Argentina Carlos De Nápoli
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