LA CIENCIA EN ROMA:
Entre los griegos el pensamiento científico se complacía en la especulación y la
construcción de sistemas filosóficos de carácter abstracto, demasiado ambiciosos
y complejos. Los helénicos deseaban encontrar una explicación al mundo y a sus
fenómenos, pero el estado de la Ciencia no permitía la elaboración de
cosmogonías y metafísicas, pues faltaba conocer mucho acerca de los fenómenos
concretos para poder llegar a una fase de síntesis.
Los
romanos, al contrario, eran hombres sumamente prácticos y por esto buscaron sólo
la aplicación concreta de las verdades que encontraban. Así, no se entregaron
con pasión al estudio de la Astronomía, sino como una
necesidad para conseguir un calendario más perfecto. En el primer tomo de esta
obra hemos hablado de las sucesivas reformas del mismo. La primera realmente
importante fue la de Julio César, decretada el año 47 a. J. C., pero incluso en
esta tarea le ayudó un astrónomo griego llamado Sosígenes.
A él se debe la invención del día bisiesto o «bis-sexto-calendas».
(Ver Calendarios)
Marco
Antonio cambió el nombre del mes "Quintili"
por el de "Julius" para honrar la
memoria de Julio César, y en tiempo de Augusto el mes "Sextilis"
fue transformado en "Augustus" por
idéntica razón. Los nombres y la ordenación de meses quedaron
así, tal como estén en la actualidad: un calendario que tuvo vigencia durante
más de dieciséis siglos, hasta que fue reformado en 1582 por el papa Gregorio
XIII.
Desde
el año 44 al 19 a. J. C. los geodesas romanos acometieron la ingente tarea de
medir y levantar mapas de todas las tierras del Imperio.
El
documento geográfico más importante de la época romana es, seguramente, la
Geografía de Es-trabón dividida en i6 libros, para cuya redacción se basó en los
textos de Hiparco y de
Eratóstenes. El mundo entonces conocido terminaba en las
fronteras de la India, en las llanuras de Alemania y Polonia, en las orillas del
Mar• Negro, en el litoral del Norte de Africa y en el Océano Atlántico.
Hacia
el año 44 de nuestra Era, Pomponio Mela escribió el primer tratado completo de
Geografía en tres grandes libros, cuyo título original es De situs orbis.
En
Roma, la Medicina fue tenida por un arte propio de esclavos y extranjeros. Este
concepto explica que sus mejores médicos no fueran romanos. Asclepíades era de
Bitinia y el gran Claudio Galeno (128-200) había nacido en Pérgamo (Asia Menor).
Éste fue un gran anatomista que estudió los sistemas muscular, óseo. y nervioso,
y al mismo tiempo realizó profundas investigaciones sobre Medicina. Su fama fue
tan grande que aún en la actualidad el nombre de «galeno» es sinónimo de médico.
Ya
hemos citado algunos literatos que adquirieron fama no
sólo por la galanura de su estilo, sino por su labor didáctica. El estudio de
las ciencias naturales aplicadas a la agricultura, a la ganadería o a diversas
industrias del campo, tuvieron tanta importancia que aún resulta de utilidad la
lectura de libros como Historia Natural, de Plinio el Viejo, y Agricultura, del
español Columela, que estudió las formas de cultivo de secano para mejorar el
campo, el modo de trabajar los huertos, la forma de preparar un calendario
agrícola, la atención que han de merecer los árboles frutales, etc.
Sin
embargo, el gigantesco esfuerzo de Roma iba a perderse al impulso de la
incontenible revolución que representó la invasión de los bárbaros.
ARTE DE LA MEDICINA:
Pese a que los antiguos romanos no disponían de médicos profesionales,
practicaban el arte de la medicina. La medicina romana antigua estaba, sobre
todo, basada en el uso de hierbas. El paterfamilias preparaba diversos
remedios para sanar las heridas y curar las enfermedades. El conocimiento de las
propiedades curativas de las plantas se transmitía de generación
en generación.
Esta medicina tradicional herbolaria siguió utilizándose en el
Antiguo Imperio. Por supuesto, también se transmitieron recetas para condicion
esto exactamente enfermizas, como la calvicie. Una de esas recetas
consistía en vino, azafrán, pimienta, vinagre, laserpicium (la reina de
las plantas medicinales romanas) y excremento de rata.
Como en otros aspectos de la vida romana, también se dejó sentir
la influencia griega en la medicina. Al final del siglo III
a. de C., la medicina científica hizo su aparición en el rriundo romano por
medio de médicos profesionales provenientes del mundo helenístico.
Los médicos se pusieron de moda en Roma; sin embargo, el
prejuicio en contra de ellos nunca desapareció del todo. Muchos eran esclavos
griegos que pertenecían al servicio de grandes familias aristocráticas. Los
primeros médicos públicos de Roma se reclutaron para el ejército romano.
Estas
prácticas militares se extendieron después a los funcionarios imperiales de las
provincias y a sus familias, e incluyeron el establecimiento de hospitales
públicos. Asimismo, las escuelas de gladiadores contaban con sus propios médicos
residentes. De hecho, uno de los más famosos médicos, el griego Galeno
(129-199), surgió de las filas de los médicos de los gladiadores y se convirtió
en médico de la corte del emperador Marco Aurelio. La medicina científica romana
también fue testigo del desarrollo de numerosos especialistas. Por ejemplo Alcon
, famoso cirujano de esa época de los Flavios, se especializo en enfermedades de
los huesos y operaciones de hernia.