El papel principal que
desempeñarán las mujeres en Roma será el de fiel y abnegada esposa ya que
dependían en todo momento de su marido. Los enlaces matrimoniales solían ser
concertados por las familias y el padre de la joven debía entregar una dote a la
muchacha. Ella tenía derecho de sucesión respecto a su padre e incluso capacidad
de testar por lo que se dieron matrimonios donde la esposa era más rica que el
marido y rehusaba su autoridad, recibiendo en ocasiones todas las clientelas del
padre.
Pero lo habitual era que la mujer estuviera absolutamente supeditada a su
esposo. Si tradicionalmente es el pater familias el que dirige la casa, quien da
las órdenes a los esclavos y dirige la administración del hogar, ¿cuál es el
papel de la mujer en las casas respetables de Roma? Lo habitual es que las
matronas mataran la mayor parte del tiempo en los trabajos relacionados con la
costura y el tejido. Paulatinamente la mujer irá ocupando un papel protagonista
en la organización de la familia, incluso por prescripción médica ya que los
galenos consideraban que las mujeres debían desarrollar alguna actividad.
Algunos hombres empezaron a dejar en manos de sus esposas la dirección del
hogar, incluso la llave de la caja de caudales. El contar con varios esclavos
permitía a la matrona poder delegar en ellos todos los trabajos de la casa,
incluso los relacionados con su propia higiene personal. El esclavo viste y
calza a la dama, aunque no lava sus dientes.
Los esclavos acompañan a la señora
en la alcoba, aunque la matrona duerma sola o en compañía de su esposo. Era
frecuente que los esclavos durmieran en las puertas de las alcobas, contándonos
un poeta satírico que "cuando Andrómaca hacía el amor con Héctor, sus esclavos,
con la oreja pegada a la puerta, se masturbaban".
Esta omnipresencia de los
esclavos en las vidas de las clases acomodadas romanas provocarán que las
infidelidades fueran públicas en la mayor parte de los casos. Para mantener una
relación amorosa secreta lo mejor era alquilar una habitación a un sacristán ya
que estaba obligado a guardar silencio. Si el esposo fallecía, la matrona vería
protegida su virtud por su familia, ante la inminente llegada de una legión de
pretendientes que deseaban hacerse con su fortuna.
Previamente debía haber
muerto el padre porque sino como pater familias era dueño de todo lo que
pertenecía a la familia. El sino de esta viuda es volver a contraer matrimonio o
buscarse un amante que la complazca en el lecho, a pesar de la indignación de
los moralistas romanos. Si era el hombre el que quedaba viudo podía buscarse una
concubina, mujer o mujeres con los que un hombre solía acostarse habitualmente.
No olvidemos que los emperadores contaban con un amplio harén de concubinas en
palacio. Pero llegaría un momento en que ese hombre viudo decidiera establecer
un vínculo más estrecho con esa concubina de inferior rango social por lo que se
produce una unión de hecho entre ambos denominada concubinato. La concubina
debía ser una mujer libre y la unión monogámica.
Este concubinato no da lugar a
consecuencias jurídicas, siendo libres los hijos nacidos de esa relación.