EL TRABAJO Y LA
SOCIEDAD
Como ocurre en los sistemas
basados en las desigualdades sociales, no existió un desarrollo económico
similar en todas las provincias que formaban el Imperio Romano. En la capital
encontramos más de 300.000 personas que vivían de la beneficencia estatal en los
últimos años de la República y aunque diferentes políticos intentaron reducir el
número por diversos métodos -fundación de colonias o distribución de tierras- el
número de plebs frumentaria nunca descendió de 200.000. De todas los territorios
que constituían el Imperio será Italia quien tenga una situación de absoluto
privilegio. La agricultura se especializó gracias a la llegada masiva de grano
procedente de Africa, Hispania o Egipto.
De las tierras conquistadas también
llegarán un amplio número de esclavos que paulatinamente irán ocupando los
puestos de trabajo de los campesinos libres, creando un sistema esclavista. Las
economías de las diferentes provincias dependerán de la situación momentánea con
respecto a la metrópoli. La valoración social del trabajo ha ido cambiando con
el paso del tiempo. Inicialmente los textos ensalza al ciudadano campesino
debido a que la fuente de riqueza más importante es la tierra, que está
repartida entre los pequeños propietarios.
Pero la situación varía a partir del
siglo III a.C. cuando la mano de obra esclava empiece a sustituir a los
campesinos libres. El trabajo rural ya no gozará de tantas simpatías aunque
siempre sea de mayor prestigio que el comercio o la artesanía. No en balde, los
senadores tendrán prohibido dedicarse a actividades comerciales. Paulatinamente,
el trabajo sería considerado como algo negativo, al tratarse de una actividad
realizada por esclavos.
EL TRABAJO AGRICOLA
El sector agrario será el más
importante en la economía romana. Aunque no se realizó ningún avance técnico de
consideración con respecto a épocas precedentes, nos encontramos con un
importante desarrollo del regadío, de los injertos o de la cría de animales para
la ganadería. Los instrumentos básicos de trabajo serían las azadas, las palas,
un rudimentario arado, los rastrillos, etc., distinguiéndose entre pequeñas y
grandes explotaciones. Las explotaciones pequeñas adquieren un mayor auge en el
momento de la conquista de Italia, cuando la mayoría de la ciudadanía se dedica
a la agricultura.
Los territorios arrebatados a los pueblos vencidos son
repartidos entre los ciudadanos romanos, estableciéndose nuevas colonias. Este
sistema también se pondrá en práctica en las provincias. Los pueblos que no se
rebelaban y se asimilaban pacíficamente conservaban sus tierras. De estos
pequeños espacios agrícolas, los campesinos obtenían los alimentos necesarios
para la subsistencia familiar y para pagar los impuestos. La competencia ante
las grandes explotaciones motivó una ingente oleada migratoria de campesinos
hacia Roma, aumentándose el número de gentes que vivían de la beneficencia
estatal. Los que resistieron sólo pudieron contar con la mano de obra personal y
la de su familia, que cuando era escasa no dejaba otra solución que la
emigración o el alistamiento en el ejército.
Las grandes explotaciones agrarias
no deben ser confundidas con latifundios. El propietario nunca trabajaba en la
explotación sino que eran los jornaleros, esclavos o incluso colonos los que
realizaban las labores agrícolas. Muchas de ellas se dedicaban en exclusiva a la
ganadería. La concentración de espacios agrícolas en pocas manos no dejó de ser,
en ocasiones, motivo de preocupación para algunos emperadores.
El trabajo estaba
supervisado por un capataz, contando para cada actividad con personal
cualificado. La mayoría de la mano de obra es de procedencia esclava,
desempeñado labores de cierta especialización en algunas ocasiones. La
producción se guardaba en silos y se transformaba en "industrias" de la propia
explotación como molinos o prensas de vino y aceite. El olivo y la vid serán los
productos más cultivados en Italia, aunque no se dejó de lado el cereal que
procedía en su mayoría de las provincias de Hispania, Egipto y Africa. El
desarrollo agrícola permitirá el aumento del sector servicios y de la ingente
masa de desarrapados que habitaba en las ciudades a la que había que alimentar y
divertir; de ahí la famosa frase de "panen et circus".